Cine actualidad: "HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE - Parte 2"






La varita se apaga





De verdad que hubiera querido (y en algún momento, mientras la veía, pensé seriamente en hacerlo) calificar a este último film de la saga de Harry Potter con un sobresaliente, un "9" como mínimo, quizás no tanto como condecoración a este episodio en sí mismo, sino como laureada consideración a una franquicia que ha mantenido unos parámetros de calidad más que dignos durante la friolera de diez años.  Sin embargo, por las razones que más abajo detallaré, me temo que mi calificación final no pasará del notable justito…
Después de casi una década de magia y hechicería, Harry Potter y sus inseparables amigos Hermione Granger y Ron Weasley se enfrentan en una batalla, que saben será definitiva, al maléfico e implacable Lord Voldemort, con el viejo castillo Hogwarts como escenario, y apoyándose, respectivamente, en un ejército de brujos buenos y de malévolos mortífagos, que dejarán la escuela hecha ruinas y unos cuantos cadáveres yaciendo entre los escombros…

Admito que mis expectativas acerca de esta octava y última película eran altísimas, toda vez que, sorprendentemente, el frustrante David Yates había logrado facturar una estupenda séptima entrega, tras haber pergeñado la irregular “Harry Potter y la Orden del Fénix” y la insoportable “Harry Potter y el Príncipe Mestizo”, el eslabón más débil de toda la cadena.  Sin embargo, los indiscutibles logros de “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 1” se quedan un pelín deslucidos en un capítulo final que no tiene entidad propia, que es lógica pero inevitablemente dependiente de su predecesora.  “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 2” pretende ser lo que fue “El Retorno del Rey” a la trilogía de “El Señor de los Anillos”, pero más se acerca a “Las Dos Torres”:  una historia que empieza abruptamente y que es imposible entender si no has visto el film anterior;  un desarrollo que carece de sentido, temática y emocionalmente, si no conoces a fondo los libros o al menos las películas previas;  y un doble final que, diciéndolo con suavidad, decepciona bastante.  Yates tiene la fortuna de contar con un reparto de secundarios de lujo (y una vez más reivindico a Chris Columbus, que, al fin y al cabo, fue el iniciador de la andadura y quien dio el visto bueno no sólo a la selección de actores sino también el que marcó el tono general de sus actuaciones), y, en esta ocasión, un resucitado Michael Gambon, el megavillano Ralph Fiennes y, por fin, un sensacional Alan Rickman, están que se salen.  Pero también se pasea por allí la grotescamente sobreactuada Helena Bonham Carter, elección personal de Yates, ya que sólo interviene en los cuatro films que él ha dirigido, señal de que el objetivo del director ha sido crear secuencias inolvidables y no emociones imperecederas.  En este sentido, escenas como la de la fuga del banco Gringotts a lomos del dragón, la huída de la biblioteca en llamas y el asedio a Hogwarts (que en algunos planos se adivina calcado a la batalla de los Campos de Pelennor de “El Señor de los Anillos:  El Retorno del Rey” son ciertamente portentosas, pero los momentos más intimistas parece que cumplan una mera función de relleno, los inevitables diálogos entre los tres jóvenes protagonistas pecan de tedio y monotonía y, sobre todo, el enfrentamiento final entre Harry y Voldemort no colma las necesidades dramáticas de tantos años de tensión, quedando reducido, una vez más, a ese deplorable cruce de rayitos de colorines de los que tanto se ha abusado en los últimos tiempos.

Todo parece indicar (ya no hay más novelas pendientes de adaptación, ni parece que vaya a haberlas en un futuro) que Harry Potter se despide para siempre, y lo hace en un epílogo en el que él y sus amigos aparecen un poco envejecidos para presentarnos a sus hijos…  sus herederos.  En el andén 9 ¾ de la Estación de Kings Cross se despide una saga durante cuyo transcurso nuestro hijos han crecido y nosotros nos hemos hecho un poco más maduros.  Para mí, el balance es indudablemente positivo, si bien el broche de oro podría haber brillado un pelín más.  Se me hubiera ocurrido el retorno de John Williams a la música, una fotografía que de vez en cuando, en algún instante aislado, hubiera sido algo menos lúgubre, y una menor evidencia de que se pretendía lograr una obra trascendental casi a cualquier precio.  Por cierto, el 3-D que encarece exactamente dos euros el precio de la entrada es de los más innecesarios y menos logrados que jamás he visto.  Y una última pregunta, sólo para iniciados:  ¿alguien más cree percibir que en algunos pasajes se deja caer que Harry Potter es en realidad hijo del Profesor Snape…?

Luis Campoy

Lo mejor:  Alan Rickman, Ralph Fiennes, el asedio a la Escuela Hogwarts
Lo peor:  Helena Bonham-Carter, el descafeínado duelo final
El cruce:  “Harry Potter y la Piedra Filosofal” + “Harry Potter y la Orden del Fénix” + “El Señor de los Anillos:  El Retorno del Rey”.
Calificación:  7,5 (sobre 10)

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