Un thriller catalán... y catalanista.
Lo primero que llama la atención en Cronos es su identidad lingüística y cultural. La película está rodada en catalán y posteriormente doblada al castellano, y esto se nota desde el primer minuto. No es un problema menor: cuando los actores deben doblarse a sí mismos, sin la técnica ni la naturalidad de los dobladores profesionales, el resultado es forzado, plano y a veces desconectado de la emoción de la escena. La interpretación corporal va por un lado y la voz por otro. Y eso, en un drama policial que aspira a tensión y verosimilitud, pesa.
Pero más allá del idioma, Cronos es una película catalanista en su enfoque narrativo. No porque reivindique la cultura catalana —algo perfectamente legítimo—, sino porque su lectura del atentado y de la investigación policial está filtrada por una visión política muy concreta.
Los atentados de las Ramblas de agosto de 2017 fueron perpetrados por una célula yihadista —grupos responsables de graves atentados, pérdida de vidas y violaciones de derechos humanos—, y la película recrea esos hechos con solvencia. Sin embargo, Cronos desplaza el foco: los terroristas son una amenaza, sí, pero la verdadera tensión dramática se sitúa entre los Mossos d’Esquadra y el Estado español.
La que podríamos considerar como protagonista femenina (a cargo de Diana Gómez), construida como una agente competente y decidida, parece tener una prioridad número uno: que el Estado español no interfiera en la investigación catalana. Por su parte, Enric Auquer interpreta a Jaume, el encargado de la investigación, y Pablo Derqui da vida a Josep Lluis Trapero, el posteriormente famoso Mayor de los Mossos, íntimamente ligado al recuerdo del 1 de Octubre de aquel mismo año y a la figura del ex–President Carles Puigdemont, que aquí apenas sale en una imagen televisiva al lado del ínclito Mariano Rajoy.
La película presenta a los Mossos como los únicos capaces, los únicos valientes, los únicos legítimos, mientras que las fuerzas estatales aparecen como intrusas, torpes o directamente hostiles. Los nombres de los personajes “positivos” —todos inequívocamente catalanes— refuerzan esa lectura simbólica.
El resultado es un relato donde la épica policial se mezcla con una narrativa de resistencia institucional, que puede funcionar para algunos espectadores pero que para otros resultará sesgada, reduccionista o directamente incómoda.
Sería injusto no reconocer lo que Cronos hace bien, porque lo hace muy bien, y me estoy refiriendo a la realización, la puesta en escena, el montaje o el sonido. La película quiere ser grande, y en muchos aspectos lo consigue.
Las dos escenas más potentes de Cronos son, sin duda aquellas dos en las que los terroristas islámicos son abatidos, la una en la localidad turística de Cambrils y la otra en pleno campo. En concreto, la de Cambrils impresiona por la manera en la que el policía tiene que tomar en cuestión de décimas de segundo las decisiones más duras y violentas a las que su cargo le puede someter. Aquí la película encuentra su difícil equilibrio entre acción bien rodada, tensión real y humanidad en los Mossos, así como un retrato convincente del miedo, la urgencia y la responsabilidad. Incluso con el doblaje deficiente al que hemos aludido, estas secuencias funcionan porque la verdad física de la escena supera la imperfección vocal.
También citaré, en el sentido opuesto, dos secuencias que me inspiraron la sonrisa o la directamente carcajada. La primera, cuando aparece un perro especializado en detectar explosivos y la música que suena es un plagio absolutamente descarado del tema musical de Ennio Morricone para La Cosa, que acompañaba precisamente la carrera de un perro. La segunda, y vuelvo a incidir en el tema del doblaje, es especialmente hilarante, por cuanto aparece un locutor de TV3 hablando ¡en español!.
Cronos es una película valiente, técnicamente sólida y narrativamente discutible. Su recreación de los hechos es eficaz, su producción es notable y sus escenas de acción están entre lo mejor del cine policial reciente en España. Pero su lectura ideológica, su doblaje problemático y su enfoque excesivamente identitario pueden alejar a parte del público. En cualquier caso, es una obra que merece ser vista, debatida y analizada… aunque no siempre compartida.
Valoración: ★★★☆☆