La historia del mejor grupo de rock de Alicante
Los guateques son una reliquia del pasado; para las nuevas generaciones, hasta la propia palabra les resultará desconocida. Y tengo que decir que, incluso en 1980, los guateques ya estaban en franca decadencia. Sin embargo, lo que hizo inolvidable aquella fiesta casera en la que nos juntamos casi treinta jóvenes en el barrio alicantino de La Florida fue que, además de patatas fritas, coca-cola y algo de ginebra (poca), hubo baile y buena música, y uno de los artistas que más sonaron (y no sólo porque, como nosotros, habían nacido en Alicante), fue Mediterráneo. Su disco Nº 1 en USA tal vez no había alcanzado en los charts estadounidenses la primera posición de la que se jactaba el título, pero sí estaba cosechando un éxito a nivel nacional que, para nosotros era tan inhabitual como ilusionante…
Mediterráneo se constituyó oficialmente entre finales de 1976 y principios de 1977, pero su origen se remonta a un poco antes, 1971, cuando siete muchachos de Alicante, Víctor J. Carratalá (líder y voz), (Santiago) Pedro Giménez y Pepe Rey (guitarras), Juan “Juanele” Guijarro (bajo) y Alfonso “Lino” Linares (batería), además de Andrés y Suqui Guerrero al saxo y el clarinete, respectivamente, formaron un grupo al que denominaron Huevo Frito y que solía interpretar versiones de temas de otros artistas.
La irrupción en sus vidas del Ejército y la Universidad provocó una pausa forzosa, dado que algunos componentes tuvieron que realizar la mili o completar sus estudios universitarios entre 1973 y 1975 y, cuando la banda retomó su actividad, dejaron de llamarse Huevo Frito y se rebautizaron como Mandrágora. Asímismo decidieron ampliar sus horizontes musicales y componer sus propias canciones, y con este nuevo material actuaron en diversos festivales, institutos, discotecas y locales de Alicante y provincia.
En noviembre de 1976, Mandrágora realizó un nuevo cambio de nombre y optaron por el que sería el definitivo: Mediterráneo. La nueva denominación les definía por sí sola, pues, como no tardarían mucho en demostrar, se sentían íntimamente ligados al mar y a la cultura que conllevaba. La formación estable de Mediterráneo en aquellos tiempos fundacionales la integraban los citados Víctor, Juanele, Pedro, Lino y Pepe, y su estilo musical se decantó más hacia el rock y algunos incipientes elementos latinos.
En 1978, Mediterráneo ya había logrado acumular una gran cantidad de seguidores fieles que estaban dispuestos a acompañarles para verles tocar en directo donde quiera que fueran. El día en que acudieron como teloneros a la mítica discoteca Il Paradiso, donde otra banda alicantina, Costa Blanca, presentaba su álbum de debut, un ejecutivo de la pequeña discográfica local Aphrodita Discos, que tenía su sede en la céntrica calle Pintor Murillo, nada más escucharles les propuso la grabación de un LP, proceso que culminaría entre el 13 y el 14 de marzo en los Estudios Musigrama de Madrid, con Joaquín Cobos como ingeniero. El título de aquel primer trabajo de Mediterráneo fue Estrechas calles de Santa Cruz, homenaje más que evidente al barrio del mismo nombre, conocido simplemente como El barrio, y que simbolizaba la marginalidad y el abandono pero también la tradición (la Semana Santa de Alicante le debe su mayor arraigo) y la contracultura. Mi madre se crió allí y yo tenía muy presentes los recuerdos que ella me transmitía cuando escuché el disco por primera vez, grabado en una cinta de cassette que me pasó mi particular influencer del 2º D, Tomás Miguel, al que me he referido en varias ocasiones. Fue un sábado por la tarde y me sumergí durante horas en la bañera, oyendo una y otra vez aquellas cinco canciones, la más corta de las cuales, “En mí”, duraba menos de 4 minutos, pero que, como contrapartida, tenía a “Rollo atómico”, la última de la cara B, que se prolongaba durante casi 13. El primer tema, que además era el que otorgaba el título al álbum, era una absoluta maravilla de 9 minutos en la que destacaba el sonido del piano que interpretó Cayetano “Tano” Lorenzo, procedente del grupo Geyser. Además, la portada ya mostraba el que sería el logotipo más reconocible de la banda: un puño sujetando un pez, que vendría a significar el poder del mar, la lucha, la unidad, la defensa de los derechos, la pesca como recurso vital y la propia esencia del Mediterráneo.
