De la cumbre del éxito a un anuncio de supermercado
Antes del Círculo de Lectores, estaba Discoplay. Y, aún antes, Discolibro.
A Discolibro nos suscribimos, allá por 1975, gracias a la insistencia de un vendedor a domicilio que nos convenció de que nuestra prioridad número uno era comprar la banda sonora de la película Jesucristo Superstar, aunque sólo fuese porque “Franco no quería que la escuchásemos”. Accedimos y la compramos, aunque ese mismo año se editó la versión en español de Camilo Sesto, que resultó mucho más fácil de encontrar. El caso es que hicimos algunas otras adquisiciones a Discolibro, que no siempre vendía materiales originales. Por aquel entonces, era común encontrarte con versiones no oficiales o “piratas” (covers, se llamaron después) que se parecían mucho a las originales pero que costaban menos de la mitad, algo que merecía ser considerado. De este modo, llegó a mis manos un disco LP llamado Vacaciones en la Costa Brava en cuya portada se veía a una guapa bañista en bikini (seguro que era sueca, por lo menos), y que contenía un montón de canciones de moda interpretadas por artistas sin nombre que imitaban a la perfección a los que sonaban en la radio. Así, a través de la “falsa” Daddy Cool, entraron en mi casa por vez primera los marchosos Boney M..
La historia de Boney M. había comenzado en 1974 en Alemania, donde residía un tal Frank Farian, un caballero de 33 años a quien le apasionaba la música, especialmente el rock, el soul y el funky. Nacido Frank Reuther en 1941, nuestro hombre no había querido ser cocinero como le recomendaba su madre (“Si eres cocinero, nunca te morirás de hambre”, le decía) sino que prefirió viajar por tierras germanas y probar fortuna como cantante. A principios de los años 60, adoptó el nombre artístico de Frank Farian y lideró un grupo al que llamó Die Schatten (Las Sombras), que, efectivamente, se convirtieron en la “sombra” de otros artistas, especialmente norteamericanos, ya que lo que les gustaba era hacer versiones de éxitos estadounidenses. Farian, que acababa de casarse y tenía un hijo, se separó de sus Sombras y trató de abrirse camino como solista, firmando un contrato con la discográfica Ariola. Sus primeros discos, no obstante, se contabilizaban por fracasos, algo que no consiguió desmoralizarle, aunque comenzó a alternar su carrera como cantante con una nueva como productor de otros intérpretes que, como él, querían abrirse camino. Así logró producirle el single Amigo Charly Brown a un cantante de 16 años llamado Benny, que, ¿para qué negarlo?, tuvo más éxito que él. Pero Farian estaba muy lejos de rendirse: su sueño de triunfar cantando soul y funky seguía intacto, si bien era consciente de que, siendo un alemán de tez blanca, difícilmente iba a lograr la fama interpretando esa música “negra”. En diciembre de 1974, junto con unos pocos músicos de estudio, grabó una canción en la que él realizó todas las voces, la solista (grave) y los coros (falsetes). Se trató de una versión del tema Al Capone del jamaicano Prince Buster a la que tituló Baby Do You Wanna Bump (el bump era un estilo de baile en el que los bailarines entrechocaban provocativamente sus cuerpos al moverse; ¿alguien dijo Dirty Dancing?) pero, por miedo a cosechar un nuevo fracaso, no quiso firmarla con su nombre. Como se había hecho muy aficionado a una serie televisiva australiana protagonizada por un detective llamado Napoleon Bonaparte (James Laurenson), al que se referían con el diminutivo de Boney (título asímismo del serial), se le ocurrió que ése podría ser el nombre de su grupo fantasma, aunque, como se le antojó que se quedaba incompleto, le añadió la “M” de “música” y de este modo nació… Boney M.. El lanzamiento de aquella canción, en la que Farian confiaba nada y menos, le sirvió para matar el gusanillo y así pudo concentrarse en su faceta de productor, en la cual sus patrocinados Benny y la austríaca Gilla vendían muchas más copias de las que él nunca había logrado. Sin embargo, a veces se producen milagros inesperados, y el éxito que se le había negado en Alemania sí lo cosechó en países cercanos como Bélgica y especialmente Holanda, donde Baby Do You Wanna Bump se estaba convirtiendo en un auténtico bombazo. De una televisión holandesa llamaron a Farian pidiéndole urgentemente una actuación de Boney M., pero claro, Boney M. ¡no existía!. Para salir del paso, contrató a cuatro bailarines, un chico y tres chicas para que dieran el pego haciendo playback, pero era consciente de que aquélla era sólo una solución transitoria.
