Hoy traigo una película que me ha
gustado, y quiero dejarlo claro desde el principio, porque luego vendrán los
“peros” y no quiero que nadie se confunda.
“Proyecto Salvación” es cine
de ciencia ficción del que da gusto ver: entretenida, bien interpretada y con
un corazón enorme. Que todo ésto vaya
por delante.
La historia sigue a Ryland Grace
(Ryan Gosling), un profesor de instituto reconvertido en astronauta por
accidente —y por necesidad— que despierta solo en una nave espacial sin saber
quién es ni qué hace allí. Poco a poco
va recordando (y nosotros con él), y así sabemos que está en una misión
desesperada para salvar a la Humanidad de una catástrofe energética provocada
por un microorganismo que está apagando el Sol.
Grace es, literalmente, nuestra última esperanza. Y, en medio de ese viaje imposible, se
encuentra con Rocky, un alienígena de otra civilización que está pasando por un
problema muy parecido. A partir de ahí,
la película se convierte en una historia de cooperación interplanetaria,
amistad improbable y ciencia creativa al límite.
Y ahora sí, vamos con los
“peros”.
Para empezar, la duración. “Proyecto
Salvación” dura nada menos que 156 minutos.
Pienso que, una vez vista, resulta más que evidente que, si a esta
película le quitamos media hora, ganaría mucho, muchísimo. Gran parte de las escenas que transcurren en
la Tierra durante la preparación del viaje espacial, y las que luego
contemplamos en forma de flashbacks,
sobran o podrían haberse recortado sin piedad.
Al fin y al cabo, lo que importa de verdad es el viaje de Grace, no las
reuniones de comité ni los discursos motivacionales de laboratorio. La historia despega —literalmente— cuando él
despega.
Y aquí entro en un tema que ya me
empieza a cansar un poco: el subgénero de “un tipo corriente que tiene que
salvar él solito al Universo”. Está
bien, funciona, nos lo sabemos… pero quizá ya va tocando repartir
responsabilidades cósmicas. Que hay más
gente en la galaxia, digo yo.
Eso sí, cuando aparece Rocky, el
alienígena, la película sube de nivel.
Rocky es, directamente, lo mejor del film. Su diseño, su personalidad, su relación con
Grace… todo funciona. Y funciona todavía
mejor cuando NO está doblado. La voz que
le ponen en español le quita un punto de autenticidad, como si alguien hubiera
decidido que un ser de otra estrella tenía que sonar a vecino simpático. Menos mal que Rocky es listo y bondadoso,
porque si llega a ser un malvado, no veas la que se habría liado.
Ryan Gosling está fantástico, como siempre, pero los animadores de Rocky no se quedan atrás. De hecho, hay momentos en los que la química
entre un actor humano y una marioneta es más creíble que muchas parejas de
carne y hueso en otras películas.
Ahora bien, y esto es cuestión
personal: a mi me sigue gustando más una película anterior como “Marte” (“The Martian”). Ambas se
basan en historias del mismo novelista, Andy
Weir, y, aunque los directores de “Proyecto
Salvación”, Phil Lord y Chris Miller, lo hacen estupendamente,
a mí me convenció más la dirección del veterano Ridley Scott. También puede
ser que allí la historia estaba más centrada, o que el film tenía un ritmo más
afinado. Viniendo del mismo novelista y
compartiendo temáticas similares, pienso que la comparación es inevitable.
Y termino con una pregunta que
nadie parece quererse hacer: ¿por qué en España nos avergonzamos del título
original, que es “Project Hail Mary”,
que traducido literalmente sería “Proyecto
Ave María”?. ¿Qué pasa, que ya no se
lleva invocar a una entidad sobrenatural para pedir ayuda? ¿Nos da apuro? ¿Nos parece demasiado místico? En fin, misterios de la distribución...
En resumen, “Proyecto Salvación” es una película muy disfrutable, con un protagonista
sólido, un secundario extraterrestre maravilloso y una historia que, con un
poco de tijera, habría sido redonda. Aun
así, merece la pena verla y dejarse llevar por este viaje improbable entre
estrellas, amistades imposibles y soluciones científicas de última hora.
Luis Campoy
Calificación: 7,5 (sobre 10)

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