La pequeña historia de un gran hombre que difundió el cine en Lorca
Me encariño rápido con algunas personas, sobre todo con aquéllas que son amables, respetuosas y comparten alguna afición que se presta a una conversación amistosa.
Conocí a Pepe el del cine hace cuarenta años, y nos hicimos amigos porque compartíamos una afición que a él, además, le daba de comer. Por aquel entonces, era el gerente del Cristal Cinema, la mejor y más moderna de las salas de cine que permanecían abiertas en aquella Lorca de finales de los ochenta.
Su nombre real era José Martínez Vicente, pero, como he dicho más arriba, todo el mundo le conocía por el apodo que se había ganado a pulso. Vamos, algo parecido a lo que sucedía con la propia calle en la que se hallaba ubicado el cine, cuyo nombre real era Calle Rebolloso pero que, a causa de la reluciente presencia del Cristal Cinema, la gente acabó bautizándola como “Calle Cristal”.
Según Pepe me contó, el Cristal Cinema fue inaugurado en septiembre de 1947, sustituyendo a otro cine que anteriormente se había erigido en aquel mismo solar, el Salón Actualidades. La primera película que se proyectó fue La canción de Bernadette, dirigida por Henry King y protagonizada por Jennifer Jones. El magno acontecimiento, cuya entrada costaba la friolera de 5 pesetas, se anunció con enormes pancartas a lo largo de la Avenida de los Mártires (hoy, todavía, Avenida Juan Carlos I).
Hasta que el auge de la televisión y la aparición del video doméstico fue provocando el cierre de tantas y tantas salas, en Lorca llegó a haber hasta siete cines: el Lorca Park, el Cinema Hércules (luego conocido como Jardín Cinema), el Parque Avenida y la Terraza de Verano (los dos últimos, cines puramente veraniegos), además del Teatro Guerra, el Gran Cinema y el ya citado Cristal Cinema (antes Actualidades). La emblemática familia Miñarro poseía tres de ellos y el resto se los repartían entre Trinidad Puche y Sebastián Llamas.
Por lo que respecta al Cristal Cinema, Pepe me refirió una serie de datos relevantes que me gustaría que no quedaran en el olvido. Concebido como salón de lujo, contaba con 530 localidades en el patio de butacas, 244 en el anfiteatro y 172 en zona de general. En los buenos tiempos, poseía una enorme marquesina con un rótulo luminoso que posteriormente serviría como inspiración para su anagrama. El niño actor José Jiménez Fernández, más conocido como Joselito, vino en 1958 a promocionar su película El ruiseñor de las cumbres y, aunque no recordamos exactamente cuánto costaba la entrada para aquella legendaria función, sí sabemos que allá por 1975 se pagaban 35 pesetas los días laborables y 45 los festivos; en 1999, la entrada costaba ya 550 ptas. y 450 el Día del Espectador, iniciativa para cinéfilos que entró en vigor en 1992.
Algo que le gustaba mucho a Pepe eran los maratones, espectaculares eventos cinematográficos que enlazaban 3, 4 o hasta 5 películas. Empezaron en 1977 y se iban alternando con algunos cine-forums como el que se dedicó al realizador sueco Ingmar Bergman. También se le consagró un ciclo al gran Alfred Hitchcock a principios de 1984, año en el que la sala cerró durante unos meses para una remodelación tras la que se volvió a inaugurar el 20 de julio, con la oscarizada La fuerza del cariño. Otra importante mejora fue la instalación del sonido Dolby Stereo en 1987, esta vez con El corazón del ángel, el thriller fantástico de Alan Parker.
Pepe llevaba un cuidado ranking con las películas más exitosas de las proyectadas en el Cristal Cinema, que estaba compuesto por El último cuplé, Ben-Hur (que vino acompañada de un cartel gigantesco en la fachada), Tiburón, Emmanuelle, Rocky, E.T., Rambo, Pretty Woman, Yo soy ésa, El Rey León, Independence Day (que se estrenó un día antes que en Murcia) y Titanic (estuvo 6 semanas en cartel en Enero de 1998).
A pesar de su timidez, conseguí convencer a Pepe para que apareciera como figurante en la escena de mi película El Butanero siempre llama dos veces (1993) en la que recreábamos la festividad de Halloween. Y dos años más tarde, cuando andaba buscando localizaciones para Sangre, mi amigo tuvo a bien permitirme rodar en las escaleras del Cristal Cinema la secuencia de apertura en la que la protagonista Margaret desciende hacia la morgue en la que la aguarda el cadáver de su hermana Valeria. Imborrable el recuerdo de aquella tarde en el interior de lo que para mí era poco menos que un lugar sagrado, un templo del Séptimo Arte.