Dado que parecía que, esta vez sí, su música podía tener éxito, Farian necesitaba cuatro cosas: caras, voces, carisma y espectáculo. Tras poner en marcha un casting entre cantantes y bailarines afroamericanos residentes en Alemania, por fin dio con la formación que le pareció más idónea para convertirse en Boney M.. La primera pieza importante fue Maizie Williams, modelo y bailarina nacida en la isla de Montserrat. Después llegaron la cantante jamaicana Marcia Barrett, el eléctrico bailarín arubeño Bobby Farrell y, finalmente, otra jamaicana, Liz Mitchell, cuya potente voz se convirtió en la seña de identidad indiscutible de los grandes éxitos del grupo
La primera aparición pública de la formación “oficial” de Boney M. tuvo lugar el 18 de septiembre de 1976 en el programa Musikladen. Interpretaron Daddy Cool y no dejaron indiferente a nadie. La canción tenía todos los ingredientes de la “fórmula Farian”: ritmo disco, bajo contagioso, voces reconocibles, un estribillo inmediatamente identificable y una puesta en escena imposible de ignorar. El LP que la contenía, Take The Heat Off Me, había salido un poco antes, en junio, y también incluía, obviamente, Baby Do You Wanna Bump así como una versión de Sunny de Bobby Hebb. Las ventas se dispararon y Farian comprendió que su auténtica mina de oro no era Benny ni Gilla… sino Boney M..
Boney M.. ya no era un experimento, sino un fenómeno. Daddy Cool les abrió las puertas de toda Europa y en 1977 llegó su segundo álbum, Love For Sale, que contenía futuros exitazos como la canción del título (basada en un tema de Cole Porter), Have You Ever Seen The Rain (de los Creedence Clearwater Revival), Ma Baker (sobre la matriarca de un clan gangsteril) y Belfast, en la que se hablaba de Irlanda sin eludir el terrorismo del IRA. La repercusión volvió a ser enorme, y quedó patente que el grupo había encontrado su fórmula, y lo más importante, que el astuto Frank Farian era capaz de convertir prácticamente cualquier cosa en una canción de Boney M..
Llegados a este punto, conviene hablar un poquito de cómo eran las interioridades del grupo, en el que no todos los miembros tenían la misma importancia. Liz Mitchell y Marcia Barrett estaba claro que eran las grandes voces femeninas del grupo. Maizie Williams aportaba presencia escénica, imagen y baile. Pero Bobby Farrell poseía algo que ningún productor podía fabricar fácilmente: carisma. Farrell era un espectáculo en sí mismo: bailaba, gesticulaba, se contorsionaba, sonreía, saltaba y parecía haberse escapado de una discoteca para aterrizar directamente en un escenario (o en un estudio de televisión). Sin embargo, había una “pequeña” cuestión que el público de entonces desconocía. Cuando se escuchaba una canción de Boney M. y sonaba aquella profunda voz masculina que respondía a las voces femeninas, no era Bobby Farrell quien estaba cantando. Era Frank Farian. Para Farian, aquello no era exactamente un fraude, sino una manera de mejorar su producto, su creación (de hecho, volvería a hacerlo años después con otros de sus representados, Milli Vanilli). Para él, Farrell era un tío super atractivo y un bailarín extraordinario, pero su voz no estaba al nivel de sus compañeras, por lo que era necesario “echarle una manita”. Simplemente eso.
