lunes, 2 de julio de 2018

DO SVIDANIYA, ISPANIYA (algo así como "Adiós, España”)


Tras cuatro años memorables en los que cosechamos un gloria internacional inaudita (Eurocopa de Austria/Suiza de 2008;  Mundial de Sudáfrica de 2010;  Eurocopa de Polonia/Ucrania de 2012), nuestra Selección española de fútbol encadena tres fracasos estrepitosos y consecutivos en las siguientes competiciones en las que ha concurrido (Mundial de Brasil 2014;  Eurocopa de Francia 2016;  Mundial de Rusia 2018).  Hace ahora veinticuatro horas que se nos quedó a todos una cara de memos y gilipollas que nos va a costar erradicar, al menos hasta que un nuevo triunfo (cuando quiera que llegue) nos devuelva el buen sabor de boca;  pero ¿realmente lo sucedido ayer en el Estadio Olimpico Luzhniki de Moscú nos pilló a todos por sorpresa…?

Todavía hoy, mi señor padre (nada menos que 92 lúcidos años) sigue insistiendo en que, a pesar de que fue Vicente del Bosque quien se llevó los mayores laureles tras erigirse España en Campeona del Mundo en 2010, el mérito de haber construido un combinado ganador fue del llorado Luis Aragonés (Hortaleza, 1938-Madrid, 2014).  Efectivamente, a Aragonés le cabe el mérito de no sólo haber seleccionado a los hombres adecuados, sino de haber sabido conjuntarlos y aleccionarlos hasta que moralmente se vieron prácticamente obligados a alzarse con la victoria (Xavi Hernández nunca ha ocultado que fue entonces cuando descubrió su auténtico potencial, y el ex-Niño Fernando Torres me temo que nunca ha rayado a un nivel tan alto).  Las buenas maneras y la campechanía de Del Bosque lograron mantener y aun mejorar la herencia recibida, y de este modo se completó el trío de Copas que nos auparon a la cima del Mundo.  Claro que también la caída fue dura y dolorosa….

Los futbolistas sólo son mitos una vez retirados, porque, cuando están en activo, es sorprendente lo fácilmente que se les convierte de héroes a villanos, mayormente cuando la edad les conduce a un comprensible deterioro físico y creativo.  Desde luego, el tiempo no pasa en balde para nadie, y así fue como Xavi Hernández, Xabi Alonso, Carlos Marchena, David Villa, Fernando Torres e incluso quien parecía Santo y Eterno, Iker Casillas, entraron en la decadencia cuyo peaje el tiempo exige a todos, y, tal vez con algo de retraso, también Del Bosque abdicó.  A alguien se le ocurrió que su sucesor ideal podría ser el antiguo guardameta Julen Lopetegui, quien por aquel entonces oficiaba como seleccionador Sub-21, y de este modo comenzó un periplo de dos años que pretendía eclosionar con éxito en el Campeonato del Mundo a celebrar en la Rusia de Putin.

No nos engañemos:  el juego de la España de Lopetegui nunca fue tan bonito, alegre y vistoso como el que diseñaron Aragonés y Del Bosque.  Sin embargo, es cierto que los resultados sí acompañaron, y las derrotas parecían estar conjuradas al tiempo que Isco, De Gea, Carvajal, Asensio o Kepa iban adquiriendo mayor protagonismo en las listas elaboradas por el técnico vasco.  Y aunque en los últimos encuentros amistosos previos al Mundial ya se produjeron diversas señales poco optimistas que ninguno quisimos apreciar, el verdadero terremoto se produjo el martes 12 de Junio de 2018 cuando, ya en Rusia, el Real Madrid emite un comunicado anunciando que Julen Lopetegui será su entrenador en cuanto concluya la cita mundialista.

