Cine actualidad: Ramayana, El nacimiento de una leyenda

Publicado el 7 de noviembre de 2026

Imagen promocional de Ramayana: El nacimiento de una leyenda

🎬 Imagen promocional de Ramayana: El nacimiento de una leyenda

Dioses de Bollywood

Confieso que ni siquiera conocía la existencia de esta película hasta que vi algunos carteles hace unas semanas, y sólo me decidí a ir a verla tras dejarme deslumbrado su trailer.

Y es que, lo admito, no suelo acercarme con frecuencia al cine producido en la India. Tal vez por desconocimiento, tal vez porque muchas de sus propuestas responden a códigos culturales diferentes a los que estamos acostumbrados en Occidente. Sin embargo, esta ambiciosa coproducción entre Bollywood y Hollywood (dicen que ha costado la friolera de 4.000 millones de rupias, algo así como 500 millones de dólares) ha conseguido derribar cualquier prejuicio desde sus primeros minutos. Y lo hace ofreciendo exactamente lo que promete: una auténtica epopeya.

Basada en uno de los grandes poemas épicos de la literatura hindú, atribuído al sabio legendario Valmiki, narra los orígenes de Rama, presentado como un avatar del dios Vishnu destinado a cambiar el rumbo del mundo. Pero el relato no se limita a construir la figura de su héroe. Con evidente inteligencia dramática, dedica también buena parte de su metraje a explicar la génesis de su gran antagonista, Rávana, un personaje fascinante cuya ambición es alimentada por los dones concedidos por otro de los dioses más poderosos, Brahma. Privado de la inmortalidad absoluta pero agraciado con poderes casi ilimitados y una invulnerabilidad de la que únicamente quedan excluidos los humanos y los monos (a quienes considera inferiores), Rávana representa el clásico error del poderoso que desprecia precisamente aquello que acabará convirtiéndose en su mayor amenaza.

La historia, si la reducimos a su esencia más básica, resulta sencilla e incluso podría calificarse de infantil. Sin embargo, ahí reside una de las mayores virtudes de la película. Su fuerza no procede tanto de la complejidad argumental como de la forma en que desarrolla cada situación, cada personaje y cada escenario. El viaje se convierte así en una experiencia visual y emocional de una belleza desbordante.

Porque si algo define a Ramayana es su capacidad para deslumbrar. Estamos ante un despliegue de imaginación realmente extraordinario. Cada plano parece concebido para despertar la fascinación del espectador. Los paisajes imposibles, las criaturas fantásticas, los palacios monumentales y las secuencias de acción componen un tapiz visual lleno de color, exotismo y magia.

Por supuesto, gran parte de ese mundo nace de los efectos digitales. Pero sería absurdo reprochárselo. Al contrario: estamos ante uno de esos casos en los que la tecnología no sustituye a la creatividad, sino que la hace posible. Resulta difícil imaginar una adaptación tan ambiciosa de esta leyenda sin el apoyo de las herramientas digitales contemporáneas.

A ello contribuye también una banda sonora sencillamente espectacular. La colaboración entre Hans Zimmer y A.R. Rahman, ambos ganadores del Óscar, da como resultado una partitura grandiosa, emotiva y perfectamente integrada en la narrativa. La música no acompaña las imágenes; las eleva.

Las referencias cinematográficas son evidentes y, lejos de ocultarlas, la película parece abrazarlas con orgullo. Hay ecos de El Señor de los Anillos en su sentido de la aventura épica, reminiscencias de La Guerra de las Galaxias en la construcción mitológica de sus personajes, invocaciones a La Odisea a la hora de transformar en cine un poema terriblemente épico y destellos visuales que recuerdan a Avatar. Incluso pueden rastrearse influencias más inesperadas de títulos como El último mohicano (esos hindios con hache que parecen indios sin ella, correteando por el bosque ligeros de ropa con grandes arcos colgados a la espalda) o Lo que el viento se llevó, en la que claramente se inspira la secuencia final, un cliffhanger que te deja con ganas de más, mucho más.

Aun así, el resultado final del film posée personalidad propia, porque, por encima de todo, sigue siendo una producción profundamente india. Y ahí radica buena parte de su encanto. La película está impregnada de esa mezcla de inocencia, espiritualidad, folklore y orgullo cultural que hunde sus raíces en una tradición milenaria. No intenta occidentalizarse para resultar accesible. Prefiere invitar al espectador a entrar en su universo y descubrirlo desde dentro.

Hombre, si quisiéramos ponernos especialmente puntillosos, podríamos señalar que algunos de los intérpretes principales (Ranbir Kapoor, Yash o Sai Pallavi) muestran una expresividad algo limitada. En ocasiones resultan hieráticos y ciertos de sus diálogos carecen de la naturalidad que encontramos en las grandes producciones dramáticas occidentales. Pero hablamos de un defecto menor dentro de una obra cuyas virtudes pesan infinitamente más que sus pequeñas carencias.

Ramayana: El nacimiento de una leyenda es, en definitiva, una fabulosa excusa para regresar al cine y recordar por qué nos enamoramos de la pantalla grande. Una aventura deslumbrante, hermosa, imaginativa y épica en el sentido más puro de la palabra. Pocas veces dos horas y media pasan con tanta facilidad.

Y lo mejor de todo es que esto no ha hecho más que empezar. Después de contemplar la ascensión del villano y el nacimiento del héroe, sólo queda esperar el inevitable enfrentamiento definitivo entre ambos. Personalmente, ya estoy contando los días para asistir a la conclusión de esta leyenda, que está previsto que llegue en 2028.

Valoración: ★★★★☆

Imágenes tomadas de fuentes públicas de internet