La representación del reparto soñado
Cuando, el 14 de diciembre de 1980, cayó el telón tras la última función de Les Miserables que se había venido representando durante tres meses en el Palais des Sports de París, nadie imaginaba que el auténtico fenómeno todavía tardaría cinco años más en eclosionar. El origen de todo partió de una idea que se le ocurrió al letrista Alain Boublil en 1978 mientras veía Oliver!, el musical basado en el Oliver Twist de Charles Dickens. “¿Si los ingleses son capaces de crear una obra así a partir de uno de sus libros clásicos más afamados, por qué no podríamos hacer lo mismo los franceses?”. Con algunas aportaciones líricas de Jean Marc Natel, Schönberg escribió el libreto de Les Miserables basándose, evidentemente, en la novela-río de Victor Hugo, cuyo protagonista era el ex–presidiario Jean Valjean, al que perseguía el implacable policía Javert en el Paris revolucionario de 1832. La música la compuso Claude-Michel Schönberg y, tras dos arduos años de trabajo, en 1980 se publicó un disco doble conceptual como aperitivo de la obra teatral que hemos mencionado al principio y que se estrenó el 24 de septiembre de aquel año.
El siguiente nombre en entrar en escena sería el del productor de teatro británico Cameron MackIntosh, de 37 años por aquel entonces, que acababa de triunfar con el musical Cats de Andrew Lloyd Webber. Mackintosh anhelaba continuar su carrera con una nueva producción tan exitosa o más que la anterior, y entonces cayó en sus manos un ejemplar del disco conceptual de Les Miserables. Cautivado por la obra, contactó con Boublil y Schönberg y no paró hasta asegurarse la adjudicación de todos los derechos sobre el material compuesto por los franceses, tras lo cual se dirigió al afamado escritor Herbert Kretzmer para asignarle una misión crucial: reescribir el libreto añadiendo nuevos temas que reutilizaban los motivos musicales existentes pero otorgándoles nuevas funciones dramáticas. El día 8 de octubre de 1985, la versión en inglés de Les Miserables debutaba en el Barbican Theatre londinense con un éxito arrollador, pasando en diciembre al Palace Theatre del West End, y cruzando el charco rumbo al Broadway Theatre de Nueva York en marzo de 1987. En su trayectoria norteamericana, Les Mis arrolló con 8 premios Tony, incluído el de Mejor Musical, y enamoró a millones de espectadores que quedaron “miserabilizados” para siempre.
Llegamos a 1995 y a nadie se le escapaba que la producción inglesa de Les Miserables cumpliría diez años en octubre, y a Cameron Mackintosh se le ocurrió una idea magistral: celebrar un concierto conmemorativo que fuese realmente apoteósico. Para ello, el propio Mackintosh buceó en los elencos de todas las producciones que habían recorrido el mundo durante aquella década, y seleccionó lo que no dudó en denominar el “Dream Cast” (el reparto de ensueño). Para interpretar al protagonista Jean Valjean, no tuvo ninguna duda: tenía que ser sí o sí Colm Wilkinson, que había representado la obra tanto en Londres como en Broadway, con resultados extraordinarios en ambos casos. Para acompañar a Wilkinson, los elegidos fueron Philip Quast (que ya había sido Javert en Sydney y también en la versión sinfónica), Michael Ball (Marius en Londres), Ruthie Hensall (Fantine en Broadway), Lea Salonga (Eponine en Londres), Judy Kuhn (Cosette en Broadway), Michael Maguire (Enjolras en Broadway), Alun Armstrong (Mr. Thenardier en Londres), Jenny Galloway (Mme. Thenardier también en Londres) y Anthony Crivello (Grantaire en Broadway), además de los niños Adam Searles y Hannah Chick encarnando a Gavroche y a Cosette en su infancia.
El “Dream Cast Concert” tuvo lugar el 8 de octubre de 1995 en el Royal Albert Hall de Londres, con John Caird como director de escena y David Charles Abell conduciendo a la Royal Philharmonic Orchestra. La partitura estrenó nuevos arreglos que la modernizaron un poco, algo perceptible sobre todo en las percusiones. Se decidió suprimir algunos pasajes y aligerar otros para agilizar el ritmo del evento, y, en cuanto a la estética dramática, se optó por la fórmula conocida como “musical en concierto”, que permitía a los intérpretes actuar no con smoking y vestido de gala, sino ataviados, todos y cada uno de ellos, con los ropajes y accesorios de atrezzo propios de sus personajes, en fila y en primer plano y con la orquesta y los coros situados detrás.
Como he contado alguna vez, el Dream Cast Concert fue la primera grabación de Los Miserables que yo vi en mi vida y le profeso una admiración ilimitada. Además, desde mi humilde punto de vista, sus orquestaciones son las mejores que yo he escuchado jamás e incluso los cantantes cuajan algunas de las mejores interpretaciones históricas de sus personajes. Anécdotas no faltaron aquel día, como los “gallos” de Michael Maguire o la desarmante profesionalidad de la joven Hannah Chick, que finalizó casi sin inmutarse su interpretación de Castle On A Cloud a pesar del estridente estallido de un globo a pocos metros de ella. Los globos, de color blanco, azul y rojo como la bandera de Francia, se almacenaban para ser soltados en la apoteosis final de la representación, que correspondió a un bis hiperdimensionado de One Day More. Anteriormente a éste, tuvo lugar una emotiva ejecución de Do You Hear The People Sing a cargo de 17 actores que habían representado a Jean Valjean en 17 producciones de Les Mis a lo largo y ancho del mundo, cada uno en su idioma patrio (lamentablemente, se les olvidó incluir a Pedro Ruy Blas, que lo había desempañado en el montaje madrileño de 1992). Por cierto que los cinco Valjeans anglófonos ya habían intervenido al principio del concierto, encarnando a los presidiarios de Look Down.
He perdido la cuenta de las veces que he disfrutado de este maravilloso “concierto soñado” con motivo del décimo aniversario de mi musical favorito (también tengo los correspondientes a los eventos del 25 aniversario de 2010 y del Staged Concert de 2019), y a la fabulosa grabación, que poseo en DVD al no haber sido editada en blu-ray, sólo le pongo un “pero”: la carencia de subtítulos en español, que dificultaban la comprensión de la obra cada vez que la veía con mis padres. Si no fuese por ese mínimo fallo, diría que el Dream Cast Concert es la plasmación más perfecta del musical más perfecto.