Hay artistas a los que llegas
demasiado pronto, y otros a los que accedes demasiado tarde.
Si te acercas a alguno cuando acaba de
comenzar, cuando sólo es un embrión de lo que será, tal vez lo que ofrece aún
no hace justicia a lo que ofrecerá, y lo desechas puede que injustamente.
Pero otras veces sucede que, cuando descubres
a alguien, a alguien que te entusiasma, maldices el no haberlo descubierto
antes, cuando empezaba, cuando podías haber crecido junto con él.
Yo siento (y lamento) que me hice “autista”
muy tarde.
Cuando me grabé de la radio
la primera canción de
Luis Eduardo Aute
que consiguió impactarme, “
No te desnudes
todavía”, yo tenía 17 años, y él 37.
Yo, inculto de mi, ignoraba por aquel entonces que tanto “
Aleluya” como “
Rosas en el mar”, que oía cantar a mi madre mientras cocinaba,
fregaba o cosía, aunque las había popularizado
Massiel, en realidad habían sido escritas por Luis Eduardo, a la
sazón tocayo mío (bueno, al menos, parcialmente).

El auténtico detonante de mi
apasionamiento por el cantautor que viera la luz en
Manila, Filipinas, el 13 de
Septiembre de 1943, fue su maravilloso concierto “
Entre amigos”, que, como he relatado alguna vez, vi cómodamente en
mi casa de Benalúa en compañía de mis padres, la noche en que “La Uno”, la
primera cadena de Televisión Española, lo emitió allá por 1983.
La intrahistoria de aquel recital
nos habla de los esfuerzos de Aute no sólo por organizar un evento que sería
antológico, sino, en primer lugar, por superar sus propios miedos, que se
concentraban en la profunda animadversión que le causaba actuar en público ante
grupos numerosos de personas, a causa de su tremebunda timidez. Claro, una cosa era cantar en un bar, en el
salón de actos de un colegio o en un teatro de pueblo, y algo muy diferente
enfrentarse a un público enfervorizado que atesta un estadio o una plaza de
toros. La calidad de las canciones que
llevaba componiendo desde sus 20 años era incuestionable y la difusión de sus
discos iba en aumento, tanto en España como en Latinoamérica, pero no fue hasta
1980 cuando el éxito mayúsculo del single que mencioné antes, “No te desnudes todavía” y del LP que lo
incluía, “Alma”, sirvió como excusa a
su compañía discográfica, Movieplay,
para organizarle grandes conciertos en base a los que promocionar
“adecuadamente” su catálogo.

El caso es que, en 1983, Aute iba
a entrar en la cuarentena, y aquella provecta edad se merecía una celebración a
lo grande de su vida y de su obra. Eduardo
(así le llamaban, obviando, para mi desgracia, el nombre que tenemos en común)
tuvo la gran idea de subirse a un escenario para repasar lo más granado de su
trayectoria, pero no quería hacerlo solo, sino bien acompañado,
inmejorablemente arropado, sintiéndose… entre amigos.

No eran pocos los artistas con
los que Luis Eduardo Aute se había ido relacionando (la citada Massiel, Rosa
León, Luis Pastor, Joaquín Sabina, Javier Krahe, Victor Manuel y Ana Belén,
José Antonio Labordeta, Carlos Cano, Pepa Flores “Marisol”…) pero, durante un
viaje a Cuba, determinó que quienes aquella magna noche debían estar con él
sobre las tablas no serían otros sino
Pablo
Milanés,
Joan Manuel Serrat,
Silvio Rodríguez y
Teddy Bautista, colegas y amigos a quienes, además de lazos
profesionales, le vinculaban nudos afectivos, vivencias y mucho y sano
compadreo.
En cualquier caso, la versión
oficial difundida por la prensa de aquellos tiempos felizmente libertarios
hablaba de que los cinco cantautores protagonistas compartían “
una visión crítica e inconformista en una España que se desliza
ilusionante por una transición llena de luces y sombras”. El lugar
elegido para la celebración (y grabación, claro está) del concierto fue el
madrileño Teatro Salamanca, antiguo
cine que hoy en día ha quedado relegado a ser un templo consumista a
beneficio de la cadena de ropa
Primark, siendo el día concertado el
viernes 3 de Marzo de 1983.
El guión estipulaba que en aquella jornada
memorable no se celebrarían una sino ¡dos!
actuaciones, la una por la tarde y la
otra ya en horario nocturno y que acabó entrada la madrugada. Los músicos de acompañamiento serían los
integrantes de la banda Suburbano (Luis Mendo, Bernardo Fuster, Andreas
Prittwitz, José Luis Villegas, Rafael Puerta y Oscar Astruga, con el propio
líder Luis Mendo oficiando como
director musical de la gala) y con la simpar Olga Román (ex–integrante del grupo folk Nuestro Pequeño Mundo) desplegando su embrujo en las segundas
voces y los coros. Los ensayos previos
fueron más bien escasos, sobre todo para Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, quienes
llegaron a España con muy poco tiempo de antelación, pero el resultado
constituyó un hito que hizo historia.

