domingo, 17 de diciembre de 2017

Cine actualidad/ “STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI”

(ATENCIÓN.  ESTE ARTÍCULO CONTIENE ALGUNOS SPOILERS)

La nueva esperanza que contraatacó tras el retorno de una amenaza clónica y vengativa despertada por la fuerza

Parece mentira, pero desde aquella tarde en que, hallándome en una tumultuosa cola para asistir al estreno en Alicante de “La Guerra de las Galaxias” en el llorado cine Chapí, un conductor despistado dejó que una rueda de su coche me pasara por encima del pie, han transcurrido nada menos que cuarenta años.  Desde aquel momento, gran parte de las estructuras, las concepciones y las pretensiones del negocio cinematográfico han cambiado por completo.  A una más que lógica continuación, “El Imperio contraataca” (1980) en la que TODO (dirección, guión, diálogos, tratamiento de personajes, interpretaciones de los actores, música, efectos especiales…) era aún mejor que en la película fundacional, le sucedió una tercera entrega, “El retorno del Jedi” (1983) en la que empezaron a sonar las alertas:  con permiso de mi querido amigo Pablo Parra, la calidad disminuía y el tono se infantilizaba peligrosamente, disminuyendo la sensación de frescura y apoderándose de la saga un preocupante tono de “deja vu”, aderezado todo ello con la multiplicación de personajes cuya única razón de ser era incrementar las ventas de merchandising.  El creador de todo el tinglado, George Lucas (nacido en 1944), había pasado de ser un cineasta visionario a un negociante compulsivo.  Perdí la cuenta de las reposiciones, reestrenos, reediciones en múltiples versiones y soportes de aquella primera trilogía fílmica, de lanzamientos y relanzamientos de la banda sonora (compuesta por el venerable John Williams) en diversos formatos, amén de libros, comics, álbumes de cromos, juguetes, ropa y accesorios de todo tipo, todo ello de un modo meticulosamente calculado para exprimir a fondo la gallina de los huevos de oro galácticos…  hasta que, en 1999, el amigo Lucas se atreve a presentar en sociedad un nuevo film original, “La amenaza fantasma”, cuya misión era convertirse en el inicio de una segunda trilogía que, para mareo y confusión de los no iniciados, no continuaba lo sucedido tras “El retorno del Jedi” sino que narraba lo que había acontecido antes de “La guerra de las galaxias”, cuyo título había pasado a ser “Una nueva esperanza”.  Las opiniones en torno a este autodenominado “Episodio I” fueron más bien negativas, volviendo a centrarse en lo que remarcaba en el comentario sobre “El retorno del Jedi”:  un enfoque infantil, abundancia de personajes susceptibles de generar juguetes y figuritas (¿alguien ha mentado al denostado Jar Jar Binks?) y, sobre todo, una dependencia total de los super computadores de Industrial Light and Magic, generadores no sólo de efectos CGI sino también de fondos, decorados y criaturas:  todo un desparrame cibernético nunca antes desplegado.  Los restantes episodios de esta trilogía de precuelas, “El ataque de los clones” (2002) y “La venganza de los Sith” (2005), si bien fueron creciendo en calidad estrictamente cinematográfica, siguieron en la misma senda de artificiosidad informática, razón por la cual sus admiradores y detractores empatan en fanatismo y vehemencia.  El 30 de octubre de 2012, la historia de la Galaxia más famosa del celuloide dio un vuelco monumental cuando la todopoderosa Walt Disney Productions compró a George Lucas su compañía Lucasfilm Ltd., matriz tanto de “Star wars” como de “Indiana Jones”.  Pocos días después, Disney anunciaba la realización de una nueva trilogía que, esta vez sí, transcurriría después de “El retorno del Jedi” y para la que se pretendía contar con los actores originales Mark Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher, quienes de alguna manera cederían el testigo a intérpretes lógicamente más jóvenes.  El televisivo J.J. Abrams (“Perdidos”), que había sabido revitalizar con éxito otro mito de la ciencia ficción del siglo XX, “Star Trek”, fue elegido para realizar la primera de las tres nuevas entregas que, con el prometedor título de “El despertar de la Fuerza”, se estrenó el 18 de Diciembre de 2015.  El resultado matemático y tangible fue un éxito comercial inusitado e incontestable, mientras que, en el terreno estrictamente cinematográfico, la división de opiniones era inesperadamente virulenta.