Si hubo un año que definió la historia de Boney M., fue 1978. Recuerdo que yo tenía 15 años y los de mi colegio estábamos de retiro espiritual en el monte Orgegia, en el corazón de la huerta de Alicante, cuando mi compañero y amigo José Antonio Espinosa llevó la cinta de cassette de lo nuevo de Boney M., Nighflight To Venus. El grupo ya era enormemente popular, pero con aquel trabajo alcanzó una dimensión extraordinaria. En abril había aparecido el single de Rivers Of Babylon (versión de una canción rastafari de los jamaicanos The Melodians), acompañada en la cara B por Brown Girl In The Ring. El resultado fue espectacular. En Reino Unido llegó al número 1 y permaneció cinco semanas en lo más alto de la lista, llegando a ser uno de los singles más vendidos de la historia del país. En España también fue número 1 y permaneció cuatro semanas en lo más alto de Los 40 Principales. Pero aquéllo no era más que el principio, porque después llegó ¡Rasputin!. Es difícil imaginar una canción más improbable para convertirse en un éxito internacional (un tema disco sobre Grigori Rasputín, el misterioso personaje relacionado con la corte del zar Nicolás II), pero Boney M. lo consiguió. Rasputin tenía un ritmo frenético, una melodía pegadiza y una letra que convertía la vida del personaje histórico en una especie de película de aventuras de tres minutos. Bobby Farrell encontró en el videoclip y en las actuaciones en TV su mayor momento de gloria, a pesar de que ya era un secreto a voces que en los discos quien cantaba era Frank Farian, algo que Liz Mitchell tampoco quiso o pudo negar. Bobby Farrell hacía playback, ¿y qué? La revelación no impidió que las ventas de los discos subieran como la espuma. En Diciembre de aquel año, Boney M. dieron un espectacular concierto en Moscú, en el que las autoridades soviéticas les pidieron explícitamente que no cantaran Rasputin. Así lo hicieron, y triunfaron apoteósicamente.
Coincidiendo con la Navidad de aquel mismo 1978, Ariola lanzó el single superventas que contenía en la cara A un remake del clásico de Harry Belafonte Mary’s Boy Child mezclado con Oh My Lord y en la cara B una canción original de Frank Farian, Dancing In The Streets, que, como en los viejos tiempos, en realidad no cantó Boney M. sino el propio Farian, interpretando él solo todas las voces. En septiembre de 1979 llegó el cuarto disco de estudio del cuarteto, Oceans Of Fantasy, del que surgieron Gotta Go Home, Hooray! Hooray! It’s A Holy-Holiday y El Lute, dedicada al pintoresco atracador español. La estética del álbum. ambientada en el fondo del mar, probablemente era la más cuidada de todas, y por primera vez se incluyó una lista de créditos en la que se hizo patente que no sólo Bobby Farrell no cantaba: Maizie Williams, tampoco. Más de un año después del lanzamiento de Oceans Of Fantasy, en diciembre de 1980, Boney M. realizó una versión de un éxito del italiano Pino Massara, Margherita, que, con el título de Felicidad, llegó al Top 10 alemán pero no se editó en países como Reino Unido o España.
1981 marcó el inicio del declive de Boney M.. El quinto álbum de la formación, Boonoonoonoos, había generado fuertes pedidos anticipados, pero el resultado no estuvo a la altura de lo esperado. Las canciones más destacadas eran Malaika y el díptico We Kill The World/Don’t Kill The World y, por primera vez, los créditos hacían constar la participación vocal de Bobby Farrell y Maizie Williams, al menos en algunos de los temas. Con todo, la calidad de las canciones declinó, y el público, que no es tonto y así lo percibió, reaccionó negándole sus favores, lo cual se plasmó en la consiguiente disminución de las ventas. Para que el año no terminase con amargura, la discográfica lanzó el fabuloso Album de Navidad (Christmas Album), que por fin incorporaba el single Mary´s Boy Child/Oh My Lord además de otros 11 hits navideños que iban desde Jingle Bells a Petit Papa Noël pasando por When A Child Is Born, Sion’s Daughter o la versión del clásico de José Feliciano Feliz Navidad, que sonaba (y suena) sin descanso cada invierno en cuanto caen los primeros copos de nieve.
