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Revista Hachote

Galería de pasionarios / Santiago

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Artículo publicado en el Número 24 de la revista Hachote (Septiembre de 1993)

Visita hoy las páginas de nuestra sección un personaje fundamental en el desarrollo y expansión del Cristianismo, tan querido y venerado por nuestra nación que ostenta desde hace tiempo el título de Santo patrón de España.

Santiago (Sant Iago para los latinos, San Jaime para los anglosajones), apodado El Mayor, era, cómo no, pescador, y ejercía su profesión en las aguas del Lago Tiberíades, en una de cuyas aldeas ribereñas, Betsaida, había nacido. Su padre, Zebedeo, gozaba de una posición relativamente acomodada, ya que podía permitirse el lujo de que algunos jornaleros a sueldo ayudaban a sus hijos en el ejercicio del negocio familiar. Su madre, Salomé (o María Salomé), como todas las madres, ansiaba los máximos honores para sus retoños, pareciéndole exiguo el que les deparaba su marinera vocación. Su hermano, finalmente, no era otro que Juan, el futuro Apóstol y Discípulo Amado de Jesús, y a ambos, como ya dijimos en estas mismas páginas, se les conocía por su entusiasmo y fogosidad, como Boanerges o “Hijos del Trueno”.

La llegada del carismático Jesús de Nazaret alteró para siempre las vidas de los hijos de Zebedeo, y aun la de Salomé, que a partir de ese momento sería una de las mujeres que integraban el séquito femenino del Galileo, acompañándole incluso en el mismísimo instante de su crucifixión. Santiago y Juan colgaron, pues, las redes y siguieron los pasos del nuevo Mesías, al igual que otros diez hombres de aquellas tierras, entre los que militaban los hermanos Simón (Pedro) y Andrés, también pescadores, así como el “otro” apóstol Santiago, el hijo de Alfeo, a quien, para distinguirlo de nuestro protagonista de hoy, se nombra siempre como Santiago el Menor.

La labor apostólica de Santiago el Mayor se halla entre las más celebradas, participando activamente en la predicación y difusión de la doctrina de su Maestro, de lo cual fue testigo, junto a su hermano Juan y el buen Simón Pedro, de tres momentos clave de la vida de Jesús: la Transfiguración en el Monte Tabor, la oración en el Huerto de Gethsemaní y la aparición del resucitado a los Apóstoles que, tras la pasión, se hallaban pescando en el Lago Tiberíades.

No obstante todo lo dicho, si por algo es conocido el Apóstol Santiago es por la importantísima labor de expansión de la fe cristiana desarrollada tras la muerte (física) de Cristo, siendo numerosísimos sus viajes evangelizadores por Oriente y Occidente, viajes que, como es sabido, le trajeron a la Península Ibérica, de cuya conversión fue responsable, junto a San Pablo y los llamados “Siete Varones Apostólicos”.

También le cupo a Santiago el luctuoso honor de ser el primero de los Apóstoles en ser martirizado en aras de su Fe, cosa que sucedió en el año 42 d.C., siendo Emperador de Roma Herodes Agripa I.

Mas no acabó aquí la historia. Una vez fallecido el Apóstol, su cadáver fue recuperado por algunos de sus discípulos, quienes lo trajeron a las tierras hispanas que en vida consideró casi como propias, recibiendo sepultura en la pequeña localidad gallega de Iria Flavia.

El devenir de los años, sin embargo, borró progresivamente la memoria de la exacta localización del enterramiento del Santo, y no fue hasta el siglo XII cuando, durante el reinado de Alfonso II “El Casto”, unas extrañas luces que encendían los cielos nocturnos guiaron a una partida de campesinos hasta el emplazamiento de la sepultura. Como recuerdo del magno acontecimiento, aquel lugar pasó a denominarse “Campus Stellae” (CAMPO DE LAS ESTRELLAS) o, abreviadamente, Compostela.

La influencia de Santiago se expandió aún más durante los siglos posteriores, y podemos verla reflejada no sólo en su condición de Santo Patrón de nuestra patria (hasta el punto de que, al grito de “¡Santiago y cierra España!”, los caballeros cristianos que peleaban contra los musulmanes durante la reconquista se encomendaban, vehementes, a su advocación), sino, sobre todo, como impulsor de un fenómeno tan internacional, multitudinario y de permanente vigencia como las peregrinaciones del Año Santo Jacobeo, que se celebran siguiendo un ciclo de 6, 5, 6 y 11 años, cuando el día 25 de Julio, conmemoración del Apóstol, cae en Domingo. Los diversos actos que tienen lugar durante esta religiosa migración tienen proyección universal y arrastran a miles de personas de España y el mundo hasta la ciudad de Santiago de Compostela, cuya basílica fue edificada sobre la parcela de terreno en que se hallaron los restos del Santo.

Por lo que respecta a la Semana Santa cartagenera, es sabido que la imagen que representa al Apóstol Santiago es procesionada el Martes y el Miércoles Santo por la Cofradía California, teniendo como sede castrense el Parque de Artillería.

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