Días de radio, Parte 1
Primero te enamoras del Cine, y luego necesitas compartir ese amor. Compartirlo con tus familiares, con tus seres queridos, con tus amigos, compartirlo incluso con extraños. Porque el Séptimo Arte te causa sensaciones tan intensas que, para que no te exploten dentro, es preciso liberarlas, exteriorizarlas.
He contado algunas veces mis inicios como redactor de mi propio fanzine escrito en la máquina de escribir, con calcos y papel cebolla, tras lo cual mis profesores confiaron en mi para coordinar un proyecto tan bonito como la revista estudiantil “Onda”, que nació en el Instituto Politécnico de Alicante (llamado actualmente IES Antonio José Cavanilles) durante el curso 1982-83. Alli, además de recolectar los trabajos de los colaboradores, tuve la oportunidad de escribir sobre cine, y sobre cine continué escribiendo cuando, seis años después y ya convertido en un “hidrolo” que residía en Lorca (Murcia), comencé a enviar artículos a periódicos de la Región como La Verdad y La Opinión, la mayoría de los cuales tuvieron la suerte de ver la luz y ser publicados.
Fue por aquel entonces (estamos hablando de 1988) cuando tuve la fortuna de relacionarme con periodistas como Andrés García Ribón y, sobre todo, la gran y llorada Angela Ruiz, que valoró mis humildes aptitudes y me animó a probar suerte también en las ondas radiofónicas. Poco a poco fui trabando relación con gente como Miguel Angel Beas, Ana Zapata, Josechu Castellví (Cadena COPE) o Ismael Galiana, director de la delegación lorquina de la Cadena SER, quien me cedió un segmento de programación para poner en marcha durante unos meses el primer borrador de lo que sería “Pantalla Grande”, un magazine cultural basado sobre todo en el cine y la música. Durante dos años seguí publicando artículos en periódicos y revistas, pero la mayor parte de mi tiempo libre lo dediqué a la preparación y rodaje de la que sería mi primera película, “El Butanero siempre llama dos veces”, que se exhibiría finalmente en 1993. Durante una de las maratonianas sesiones de montaje en las que yo debía estar al lado del montador titular Luis Sanz, ex-militar que, además de al video, se dedicaba también a la publicidad, se presentó allí un muchacho llamado Pablo Parra que, junto con otros compañeros (Juan Carlos Madrid, Sebastián Andreu, Miguel García Pérez-Muelas), acababa de poner en marcha una emisora nueva llamada F.M.10 Radio, cuya sede estaba primero en la calle Jerónimo Santa Fe y más adelante se trasladaría a la calle Rebolloso, más conocida como “calle Cristal” porque era allí donde se hallaba el último cine clásico de Lorca, el añorado Cristal Cinema. Yo entablé con Pablo Parra una especie de amistad (sobre la cual ya me he permitido escribir alguna que otra vez, aunque habitualmente utilizando pseudónimos) y, en cualquier caso, lo que importa es que alcanzamos un acuerdo profesional por el cual yo iba a estar unos meses “a prueba” y, andado el tiempo, si todo iba bien, pasaría a percibir una remuneración más o menos simbólica, todo ello a cambio de trasladar a F.M.10 Radio el mismo modelo de programa que, bajo el título de “Pantalla Grande”, había desarrollado en la SER durante el año 1989.
La versión definitiva de “Pantalla Grande” debutó en F.M.10 Radio (cuya emisión se desarrollaba, si mal no recuerdo, en los 89.3 MHz de la frecuencia modulada) en el verano de 1992, concretamente un jueves a las diez de la noche. La filosofía del programa consistía en difundir toda la actualidad acerca del Séptimo Arte, con los principales estrenos de la semana, una película destacada por encima del resto y noticias del mundo del cine, todo ello salpicado por bandas sonoras modernas y clásicas. Progresivamente fui introduciendo nuevas secciones como “Video, video, video”, en la que hablaba de los últimos lanzamientos en VHS; “Mira quién habla”, un concurso basado en adivinar a qué película correspondía tal o cual diálogo; e incluso un apartado llamado “Love Stores”, que estaba dedicado a narrar bellas historias de amor de la vida real protagonizadas por actores, actrices y directores vinculados al universo del celuloide. Mis jefes estaban empeñados en que yo mismo me ocupara del guión, la locución y también la realización técnica, pero, al final, tuvieron a bien asignarme un técnico de sonido, que era quien realizaba el control.