Al derretirse las nieves de 1981, 1982 se reveló como un año de despedidas y cambios. Aunque el éxito lo había maquillado todo hasta entonces, la verdad era que, cuanto más famosos se hacían Boney M., más evidente resultaba el desequilibrio entre sus integrantes. Frank Farian controlaba férreamente todo el proceso creativo, puesto que él producía, componía o adaptaba, decidía cómo se construían las grabaciones y aportaba las voces masculinas de los discos, pero las caras que el público veía eran las de los cuatro integrantes del grupo, especialmente Bobby Farrell. Esta situación terminó generando tensiones, porque Farrell quería tener una participación mayor como cantante y artista; no quería limitarse a interpretar en el escenario unas partes que otro hombre había grabado en el estudio. La relación entre ambos se deterioró hasta el límite de que Bobby tomó la decisión de abandonar Boney M. Tal vez otro grupo hubiera finalizado su andadura en ese momento, pero a Farian le faltó tiempo para encontrar un sustituto, el ghanés Reggie Tsiboe. Con él, Boney M. continuó sus actuaciones y en 1984 grabaron el séptimo álbum, Ten Thousand Lightyears. con canciones como Jambo, Somewhere In The World o la algo más exitosa Kalimba de Luna. Entre tanto, Bobby trató tímidamente de iniciar una carrera en solitario con el sencillo POLIZEI, pero la fortuna no le sonrió.
Cuando resultó más que evidente que Bobby Farrell no era nada sin Boney M. y que Boney M. no era lo mismo sin Bobby Farrell, Farian aceptó el regreso del hijo pródigo y el cuarteto se convirtió en quinteto... temporalmente. En Noviembre de 1984, “Boney M. and Bobby Farrell” lanzaron Happy Song, una versión de un tema italiano (Kalimba de Luna también lo era) en cuya grabación no participaron ni Liz Mitchell ni Marcia Barrett pero que les devolvió, de manera efímera, a la senda del éxito. Como agradecimiento a Bobby, Farian le produjo un nuevo single en solitario, Keep On Dancin’, y le permitió participar en el que acabaría siendo el último LP de Boney M., Eye Dance, de 1985.
La música disco, especialmente la europea, había alcanzado su cénit en los años setenta, pero los ochenta fueron crueles con muchas estrellas de la década anterior. Las discotecas y los sonidos que las envolvían dejaron de estar de moda, y aparecieron otros ritmos y otras tendencias, como el synth-pop, el new wave y el dance. Boney M. intentó adaptarse, pero, aunque su música no sólo se había limitado a lo disco sino que también había bebido del reggae, el soul, el funk, el pop y el gospel, además de otras fuentes como los sones caribeños y africanos, resultó evidente que el manantial se había secado irreversiblemente. En 1986, después de celebrar su décimo aniversario, Boney M. puso fin a su etapa clásica. Frank Farian, su auténtico cerebro y promotor, no dedicó mucho tiempo a llorarlos. Simplemente se concentró en sus otros proyectos como Eruption, No Mercy, La Bouche o FAR Corporation y, en 1988, volvió a saborear las mieles del éxito con sus nuevos pupilos, el dúo formado por Rob Pilatus y Fab Morvan, es decir, Milli Vanilli… pero de éso mejor hablaremos en otra ocasión.
Con todo, Boney M., logró sobrevivir, al menos espiritualmente, al desinterés de su creador. Al igual que sucediese con Los Panchos, Los Platters, Mocedades o la ELO, poco después de la disolución oficial comenzaron a aparecer diferentes formaciones vinculadas a antiguos integrantes, todas ellas pugnando por atribuirse el mayor grado de autenticidad. De este modo surgieron Boney M. feat. Liz Mitchell (en la que también participó Reggie Tsiboe y que fue la única bendecida por Farian), Boney M. feat. Marcia Barrett (de efímera existencia debido a los problemas de salud de la cantante), Boney M. feat. Maizie Williams e incluso Boney M. feat. Bobby Farrell, la cual duró hasta que, en 2010, Bobby murió de un infarto mientras dormía en su habitación de hotel de San Petersburgo (Rusia), tras haber actuado en la ciudad esa misma tarde. Tenía sólo 61 años y conviene recordar que, curiosamente, en San Petersburgo murió también Rasputin, a quien el espasmódico bailarín tanto le debía.
Cuarenta años después de su separación formal, podemos decir que Boney M. nunca se han ido del todo de nuestra memoria, de nuestros reproductores de música y de nuestras pistas de baile. Puede que su estilo no sea el más aclamado y respetado hoy en día, pero se les atribuyen 18 discos de platino, 15 discos de oro y 150 millones de copias vendidas de sus álbumes. Y, por si fuera poco, no hay que olvidar que la cadena de supermercados Carrefour utiliza una versión de Daddy Cool para promocionar las bondades de sus establecimientos. Cada vez que suena eso de “Carre, Carrefour”, un angelito baila al son de la música inmortal de Boney M.