El pasado (ultra) siempre vuelve
Nada tiene que ver el argumento de Leones en invierno con el de El león en invierno (The Lion in Winter, 1968), más allá de que en ambos casos se realiza una evidente metáfora acerca de la personalidad de un hombre bravo en el ocaso de su bravura. En el caso de la película española que nos ocupa, Carlos Augusto Casas publicó en 2024 su novela en la que contaba la historia de Alejandro Hidalgo, alias “León”, un antiguo miembro de los tristemente famosos Ultras Sur que en la actualidad trabaja como panadero y ha formado una familia estable y feliz. Todo salta por los aires cuando su hija de diecisiete años es atropellada mortalmente en plena Gran Vía madrileña por un lujoso coche deportivo cuyo propietario se da a la fuga. Cuando se da cuenta de que la investigación policial acerca de la identidad del conductor del vehículo no avanza, Hidalgo reúne a dos de sus antiguos compañeros neonazis para que le ayuden en una operación que, en realidad, más que justicia persigue venganza, y que se complicará indeciblemente con la implicación de un peligroso cártel de drogas…
Leones en invierno ha sido trasladada al cine por Albert Pintó, realizador catalán de 41 años al que conocemos por Malasaña 32 (2020) o Tierra de nadie (2025), uno de cuyos intérpretes, Luis Zahera, repite ahora bajo sus órdenes encarnando al protagonista Hidalgo. Es Zahera un actor que está atravesando un momento profesional excelente y prueba de ello son los anuncios de una conocida compañía de telefonía que lidera. Le acompañan Roberto Alamo y Luis Callejo como sus viejos colegas de los Ultras Sur, así como Inma Cuesta, Ana Wagener, José Manuel Poga o Jordi Mollá. Uno de los mayores aciertos de la cinta que comentamos es el formidable tratamiento de todos y cada uno de los personajes secundarios, que no sólo están avalados por actores estupendos sino que realmente tienen un mínimo de relevancia y trascendencia y una pequeña historia que contar. El tono del film es evidentemente el de thriller urbano, género en el que nuestra cinematografía sabe desenvolverse bastante bien, como demuestran ejemplos recientes como La isla mínima, Tarde para la ira o, este mismo año, Cronos. También percibí con claridad ecos de la danesa Jinetes de la justicia, e incluso divertidas alusiones a la monumental El Padrino: por un lado, el pincho que le clavan en la mano a un personaje (al más puro estilo Luca Brasi) o la manera en que estrangulan a otro, remedando la muerte de Carlo Rizzi. Homenajes y alusiones aparte, Leones en invierno funciona gracias a una mezcla equilibrada de drama familiar y violencia liberadora, aunque tal vez abusa en exceso de la archiconocida suspensión de incredulidad. Pero, en cualquier caso, el balance entre sus aciertos y sus leves y perdonables errores se salda muy positivamente, y prueba de ello es el boca-oreja que la está favoreciendo tanto en redes sociales como a nivel de espectadores de carne y hueso, personas con nombre y apellidos que no dudan en recomendarla al igual que yo estoy haciendo ahora. Mi consejo es que ¡no os la perdáis!.
Valoración: ★★★☆☆