El inoportuno anuncio del Madrid divide de inmediato a los aficionados:  algunos defendían que el club de Florentino Pérez tenía todo el derecho del mundo a contratar al técnico que consideraban más idóneo, mientras que otros en lo que nos fijamos fue no en el derecho (incuestionable) sino en las formas y, sobre todo, en la (in)oportunidad del momento elegido para lanzar la bomba informativa.  Pero vayamos un poco más lejos:  ¿os imagináis que, en lugar del Madrid, hubiera sido el Barcelona quien hubiera negociado clandestinamente con el seleccionador de España, y proclamado su contratación a escasas horas del inicio de un Campeonato del Mundo?  Obviamente, todos ésos que ahora defienden la “legítima actitud” de la entidad blanca hubieran prorrumpido en un aluvión de críticas que a mí me habrían parecido totalmente razonables y atinadas.  Uno de los que más ofendidos se sintió, como no podía ser de otra manera, fue el recién nombrado Presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, que se enteró prácticamente al mismo tiempo que el resto de los mortales de que su Seleccionador había negociado en secreto con un club que no tuvo la delicadeza de informar a la Federación de la existencia de tal acuerdo.  Ante Rubiales se desplegaban, básicamente, dos posibilidades:  una, mantener a Lopetegui como si nada hubiera pasado, anteponiendo la estabilidad y el sosiego anímico de los futbolistas al lógico ataque de cuernos que tanto le había cabreado;  y dos, cesar de inmediato al traidor, que al fin y al cabo era un empleado desleal en el que ya no podría confiar.  Sorprendentemente (yo, al menos, no me lo esperaba), Lopetegui fue destituido ipso facto y reemplazado por un renuente Fernando Hierro, director deportivo del combinado nacional, que se resistió todo lo que pudo hasta que no le quedó otro remedio que aceptar el marrón.

Como ha quedado dicho anteriormente, el juego desplegado por la España de Lopetegui en los últimos encuentros había sido discreto y regular, por no decir mediocre.  Sin embargo, el partido de debut en el Mundial fue todo un partidazo (3-3 frente a Portugal), y los goles de Diego Costa hicieron que los errores del portero De Gea quedaran en segundo plano.  Sin embargo, las sensaciones ante Irán (0-1) y Marruecos (2-2) fueron eminentemente negativas, y todos los españolitos estuvimos de acuerdo en que “la España de Hierro” precisaba de algunos cambios:  dotar de mayor solidez a la defensa, de más acierto a la delantera y, sobre todo, sentar a De Gea en beneficio de Kepa o incluso de Pepe Reina.  Mas quien estaba al mando sólo quiso o sólo supo complacernos a medias.  Maquilló un poco el centro del campo (Koke por Thiago y Marco Asensio por el heroico Iniesta), pero mantuvo bajo palos al guardameta más cuestionado de nuestra Historia reciente, y en punta a un Costa que pedía a gritos un descanso o, como mínimo, un compañero.  Por si fuera poco, se trataba de enfrentarnos a la selección anfitriona del Campeonato, misión imposible para nosotros desde que el mundo es mundo, y de la conjunción de todos estos factores devino un desastre que tampoco era tan difícil de prever…

Admito que el Fernando Hierro que ha mordido el polvo con la España de 2018 me ha acabado por caer mejor que su versión de hace un par de décadas, cuando se jactaba de no haber leído jamás un libro.  Con todo, su poca experiencia como entrenador, sus decisiones no siempre entendibles y, sobre todo, su excesiva lealtad a los patrones de juego que había visto ejecutar a Lopetegui nos han acabado por condenar a todos.  El partido de ayer fue soporífero y aburrido (posesión tan abrumadora como estéril, pases horizontales o hacia atrás, ausencia de disparos a puerta), no muy diferente de aquéllos en los que el Barça (referente innegable del estilo que en su día forjaron Aragonés y del Bosque) se tropieza una y otra vez ante rivales que aparcan el autobús ante su portería y fían todo a los dos o tres contraataques que pueden armar a lo largo de los noventa minutos.  Para más INRI, no fueron 90 sino 120 los minutos que tuvimos que sufrir, y, después de éstos, la temida tanda de penalties en los que David De Gea pudo haber pasado de Enemigo Público Número Uno a Héroe Nacional….  pero no cayó esa breva.

Conclusión:  nos volvemos para casa en Octavos, con el rabo entre las piernas y la certeza de que, ahora sí, hace falta una auténtica revolución para que esta Selección pueda volver a vencer y convencer.  Lo más lógico y normal es que Fernando Hierro no continúe ni un minuto más como seleccionador (se rumorean nombres como los de Michel, Quique Sánchez Flores o incluso Luis Enrique para sustituirle), y ya sabíamos desde hacía tiempo que Gerard Piqué (¿a quién silbarán a partir de ahora?) y el gran Andrés Iniesta se iban a despedir tras concluir su participación en el campeonato…   y puede que no sean los únicos…  Esperemos que Rubiales tome las decisiones adecuadas y sepa dar con la tecla que no desafine y complazca a todos por igual, porque la decepción masiva que sufrimos ayer demuestra una vez más que, hoy por hoy, el fútbol sigue siendo el Deporte Rey en esta nuestra monárquica España.


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