Estrechas calles de Santa Cruz era una declaración de intenciones: Mediterráneo pretendía distanciarse lo más posible de Huevo Frito, los temas originales iban a ser la prioridad y el nuevo estilo sería, definitivamente, una amalgama de rock progresivo, jazz fusión, música sinfónica y sonidos latinos, y sus canciones más elaboradas serían también las de mayor duración, en la mejor tradición de King Crimson, Yes, Genesis o Emerson, Lake and Palmer. El escritor y filósofo Francisco Huertas Hernández afirmó que la prodigiosa voz de Víctor Carratalá “rivalizaba con la de Camilo Sesto” y la crítica posterior catalogó a este primer disco como “uno de los más importantes del rock progresivo español de los setenta”, pero había una limitación insalvable: Aphrodita era un sello pequeño y la distribución iba a quedar reducida al ámbito del Levante, por lo que el álbum tuvo escasa repercusión nacional.
En 1979 se produjeron varios hechos importantes. En primer lugar, Pepe Rey abandonó la formación y entraron Luis Ivars (teclados/piano) y el percusionista Gino Pavone. A Gino yo no le llegué a conocer personalmente, pero me consta que al menos un año lo pasó estudiando en mi mismo colegio —los Maristas—, concretamente en la clase de mi amigo Eugenio, que iba un curso por encima de mí y me contaba que se trataba de un chico muy inquieto, aficionado a pintar y cuyos dedos no paraban de tamborilear sobre el pupitre. El segundo suceso reseñable tuvo que ver con el gran Miguel Ríos. El cantante granadino estaba inmerso en su gira La noche roja y recaló en Alicante, donde le abordó un locutor de Los 40 Principales llamado Fernando González, alias “El Fara”, muy amigo de alguno de los componentes de Mediterráneo. El Fara, como quien no quiere la cosa, le regaló a Ríos un ejemplar de Estrechas calles… y éste, impresionado, les propuso a los muchachos concertarles una cita con su compañía discográfica, Polydor, para un posible fichaje. Sin duda, pasar de Aphrodita a Polydor hubiera supuesto un importante salto cualitativo, pero, antes de que éste se produjera, entró en liza un nuevo contendiente, el afamado periodista y productor musical Vicente Romero, conocido popularmente como “Mariscal Romero” y propietario del emblemático sello Chapa Discos. Cuenta la leyenda que la llamada de Romero se produjo cuando estaban viajando a Madrid para firmar por Polydor, pero las condiciones de Chapa (filial de Zafiro) les parecieron más interesantes: contrato por cinco años, pertenencia a un sello que apostaba específicamente por el rock español y posibilidad de grabar un nuevo disco prácticamente de inmediato.
El primer fruto de la nueva alianza con Chapa Discos fue Tabarca, el segundo LP de Mediterráneo, que vio la luz en 1979. Se grabó en Madrid en Audiofilm, bajo producción ejecutiva de Mariscal Romero, entre el 17 y el 21 de julio de 1979. El disco contenía ocho canciones (“Tabarca”, “No, no, no”, “Auto de la marcha”, “Noche de boda”, “Arco iris”, “Nada nuevo”, “Miopía” y “Altea”), y todavía era más evidente la fusión de géneros: a los ya consabidos rock progresivo, jazz y latin pop se incorporaban ahora el ska, el funk y algo parecido a un conato de música disco. Aún hoy, Tabarca es, para mucha gente, el mejor disco de Mediterráneo, el que les puso repentinamente en el mapa. Quizás sea exagerado afirmar que fue un fenómeno masivo (aunque en1982 fue certificado como Disco de Oro), pero lo que es cierto es que sonaba en todas las emisoras de radio. La canción principal, "Tabarca", quedó tan asociada a Mediterráneo que, a donde quiera que viajaran para actuar, el público se la pedía en todos los recitales. También son especialmente destacables "No, no, no" y “Nada nuevo”, la primera porque despojaba a Mediterráneo de la etiqueta de grupo meramente festivo ya que contenía una ácida crítica al negocio musical y a determinados condicionamientos sociales (fue la que interpretaron en su primera intervención en el mítico programa Aplauso), y la segunda porque ironizaba sobre la publicidad y el consumismo.
