El Lucamverso

La Estela del Lucamverso

El secreto de sus ojos

por Francisco Martínez Vegazo

Publicado el viernes 6 de noviembre de 2026

Sobre esta hermosísima película podemos coincidir todos en que es una pieza maestra de la cinematografía reciente. Y lo es, especialmente, al mezclar géneros de forma formidable, exquisita y compleja, pero, igualmente, comercial e impactante.

Un arranque a modo de premisa que lo explica todo o, al menos, perfila en esencia lo que nos deparará el desarrollo de la obra. Tres parejas: una, descrita a modo de despedida en una estación; otra, delicadamente tomando el desayuno en casa; y una tercera, en la que un hombre brutalmente violenta a una mujer. Salvo por la ausencia por pérdida de una de esas personas, ausencia física que no atmosférica, pues su presencia es continua, los cuatro restantes vivirán un destino común o al menos paralelo.

En realidad, toda la obra es la búsqueda de aquellos motivos que nos permiten de una forma u otra seguir viviendo, de esos milagros grandes o pequeños que necesitamos para sostener el pesado saco de la existencia: las pasiones. Por eso, Darín siempre reinicia el caso. No sólo para explicar cómo un hombre que ha perdido lo que más ama puede continuar su vida sin más, sin meta o ilusión alguna, comprendiendo finalmente que una suerte de justicia personal en forma de venganza carcelaria da ese sentido existencial a una vida truncada y amputada en lo emocional. Más aún, Darín promueve diligentemente reiniciar el expediente para volverse a encontrarse con ella, para regresar a ella. Un juego terrible de abandonos, o mejor, incertidumbres que finalmente desembocarán en un encuentro tan privado e íntimo que se nos cerrará finalmente la puerta, escena profundamente fordiana, pues, en realidad, ya antes hemos sido testigos de un amor extraordinario, sutil, exquisito y fascinante. Personalmente, creo que es una de las historias de amor más hermosas que he visto en el cine.

Otra cárcel, con barrotes de alcohol, se desliza por la obra, si bien no sabe uno si son más libertarios que represores, pues en todo lugar el maravilloso personaje, que ya forma parte de los anales del cine, es tan grande, sentido, libre e ingobernable que, en el fondo, da una lección ética de libérrima autenticidad pese al lastrante peaje. Un ser que aglutina principios de férrea autenticidad, como ya solo son posibles en el cine o la literatura, pues esos héroes humanos han muerto para siempre. Miscelánea magistral en un ser de profunda hermosura patética.

Y un tercer presidio en forma de temor e inseguridad, que tanto escrito en una hoja de papel como forjado a fuego en la tozuda realidad vital de ese Benjamín Espósito que siempre asoma, esboza pero jamás asume o decide. El viaje hacia la comprensión que ese expediente promueve será el que finalmente le dé el impulso que necesitaba. Un periplo que hace del más desgarrador drama para uno una culminación dichosa para otros. Después, una imposible novela sólo será el nuevo pretexto hacia ese amor finalmente culminado.

Un viaje apasionante y de pasiones. Un viaje clásico y universal.

Foto de Francisco Martínez Vegazo

Francisco Martínez Vegazo

Cinéfilo exigente y colaborador invitado del Lucamverso.

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