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jueves, 29 de septiembre de 2016

Cine actualidad/ “CAPTAIN FANTASTIC”

Cine para pensar

Fue en Discos Sellés de Alicante donde compré el cassette de “Captain Fantastic (And The Brown Dirt Cowboy)” de Elton John en algún momento de 1976 (meses antes de que, en aquel mismo y añorado lugar, un par de dependientas muy poco cinéfilas se carcajeasen cuando les pregunté por la banda sonora de “King Kong” de John Barry…  pero ésa es otra historia), que exhibí entre mis amistades como si de una especie de trofeo se tratara.  El sábado pasado, tras cuatro décadas de aquéllo, me senté en una cómoda butaca para asistir a la proyección de otra “Captain Fantastic”, esta vez una película que venía precedida de cierto éxito de crítica al haber sido presentada en diversos festivales indies…

Escrita por su también director Matt Ross, “Captain Fantastic” recupera la misma premisa en la que se basaba la popular “El Señor de las Moscas” de William Golding:  ¿qué sucede cuando un grupo de niños y jóvenes crecen aislados del mundo, en un entorno agreste o selvático, sin relacionarse con nadie más y obligados a autoeducarse y autoabastecerse para sobrevivir?  En este caso, se trata de la voluntad de un padre, Ben Cash, que, junto a su esposa ahora enferma, decidió criar a sus seis hijos en mitad de los bosques de Nuevo México, siendo él el mentor, tutor, profesor e instructor de los muchachos, el único autorizado para educarles y permitirles conocer la realidad (subjetiva) del mundo.

Ante una película como ésta, el análisis puramente cinematográfico puede esperar.  Lo que más me interesó fue el postulado ideológico, el punto de partida social (o antisocial).  ¿Es bueno que una sola persona (por muy superinteligente y superdotada que sea) se erija en líder espiritual y moral de su familia, jamás discutido ni contestado por nadie?  ¿Es bueno o malo que los chicos y chicas de entre 6 y 18 años acepten la convicción de que, si quieren comer, han de proveerse por sus propios medios, incluyendo la obligación de cazar y matar ciervos, ovejas, vacas, cerdos o lo que se tercie?  ¿Es posible que esas seis personas asociales se integren en un futuro en la Sociedad, a sabiendas de lo prejuiciosa, injusta y castradora que ésta pueda llegar a ser?  ¿Qué precio tiene la libertad de conciencia y de pensamiento?  Estos interrogantes podrían constituir la base sobre la que se asentase un excelente coloquio o cine-forum, y sólo por eso estoy recomendando a mis amistades que acudan a ver esta película.

Ciñéndonos a lo cinematográfico, diremos que la película en sí es inequívocamente deudora de títulos como “La costa de los mosquitos” (Peter Weir, 1986) o la versión de 1990 de la citada “El Señor de las Moscas”, que dirigió un tal Harry Hook.  El protagonista casi absoluto es un actor tan marcado ideológicamente como Viggo Mortensen, por lo cual su interpretación es especialmente convincente (a título anecdótico, reseñar su más bien innecesario desnudo frontal, que recuerda al que ya nos sorprendió en “Promesas del Este”).  Todos los demás actores secundarios (con Frank Langella y Steve Zahn como nombres más conocidos) resultan tanto o más creíbles cuanto más anónimos nos resultan, de modo que la identificación del espectador con ellos es absoluta.

Sustituir la celebración de la Navidad por la del cumpleaños de Noam Chomsky (filósofo de ideología anarquista y anticapitalista) o incinerar a un ser querido y luego arrojar sus cenizas por el retrete son algunas de las excentricidades que caracterizan a ese padre hiperinteligente pero aislacionista al que da vida Viggo Mortensen.  ¿Quiénes tienen la razón, los que eligen la Naturaleza como único entorno vital o los que se conforman con vivir la hipocresía y artificiosidad que impera en la civilización?