En la primera parte del recital, recogida
en el primer disco del doble LP resultante, Aute mira hacia atrás para repasar
algunos de sus grandes temas del pasado, que fluyen casi cronológicamente,
comenzando con “
Rosas en el mar” y
finalizando con una sentida versión de “
Al
alba”, concebida originalmente como protesta ante las últimas ejecuciones
del franquismo y que aquí se utiliza para condenar el reciente fusilamiento de seis
jóvenes de izquierda de Guatemala tras el golpe de estado de Efraín Ríos
Montt.
En la segunda parte (segundo LP)
es cuando se van alternando las intervenciones de Aute en solitario con las de
sus ilustres amigos, que cantaron cada uno un tema propio y otro de Luis
Eduardo.
Es importante reseñar que el
disco no recoge esta dualidad, sino que es el propio Aute quien interpreta, ya
en la intimidad de un estudio, fragmentos de las canciones que más le gustan de
cada uno de sus invitados, con las que se abren, respectivamente, cada una de
las cuatro caras (dos caras A y dos caras B) de los susodichos
long-plays: “
Te doy una canción” de Silvio Rodríguez, “
Paraules d’amor” de Joan Manuel Serrat, “
Padre” de Teddy Bautista y “
Para
vivir” de Pablo Milanés”.
Por su
parte, Pablo Milanés versiona “
Anda”,
Serrat se hace cargo de “
De alguna manera”,
Silvio Rodríguez hace suya “
Dentro” y
Teddy Bautista (el luego temible director de la SGAE) se ocupa de “
Anda suelto Satanás”.
Como curiosidad, paso a transcribir las
palabras que Aute dedicó a sus colegas al ir presentándolos uno a uno:
-Sobre Pablo Milanés: «Si el talento, la generosidad, la ternura, el compañerismo,
tuvieran un nombre, ese nombre pertenecería al autor de una de las tres
canciones de amor más bellas que yo conozco. Una de ellas es “Ne me quitte pas”, de Jacques Brel; otra es, para mi, “Yesterday”, de Paul McCartney; y otra es “Para vivir” de Pablo Milanés»
-Sobre Joan Manuel Serrat: «Escribir buenas canciones no es tarea fácil; escribir obras
maestras en dos lenguas distintas es casi imposible. Sin embargo, hay un hombre que lo ha
conseguido, un amigo que supo, en un momento muy difícil de mi vida, tenderme
una mano así de grande: Joan Manuel Serrat»
-Sobre Silvio Rodríguez: «Si la magia, el encantamiento y la poesía son premisas
indispensables para que se dé la obra de arte, no cabe duda de que el gran mito
de la magia, del encantamiento y de la poesía es el Flautista de Hamelin. Yo creo que el Flautista de Hamelin, si
hubiera nacido en el Caribe, se llamaría igual que ese entrañable, admirado y
querido amigo mío que es Silvio Rodríguez»
-Sobre Teddy Bautista: «“Ciclos”, un trabajo musical basado en “Las Cuatro Estaciones” de
Vivaldi, es quizá uno de los discos más importantes que se han grabado en este
país. Su autor es el próximo compañero
que va a intervenir. Yo creo que el rock
español le debe todo, o casi todo, a este gran músico. Yo, por lo menos, le debo, de alguna forma,
el estar aquí esta noche con vosotros: Teddy
Bautista»
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Si
MoviePlay fue, como ha quedado dicho, el
sello discográfico que registró y distribuyó el concierto, el productor a cargo
fue el prestigioso
Gustavo Ramudo,
oficiando como ingeniero de sonido el no menos ilustre
Pepe “Pepín” Fernández.
Es cierto que se han hecho legendarios
algunos “fallos” de grabación y que el flautista
Andreas Prittwitz desafina levemente en un par de ocasiones (“gallitos”,
los llamaba mi madre), pero, para mi, la instrumentación de Luis Mendo en
aquella noche mágica es la definitiva, la mejor que han tenido las canciones
del maestro Aute antes o después.
En
cuanto a la selección de sus éxitos que el amigo Eduardo tuvo a bien realizar, siempre
me ha llamado la atención la inclusión de piezas decididamente “menores” como “
Amor, te digo esta palabra”, “
Recordándote”, “
Albanta”, “
Libertad” o la
propia “
Entre amigos”, compuesta
expresamente para la ocasión, que, como poemas que son, poséen letras hermosas,
pero cuya musicalidad parece que se quedó a medias, en una tierra de nadie entre
el recitado y el canto, minimalista, eso sí.
Pero ¿qué diablos?
En este
sensacional disco, uno de mis favoritos de toda una vida, están “
Las cuatro y diez”, “
Rosas en el mar”, “
Al alba”, “
De paso”, “
Aleluya Num. 1”, “
Pasaba por aquí”, “
A por el mar”, “
Queda la música”, “
Mira que
eres canalla”, “
Siento que te estoy
perdiendo” y, por supuesto, “
No te
desnudes todavía”, que me impactaron tan hondamente que, de alguna manera –¡ay!–,
me cambiaron para siempre, decididamente a mejor.
Todas ellas traté de “sacarlas” con la
guitarra y me quedé ronco de tanto cantarlas, en mi casa, en el instituto y en
la playa… con resultados no siempre satisfactorios, he de reconocer.
Para sorpresa
de muchos, “Entre amigos” fue número
uno en las listas de ventas y llegó a obtener el Premio Nacional del Disco
otorgado por el Ministerio de Cultura.
Merecidos y justificados ambos reconocimientos, sin ninguna duda. Pero, para mi, hubo un premio mayor y más
importante: me hizo amar aún más la música, me incitó a querer cantar, me animó
(todavía más) a escribir poesía y me demostró que no solamente Steven Spielberg
y Joan Manuel Serrat podían o debían estar en el pedestal de mis seres
mitológicos, en el Olimpo de mi alma.
Nunca, nunca te lo agradeceré lo bastante, (casi) tocayo.
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