Llegamos al punto en el que arrancábamos el presente artículo, y es que en 1980 se publicó el tercer álbum de estudio de Mediterráneo, el citado Nº 1 en USA, de nuevo con ocho temas, el primero de los cuales era el homónimo “Nº 1 en USA”, que, ahora sí, les convirtió en lo más parecido a un fenómeno de masas. Este álbum confirmó que Mediterráneo se habían desacomplejado y ya no tenían reparos en ser cada vez más comerciales y bailables, y prueba de ello fue la super marchosa “La orgía de Neptuno”, con la que todos nos meneábamos una y otra vez. Era divertida, descarada y caribeña pero absolutamente alicantina, con las playas de San Juan y El Postiguet convertidas en el escenario de una fiesta sin fin. El percusionista Gino Pavone era la estrella, e incluso se le citaba explícitamente: “¡Vamos, Gino, que te quedas solito!”. El tema terminó alcanzando el número 1 de Los 40 Principales, lo más de lo más por aquel entonces, y llevó de nuevo a Mediterráneo a Aplauso, además de a otros programas como Música en Madrid.
En 1981, Mediterráneo estaba en la cúspide de su fama. Fueron invitados a tocar en la madrileña verbena de San Isidro y, de vuelta a la terreta, el 29 de junio dieron un concierto absolutamente multitudinario en El Postiguet al que asistimos, apelotonados, cincuenta mil alicantinos, que vivíamos en una nube con nuestro grupo, nuestra banda, nuestros héroes. En octubre participaron en otro gran concierto celebrado en La Unión (Murcia), junto a Leño y la Ginger Baker Band, liderada por el que fuese legendario batería de Cream. Mediterráneo estaba en la cresta de la ola (nunca mejor dicho) y Chapa Discos quiso celebrarlo con el lanzamiento de un disco inesperado que se llamó simplemente Orgía y que era una especie de recopilación de grandes éxitos (algunos de ellos remezclados). La parte negativa fue la salida del eterno guitarrista Pedro Giménez, que sería reemplazado por Javier Rodríguez, “Pelotas” así como la marcha de Gino Pavone, sustituído por Gaspare Montalbano)
El cuarto disco “oficial”, Algo nuevo, llegó en 1982, con su canción estrella, también titulada “Algo nuevo”, atronando por todas partes y el solista, Víctor Carratalá, considerándola desde el principio una de sus favoritas. La gira de promoción del álbum fue maratoniana, agotadora (más de 80 actuaciones), y, antes de finalizar el año, se produjeron más cambios en la banda: Gaspare Montalbano decidió regresar a su Italia natal (le relevó el colombiano Alvaro “El Chévere”) y Javier Rodríguez resultó damnificado por el “virus mili” y su hueco lo rellenó Alfonso “Napi” Carratalá, proveniente del anteriormente aludido grupo también alicantino, Costa Blanca.
El año 1983 fue testigo de la publicación del quinto LP de la banda, llamado simplemente Mediterráneo 5, el cuarto con Chapa, que además reeditó Tabarca junto a Serdisco. De 5 proceden “Mala reputación” y “Dime qué bebes”, que sirvió como acompañamiento a la campaña publicitaria de cierta marca de vodka. En julio, Mediterráneo participó en el célebre festival veraniego Maza Rock, presentado por el propio Mariscal Romero y en el que también estuvieron Barón Rojo, Obús, Asfalto, Medina Azahara, Ñu, Topo, Panzer, Angeles del Infierno o Moris, además de los británicos The Yardbirds; ¡menudo plantel para un evento histórico!.
A partir de 1984 comenzó el lento declive de Mediterráneo. Tal vez influyeron la sobreexposición, el agotamiento o la decisión de no renovar el contrato con Chapa Discos en busca de mayor libertad. Después de participar en julio en el Calpe Rock ’84, festival organizado por la empresa británica Marquee en la playa de Calpe, frente al Peñón de Ifach y en el que también intervinieron Boomtown Rats, Jimmy Cliff, Marillion, Rory Gallagher, Radio Futura, la Orquesta Mondragón o Alaska y Dinarama, en 1985 los chicos de Mediterráneo grabaron en los Mediterráneo Studios de Ibiza (los antiguos Ibiza Sound) un maxisingle con tres nuevas canciones, “Deja de besarme”, “Mujer” y “Cuerpo diplomático” para la discográfica Citra, y, al año siguiente, 1986, sacaron su sexto álbum de estudio, Tentaciones, producido por ellos mismos y distribuído por Turboescape Records. La repercusión no fue ni mucho menos la misma de antaño.