Los cinéfilos de mi generación (y por ende, los de las generaciones posteriores) prácticamente nos hemos criado con Darth Vader, Luke Skywalker, Han Solo y compañía, bebiendo de las aguas fantásticas de la fuente lucasiana para aplacar una sed de aventura que nunca se ha saciado del todo.  Creo sinceramente que el amor y veneración que todos sentimos por los conceptos y personajes creados por el Tío George cegaron las mentes de millones de espectadores, privándoles de la capacidad de realizar un análisis crítico y objetivo de una película que, por explicarlo de un modo sencillo y directo, tenía de original lo que yo de ingeniero aeronáutico.  Porque “El despertar de la Fuerza” copiaba tan a conciencia conceptos, idiosincrasia de personajes, escenarios, vestuario y situaciones de “La guerra de las galaxias” que, para muchos (entre los que me incluyo), más que una continuación resultó ser un remake encubierto.  El nuevo Episodio de la franquicia, “Los últimos Jedi”, tenía ante sí una oportunidad de oro para afianzarse en la descripción de los nuevos personajes y presentar ideas novedosas, o bien para continuar removiendo los lodos del pasado.  Lamentablemente, el director y guionista Rian Johnson ha optado cómoda y descaradamente por la segunda y más fácil opción.

“Los últimos Jedi” arranca, como no podía ser de otra manera, en la inmensidad del espacio, donde la avanzadilla de la flota de la Primera Orden se tropieza con el caza pilotado por el audaz piloto rebelde Poe Dameron (Oscar Isaac).  El tono humorístico de esta primera escena es simplemente desconcertante:  no me hubiera extrañado ver a Miguel Gila o Chiquito de la Calzada como co-autores del argumento.  Enseguida comienza el carrusel de autorreferencias.  Aunque esta vez los malos no han reconstruído, para variar, una enésima Estrella de la Muerte, el ataque de los X-Wings por entre un laberinto de troneras y trincheras recuerda poderosamente al desenlace del Episodio IV (imitado en el VI y, obviamente, en el VII); por Dios, ¡si hasta uno de los pilotos se parece sospechosamente al gordito Porkins!  Entretanto, en el planeta Ahch-To, la joven Rey (Daisy Ridley) le entrega su vieja espada de luz a un huraño Luke Skywalker (nuevamente Mark Hamill)…  ¡y éste la arroja por encima del hombro, despectivo!   Toda esa parte que narra el entrenamiento de Rey está calcada indisimuladamente del adiestramiento de Luke por parte de Yoda en el Episodio V, asumiendo el hermano de Leia el papel de maestro cínico y huraño.  Por no faltar, no falta ni un divertido cameo por parte del mismísimo Yoda, divertido por lo mal hecho que está dicho personaje, con un aspecto de marioneta cutre que tira de espaldas y hace que el animatronic original de 1980 parezca una revolución tecnológica insuperable.  A todo ésto, Huckleberry Finn, o sea Finn a secas (John Boyega), se hace amigo del alma de una mecánica de rasgos orientales (Rose Tico:  Kelly Marie Tran), que a partir de ese momento se le pega como si fuese una verdadera lapa.  Lo siento, pero ese personaje me parece el nuevo Jar Jar Binks:  repelente, insoportable, parece no tener otra función que la de robarle protagonismo a Finn, quien ciertamente se merece más minutos y más desarrollo.  Por otra parte, el narizotas favorito de todos, Kylo Ren (Adam Driver), se ha acordado de que, al final de “El Imperio contraataca”, su abuelo Darth Vader encontraba la forma de hablar a distancia con cierto aspirante a Jedi, de modo que él hace lo propio con Rey, a la que logra atraer hasta la nave comandante de la Primera Orden, donde deberá entrevistarse con el Emp…, o sea, con el Líder Supremo Snoke.  Es esta secuencia lo mejor de toda la película y, posiblemente, una de las mejores de toda la saga:  el audaz contraste de rojos y negros visualizado por Rian Johnson es una verdadera maravilla estética digna de mi más ferviente aplauso.  Pero, si bien la fotografía es ciertamente de alucine, el devenir de la historia se me antoja una estupidez histórica:  crean un personaje siniestro y poderoso como Snoke, articulan en torno a él todo un hype alimentado por las especulaciones enfervorizadas de los fans…  y se lo quitan de encima a las primeras de cambio, dejándonos a todos (y sobre todo a él) a medias.  En cuanto a Leia (Carrie Fisher), dicen que la llorada actriz se ha agitado cabreadísima en su tumba cuando ha visto desde el Más Allá ese ridículo y desternillante momento en el que su Princesa surca los espacios siderales parodiando a la Estatua de la Libertad de “La Loca historia de las Galaxias” (“Spaceballs”) de Mel Brooks, que a su vez parodiaba sin pudor a la franquicia que nos ocupa.  Se ve que Rian Johnson dudaba de que Leia pudiera suscitar por sí misma el interés de la audiencia, ya que se ha sacado de la manga a un personaje sospechosamente similar, la Vicealmirante Holdo (Laura Dern), que, a pesar de estar ataviada con unos ropajes que invitan a la carcajada, acomete las acciones que uno asociaría con el carácter aguerrido e impulsivo de la antigua Senadora Organa.  A todo ésto, tal vez pretendiendo acallar los rumores de que entre Poe y Finn podría haber algo más que una viril amistad, al primero le convierten en objeto de deseo platónico de Leia y Holdo, y al segundo le mandan junto a Rose (supongo que para forzar una imposible historia de amor) a un remoto planeta calcadito a Montecarlo, Canto Bight, donde hay un casino (cuánto cansino ir y venir a la cantina de Mos Eisley) repleto de seres estrambóticos marca de la casa y en el que conocerán a un taimado jugador de dudosa moralidad (DJ:  Benicio del Toro), que sería capaz de vender a cualquiera al Imp… a la Primera Orden, con tal de asegurar su supervivencia (¿os he oído citar el nombre de Lando Calrissian?)…

