Con Ceuta ocupando todavía las primeras páginas de la actualidad, con la Liga de fútbol ya empezada y con este maldito calor que se niega a remitir, este humilde cronista os invita a liberar la mente de tantas tensiones y distraeros un poquito con nuestras nunca trasnochadas ¡¡PÍLDORAS DE CINE!!.
Dulce sabor a muerte
El fenómeno gore Terrifier (que no Satisfyer, no nos confundamos) se “rejuvenece” o, mejor dicho, se “infantiliza” con Dulce sabor a muerte, la nueva película de Eric Hostel Roth, en la que los infantes y adolescentes ya no son las víctimas de brutales decapitaciones y desmembramientos… sino los verdugos. O sea, algo así como ¿Quién puede matar a un niño? o Los chicos del maíz pero a lo bestia. Los niños de una idílica localidad estadounidense se vuelven zombies asesinos cuando prueban los polos y cucuruchos que les sirve el diabólico Heladero (así se llama la película originalmente, Ice Cream Man) y, desde ese momento, su único deporte y su única afición es exterminar lo más salvajemente posible a cuantos adultos se encuentran a su paso, empezando por sus propios padres y profesores. La película ha sido duramente criticada en Estados Unidos, pero no por su casi insoportable violencia sino porque ha utilizado elevadas dosis de IA generativa, algo que puede marcar el futuro y que en el presente ha molestado muchísimo a la comunidad cinematográfica. En cualquier caso, es una cinta tan bestia y tan enloquecida que, más que dar miedo, provoca carcajadas.
Valoración: ★★☆☆☆
El motín
Decir que todas las películas de Jason Statham son prácticamente iguales las unas a las otras no es ninguna exageración. Yo, al menos, a duras penas soy capaz de distinguirlas en mi memoria, una vez transcurridas unas semanas o incluso apenas unas horas. El motín se emplaza en un barco, a donde Statham llega para repartir host… digo para hacer justicia. Dicen que el alopécico actor tiene estipulado en sus contratos que sus personajes no pueden morir, y, de este modo, el espectador goza de un plus de tranquilidad cuando, por muy putas que se las hagan pasar, se sabe a ciencia cierta que al final va a resultar (casi) ileso. Si uno no es demasiado exquisito –y, con la que está cayendo, a veces no es recomendable serlo– lo cierto es que esta ensalada de tiros y puñetazos está bien coreografiada y rodada y resulta casi imposible aburrirte con ella, o más bien todo lo contrario. Vamos, que, si pones el piloto automático y te quitas las gafas de cinéfilo de manual, te lo acabas pasando pipa.
Valoración: ★★☆☆☆
Insidious 6: Fuera del más allá
Tras el espléndido inicio de la saga Insidious con la película titular que dirigiera James Wan (ya sabéis, el primo de James Tú y James Zri) (¡qué chiste más malo, por Dios!), tengo la sensación de que todos los demás capítulos han ido empeorando los ratios de calidad del episodio precedente… hasta llegar a esta sexta entrega, subtitulada Fuera del más allá, que está bastante bien y mejora notablemente a sus inmediatas predecesoras. Por supuesto, repite la que parece ser la genuina protagonista de la franquicia, Lin Shaye (la fallecida pero incombustible parapsicóloga Elise Rainier), aunque la verdadera heroína es la estupenda Amelia Eve. Dirige con buen pulso Jacob Chase y, de verdad, es una cinta más que digna y muy recomendable para los adictos al cine de terror de cariz demoníaco.
Valoración: ★★★☆☆
Mother Mary
No tiene nada que ver con los Beatles ni Paul McCartney, y casi se agradece. He perdido la cuenta de las veces que he visto a Anne Hathaway en el cine durante este año, pero, sin duda, ésta ha sido la película que menos me ha gustado. Del dúo interpretativo que mantiene con Michaela Coel debo decir que esta última es la que sale mejor parada, por muchos esfuerzos que haga la ex-Catwoman para ser creíble encarnando a una especie de Lady Gaga obsesionada con los vestidos voladores. La dirección de David Lowery (El Caballero Verde) es arriesgada e imaginativa, pero la cinta se hace insoportablemente tediosa.
Valoración: ★★☆☆☆