La obsesión por la grandeza
“Avatar 3” es un espectáculo grandioso… otra vez.
Otra vez, y ya van tres, viajamos
a Pandora, y nos reencontramos con los azulados na’vi, entre los que destaca la
heroica familia Sully, compuesta por
el líder Jake (ex–soldado procedente
de la Tierra), su esposa Neytiri,
sus hijos biológicos Lo’ak y Tuk y los adoptados Kiri y Spider, este último un humano, cuyo padre es el malvado coronel Quaritch, que murió en la primera
película pero fue clonado en la segunda, transfiriendo su conciencia y
recuerdos a un cuerpo na’vi cultivado genéticamente. Es precisamente Spider el detonante de la
trama de este tercer capítulo, subtitulado “Fuego
y ceniza”, ya que sus problemas para sobrevivir en Pandora hacen que los
Sully, aún rotos de dolor por la pérdida de su hijo Neteyam (quien murió en el film anterior) decidan reintegrarlo a
sus congéneres humanos, momento en el cual son atacados por una tribu salvaje,
los Mangkwan, liderados por la hechicera Varang,
que acabarán aliándose con las tropas de Quaritch, siempre empeñado en la
destrucción de Jake Sully y todo lo que éste ama…
Los primeros minutos de “Avatar 3” resultan especialmente
irreales. Claro, nos dirán que retratan
una ensoñación onírica, pero sorprende lo mal que están recreados los fondos,
como pintados, como procedentes de un videojuego. La cinta se anima enseguida, y comienza el
carrusel de imágenes y sonidos impresionantes, marca de la casa. Te tienes que rendir ante tanta maravilla. La puesta en escena es fascinante, los efectos
visuales mejores que los de hace 16 años, y la historia denota que los
personajes han evolucionado, algo que no siempre se produce en todas las secuelas. Pero tú sabes que el carrusel va a durar nada
menos que 3 horas y 17 minutos, y, si miras el reloj, primero subrepticiamente
y, después, con mayor frecuencia, empiezas a impacientarte. Bueno, un poco. O sea, incluso en medio del asombro (que,
todo hay que decirlo, cada vez resulta menos asombroso) te das cuenta de que
todas las escenas están estiradas sin que sea realmente necesario, de que se
acumulan subtramas sin venir realmente a cuento. Me da la impresión de que Cameron pretende
que el público que, presumiblemente, debería atiborrar las salas, no tenga otro
plan para pasar la tarde que estar calentito en un cine dejándose hipnotizar
sin apenas ejercitar la mente. “Avatar 3” es inmensamente larga porque
sí, porque tiene que ser un peliculón, o al menos una peliculaza. Y ahí se equivoca de plano. Las grandes películas también pueden ser
breves, y los chicles que se estiran en exceso al final pierden sabor. Cuando percibes que en “Avatar 3” se repiten indisimuladamente no sólo los mismos patrones sino
prácticamente las mismas situaciones que en sus predecesoras, te agitas
nervioso en la butaca. Y, cuando el
propio argumento bascula sobre sí mismo una y otra vez (Jake es capturado à
Neytiri acude a rescatarle; Neytiri es
capturada à
Jake debe ir a rescatarla) no puedes evitar pillar incluso un pequeño
cabreo. ¿De verdad, de verdad hacen
falta tantos minutos para que, al final, hayamos avanzado tan poco? A propósito, llamadme “fanático”, llamadme
hasta “miserable”, pero ¿no es evidente que la relación entre Jake Sully y
Quaritch es exactamente la misma que la que mantienen Jean Valjean y Javert en “Los Miserables”, incluyendo el desenlace
del segundo?.
Como el apartado visual de “Avatar 3” es tan apabullante que huelga
volver a destacarlo, sí quiero hacer hincapié en un par de temas más
accesorios. Por un lado, destacar a los
villanos de la función, representados por el insustituible Stephen Lang (aunque lo mataron, tuvieron que traerlo de vuelta
porque, sin él, la historia cojeaba), de nuevo en modo cien por cien “avatar”,
y la recién llegada Oona Chaplin,
nieta de Charlot y que crea, gracias
a la captura de movimiento, una antagonista tan desquiciada y salvaje como irresistiblemente
sensual. Por otra parte, me gustaría
ensalzar la partitura de Simon Franglen,
que, lógicamente, recicla algunos de los temas creados por el llorado James Horner pero que no renuncia a
tener alma propia y hay que admitir que suena de maravilla, complementada por
la canción “Dream As One” que
interpreta Miley Cyrus.
James Cameron dijo hace unos
meses que, si “Avatar 3” no recaudaba
lo que la productora (Disney) le exigía, él se replantearía la continuidad al
frente de la saga, al menos en calidad de director. Cameron ya tiene 71 años y, como todos
sabemos, arrastra una pesada mochila
de éxitos como “Terminator”, “Aliens” y “Titanic”, que reverdeció con creces en 2009 con la primera “Avatar”, una de esas películas que hacen
que la cinematografía prospere, aunque sólo sea por razones tecnológicas. Pero, sinceramente, creo que ya va siendo
hora de que el bueno de Jimmy se desligue de los pitufos hiperdesarrollados y
dedique el tiempo que le queda a crear cosas nuevas, tan brillantes como su probado talento
aún le permita.
Luis Campoy
Calificación: 7 (sobre 10)
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