En fin, me he cansado de enumerar las incontables e innumerables referencias y autorreferencias (¿alguien más se dio cuenta de que hasta tiene una aparición especial el mítico condensador de fluzo de “Regreso al futuro”?) que pueden descubrirse en el guión de “Los últimos Jedi”, una película que, si bien está “condenada” a recaudar unos generosos dividendos en taquilla, o mucho me equivoco o no va a acercarse a los récords históricos que sí logró “El despertar de la Fuerza”.  Porque ni siquiera los fans más acérrimos pueden permanecer cegados eternamente, y hasta los más necesitados han de darse cuenta de que esta nueva trilogía no es sino más, mucho más de lo mismo, con más medios pero con menos imaginación…  ninguna imaginación.  Y creedme que, cada vez que leo que algún crítico afirma que esta octava entrega es la mejor de la saga, me lo imagino escribiendo tal disparate en la piscina de un lujoso hotel pagado con un cuantioso cheque de Walt Disney Productions, pues si no, una chorrada semejante no sería entendible.  Que sí, que queremos (yo el primero) más “Star Wars”, pero no así, no de este modo:  se necesitan nuevas historias, nuevos personajes, nuevas galaxias, no un viaje interminable al interior de un ombligo que, por mucho que nos haya fascinado, tiene urgentemente que renovarse o morir.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, con alguno de los momentos visualmente más hermosos e impactantes de toda la saga
Lo peor.  Los nuevos personajes (con especial mención a la insoportable Rose Tico);  el interminable aluvión de referencias al pasado de la saga, un autoplagio que ya cansa,  los golpes de humor absurdo que te sacan de la trama
El cruce:  todos los episodios anteriores mezclados, agitados y batidos

Calificación:  6,5 (sobre 10)

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