La decisión de darle un descanso a Mediterráneo parecía una idea tentadora. Luis Ivars fue el promotor de un grupo alternativo, Slac Jazz, en el que se enrolaron algunos de sus compañeros. Esta formación duró hasta 1990 y obtuvo cierto reconocimiento por parte de la crítica, prueba de que aquellos músicos tenían inquietudes bastante más amplias que la música comercial que les había dado sus mayores éxitos. Lamentablemente, en ese lapso de tiempo se produjo el fallecimiento de uno de los guitarristas originales, Pepe Rey.
Tal vez intentando reverdecer viejos laureles, Zafiro/Chapa Discos publicó en 1991 un recopilatorio titulado Mediterráneo: Sus éxitos, que no logró remover lo suficiente ni al público ni a los propios artistas. Pero en Alicante no se les había olvidado del todo, y, en 1999 (cuando las redes sociales no tenían todavía el poder de convocatoria del que gozan ahora), uno de sus antiguos fans llamó a la delegación de la Cadena SER preguntando cuál era el paradero actual de la banda. Esa radio, Radio Alicante, inició una búsqueda a la antigua usanza, esto es, movilizando a sus oyentes, que culminó con la localización de Víctor Carratalá y Pedro Giménez, a quienes convencieron para que se pasaran por la emisora para interpretar en directo alguno de sus viejos temas. Aquella actuación sí tuvo consecuencias, porque Lino, Juanele, Luis Ivars y el percusionista Paco Baeza decidieron unirse a Víctor y Pedro en la “refundación” de Mediterráneo. Pronto volvieron a dar conciertos, no tan multitudinarios como los de antaño, pero sí pudieron percibir, una vez más, el calor de su público. En 2003 lograron editar un disco con nuevos arreglos de sus temas más emblemáticos, Ya era hora, además de tres canciones originales, “Fundido en negro”, “A quien tú sabes” y “Seis cuerdas”. Víctor, Juanele, Pedro, Lino, Luis y hasta Gino se encerraron en los alicantinos Estudios Sacramento contando como ingeniero de grabación con Daniel Saiz, hijo de José Manuel Saiz, el que fuese su técnico en el histórico Estrechas calles de Santa Cruz casi treinta años atrás.
En estos últimos veintitrés años, Mediterráneo no ha permanecido exactamente inactivo. En 2004 iniciaron una mini gira que les llevó por diversas ciudades levantinas y, en una entrevista para El País Semanal, Juanele Guijarro afirmó que “todavía se sentían parte de la historia viva y escrita de la música alicantina”. En 2018, coincidiendo con el cuadragésimo aniversario de Estrechas calles de Santa Cruz, los seis miembros más relevantes de Mediterráneo (es decir, Victor, Pedro, Juanele, Lino, Luis y Gino) volvieron a tocar en Alicante, concretamente en el restaurante El Monastrell. Un restaurante, por muy selecto que sea, no reúne las condiciones ni la acústica ni tampoco el aforo que estos héroes se merecen, pero hasta ahora no ha sido posible rendirles un homenaje en forma de concierto. Eso sí, a los muchachos de Mediterráneo sí les mueve la solidaridad, y una de sus últimas actuaciones tuvo lugar en el recital benéfico Rock por Valencia, celebrado en La Cubierta de Leganés (Madrid) el 15 de diciembre de 2024 y destinado a recaudar fondos para las víctimas de la DANA.
Aunque llevo cuarenta años viviendo lejos de mi Alicante natal, nunca me he olvidado de Mediterráneo, la mejor banda que ha existido jamás en mi tierra (mi terreta) y con frecuencia escucho sus canciones, que me atrevería a decir que me gustan más ahora que hace casi cinco décadas. Cinco décadas en las que todos hemos evolucionado como evolucionó Mediterráneo, aquel pequeño grupo de amigos que comenzó tocando en garajes, que sobrevivió a la mili y a la uni, que hizo el mejor rock progresivo escuchado en nuestro país, que supo adaptarse a la comercialidad de los años ochenta, que llenó El Postiguet como nunca se ha vuelto a llenar y que todavía tiene que ofrecer un concierto a su altura, espero que en el Teatro Principal y, a ser posible, durante las incomparables Fiestas de San Juan.