Cine actualidad - Supergirl

Publicado el 30 de junio de 2026

Supergirl

🔍 Poster de Supergirl

Injusticias de taquilla

Aún recuerdo lo mala, cutre y aburrida que me pareció la primera Supergirl de 1984 que dirigió el firmante de la no tan desdeñable Tiburón 2, Jeannot Szwarc. Ni la villana Faye Dunaway ni la música del gran Jerry Goldsmith bastaron para levantar un truñazo en el que la heroína Helen Slater lucía tan sosa como todo lo demás.

Cuarenta y dos años después, he visto la moderna Supergirl que trata de cimentar el nuevo universo DC que están construyendo James Gunn y su socio Peter Safran. Y bueno, a pesar de la marabunta de polémicas que la están envolviendo, confieso que me ha sorprendido… para bien.

Resulta que hay películas que llegan con la etiqueta de “riesgo”, como si el mero hecho de existir fuera una provocación para alguien. Supergirl es una de ellas. No porque su propuesta sea especialmente radical, sino porque, desde su anuncio, parecía condenada a ser juzgada desde trincheras ideológicas antes incluso de que nadie se sentara a verla. Quizá por eso me satisfizo, porque, cuando por fin me hallé ante ella, me resultó más sólida, entretenida y bien construida de lo que muchos estaban dispuestos a admitir.

La película comienza con una fuerza inesperada. La planificación de Craig Gillespie (Yo, Tonya, Cruella) es audaz, el montaje fluye con una seguridad que no suele verse en las producciones recientes del género, y la presentación de Kara Zor El funciona como un pequeño estallido de personalidad. Hay intención, hay ritmo, hay una mirada clara sobre quién es esta peculiar heroína y por qué merece su propia historia. Es cierto que, conforme avanza, la película se vuelve más convencional, más cercana a los códigos habituales del cine superheroico (y de otros géneros que luego mencionaremos), pero nunca pierde del todo ese pulso inicial que la hace destacar.

El principal acierto del film radica, para mí, en la protagonista Milly Alcock. Su composición de Kara es, sencillamente, fabulosa: deslenguada, descreída, valerosa, independiente… una Supergirl que no pide permiso para existir. Alcock aporta una mezcla de fiereza y vulnerabilidad que convierte a su personaje en alguien real, alguien que respira. Es, sin exagerar, la mejor Supergirl que hemos visto en pantalla. Y lo más curioso es que, pese a ello, parte de la crítica parece empeñada en leer la película desde claves ideológicas que poco tienen que ver con lo que realmente se muestra. Si no fuera por eso, costaría entender algunas valoraciones tan desproporcionadas.

Pero, como parece que, a ojos de los gerifaltes de DC, la joven actriz de La Casa del Dragón podía no ser capaz de sustentar por sí misma el peso de la función, se les ocurrió que necesitaba el apoyo de una estrella invitada. Y alguien gritó: ¡el Lobo!. Jason Momoa, hasta hace dos días Aquaman, luce bien como Lobo, eso es indiscutible. El problema es que el personaje aquí parece un añadido, un pegote postizo que podría desaparecer sin alterar la historia. Su presencia aporta color, sí, pero no aporta conflicto, ni evolución, ni verdadera necesidad dramática. Es un cameo extendido, simpático pero prescindible.

El encantador perro digital Kripto, el robaescenas de la fundacional Superman que vimos el año pasado, también aparece, pero poco, y el propio Superman de David Corenswet se deja ver aún menos, pero es que la película nunca pretende ser sobre ellos. Esto es la puesta de largo de Kara, su presentación oficial ante el gran público, y, en ese sentido, funciona de maravilla. Las breves apariciones de ambos personajes sirven como recordatorio del linaje, no como muletas narrativas.

El antagonista Mathias Schoenaerts cumple, pero no deslumbra. Su personalidad recuerda vagamente a Immortan Joe, aunque sin la potencia ni la sensación de peligro que aquel generaba en Mad Max: Fury Road. Aquí el villano es funcional, pero no memorable. Y eso, en un género que vive de sus grandes oponentes, se nota.

Las influencias están ahí, sin disimulo: Star Wars, Mad Max, ecos del western futurista y del cine postapocalíptico. La película juega con ellas con cierta soltura, sin caer en la copia descarada. Es un collage estilístico que, con todo, no siempre resulta estimulante y que acaba por volverse en su contra. Todo el tramo final de Supergirl, a diferencia de su inspirado arranque, peca de previsible, carece de originalidad, naufraga en un desierto de arenas ya conocidas que incluso nos aburren un poco.

Aun así, lo más llamativo de Supergirl es, para mi, su más que tibia recepción (ya se habla de ella como el mayor fracaso histórico de DC). Vale, no es maravillosa, pero tampoco es, ni de lejos, lo peor que hemos visto últimamente dentro del género superheroico. De hecho, está por encima de muchas producciones recientes que han recibido más atención y más indulgencia. Aquí al menos tenemos una protagonista poderosa, una historia más o menos bien contada y un tono que, sin reinventar nada, sí aporta frescura. Que no esté recibiendo el respaldo que merece es, sencillamente, una pena. Polémicas aparte, Milly Alcock sostiene la película con una fuerza magnética y yo ya estoy deseando volver a verla vestida de azul y rojo.

Valoración: ★★☆☆☆

Imágenes tomadas de fuentes públicas de internet