El cine en Pantalla Grande, Segundo Pase: Los inmortales

Publicado el sábado, 8 de agosto de 2026

Los Inmortales (1986)

⚔️ Poster español de Los inmortales, 1986

Sólo puede quedar uno

Una aventura que comienza en el presente y de repente se traslada a la Edad Media. Un duelo a espada en un parking que da paso a una batalla bajo la lluvia en las tierras altas de Escocia… Una banda sonora compuesta e interpretada por el grupo de rock más famoso del planeta… Todo eso y más lo encontramos en Los Inmortales, una película que en su momento me pareció fascinante y cuyo relativo fracaso comercial no ha impedido que, cuarenta años después, se haya convertido en una especie de pieza de culto dentro de su género.

En el aparcamiento subterráneo del Madison Square Garden de Nueva York, dos hombres se enfrentan a muerte blandiendo afiladas espadas. El vencedor del duelo ha sobrevivido a innumerables combates durante sus más de cuatrocientos años de existencia, ya que nació en 1518 y desde entonces está condenado a enfrentarse a otros seres tan extraordinarios como él. Se llama Connor MacLeod, es inmortal y sabe perfectamente que, de sus encuentros con los que ostentan su misma condición, sólo puede quedar uno…

Los Inmortales

🔍 El inmortal Connor MacLeod

El germen de Los Inmortales (Highlander, 1986) se halla, de alguna manera, en una película que Ridley Scott rodó en 1977, dos años antes de su consagración con Alien, el octavo pasajero. Me estoy refiriendo a Los duelistas, y en ella los actores Keith Carradine y Harvey Keitel interpretaban a dos húsares franceses que, durante quince años, se batían en duelo una y otra vez. Un joven estudiante de cinematografía de la UCLA (Universidad de California-Los Angeles), Gregory Widen, quedó impresionado por aquella historia, y, durante un viaje de estudios por Europa, visitó primero Escocia y luego la Torre de Londres, y, viendo la alucinante colección de armaduras y espadas que allí se exhibían, imaginó cómo sería la vida de uno de los poseedores de aquellas armas si, navegando por los siglos, viviese aún en nuestros días. Aquel argumento se convirtió en un guión que Widen, que contaba 19 años, utilizó como tesis de fin de carrera y al que denominó Shadow Clan (El clan de las sombras) y que tenía como personaje central a un guerrero escocés que, a diferencia de su esposa y sus hijos, no podía envejecer ni morir por causas naturales y estaba condenado a enfrentarse durante toda la eternidad a otros inmortales en una serie interminable de duelos cuyo único final posible era la decapitación del perdedor. Impresionado por la calidad del trabajo, el profesor de cine del muchacho le sugirió que lo enviara a diversas productoras y agencias de representación, y fue así como cayó en manos del dúo formado por Peter S. Davis y William N. Panzer, quienes, después de casi diez años financiando cintas de escaso éxito, acababan de producir el que sería el canto del cisne del gran Sam Peckinpah, Clave: Omega. Davis y Panzer enseguida intuyeron las posibilidades de aquella trama llena de duelos rituales, honor, violencia estilizada y la idea de unos hombres enfrentados a través del tiempo, y compraron a Widen su guión por 200.000 dólares. Los escritores Peter Bellwood y Larry Ferguson fueron contratados para “pulir” el libreto, aunque lo que hicieron fue trastocarlo de arriba a abajo: cambiaron nombres, relaciones, características de los personajes e incluso el tono general, que originalmente era más oscuro y violento. Y, por supuesto, variaron el título: de Shadow Clan se pasó a The Dark Knight, en alusión al villano principal, que aún no se llamaba The Kurgan sino The Knight. El caso es que The Dark Knight terminó siendo mucho más accesible, más aventurera y, sobre todo, más comercial, aunque se dice que, antes de empezar a rodar e incluso durante algunas fases de la filmación, Gregory Widen tuvo que acudir al rescate para corregir a sus correctores.

Robin Hood

Tocaba elegir al director, y, dado que el presupuesto de que disponían, que no llegaba a 20 millones de dólares, no daba para la contratación de nombres consagrados, Davis y Panzer decidieron recurrir a un mercado en el que se filmaba rápido y relativamente barato, y en el que era posible aunar la inventiva y la eficiencia: el mundo del videoclip. De esta manera contactaron con el australiano de 33 años Russell Mulcahy, artífice de famosos videos musicales para The Buggles, Elton John, Rod Stewart, Supertramp, Spandau Ballet, Culture Club o Duran Duran, y que ya contaba en su haber con dos largometrajes, Derek And Clive Get The Horn (1979) y Razorback, los colmillos del infierno (1984). A Mulcahy se le preguntó si se veía capaz de poner en imágenes una mezcla imposible de fantasía medieval, ciencia ficción, romance, thriller, cine de espadas y película contemporánea, y él añadió, casi sin dudar, que además la haría “en plan comic”.