En 1996, los fundadores de F.M.10 Radio fueron un paso más allá en su intento de cubrir más territorio, y así nació la Cadena Azul, que emitía en la frecuencia 98.5 Mhz de la FM. El cambio fue, sin duda, para bien. De repente, no sólo nos escuchaban en Lorca sino también en toda la región de Murcia, además de en amplias zonas de las provincias de Almería, Albacete e incluso mi Alicante natal. Mis oyentes (pocos, pero buenos) comenzaron a multiplicarse, y empecé a recibir muchas más cartas, ya fuese para participar en los concursos o simplemente para comentar películas y hablar de cine. El programa se trasladó a los martes por la noche pero logré conservar a la mayoría de mis patrocinadores, tales como la castiza librería Montiel, la no menos significativa librería Alamo (precursora de la actual Futuro Imperfecto), el pub Menfys, el kiosco El Leño, el videoclub Alamo, la tienda de música Music Pop Disco y, cómo no, el mismísimo Cristal Cinema, además de varias empresas eléctricas a las que conocía por causas laborales, como DASA, Joruca o Tecnosol. Entre mis oyentes habituales, ¿cómo no destacar a Eusebio Poveda, Domingo Jiménez, Víctor Morillas, Teresa Calatayud, María del Mar López y, por supuesto, a mi querido José Ruiz Montalván “Monty”, actual compañero en la junta directiva del CineClub Paradiso, así como a los hoy conocidos Inma Guillén o Dany Campos?. A todos ellos aún hoy les sigo dando las gracias por su escucha, su apoyo y por todos los ánimos que me dieron. Asímismo, he de señalar que tuve la suerte de compartir micrófono con colaboradores tan selectos como el malogrado Juan Picazo, Santiago Lafuente, Ginés García Agüera, el cineasta Ernesto Pérez Cortijos o Jesús Martínez, el presidente del citado CineClub Paradiso de Lorca. Entre las varias entrevistas que pude realizar, merecen ser significadas las que tuvieron como protagonistas al realizador Benito Rabal, el compositor José Luis Lizarán, los actores Ginés García Millán, Santiago Segura, Neus Asensi, Fernando Guillén, Unax Ugalde o el inmenso Paco Rabal, con el que conversé cuando vino a Lorca para inaugurar la Alameda que lleva su nombre, en compañía de su esposa Asunción Balaguer, su hija Teresa Rabal y su yerno Eduardo Rodrigo, a quienes también, de paso, entrevisté.
“Pantalla Grande” se prolongó durante ocho años, desde 1992 hasta finales de 2000, con algún intento de retomarlo allá por 2003. De todos mis compañeros, tanto de F.M.10 como de Cadena Azul, guardo un grato recuerdo, sobre todo de David, Benigno, Juan y Rafa, e incluso del reiterativamente citado Pablo, con quien mantuve no pocas discusiones y desencuentros (aquellas continuas ¿bromas? acerca del pago de las “dos mil cochinas pesetas” que finalmente obtuve como contraprestación, su repentina necesidad de barrer el estudio justo en mitad de mis programas o su insólito protagonismo cuando le pedí, debido a mi timidez, que leyera en mi nombre el discurso de presentación que escribí para el día del estreno de “El Butanero siempre llama dos veces”) y que acabó abandonando la emisora para emprender su propio proyecto en solitario, Radio Sol Lorca, que creo que aún sigue funcionando. En total fueron en torno a 400 programas emitidos, lo cual equivale a cuatrocientas horas de radio, llenas de nervios pero también de alegrías y satisfacciones. Me costaría poner por escrito todo lo que aprendí sobre el medio radiofónico, sobre el cine y sobre la naturaleza humana durante aquel período glorioso, uno de los más trascendentales de mi existencia. Ahora hago podcasts y continúo hablando de cine, pero hay que admitir que la experiencia no es la misma que cuando, en aquel Año Olímpico, sentí la magia de dirigirme a cientos de espectadores en directo y compartir al unísono nuestra pasión más cinéfila.