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jueves, 23 de marzo de 2017

Cine actualidad/ “MOONLIGHT”

De Little a Black

En los Oscars de 2016, estalló una enorme polémica como consecuencia de la nula representación dela  gente de color en las candidaturas principales.  Un año después, las películas con afroamericanos han inundado las carteleras y sobre todo la mayoría de las entregas de premios.  “Figuras ocultas”, “Fences” y, sobre todo”, “Moonlight” han cosechado montones de galardones, llegando esta última a proclamarse como la mejor del año.

“Moonlight”, la película, adapta la obra de teatro de Tarell Alvin McCraney “In moonlight black boys look blue” (“A la luz de la luna, los chicos negros parecen azules”), que narraba las vicisitudes de un joven de color llamado Chiron desde que es un niño en un barrio deprimido de Miami hasta que, ya adulto, se traslada a vivir a Atlanta dispuesto a emprender una nueva existencia.  El film se desarrolla en tres períodos perfectamente diferenciados, a los que da título cada uno de los apodos de Chiron en las primeras etapas de su vida:  “Little”, para la parte que narra su infancia, “Chiron” a secas para el episodio de su adolescencia y “Black” para el fragmento acerca de su madurez.  No por casualidad, el director Barry Jenkins se esfuerza por comenzar el relato con un tono casi como de cuento de hadas, con una fotografía luminosa plagada de brillos y contrastes, y poco a poco va oscureciéndolo paulatinamente, aunque es cierto que la última parte transcurre casi enteramente de noche, lo cual no implica forzosamente que el porvenir de Chiron vaya a acabar sumido en la penumbra.

El arranque de “Moonlight” me pareció de una pedantería insoportable:  una serie de travellings circulares tan virtuosos como innecesarios se suceden sin ningún otro propósito que el de explicarnos lo pequeño que es el mundo en el que se va desarrollar la infancia de nuestro protagonista.  Sin embargo, es entonces cuando más se disfruta la película, que se beneficia de la magnética presencia del gran Mahershala Ali (visto también la citada “Figuras ocultas”), justísimo ganador del Oscar como Mejor Actor Secundario por cuanto borda cada una de sus apariciones, componiendo una especie de carismático mentor del protagonista, a quien, lógicamente, dan vida tres actores diferentes para cada uno de sus períodos vitales:  Alex Hibbert de niño, Ashton Sanders de adolescente y Trevante Rhodes cuando ya es un hombre.  El tema de la homosexualidad de Chiron (que sus condiscípulos perciben incluso antes que él mismo) es abordado de manera natural y cotidiana, como si se tratase simplemente de otro rasgo más (quizás a consecuencia de la ausencia de su padre y de la creciente adicción a las drogas de su madre, el pequeño Chiron es sumamente introvertido y poco comunicativo).  Lo cierto es que, a medida que se va desarrollando el metraje, el tono va alejándose de la fantasía visual del inicio y desemboca en una secuencia final rodada casi con desgana, en la que también los diálogos suenan excesivamente familiares.  Es aquí donde se echa de menos el espíritu, pleno de poesía, de “Boyhood”, rodada durante 12 años pero poseedora de un hálito mucho más uniforme.

A veces sucede que, para tratar de compensar un error del pasado, se ensalza con exceso a un producto del presente.  Esa es mi opinión acerca de esta “Moonlight”, interesante sin duda y hermosa en ocasiones, pero a la que me temo que le viene grande ese Oscar que en principio se atribuyó a “La La Land”.  La comunidad afroamericana respira tranquila y su problemática, si bien no menos traumática, por lo menos ha quedado más visible y expuesta.

Luis Campoy

Lo mejor:  Mahershala Ali, un actorazo como la copa de un pino
Lo peor:  promete más de lo que aporta
El cruce:  “Boyhood” + “Los chicos del barrio”

Calificación:  7 (sobre 10)

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