Los inmortales

🔍 Sean Connery con Christopher Lambert

Llegamos al momento en el que había que confeccionar el reparto, y, para dar vida al protagonista Connor MacLeod, se barajaron nombres tan dispares como los de Mel Gibson (que luego llevaría la falda escocesa en Braveheart), Michael Douglas, Kevin Costner, Kurt Russell, Mickey Rourke, Patrick Swayze, o hasta el cantante Sting, aunque el mejor colocado era Marc Singer, que finalmente no pudo eludir los compromisos de su serie V. Entonces Mulcahy se fijó en el joven actor (27 años) que había interpretado a Tarzan en Greystoke, Christopher Lambert, nacido en Nueva York pero criado entre Ginebra y París. Aunque su apariencia y sus dotes expresivas resultaron del agrado de todos, Lambert apenas chapurreaba unas pocas palabras en inglés, por lo que se vio forzado a realizar un entrenamiento doblemente agotador que comprendía cuatro horas de dicción y fonética por las mañanas y otras cuatro de esgrima por las tardes. Por otra parte, padecía una miopía tan severa que no le era posible utilizar lentillas, de modo que, como no hubiera resultado muy creíble un escocés del siglo XVI con gafas, no le quedó otro remedio que actuar casi a ciegas, lo que dificultaría mucho el rodaje de las escenas de acción. El amigo y mentor de MacLeod, Juan Sánchez-Villalobos Ramírez, pudo haber sido interpretado por Peter O’Toole, Gene Hackman o Michael Caine, pero se acabaron aceptando las exigencias del ex–James Bond Sean Connery (55 años), que cobró un millón de dólares por apenas una semana de trabajo. De este modo se produjo una curiosa paradoja, ya que un franco-americano interpretaría a un escocés y un escocés interpretaría a un egipcio que se hace pasar por español. Connery, que, ciertamente, disfrutó de sus breves días de filmación, hizo buenas migas con Lambert, junto al que rió y bebió de lo lindo y del que se convirtió en una especie de “padrino”, pero se negó a volver a salir de su villa de Marbella para una última jornada de grabación en la que tenía que recitar la frase con la que se abre el film (“Del amanecer de los tiempos venimos…”), de modo que se limitó a leerla por teléfono. La primera opción para encarnar al malvado Kurgan era ni más ni menos que Arnold Schwarzenegger, pero el austríaco rechazó el papel, al igual que Roy Scheider, Scott Glenn, Nick Nolte o Rutger Hauer, resultando definitivamente elegido Clancy Brown (26 años) tras haber sido recomendado por el citado Sting, con quien había coincidido en La novia, adaptación de La novia de Frankenstein y en la que el intérprete de 1,91 metros de estatura incorporaba al monstruo. Brown supo componer un villano antológico: imponente, brutal y con un divertido punto herético, pero, sobre todo, aterrador, tanto que sus propios compañeros de reparto confesaron sentirse amedrentados en su presencia. Los personajes femeninos fueron desempeñados por Roxanne Hart (Brenda, la policía que se convierte en interés amoroso de MacLeod/Russell Nash), Beatie Edney (Heather, la mujer por la que el escocés hubiera querido vivir para siempre), Celia Imrie (Kate, la novia de juventud que piensa que un novio que no muere cuando le toca probablemente está endemoniado) y Sheila Gish como Rachel, la secretaria que, siendo niña, fue rescatada de entre las garras de los nazis.

