martes, 8 de octubre de 2019

Cine actualidad/ “MIENTRAS DURE LA GUERRA”


La razón de la sinrazón

En 1936, el insigne escritor y filósofo vasco Miguel de Unamuno (autor, entre otras, de “Niebla” o “San Manuel Bueno, mártir”) ejercía como rector vitalicio de la Universidad de Salamanca.  Desencantado del devenir del gobierno republicano al que en principio había apoyado, Unamuno no vio con malos ojos el golpe de estado del 18 de julio, que supuso de facto la instauración de una autoridad militar que supuestamente iba a limitarse a restaurar el “orden natural de las cosas”.  Sin embargo, tardó muy poco en darse cuenta de que los sublevados habían desencadenado una tormenta de atrocidades incluso superiores a las que pretendían erradicar, por lo que, en un histórico discurso pronunciado en el paraninfo de la universidad el día 12 de octubre, legó al mundo el lema que desacredita para siempre a quienes pretenden imponer su razón utilizando la fuerza:  Venceréis pero no convenceréis”.

Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) llevaba 11 años sin rodar una película en España, concretamente desde que “Agora” se convirtiera en la película más cara producida en nuestro país.  Después de la muy decepcionante “Regresión” (2015), no era muy difícil que el anuncio de un nuevo proyecto ambientado en nuestra Guerra Civil concitase la atención de los espectadores, quienes, en apenas dos semanas de exhibición, se han dejado en taquilla la bonita cifra de 3,2 millones de euros.

Desde que se supo que Amenábar pretendía narrar en su octavo largometraje los primeros días del golpe de Estado de 1936 y cómo ello afectó a un intelectual como Miguel de Unamuno, se fueron sucediendo diversas manifestaciones a favor y sobre todo en contra del proyecto, dados el conocido posicionamiento político e incluso la orientación sexual del realizador.  Sin embargo, una vez vista la película, sorprende poderosamente que en el montaje final se ha pretendido la equidistancia y el respeto formal a los dos bandos en conflicto, a pesar de que, según avanza la trama, se acaba imponiendo la visión ya conocida que el cine patrio de las últimas décadas ha venido emitiendo de manera tópica y estandarizada.  Con todo, las muchas dudas y vaivenes ideológicos que asolan a Unamuno (incluso suavizadas en el film) hacen que el teórico protagonista necesite como contrapunto a las figuras inesperadamente bien tratadas de Franco y Millán Astray.

Aun asumiendo que una película española producida a partir de la muerte del dictador no puede ofrecer una imagen positiva de éste y sus correligionarios, hay que reconocer que en contraposición a un Unamuno contradictorio y vacilante, el Franco a cargo de Santi Prego y, sobre todo, el Millán Astray al que da vida el estupendo Eduard Fernández están presentados con indudable mesura y hasta mimo.  Cuesta muy poco imaginar a un Franco en los albores de su mandato tan comedido y dialogante como el que encarna Prego, y, en cuanto al mutilado fundador de la Legíón, Amenábar, intencionadamente o sin pretenderlo, logra caracterizar a un villano absolutamente apasionante y carismático.

Por lo demás, ni que decir tiene que Karra Elejalde realiza una interpretación asombrosa y sobresaliente (el actor totalmente desaparecido en el personaje), que la fotografía y la ambientación son extraordinarias, que Amenábar no desentona en su poco reconocida labor como compositor y que la dirección de actores (esas secuencias que transcurren en la casa de Unamuno) roza a veces la perfección.

Películas como “Mientras dure la guerra” (título que proviene de la prevista temporalidad de Franco como Jefe del Estado) me parece que siguen siendo necesarias aquí y ahora, para que recordemos lo que fuimos y pensemos en lo que somos y en lo que (no) queremos ser.  Cada vez que alguien decide recurrir a cualquier forma de violencia para imponer su forma de pensar, estamos retrocediendo un peldaño en nuestra evolución como seres racionales.

Luis Campoy

Lo mejor:  Karra Elejalde y Eduard Fernández
Lo peor:  algunos momentos que, pretendiendo ser emotivos, rozan la fina línea de lo ridículo
El cruce:  “Ay, Carmela” + “La lengua de las mariposas”
Calificación:  7,5 (sobre 10)

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