Hay películas que no necesitan
grandes discursos para justificar su existencia. “Te van
a matar” pertenece a esa estirpe de cine gamberro, directo y sin complejos
que se disfruta mejor cuando uno acepta su propuesta desde el primer minuto:
correr, acuchillar, disparar, reírse y no mirar atrás. Su mayor virtud es precisamente esa
honestidad. No pretende ser profunda, ni
trascendente, ni reinventar el thriller
urbano; quiere ser entretenida, trepidante y un poco absurda. Y lo consigue con una facilidad que sorprende.
La película avanza con una
energía casi eléctrica. No hay apenas tiempos
muertos, no hay escenas de relleno, no hay pausas para respirar. Todo está diseñado para que el espectador se
mantenga en movimiento, como si la propia película tuviera prisa por llegar a
su siguiente estallido de acción. Esa
velocidad narrativa hace que se sienta corta, casi como un capítulo
especialmente desatado de una serie pulp.
Cuando llegan los créditos finales, la
sensación es de ligereza: “¿Ya? ¿No había más?”. Y eso, en un género que a menudo se alarga sin
necesidad, es un pequeño triunfo.
El sentido del humor es uno de
los rasgos más distintivos de “Te van a
matar”. No es humor convencional ni
busca la carcajada fácil. Es un humor peculiar,
casi marciano, que mezcla ironía, autoparodia y un punto de absurdo que
recuerda a ciertos cómics underground.
La película parece guiñar el ojo
constantemente, como si estuviera diciendo: “Sí, sabemos que esto es exagerado…
y por eso mismo funciona”. Cuando entras
en su frecuencia, cada giro improbable y cada diálogo pasado de rosca se
convierten en parte del encanto.
Sin pretender parecer sacrílego,
está claro que la película parodia, o incluso podríamos decir que homenajea, al
cine de Quentin Tarantino (sin sus diálogos grandilocuentes, claro está), o a “Malos tiempos en el Royale”, o a “La centinela”. Y, claro está, siempre está presente la
ubicación concreta en un emplazamiento muy reconocible. La acción transcurre en un edificio que, sin
nombrarlo, remite de forma clarísima al mítico Dakota de Nueva York. Esa referencia A “La semilla del diablo” no es casual: aporta atmósfera, historia,
misterio y un punto de leyenda urbana que encaja de maravilla con el tono de thriller pulp que la película persigue. El edificio se convierte casi en un personaje
más, con sus pasillos interminables, sus rincones oscuros y su aura de lugar
donde “han pasado cosas”.
La protagonista Zazie Beetz sostiene la historia con
una mezcla de vulnerabilidad y determinación que encaja muy bien con el tono
del film. Pero uno de los mayores
placeres es reencontrarse con intérpretes que hacía tiempo que no ocupaban un
papel tan visible. Patricia Arquette está deliciosa en su excentricidad, capaz de
robar escenas con una naturalidad pasmosa; Heather
Graham aporta una energía juguetona y sorprendentemente fresca; y Tom “Draco” Felton se permite jugar con
su propia imagen pública sin caer en la autoparodia fácil. Los tres parecen estar pasándoselo bien, y
esa sensación se contagia al espectador. Hay algo reconfortante en verlos disfrutar de
un proyecto que no se toma demasiado en serio, pero que sí respeta a su
público.
La película es muy violenta, pero
es una violencia estilizada, exagerada, imposible. Es violencia de cómic, de videojuego, de
espectáculo. La dirige el ruso Kyrill Sokolov, que además co-escribe
el guión junto con Alex Litvak. Ninguno de los dos tiene intención alguna de
aparentar algún tipo de realismo o impacto emocional profundo. Y ahí está la clave: si intentas analizarla
con rigor, pierde la chispa. “Te van a matar” funciona cuando la
aceptas como lo que es: un festival de excesos diseñado para entretener, no
para moralizar ni para reflexionar sobre la condición humana.
Si hay un elemento que no termina
de cuajar, es la caracterización del teórico gran villano que aparece al final.
Su diseño y su presencia no me parece
que estén a la altura del resto del conjunto. La película, que hasta ese momento había
mantenido un equilibrio muy particular entre humor, acción y autoparodia,
tropieza un poco en su clímax. No
arruina la experiencia, pero sí deja la sensación de que el remate podría haber
sido más memorable.
“Te van a matar” es una película que sólo se disfruta si se acepta
su naturaleza juguetona. No es profunda,
no es sofisticada y no pretende serlo. Es un entretenimiento trepidante, corto, ultraviolento
y divertido, con un humor peculiar y un reparto que da gusto recuperar. Una propuesta fresca dentro del thriller urbano, perfecta para quienes
buscan una experiencia ligera, exagerada y sin pretensiones.
Calificación: 7 (sobre 10)

Comentarios