Luis Campoy

Lo mejor:  Viggo Mortensen;  la necesidad de dialogar sobre sus postulados ideológicos
Lo peor:  el final, notablemente inadecuado
El cruce:  “La costa de los mosquitos” + “El Señor de las Moscas” + “Pequeña Miss Sunshine”

Calificación:  8 (sobre 10)

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Cine actualidad / “LOS SIETE MAGNÍFICOS”

El remake del remake

Cuando yo era niño, los anuncios de tabaco se pasaban una y otra vez por las (dos) televisiones nacionales, la Primera y la Segunda cadenas.  El más famoso de ellos, sin duda, era el de Marlboro, que tenía de banda sonora un maravilloso tema instrumental que sólo años después supe que pertenecía a una no menos maravillosa película del oeste:  “Los Siete Magníficos”.  Por cierto, el actor Wayne McLaren, el más popular de aquellos Marlboro Men que montaban a caballo y fumaban sin parar, murió años después de cáncer de pulmón, maldiciendo a la empresa que le había otorgado su efímera fama…

El caso es que, como decía, “Los Siete Magníficos” (John Sturges, 1960) se había convertido en un título mítico, en parte debido a aquella melodía compuesta por Elmer Bernstein y en parte gracias a un reparto espectacular e irrepetible en el que estuvieron Yul Brynner, Steve McQueen, James Coburn, Charles Bronson, Robert Vaughn, Horst Bucholtz, Brad Dexter y Eli Wallach, éste último dando vida al villano que asola un pequeño pueblo mexicano, cuyos habitantes contratan a un grupo de pistoleros para que los defiendan.  La película ya era un remake de un film japonés de Akira Kurosawa (“Los Siete Samurais”, 1954), pero su popularidad dio la vuelta al mundo y generó varias secuelas cada vez más decepcionantes.

La idea de realizar un remake del remake llevaba años dando vueltas por los despachos y mentideros de Hollywood, y actores como Tom Cruise, Harrison Ford, Morgan Freeman, Sylvester Stallone, Arnold Schwarzeneger, Mel Gibson o Bruce Willis sonaron en algún momento para subirse al caballo.  Finalmente, en cuanto se supo que el director Antoine Fuqua (“Training Day”, “Objetivo:  La Casa Blanca”), muchos nos imaginamos que el protagonista no sería otro que su actor fetiche, el excelente Denzel Washington, cosa que finalmente sucedió.

Como decía hace unas semanas al respecto del (deplorable) remake de “Ben-Hur”, la existencia de una nueva versión de un título clásico tiene que venir motivada o bien por la intención de realizar una re-lectura del original desde una nueva perspectiva, o simplemente por la certeza de que se puede mejorar sustancialmente algún aspecto.  En el caso del bodrio orquestado por Timur Bekmambetov, la verdad es que absolutamente nada merecía la pena, pero, por el contrario, debo decir que en algunas cosas, el film de Fuqua mejora determinados apartados del entrañable título de Sturges.

Partiendo de la base de una propuesta argumental que resucita los viejos clichés por todos conocidos (siete aventureros son contratados por unos pacíficos campesinos a quienes tiene sojuzgados un terrateniente sin escrúpulos), el guión que Fuqua ha tomado como base denota claramente que se trata de un proyecto que lleva años pasando de mano en mano y que ha recibido mil y una reescrituras:  situaciones que huelen a tópico por los cuatro costados, personajes a medio pulir y, sobre todo, diálogos infumables (qué triste el modo en que se está perdiendo la creación de buenos diálogos, directos y sutiles sin parecer pomposos o engolados).  Tampoco el reparto es para lanzar cohetes.  Denzel Washington compone uno de los peores papeles de su carrera, Ethan Hawke no tiene relevancia y los “magníficos” Vincent D’Onofrio, Byung Hun-Lee, Manuel García-Rulfo y Martin Sensmeier destilan el mismo carisma que cualquier figurante sin frase.  Sólo el solicitadísimo Chris Pratt resulta adorablemente encantador, erigiéndose en el mejor de entre todos y teniendo a su cargo los momentos de mayor lucimiento.  También el villano al que da vida Peter Sarsgaard tiene su aquél, aunque no resistiría la comparación con el Calvera al que inmortalizó Eli Wallach.

Al principio decía que un remake sólo tiene sentido cuando puede superarse algún apartado de la obra original, y en este caso, los productores han decidido apostar por una revolución tecnológica que, ciertamente, funciona a las mil maravillas.  Uno de los pocos defectos de la película original de John Sturges era la puerilidad con la que estaban resueltos algunos tiroteos, en los cuáles el bueno simplemente apuntaba al malo y aquél se tiraba torpemente, al tiempo que sonaba un disparo que olía también a falso.  Sin embargo, la experiencia de Antoine Fuqua en films de acción se nota en todas las secuencias en las que hay peleas o se desenfundan las armas, logrando una puesta en escena espectacular.  Aquí, los tiroteos resultan fascinantes y atronadores, merced a unos efectos especiales de primera que, para mí, constituyen lo mejor de la función.  Sólo por estas escenas, merece la pena acercarse al cine, con el listón bajo, eso sí, que nos hallamos ante un producto que sólo proporciona diversión y para nada pasará a la historia.

