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lunes, 27 de noviembre de 2017

Cine actualidad/ “ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS”

Los doce trabajos de Hércules

Prueba de que la originalidad, la creatividad y la innovación son valores que lamentablemente cotizan a la baja, es la incesante cascada de remakes, secuelas y reboots que inunda nuestras pantallas cada año.  En general, no estoy en contra, por principio, de la realización de una nueva versión de una película, siempre y cuando sirva para algo.  Es decir, ¿para qué copiar algo si no es para mejorarlo o enriquecerlo de alguna manera?  No olvidemos que nuestra amada “Ben-Hur” de 1959 versionaba un film anterior de 1925, o que “Los siete magníficos” (1960) no era sino una actualización en clave de western de “Los siete samuráis” (1954), y seguramente en su momento fueron también muchos los que se rasgaron las vestiduras reclamando mayor inventiva a los cineastas de la época.

Por lo que respecta a “Asesinato en el Orient Express”, la estupenda novela policiaca de Agatha Christie publicada en enero de 1934, fue llevada al cine exactamente 40 años después por el insigne Sidney Lumet, quien logró una adaptación prácticamente insuperable gracias a su fina ironía, sus decorados y, sobre todo, a su magnífico e inigualable reparto encabezado por Albert Finney, que apenas tenía 38 años pero se las ingenió para componer el mejor Hércules Poirot de la historia del Cine…

El lujoso Orient Express, el tren de pasajeros más famoso del mundo, parte de Estambul con destino a París.  En el lujoso vagón de Calais viajan 14 pasajeros, incluyendo al famoso detective belga Hercules Poirot, quien se ha incorporado a la singladura a última hora.  Durante la segunda noche del trayecto y justo cuando el convoy se halla detenido a causa de una tormenta de nieve, uno de los viajeros resulta asesinado.  Poirot se ocupará, cómo no, de la investigación, partiendo de la base de que lo más lógico es que el asesino sea uno de los pasajeros y, por tanto, aún continúe a bordo del tren…

Han pasado 28 años desde que el famoso actor shakespeariano Kenneth Branagh debutase como director de largometrajes con “Enrique V” (1989).  Desde entonces, ha dirigido 16 películas (y actuado también en casi todas), en las cuales ha ido ampliando sus miras, desde la teatralidad de los inicios hasta la clara comercialidad de esta última etapa.  “Asesinato en el Orient Express” ha sido un encargo de Twentieth Century Fox, que ha confiado en él gracias a su considerable éxito con “La Cenicienta” de Disney, merced a lo cual Branagh ha dispuesto de un presupuesto generoso y la posibilidad de reunir un casting como mínimo envidiable.  Con todo, es precisamente en el reparto donde hallamos el primer hándicap insalvable al que Branagh se enfrenta...

Dicen que las comparaciones son odiosas, y en casos como el de esta película, esta máxima se antoja tan certera como inmisericorde.  Porque, por muy populares que sean algunos de los actores que Branagh ha logrado aglutinar, si los comparamos con sus precedentes de 1974, el balance oscila entre lo sonrojante y lo nefasto.  El pirata Johnny Depp no hace olvidar ni por un segundo al mítico Richard Widmark.  La española Penélope Cruz asume un rol equivalente al que hiciese nada menos que Ingrid Bergman (y que además le valió un Oscar), y en el mismo pecado lleva la penitencia.  Josh Gad recupera el personaje de Anthony Perkins (sin comentarios), Daisy Ridley (Rey en la nueva trilogía de “Star Wars”) sigue los pasos de Vanessa Redgrave y Leslie Odom Jr. da risa pretendiendo calzarse los zapatos de Sean Connery.  Las otras comparativas no obtienen mejores resultados, sino que resultan aún más decepcionantes:  Serguei Polunin / Michael York;  Lucy Boynton / Jacqueline Bisset;  Tom Bateman / Martin Balsam;  Marwan Kenzari / Jean Pierre Cassel;  es decir, los que en su momento eran estrellas han sido reemplazados por ilustres desconocidos.  Tan sólo en unos pocos casos, el intérprete actual se aproxima o incluso supera al que le precedió hace 43 años, si bien se trata de los personajes menos significativos:  Judi Dench / Wendy Hiller o Willem Dafoe / Colin Blakely.  Michelle Pfeiffer se revela una digna sucesora de Lauren Bacall, mientras que el propio Kenneth Branagh se reserva el personaje bombón de un Hercules Poirot demasiado atlético, caracterizado con un bigotón innecesariamente ridículo que le resta credibilidad.

He empezado por las deficiencias actorales, pero no deja de ser cierto que la nueva “Asesinato en el Orient Express” pierde por goleada en otros terrenos menos evidentes.  Queriendo alejarse de la escrupulosa fidelidad al texto original del guión de Paul Dehn, el libreto actual de Michael Green introduce un prólogo rocambolesco, cambia sin ton ni son el nombre, la raza, la nacionalidad o el parentesco de varios personajes, añade parrafadas casi metafísicas  a costa de mutilar diálogos explicativos y confiere a Poirot un pasado romántico que prefiero no calificar.  El momento en que se visualiza la reconstrucción del asesinato carece de toda fuerza dramática, y las deducciones de Poirot parecen recitadas de memoria, carentes de la espontaneidad deductiva que deberían poseer.

¿Cuál era el objeto de esta nueva versión de una película si no magistral, sí lo bastante correcta como para continuar resistiendo incólume el paso del tiempo?  Se supone que lo que se pretendía era modernizarla, hacerla atractiva para las nuevas generaciones, aquéllas para quienes un secundario del musical “Hamilton” puede equipararse al mejor James Bond de todos los tiempos.  Pero Branagh también se equivoca aquí, abusando del CGI en la visualización de un tren fotografiado de modos a veces tan inverosímiles que me hicieron pensar que “Polar Express” de Robert Zemeckis era, comparativamente, bastante más realista.  Se nota demasiado la estéril pretensión de insuflar a toda costa más espectacularidad donde bastaba con que hubiese más calidad.  Lo dicho, ¿para qué mancillar un clásico si no es para mejorarlo de alguna recóndita manera?  Todavía no consigo dar con la puñetera respuesta…

Luis Campoy

Lo mejor:  el diseño de producción, la música, la fotografía
Lo peor:  el muy deprimente balance de la comparativa entre la versión antigua y la moderna
El cruce:  “Asesinato en el Orient Express” (1974) + “Polar Express”

Calificación:  6,5 (sobre 10)

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