Música
que brilla como un diamante
Revivir recuerdos es más fácil que
crearlos. Redescubrir el pasado cuesta
menos que explorar el presente. Me preocupa
un poco esta realidad constatada, porque es el síntoma del estancamiento, de la
parálisis, del principio de la involución.
Pero dejémonos de elucubraciones pesimistas y vayamos a la crítica. Creo que sólo quienes han nacido en el
presente milenio y, ya sea por vagancia o altanería, se limitan a escuchar las
canciones acuñadas en estos años un tanto aciagos, podrían afirmar que la
música popular de hoy en día es mejor que la de hace tres, cuatro, cinco o seis
décadas. Me temo que pocos o ninguno de
ellos sabrá siquiera quién fue (es) Neil
Diamond, uno de los cantantes y compositores más prolíficos y celebrados en
lengua anglosajona, que actualmente tiene 84 años y sólo a causa del Parkinson
aceptó bajarse de los escenarios. A
Diamond se le recuerda básicamente por la archifamosa “Sweet Caroline”, pero ha compuesto y cantado cientos de canciones
extraordinarias que han sabido aunar la calidad y la comercialidad, algo muy
difícil de conseguir. Durante los años
sesenta, setenta y ochenta, los más gloriosos para él, nos cautivó a muchos (me
incluyo) y hubo quienes encontraron en su vida y su obra mucho más que un
entretenimiento. Un veterano de Vietnam
llamado Mike Sardina (prohibido hacer chistes de mal gusto), que malvivía como
mecánico y soñaba con dedicarse a la música, encontró en Diamond algo más que
un tipo famoso a quien imitar. Se cortó
el pelo como él, asumió como propia su forma de cantar, de moverse e incluso de
sentir y, junto a su segunda esposa Claire Stingl, creó el dúo Lightning & Thunder (Rayo y Trueno),
que llegó a hacerse muy popular en todo Milwaukee (Wisconsin, USA) y que
alcanzó su cénit en 1995 cuando fueron teloneros de los mismísimos Pearl Jam. Lightning & Thunder nunca pasaron de ser
una banda tributo, jamás tuvieron ni pretendieron crear canciones propias, pero
la calidad de sus voces, la versatilidad de sus músicos de acompañamiento, su
fuerza de voluntad y la magnitud de los traumas personales que les golpearon les
hicieron famosos y, posteriormente, merecedores de un aclamado documental, “Song Sung Blue”, que se llenó de premios
en 2008. Dirigido por Greg Kohs, contó
con la participación de Claire Sardina y ahora, diecisiete años después, ha
sido el germen de una película recién estrenada que incluso ha optado por
mantener su mismo título, que deviene de uno de los mayores éxitos de Neil
Diamond y que podríamos traducir como “Canción
cantada con tristeza” (nunca está de más recordar que, en inglés, el color “azul”,
“blue”, también sirve como sinónimo de “triste”). En “Song
Sung Blue”, subtitulada burdamente en España “Canción para dos”, Hugh
Jackman, el inmortal Lobezno que siempre aprovecha para demostrar sus dotes
para el canto, interpreta a Mike Sardina, en tanto que Kate Hudson, hija de Goldie Hawn e hijastra de Kurt Russell, da
vida a Claire Stingl Sardina. Les acompañan
secundarios como Michael Imperioli,
un irreconocible Fisher Stevens
(irreconocible si le comparamos con el aspecto que tenía en “CortoCircuito”) y un recuperado James Belushi, totalmente supeditados
al dúo protagonista. El director de la
cinta ha sido Craig Brewer, conocido
por “Hustle & Flow” y por tres reinterpretaciones
de pseudo-clásicos como “Footloose”, “Urban Cowboy” y “El Príncipe de Zamunda”, a quien no le ha temblado el pulso a la
hora de alterar algunos aspectos de la historia original del matrimonio
Sardina. Con la apariencia de un
musical, “Song Sung Blue” no deja de
ser un melodrama que brinda no pocas oportunidades de lucimiento a Jackman y a
Hudson (se habla de ella como probable candidata al Oscar) y yo confieso que la
disfruté muchísimo… a ratos. La recreación
de las actuaciones de Lightning & Thunder es sencillamente gloriosa, y,
como estaba solo en el cine, hasta me atreví a canturrear junto a ellos todos
esos temazos de Neil Diamond. Pero me
fastidió mucho la tramposa sucesión de alegría/tristeza, triunfo/tragedia,
premio/castigo, que ya sé que son los rasgos de la vida que vivimos, pero que
aquí parece que están introducidos a mala idea, como para que nos sintamos
obligados (acuciados) a darnos cuenta de que, incluso durante nuestros mejores
momentos, tenemos que estar pendientes de que los malos momentos están al caer.
Luis Campoy
Calificación: 7 (sobre 10)

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