Las pelis del cineclub – A REAL PAIN

Publicado el 21 de mayo de 2026

A Real Pain

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Haciendo el primo… judío

A Real Pain podría traducirse al español como Un dolor real, y lo primero que realmente me duele es tener que referirme a ella por su título original en inglés, un título que se han empeñado en mantener a toda costa, sin que sea excesivamente significativo, original o insustituíble.

Aparte de esta consideración, empiezo por confesar que A Real Pain me ha gustado mucho, por no decir muchísimo. Es una película que parece sencilla, pero que está construida con una precisión emocional que me ha desarmado. El actor Jesse Eisenberg (La red social, Batman v Superman, Ahora me ves)·es su principal responsable, ya que escribe, dirige y protagoniza esta historia con una sensibilidad que sorprende incluso a quienes ya conocíamos su inteligencia como intérprete. Aquí demuestra que también es un cineasta capaz de equilibrar tonos, ritmos y heridas sin caer en la solemnidad ni en la caricatura.

La película es, ante todo, una mezcla perfecta de drama y comedia. Eisenberg entiende que la vida no se divide en géneros: lo doloroso convive con lo absurdo, lo tierno con lo incómodo, lo trágico con lo ridículo. Y esa mezcla está en cada escena, en cada diálogo —fabulosos, afilados, llenos de matices— y en cada gesto de sus dos protagonistas.

La otra gran estrella de la función, Kieran Culkin, justísimo ganador del Oscar por este papelón, está extraordinario. Lo curioso es que, según se ha contado, a punto estuvo de no hacer la película, porque la carga emocional de su personaje le parecía demasiado intensa. Y se nota: su interpretación es un torbellino de vulnerabilidad, humor, rabia, ternura y descontrol. Es un papel que exige exponerse, dejarse ver en lo frágil y en lo incómodo, y Culkin lo hace con una verdad que conmueve.

Frente a él, Eisenberg interpreta al primo antitético, que es también el polo opuesto: contención frente a desborde, orden frente a caos, silencio frente a explosión. Dos polos que chocan, se hieren, se necesitan y se complementan. No sabría decir cuál de los dos está mejor porque ambos encarnan papeles igualmente difíciles aunque radicalmente distintos. Son dos caras de una misma herida familiar.

Otro detalle que suma interés es que Emma Stone es productora de la película. Y se nota su mano en la sensibilidad del proyecto: en la forma de tratar la memoria del Holocausto sin convertirla en un monumento frío, en la manera de observar las relaciones humanas desde lo íntimo y no desde el discurso, en ese equilibrio entre humor y dolor que tanto caracteriza a los proyectos que ella apoya.

La película propone un recorrido entrañable por Polonia, lleno de rincones que parecen suspendidos en el tiempo. Hay memoria del Holocausto, sí, pero no sólo desde la terrible solemnidad del campo de concentración, sino desde la experiencia humana: los lugares donde vivieron personas reales, las costumbres judías pintorescas que sobreviven, los silencios que todavía pesan.

Ese viaje exterior es también un viaje interior. Los protagonistas se enfrentan a su historia familiar, a sus contradicciones, a sus heridas y a la dificultad de las relaciones humanas. Y lo hacen desde un contraste cultural muy bien observado: el choque entre Estados Unidos y Europa, entre la prisa y la pausa, entre la tempestad y la calma, entre lo previsible y lo genial, entre lo normal y lo estrambótico.

Quizá por eso A Real Pain me ha tocado tan de cerca. Me ha traído muchos recuerdos de mi propia relación con un primo también muy particular, con quien compartí momentos de choque, de cariño, de incomprensión y de complicidad. Esa mezcla de afecto y desconcierto que sólo se da en los vínculos familiares más íntimos, esos que no elegimos pero que nos marcan.

La película habla de eso: de la identidad, de la memoria, de lo que heredamos sin querer, de lo que arrastramos sin saber, de lo que nos une incluso cuando no sabemos cómo querernos.

A Real Pain es una película que parece pequeña, pero que se queda dentro. Eisenberg firma una obra honesta, divertida, dolorosa y luminosa. Una película que entiende que la vida es un equilibrio inestable entre lo que duele y lo que salva. Y que, a veces, el verdadero viaje no es el que hacemos por un país, sino el que hacemos hacia el otro y hacia nosotros mismos.

Valoración: ★★★★☆

Imágenes tomadas de fuentes públicas de internet