Está claro que hay deportes que se viven en comunidad.
Las personas estamos acostumbradas a vivir en sociedad en casi todos los ámbitos de la vida, no sólo en lo deportivo, pero yo voy a hablar de una de mis experiencias como es el deporte en comunidad (aunque hay momentos en que también lo práctico en soledad). Hay deportes que suelen unir a las personas, sobre todo cuando no hay intereses personales y competitivos, cuando el esfuerzo, el sacrificio y la ayuda al compañero se comparten.
Después de haber practicado y cruzado varios deportes, como gimnasios, natación o ciclismo, no he encontrado nada igual como la montaña, incluso en competición, porque compartimos costumbres, valores, esfuerzo, sacrificio y practicamos una filosofía de vida y pensamiento libre. No existe política, religión, razas étnicas, machismo ni feminismo; todos compartimos lo mismo y éso nos hace de cordón umbilical para que nos retroalimentamos unos de otros.
También es cierto, que en determinados momentos necesitamos salir solos para encontrarnos con nosotros mismos, para escuchar nuestro cuerpo y nuestro yo interior y así evadirnos del mundo complejo y urbanita en el que nos encontramos.
Estos valores los he ido aprendiendo sobre todo de la vieja guardia de montañeros, aquí en Cartagena, como son mi hermanico Juan De Dios Jiménez Martín (el Maestro) y Jacobo Pérez Aparicio, pioneros y legendarios viejos rockeros de la montaña en nuestra comarca, donde a mí particularmente, y generación tras generación, han ido impartiendo y enseñándonos todos esos valores a las siguientes generaciones, creando salidas semanales, compartiendo competiciones en los fines de semana y, sobre todo, creando retos solidarios para personas con discapacidades. Aquí abajo os dejo mis referentes y grandes amigos.
Todo un cómputo de actividades, donde muchas personas han logrado engancharse a este majestuoso deporte, cambiándole sus vidas a mucho mejor e incluso encontrándole sentido a las mismas.
Creedme que el deporte engancha, el deporte une, pero os aseguro que este deporte tiene un plus más fuerte. No sé si es que el poder de la Madre Naturaleza consigue transmitirnos esa fuerza sobrenatural que realza aún más nuestros sentidos y, cuando estamos practicándolo, la felicidad es plena, los problemas desaparecen y la amplitud espiritual crece exponencialmente, abriéndose nuestros cinco sentidos en plena naturaleza y al unísono y contagiándonos los unos a los otros nuestros rostros de felicidad.
Nos hallamos en otro estado, es el culmen, y, cuando llegamos a las máximas alturas de nuestro confín, después del esfuerzo realizado y compartido en comunidad, la visión nos regala el mayor espectáculo que la vista nos puede ofrecer, dejando caer a nuestros pies los paisajes vistos desde arriba, con un silencio arrollador, donde únicamente se cuela un hilo de viento por nuestros oídos.
Una vez terminado el evento, sólo falta culminarlo en comunidad con unas buenas verdes.
Chicos, ¿para cuándo la próxima...?