Cine actualidad: Whalefall

Publicado el 25 de octubre de 2026

Imagen promocional de Whalefall

🎬 Imagen promocional de Whalefall

Esta ballena va llena de mi

No es que tuviera grandes expectativas en torno a Whalefall a juzgar por su tráiler, que te cuenta casi todo lo que va a pasar, pero, si las hubiera tenido, me hubiera llevado un gran chasco, grande como una caca de ballena...

Whalefall o La caída de la ballena parte de una premisa que ya de por sí se me antoja un poco absurda, por no decir ridícula: un buceador se interna en el océano para tratar de encontrar los restos de su padre, muerto en las aguas un año antes. Con tal de hallar lo que queda de su progenitor, con el que, todo hay que decirlo, se llevaba a matar, el joven Jay arriesga tontamente su vida, que se pone patas arriba (o estómago abajo) cuando se lo traga una ballena, o, para ser puntillosos, un cachalote. La mayoría del metraje se centra en ese lugar claustrofóbico, el vientre del cetáceo lleno de fluidos viscosos, oscuridad y mugre, pero, como no hubiera habido Dios que soportase 90 minutos en ese plan, para hacer más «llevadera» la «aventura», al novelista Daniel Kraus, que también coescribe el guion junto al director Brian Duffield (Nadie te salvará), se le ocurrió la «magnífica» idea de utilizar al padre fallecido como coprotagonista, mediante una sucesión de flashbacks que se hacen reiterativos a más no poder.

Estamos ante el típico caso de película que, siendo un cortometraje de 30 minutos narrando una historia de supervivencia extrema, hubiera quedado fetén, pero alargándola durante hora y media se hace sumamente lenta y pesada. La interpretación de Austin Abrams, al que ya hemos visto sufrir horrores hace poco en Resident Evil, es buenísima, así como la de un Josh Brolin sin guantelete, que hace de su padre, pero lo cierto es que la historia entre ambos no puede ser más tópica, una especie de Henry Jones Sr. intentando enseñar a (sobre)vivir a un imberbe Indy con aletas a base de malas maneras, desprecios y acoso que, fíjate tú por dónde, consigue que, como la letra con sangre entra, aprenda que no hay cetáceo que se le resista a quien realmente tiene ganas de salir a flote. Sobre las escenas familiares con la madre (Elisabeth Shue) y las hermanas del prota, de verdad que es mejor correr un tupido velo.

Si algo funciona en Whalefall es el sonido. La mezcla sonora del interior del cachalote es inquietante, orgánica, envolvente. La música cumple, aunque como toda banda sonora submarina que se precie, no puede resistirse a la tentación de plagiar en algunos pasajes los acordes de John Williams para Tiburón.

Mi conclusión sobre Whalefall es que, a pesar de contar con mimbres parecidos a los de la muy superior Enterrado, no consigue mantener el interés de su, a priori, potente premisa argumental, que no tarda mucho en engullirse a sí misma. Tal y como está desarrollada, la trama da para lo que da, los flashbacks no sostienen el ritmo y la metáfora emocional se agota demasiado pronto.

Whalefall intenta ser una experiencia sensorial y psicológica sobre el duelo, la culpa y la supervivencia. Pero termina siendo una película atrapada en su propia ballena: oscura, viscosa, reiterativa y, más que asfixiante, asfixiada.

Valoración: ★★☆☆☆

Imágenes tomadas de fuentes públicas de internet