Los inmortales

🔍 Clancy Brown como El Kurgan

Ya con el título definitivo de Highlander (El habitante de las tierras altas de Escocia, es decir, El escocés), Los inmortales se rodó entre Abril y Agosto de 1985 en bellísimas localizaciones de Escocia (el castillo Eilean Donan, el valle de Glen Coe, Loch Shiel y la cordillera Trotternish Ridge en la isla de Skye), Estados Unidos (Nueva York y New Jersey) e Inglaterra (los estudios Jacob Street de Londres. Para la secuencia de la batalla en la que se enfrentan los clanes rivales MacLeod y Fraser se utilizó como figurantes a 400 estudiantes de la universidad de Glasgow, convenientemente ataviados con kilts y barbas y que, durante los largos parones entre toma y toma, mitigaban el aburrimiento bebiendo tanta cerveza que, cuando tuvieron que pelearse, lo hicieron de verdad. El legendario especialista Bob Anderson, que había sido campeón olímpico de esgrima y fuera responsable de las coreografías de los duelos con sables (láser) de Star Wars —aparte de doblar él mismo a David Prowse como Darth Vader—, se encargó de adiestrar en el manejo de la espada a Lambert, Connery y Brown, teniendo especial cuidado con el primero, ya que, como ha quedado dicho, estaba tan mermado por la miopía que prácticamente no veía nada y tenía que memorizar cada uno de sus movimientos. El mítico Gerry Fisher (El mensajero, El hombre de una tierra salvaje) ejerció como director de fotografía, Allan Cameron (Cónsul honorario, 1984) diseñó los decorados y James Acheson (Los héroes del tiempo, Brazil) se ocupó del vestuario. La banda sonora merece una consideración especial debido a la repercusión que alcanzó. Russell Mulcahy pensó que les vendría bien una power ballad potente, de las que tan en boga estaban en aquellos años, y contactó con la banda de heavy metal Marillion, a cuyo líder, Fish, también se le propuso un pequeño papel como actor, si bien los músicos declinaron ambos ofrecimientos por hallarse de gira. A continuación se tanteó a David Bowie, Sting o Duran Duran, hasta que alguien se atrevió a “importunar” a Queen, en la cúspide de su éxito, con la proposición de volver a participar en una película, algo que habían jurado no hacer tras el sonado fracaso de Flash Gordon. El caso es que, por si acaso, se concertó con ellos un pase de un montaje de 20 minutos del material rodado, que se saldó con el grupo absolutamente maravillado y muchísimo más implicado de lo que nunca se hubiera imaginado. Brian May lloró viendo la escena en la que Heather envejece y muere en brazos de Connor mientras éste permanece joven, y en el taxi de vuelta compuso gran parte de Who Wants To Live Forever?. Freddie Mercury escribió Princes Of The Universe, John Deacon aportó One Year Of Love y Roger Taylor fue el autor de A Kind Of Magic, que también sería el título del álbum en el que se contendrían estas fabulosas canciones. La partitura instrumental firmada por Michael Kamen (La zona muerta, Lifeforce) utilizó algunas de esas melodías y fue grabada por la National Philharmonic Orchestra.

Queen y Christopher Lambert

🔍 Queen y Christopher Lambert

Después de una primera exhibición en el Festival de Cine Fantástico de Avoriaz, Los inmortales se estrenó en cines norteamericanos el 7 de marzo de 1986 (1 de Septiembre en España), con un resultado decepcionante, al menos en Estados Unidos y Canadá, donde sólo consiguió recaudar 5,9 millones de dólares, que se complementaron con otros 7 en el mercado internacional (en países como España, Francia, Alemania e Inglaterra, así como en América latina, sí tuvo un rendimiento aceptable), por lo que el film ni siquiera logró amortizar su presupuesto. Las críticas estuvieron bastante divididas y tampoco fue considerada para los grandes certámenes cinematográficos, con tan sólo un par de nominaciones en los modestos Premios Júpiter, que no materializó. Sorprendentemente, todo cambió cuando se editó en formato doméstico y comenzó a pasarse por la TV a finales de los años ochenta, momento en el que fue descubierta por una creciente legión de fans que exigieron mucho más material. Enseguida se puso en marcha una secuela, que, siendo comedidos, podríamos definir como ridícula y bochornosa (hasta regresó Sean Connery, y eso que su personaje había muerto en la primera entrega), a la que siguieron dos películas más, varias series de televisión, una de animación, videojuegos, comics y un remake que está previsto que se estrene en 2027 y que cuenta con Chad Stahelski (John Wick) como director y un reparto conformado por Henry Cavill como MacLeod, Russell Crowe como Ramírez y Dave Bautista como El Kurgan.

Queen

Hace poco revisé por enésima vez Los inmortales y mis impresiones volvieron a ser las mismas de antaño. Se trata de una producción atípica en la que las secuencias de la actualidad dejan bastante que desear, con una actriz absolutamente insípida (Roxanne Hart) y algunos diálogos penosos, pero que, cuando retrocede a la Escocia medieval, se transforma en una maravillosa aventura fotografiada exquisitamente, con una química sensacional entre el héroe, su maestro y el pérfido villano, una banda sonora extraordinaria y dos frases tan afortunadas como ya imperecederas: Sólo puede quedar uno y ¿Quién quiere vivir para siempre?. Todo esto es lo que la hace y la hará… inmortal.

Valoración: ★★★☆☆

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