Frente a la entrada principal del Cristal Cinema se hallaba la sede de FM-10 Radio, más tarde conocida como Cadena Azul, la emisora en la que desde 1992 puse en antena mi programa radiofónico Pantalla Grande, y, más de una vez salí de la radio y me sumergí en el cine, universos apasionantes y para mi convergentes. En el Cristal Cinema colgué varios carteles que anunciaban mi programa, como el que hacía referencia a Titanic y el que parodiaba a Godzilla, y Pepe me enseñó muy orgulloso el que un amigo informático le regaló, precisamente con un gigantesco Godzilla abriéndose camino entre los edificios lorquinos para acceder al Cristal Cinema con motivo del estreno de su película, en septiembre de 1998.
Con un programa doble compuesto por las películas Estado de sitio y Tienes un e-m@ail, el Cristal Cinema cerró sus puertas tras la última sesión del jueves día 25 de Marzo de 1999, justo al mismo tiempo que se inauguraban los seis mini-cines Don Diego, sus legítimos sucesores, en el complejo del Hipermercado Eroski. Como cantaba Serrat en Los fantasmas del Roxy, en medio de una enorme polvareda, la fachada del Cristal se desplomó sobre la acera el sábado 12 de enero de 2000, fecha del inicio de los trabajos de demolición, y no fuimos pocos los que revivimos, con ojos lacrimosos, la escena homónima de la entrañable Cinema Paradiso.
Los Cines Don Diego tuvieron una tristemente corta existencia, una vida efímera que se extinguió muchísimo antes de lo previsto, el domingo 29 de marzo de 2009. Apenas 10 años en pie, y a su vez fueron relevados por los novedosos CineMax Almenara pertenecientes a la cadena ACEC, diez salas muy cómodas y modernas pero que ya no estaban emplazadas en el centro de la ciudad sino en una pedanía, Campillo, a la que había que desplazarse en coche o autobús. Lo de disfrutar del cine yendo a pie era un privilegio demasiado bonito como para perdurar eternamente.
🎞️ Los actuales cines ACEC Almenara
Cuando Pepe el del Cine se jubiló, su trabajo y su afición se disociaron irremisiblemente. El cine era lo que más le gustaba, pero ir al cine, a un cine que se hallaba a 6 kilómetros de distancia del casco urbano, no entraba dentro de sus objetivos vitales como pensionista. No era el primer caso que conocía, ya que mi madre, la cinéfila que me parió, también llegó un momento en el que prefirió dejar de acudir a las salas, pero lo de Pepe era como más flagrante, debido a la que había sido su profesión, tan envidiable para mí. En su ausencia, forjé nuevas amistades con el personal de ACEC, con Juan Miguel, Sebastián y Miguel a la cabeza, este último ya veterano del legendario Cristal.
A Pepe empecé a verle cada vez más esporádicamente, pero, cuando nos encontrábamos por la calle, cada encuentro era una fiesta del cine. Nos parábamos y el tiempo se paraba con nosotros mientras nos contábamos las últimas películas que habíamos visto, yo en la pantalla grande y él en la pequeña. Hace no mucho tiempo conseguí convencerle para que formase parte del grupo de whatsapp que me honro en administrar, Cine y +, y he de decir que, cuando intervenía, nos dejaba a todos boquiabiertos con su sapiencia, su cultura y las múltiples anécdotas que nos refería. Lo que nunca pude conseguir fue que nos acompañara en las cenas navideñas y veraniegas que solíamos celebrar, algo que, por su timidez, se le hacía un poco cuesta arriba.
Después de algunas semanas sin saber nada de él, el otro día me dijeron que Pepe el del cine había entrado en la inmortalidad sin apenas hacer ruido. Parece que, en su caso, el Cielo no pudo esperar, aunque pienso que el Diablo debió haber dicho “no”. Sé que Pepe tenía ganas de conocer personalmente a su admirado Charlton Heston, pero, al recordarle, me inunda un torrente de sonrisas y lágrimas. En cualquier caso, ¡qué bello fue vivir algunos de los mejores años de nuestra vida en compañía de un tipo tan genial!.