En el momento de redactar estas líneas, “Torrente Presidente” llevaba recaudados la friolera de 27 millones de euros, convirtiéndose en la cuarta película española más taquillera de todos los tiempos. Para mi, el inmenso éxito que está teniendo está película es un motivo de felicidad: cines llenos de espectadores ávidos de ver una cinta española; ¿qué puede haber mejor? En cuanto a la película en sí… pues bueno... Creo que a estas alturas lo primero que hay que hacer es rendirse a la evidencia de que Santiago Segura es un verdadero genio, y así lo tengo considerado yo. Un genio del marketing, de la diplomacia, del buenrollismo. Como persona te puede caer mejor o peor; su larguísima melena, nunca lo bastante limpia, y su peculiar sentido del humor tal vez pueden constituir barreras para llegar hasta su auténtico talante (o talento), pero su habilidad para conseguir lo que se propone, embarcando en esa empresa a todos cuantos sea necesario, me parecen virtudes dignas del más absoluto elogio. Santiago Segura es el experto number one en exponer y divulgar su obra, lo que podría decirse que constituye la fase final del proceso creativo, aunque, para mi, hace ya muchos años que prioriza la divulgación por encima de la creación. Rueda no sé si con desgana, aunque sí con algo de desdén, sin concentrarse demasiado en la composición de planos o en la dirección de actores. ¿Actores…? Pienso que en “Torrente Presidente” hubiera hecho falta un guión mucho más consistente, menos dependiente del brillo de los amiguetes invitados y que no dejara lo mejor para la siguiente continuación, que el final es de esos que dan a entender que lo bueno será lo que pueda pasar en el capítulo siguiente (el siete, si algún día se hace). Yo me imagino al Santiago Segura guionista como un monologuista del Club de la Comedia, un tipo que enlaza un chiste con otro y con otro y con otro sin detenerse a evaluar hasta qué punto el “mensaje” que pretende transmitirnos sirve para algo más que para que nos partamos el orto de tanto reir. Yo me reí como hacía tiempo que no me reía, y eso sin duda es bueno, pero que nos digan que un tipo tan facha como Torrente sólo podía pertenecer a un partido como Vox (perdón, Nox) y que los del PSOE (perdón, PSAE) son unos corruptos que utilizan el progresismo para engatusar a la gente son recursos argumentales tan manidos que a nadie le pueden pillar por sorpresa, lo cual, unido a lo que decía antes con respecto al conformismo en cuanto a la realización, me suena a una cierta pereza o vaguería que me resulta un tanto molesta. Dicen los psicólogos que es muy sano aprender a reírnos de nosotros mismos, y, a juzgar por ese axioma, una película como “Torrente Presidente” debe resultar saludabilísima. Porque, si la utilizamos como metáfora de nuestra sociedad actual, en ella todos (pero todos) podemos identificarnos como objeto de las burlas de Santiago Segura y su alter ego. Los de izquierdas, los de derechas, los heteros, los homos, los trans, los blancos, los negros y los moros son objeto de mofa y befa indiscriminada e igualitaria. Todos somos iguales si aceptamos que estamos ante una comedia descacharrante que simplemente persigue la carcajada a toda costa.