miércoles, 16 de enero de 2019

Cine actualidad/ “EL VICIO DEL PODER”


Vice-presidente

Hace más de treinta años, la mítica (e icónica) serie televisiva “Miami Vice” se estrenó en España con el título de “Corrupción en Miami”.  La verdad es que el traductor se lució de lo lindo, por cuanto que, en realidad, “Miami Vice” no significa otra cosa que “Miami vicio”, o lo que es lo mismo, “Miami Antivicio”, que era la unidad policial a la que pertenecían los protagonistas Crockett y Tubbs.  Tres décadas después, el “vicio” de traducir nos vuelve a jugar una mala pasada con “Vice”, un interesante film cuyo título hace referencia a ese cargo político que está inmediatamente por debajo del titular (en este caso, como veremos más adelante, la traducción que recomiendo sería simplemente “Vicepresidente”) pero que en Sánchezlandia nos vemos obligados a conocer como “El vicio del poder”.

Aunque para muchos sea poco más que un nombre y un apellido casi olvidados, Richard “Dick” Cheney llegó a ostentar una cantidad de poder tan ofensiva como inimaginable.  Llegó a la Casa Blanca de la mano de Donald Rumsfeld durante la presidencia de Richard Nixon allá por 1969, y, muy poquito a poco, fue realizando una imparable escalada que le llevó a pasar de ser un modesto auxiliar adjunto a la Presidencia a Jefe de gabinete, congresista y, finalmente, vicepresidente entre 2001 y 2009.  Su amistad inicial con Rumsfeld no le impidió pasar por encima de éste, y su posterior relación con el recientemente fallecido George Bush padre le colocó en el lugar ideal y en el momento perfecto para que, a la hora de iniciar la campaña para las elecciones presidenciales de 2001, el ínclito George Bush hijo decidiese que un hombre con el conocimiento y la experiencia que Cheney acumulaba sería el apoyo ideal, el contrapunto a su inexperiencia y a su desconocimiento de la política (y del mundo en general).  Cheney nunca apartó la vista de Oriente Medio y, cuando se produjo el terrible ataque del 11 de Septiembre de 2001, no dudó en empujar a Bush (y con éste, al considerado el país Más Poderoso de la Tierra…  y a todos sus aliados) a un enfrentamiento visceral cuyas consecuencias (la velada y no declarada guerra entre Oriente y Occidente, que se manifiesta en forma de atentados y su posterior represión) estamos sufriendo todavía, y lamentablemente también sufrirán nuestros hijos.

Adam McKay, cuya película más conocida sigue siendo “La gran apuesta” (2015), es el realizador y también guionista de “El vicio del poder” (qué rabia me da tener que repetir este desangelado título), en la que se aborda la trayectoria vital de Dick Cheney desde su juventud hasta la aciaga presidencia de Bush.  McKay ha decidido no limitarse a un relato sobrio y lineal del personaje, sino que ha optado por conferirle un cierto tono de sátira, y además utilizar la figura de un narrador cuya identidad será un misterio durante casi todo el metraje.  Y bueno, “metraje” es una de las palabras claves de esta bastante larga película (132 minutos fácilmente recortables), cuya acción principal está enriquecida con innumerables imágenes de archivo y algunas otras de connotación irónica y subjetiva.

Christian Bale, el penúltimo Batman del cine (lo fue en la prestigiosa trilogía de Christopher Nolan) es el sorprendente intérprete de Dick Cheney desde la juventud hasta la madurez.  Sorprendente por el logradísimo y meritorio aspecto físico (se afeitó la cabeza y engordó casi 20 kilos), pero no porque Bale no tenga ya una voluminosa reputación en cuanto a transformaciones físicas;  aún recordamos sus míticos adelgazamientos para “El maquinista” y “The Fighter”, su engorde para “La gran estafa americana” o su musculación para “American Psycho” y “Batman Begins”.  Tradicionalmente, los actores que aceptan someterse a tan espectaculares transformaciones metabólicas acaban por ganar el Oscar, de modo que Bale ya está haciendo hueco para su segunda estatuílla (la primera la obtuvo precisamente por “The Fighter”).  Con todo, el excelente elenco de secundarios (con la gran Amy Adams a la cabeza) no le anda a la zaga, y yo casi me atrevería a decir que Steve Carell o, sobre todo, Sam Rockwell (que resulta cautivador como George Bush Jr.) están tan bien o incluso mejor que el propio  Bale.

El vicio del poder” (de verdad, estoy harto de tener que escribirlo;  por suerte, es la última vez que lo hago en este artículo) no es sólo el retrato de un personaje tan maquiavélico como fascinante, sino también un recorrido casi documental por los últimos cincuenta años de la historia de los Estados Unidos de América, así como una lúcida descripción de la trastienda de la política norteamericana.  El número de Oscars que finalmente acapare tendrá mucho que ver con la tolerancia de la actual administración republicana para con una película que está narrada desde una evidente perspectiva demócrata…  o aún más izquierdosa.

Luis Campoy

Lo mejor:  el indudable mérito de la transformación física de Christian Bale;  la fotografía, el montaje, la práctica totalidad del reparto de secundarios
Lo peor:  liberarse de un cuartito de hora de metraje innecesario le habría sentado de maravilla
El cruce:  “J. Edgar” + “W.” + “La fórmula”
Calificación:  8 (sobre 10)

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