Cine actualidad: Spiderman, Brand New Day

Publicado el 2 de agosto de 2026

Póster de Spiderman: Brand New Day (2026)

🕷️ Póster oficial de “Spiderman: Brand New Day”

Un nuevo día para el Spiderman de Tom Holland

Sé que me repito más que el ajo (arácnido), pero tengo que decirlo una vez más: Spiderman es mi héroe. O, al menos, mi superhéroe.

Aunque el Hombre Araña ya se había dejado ver por primera vez en el último número de la revista Amazing Fantasy, fechado en 1962, dio la casualidad de que yo nací el mismo año y el mismo mes (Marzo de 1963) en que se estrenó su colección propia, The Amazing Spiderman. El guionista Stan Lee y el dibujante Steve Ditko, sus creadores, definieron a Peter Parker como un adolescente tímido e introvertido que era rechazado por la mayoría de sus compañeros de instituto por ser el “empollón” oficial de la clase, es decir, el mejor estudiante pero, al mismo tiempo, uno de los que más bullying (acoso, decíamos entonces) padecían. Cuando Peter era mordido por una araña radioactiva que le transmitía sus asombrosos poderes, sólo durante un brevísimo período de tiempo decidía destinar sus nuevas habilidades a la diversión y al lucro, porque muy pronto se dio cuenta de que la frase que su anciano Tío Ben pronunció antes de morir representaba la mayor verdad y la mayor de las enseñanzas: “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Por no involucrarse en la detención de un ladrón al que hubiera bastado con ponerle la zancadilla para detenerlo, Peter experimentó un dolor supremo que realmente fue lo que cambió su manera de entender la vida: el ladrón al que dejó escapar asesinó horas después a su tío Ben, obligándole a convertirse en adulto de golpe al tener que continuar estudiando aún con más ahínco que antes, pero también a buscar un trabajo por horas para contribuir al mantenimiento de su Tía May, la mujer que le había cuidado en ausencia de su madre y que ahora necesitaba asimismo de sus cuidados. Así, las historietas de Spiderman no sólo narraban las aventuras de un ágil superhéroe que trepaba los rascacielos de Nueva York, lanzaba telarañas y se enfrentaba a un variopinto elenco de villanos, sino también las desventuras de un joven que, movido por unos elevadísimos niveles de responsabilidad y culpabilidad, se esforzaba lo indecible por hacer lo correcto y pensaba en sus semejantes antes que en sí mismo.

The Amaazing Spiderman 100

Esta larga parrafada vendría a explicar por qué, hasta el momento, las últimas películas sobre Spiderman que han producido Disney, Marvel y Sony y ha protagonizado Tom Holland no han llegado a convencerme tanto como las que, a principios de este siglo, tuvieron como protagonistas a Tobey Maguire y, posteriormente, Andrew Garfield. Seguramente ha sido precisamente la proximidad en el tiempo de aquellas “viejas” películas (cinco en total) lo que ha motivado a Marvel a tratar de no “repetirse”, a no volver a contar exactamente lo mismo una y otra vez, por lo que han preferido “adaptar” a Peter Parker y a su alter ego a la modernidad, esta época en la que la responsabilidad y la culpa ya no afectan tanto a los iconos juveniles. Así, el Spiderman de Holland ha venido siendo un joven mucho más superficial (como la mayoría de los jóvenes, evidentemente), tutelado por el ya fallecido Tony Stark/Iron Man, beneficiado por los trajes y accesorios que éste le diseñaba, deseoso de incorporarse a Los Vengadores en busca de notoriedad y que vive con una tía May joven y atractiva (en esta versión el tío Ben ni siquiera existe, y por tanto, su muerte no ha provocado la responsabilidad y culpabilidad tantas veces aludidas), que conoce su identidad secreta, al igual que sus mejores amigos Ned Leeds y MJ, esta última, además, su enamorada incondicional. Sin embargo, el final de la anterior película de este Spiderman de Holland, No Way Home (estrenada en 2021) dejaba las cosas en una situación más similar a los parámetros originales de los comics: durante una pelea con el malévolo Duende Verde, la tía May moría, un hechizo del Doctor Extraño hacía que todo el mundo, incluídos sus amigos, olvidase que Peter Parker era Spiderman y éste último, ya sin el auspicio de Tony Stark, tenía que confeccionarse su propio y más rudimentario traje.

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El subtítulo de Brand New Day (Un nuevo día) hace referencia a una realidad que complacerá mucho a los viejos fans arácnidos de los años sesenta y setenta, los que en España nos criamos leyendo los tebeos publicados por Ediciones Vértice. Este “nuevo” Spiderman vive atormentado por la culpa, luce un traje hecho a mano no muy diferente a un simple cosplay, se siente irremediablemente solo y no duda en ningún momento de que los poderes que se le han otorgado han de ser utilizados con responsabilidad y en beneficio de la comunidad. Además, Tom Holland, que ya tiene 30 años, está más maduro y su interpretación es más sentida y convincente. Incluso diría que sus movimientos y expresiones, cuando se balancea y contorsiona, cuando lucha o simplemente cuando incluso a través de la máscara sabe transmitir sus emociones, son exactamente las que un lector de comics esperaba encontrar, por fin, en una película.

Otra cosa es que Brand New Day sea perfecta en sí misma, es decir, no pueda imputársele ningún error o defecto. Obviamente, esto no sucede. La película arranca tan a lo loco que en sus primeros minutos ya hemos visto casi todo lo que presentaban sus trailers, incluyendo a enemigos como Tarántula o Lápida, que pienso que se merecían bastante más desarrollo, y quiero pensar que lo tendrán en algún futuro. Tampoco se cumple la máxima de que “un héroe resulta tanto más atractivo cuanto más relevante es el villano al que debe enfrentarse”; sin hacer spoilers, sólo diré que en esta ocasión esto no sucede ni por asomo. Tampoco me parece especialmente lograda la relación de Spiderman con el justiciero conocido como Punisher (el Castigador para la Generación Vértice), cuyas apariciones con los rasgos de Jon Bernthal me recuerdan a las de Lobo en la reciente Supergirl: mola, pero si lo quitas de en medio, tampoco pasa nada. Otros cameos (que no desvelaré) aportan también poco o nada, al igual que la escena post-créditos, que no contaré pero que, desde mi punto de vista, no es más que una pequeña chorrada.

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Spiderman: Brand New Day, que ha dirigido con buen pulso el hawaiano Destin Daniel Cretton, autor de Shang Chi, Cuestión de justicia o El castillo de cristal, es la película arácnida que más me ha complacido en los últimos tiempos, y no sólo por la mayor fidelidad al material original (¡hasta sale la Capitana DeWolff!) sino también porque se nota un mayor mimo y acierto en la elaboración de los habitualmente denostados efectos visuales. Además, los team-ups (o dúos) que sí funcionan, los de Spidey con el Increíble Hulk de Mark Ruffalo y al lado de otro personaje llamado a ser relevante en el futuro del Universo Marvel, me hacen ser optimista. Y, por si fuera poco, por fin Zendaya logra convencerme de que su MJ es el complemento adecuado, la solución para la soledad no siempre deseada del héroe.

Valoración: ★★★★☆

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