Facebook nunca resultó tan útil
El día que mi querido CineClub Paradiso proyectó esta película no pude asistir. Había partido, creo. Elecciones duras que a veces hay que tomar… Pero ayer la recuperé, y hoy todavía estoy entusiasmado.
Lily Trevino es una joven sin mucha suerte. Siendo aún un bebé, su madre prefirió darse a las drogas que cuidar de ella, y su padre, Bob, nunca ha estado a la altura. Con todo, su progenitor es la única familia que ha conocido, y no soporta el vacío al que éste la somete. Desesperada por conseguir volver a tender puentes, le busca en Facebook y, por pura casualidad, encuentra a un hombre maduro que se llama exactamente igual que su padre. Le pide amistad y, cuando este desconocido le da “like” a una publicación suya, las vidas de ambos entran en una nueva fase…
Algunas películas no están diseñadas para impresionar, ni para deslumbrar, ni para demostrar nada. Son películas pequeñas que llegan con la humildad de quien no pretende cambiar el cine… pero sí, tal vez, cambiarte, un poco, a ti. Un like de Bob Trevino pertenece a esa familia de historias que parecen mínimas por fuera, pero que por dentro contienen un mundo entero. Una película sentimental, sensible, tierna y encantadora, que funciona como el reverso luminoso de un telefilm de Antena 3: donde la protagonista suele ser una villana con tendencias homicidas, aquí la heroína sólo pretende querer y que la quieran; donde el melodrama, si lo hay, suele ser mecánico, aquí es honesto; donde la lágrima suele ser automática, aquí es inevitable; donde la emoción suele ser prefabricada, aquí es verdadera.
La película nace de la propia experiencia vital de su guionista y directora, Tracie Laymon, que debuta como realizadora de largometrajes, y eso se nota. No hay impostura, no hay artificio, no hay esa sensación de “esto está escrito para hacerte llorar”. Aquí todo respira autenticidad. La historia se construye desde una vivencia íntima que, al compartirse, se vuelve universal. Y esa es la magia: lo que empezó siendo un episodio personal se convierte en un espejo para cualquiera que haya sentido soledad, necesidad de afecto o ganas de encontrar un vínculo inesperado.
La protagonista, Barbie Ferreira (de la serie Euphoria), está fabulosa. Tiene una presencia que mezcla fragilidad y determinación, humor y tristeza, luz y sombra. Es una actriz que no interpreta: acompaña. Y John Leguizamo, eterno secundario de origen colombiano que ahora mismo está en La Odisea de Christopher Nolan, está extraordinario. Cálido, cercano, humano en el sentido más profundo de la palabra. Su personaje podría haber caído en la caricatura (en cierta secuencia hubiera sido fácil parodiar su rol de Super Mario Bros., aunque, por fortuna, se inhibe), pero él lo convierte en un ser real, entrañable, querible.
El doblaje español merece mención: natural, respetuoso, sin estridencias. Un trabajo que suma, no resta. Y, sorpresa que no ocurre a menudo: el título español mejora al original (Bob Trevino Likes It, es decir, A Bob Trevino le gusta). Un like de Bob Trevino me parece más directo, más emocional, más certero. Más auténtico.
Durante los ajustados 97 minutos que dura la película, te ríes, te enterneces, te emocionas. Y al final… lloras sin remedio. Pero es un llanto hermoso, útil, reparador. Un llanto que no te deja vacío, sino lleno. Un llanto que te recoloca, que te limpia, que te recuerda que sentir es una forma de estar vivo.
Porque Un like de Bob Trevino es una película que te da ganas de vivir, ganas de querer y ganas de relacionarte con los demás. Te reconcilia con la idea de que todavía existen gestos inesperados, personas buenas, conexiones improbables que pueden cambiarte el día… o la vida. Es una película que te invita a mirar a tu alrededor con más ternura. A escribir ese mensaje que llevas tiempo posponiendo. A dar ese “like” que no es un gesto digital, sino un gesto humano.
Un like de Bob Trevino no es una obra maestra, ni aspira a serlo. Es algo más valioso: una película que se queda contigo. Cuando termina, no piensas en su presupuesto, ni en su estructura, ni en su técnica. Piensas en ti. En tus vínculos. En tus ausencias. En tus ganas de estar más cerca de la gente que quieres. Piensas en ese padre que no estuvo, en ese amigo que sí estuvo, en esa persona que apareció sin esperarlo. Piensas en la posibilidad —tan simple, tan humana— de que un gesto mínimo pueda cambiarlo todo. Un like de Bob Trevino es pequeña, sí… pero te hace grande por dentro. A propósito: Facebook nunca resultó tan útil.
Valoración: ★★★★☆