Hollywood nos invita a un remake de un film español
En 2020, Cesc Gay llevaba al cine su primera obra de teatro, Los vecinos de arriba, que contaba la historia de un matrimonio, Julio y Ana, que, enfermos de rutina, invitaban a cenar a sus vecinos del piso superior, Salva y Laura, a quienes teóricamente no soportaban a causa de los ruidos que hacían durante sus frecuentes relaciones sexuales, pero, que tal vez, en el fondo, les inspiraban algo de sana envidia… La película resultante pasó a llamarse Sentimental y sus protagonistas fueron Javier Cámara y Griselda Siciliani como la pareja aburrida y Alberto San Juan y Belén Cuesta como sus explosivos homólogos.
Sentimental me gustó bastante (sobre todo la fabulosa interpretación de Javier Cámara) y parece que a la actriz y realizadora estadounidense de origen irlandés Olivia Wilde le gustó también, ya que adquirió los derechos para protagonizar y dirigir su remake norteamericano. Bajo el título de La invitación, esta nueva versión acaba de estrenarse ahora, y la protagonizan Seth Rogen y la propia Olivia Wilde en los papeles de Javier Cámara y Griselda Siciliani y Edward Norton y nuestra Penélope Cruz retomando los roles de Alberto San Juan y Belén Cuesta.
Cuando Olivia Wilde estrenó su anterior film como directora, No te preocupes, querida, la saludé admirativamente por su resolución y sus logros estéticos, pero mi opinión con respecto a La invitación es bastante menos positiva. En primer lugar y, aunque las comparaciones son odiosas, hay que reconocer que la película española es infinitamente más divertida que la americana. El argumento es el mismo, claro que sí, pero el guión que firman Will McCormack y Rashida Jones se empeña en dramatizar y psicoanalizar demasiado a sus personajes, con lo que el elemento puramente cómico decae. En segundo lugar, si comparamos una a una las interpretaciones de sus respectivos protagonistas, Javier Cámara y Alberto San Juan ganan por goleada, mientras que Penélope Cruz sorprende con un personaje radicalmente distinto, por ejemplo, al que desempeña en La bola negra, y, como era de suponer, ya se cuida Olivia Wilde de lucirse todo lo que puede y más (incluso físicamente). Seth Rogen lleva toda su carrera haciendo de Seth Rogen y todos sus personajes parecen ser el mismo, mientras que Edward Norton sigue sin encontrar un papel que esté a la altura de su enorme talento. Además, la Wilde directora no logra esconder el origen teatral de la obra, y sus extraños recursos técnicos (el horroroso inicio y el casposo final, por no mencionar esos innecesarios planos en los que su personaje mira directamente a la cámara, como queriendo romper la cuarta pared) no me gustaron lo más mínimo.
Como dato anecdótico, me apetece destacar que el supervisor musical George Drakoulias, como buen pariente del Conde Dracula, vampiriza todo lo que puede temas ajenos como los compuestos por Georges Bizet para su ópera magna Carmen.
En resumidas cuentas, tengo que recomendaros que, puestos a dedicar una hora y media de vuestras vidas a disfrutar (o padecer) esta historia de cómo la posibilidad de un intercambio sexual ayuda a devolver la ilusión a un matrimonio frustrado, corráis a buscar en alguna plataforma la versión original española y no perdáis el tiempo con este fallido calco perpetrado al otro lado del charco.
Valoración: ★★☆☆☆