He dejado para el final la banda sonora, último trabajo para el cine del llorado James Horner (muerto el año pasado en un accidente de aviación), que compuso a partir de la lectura del guión y ha sido finalizada por su colaborador Simon Franglen.  Con todo, la partitura no aporta nada nuevo al género (al contrario, parece un desganado plagio de los compases del score original de Elmer Bernstein) y será preferible recordar a Horner por “Titanic”, “Braveheart” o “Leyendas de pasión.

Luis Campoy

Lo mejor:  Chris Pratt, las excelentes secuencias de acción
Lo peor:  el predecible guión, los bobalicones diálogos, la deprimente ausencia de carisma de los supuestos “magníficos”
El cruce:  “Los Siete Magníficos” + “Grupo salvaje” + “Arma joven”

Calificación:  6 (sobre 10)

martes, 27 de septiembre de 2016

Cine actualidad/ “EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS”

El espía que surgió de la cutrez

En 1995, el ex-director de la Guardia Civil Luis Roldán fue detenido en Tailandia tras permanecer huído un año, acusado de malversación y hurto.  Al parecer, fue un espía al servicio del CESID, Francisco Paesa, quien ocultó y posteriormente traicionó a Roldán, quedándose con los 1.800 millones de pesetas que éste había acumulado en concepto de comisiones.  “El hombre de las mil caras” es la historia de cómo Paesa fue capaz de engañar a Roldán y, de paso, a su familia, amigos…  y a toda España.

El recibimiento crítico a “La isla mínima” (2014) fue tan positivamente unánime que su director, Alberto Rodríguez, tenía el listón muy alto a la hora de embarcarse en una nueva aventura cinematográfica.  Títulos como “7 vírgenes” o “Grupo 7” ya quedaban muy atrás, y su reputación exigía un proyecto ambicioso y complejo.  Tras barajar otras opciones, Rodríguez se decidió por centrarse en una adaptación del libro “Paesa, el espía de las mil caras” de Manuel Cerdán, un apasionante relato periodístico sobre aquellos años 90 en los que todavía era posible que personajes como Francisco Paesa o Luis Roldán camparan a sus anchas por España y el mundo mundial.

Realizando algunos cambios sustanciales al libro (por ejemplo, el protagonismo otorgado al piloto Jesús Camoes, alter ego de Jesús Guimerá, hombre de confianza de Paesa y que aquí se erige en narrador de la historia), Rodríguez se basa en títulos míticos como “Todos los hombres del Presidente” para narrar con estilo de thriller una trama compleja en la que el aburrimiento nunca hace acto de presencia y, por el contrario, la tensión está hábilmente conducida y enriquecida con acertados toques de humor.

Eduard Fernández, excelente como siempre, crea un Paesa carismático y casi tierno que nos va sorprendiendo escena tras escena;  serio candidato al Goya.  José Coronado, hiperactivo a los 59 años, es el piloto Jesús Camoes, narrador y personificación del espectador;  el murciano Carlos Santos personifica a Luis Roldán, algo así como el ladrón robado, que paga muy cara su confianza en el embaucador Paesa;  y Luis Callejo (recientemente visto en “Tarde para la ira”) personifica al superministro Juan Alberto Belloch, otro de los damnificados por las mentiras hiperrealistas de Paesa.

Ya desde el principio me cautivó la fotografía y la ambientación de la película, capaz de reconstruir a las mil maravillas una época que todos recordamos con nitidez.  Narrada con una habilidad endiablada y capaz de resultar apasionante hasta para quien desconozca totalmente los sucesos narrados, “El hombre de las mil caras” se merece mucha más repercusión comercial de la que está teniendo, quizás porque el público adepto al cine español continúa prefiriendo las risotadas descerebradas de “Cuerpo de élite”.  Qué triste.

Luis Campoy

Lo mejor:  Eduard Fernández, la fotografía, la ambientación, el guión
Lo peor:  que no tenga la acogida popular que se merece
El cruce:  “Todos los hombres del Presidente” + “El topo” + ·”Sospechosos habituales”

Calificación:  9 (sobre 10)

miércoles, 21 de septiembre de 2016

MINI-PÍLDORAS DE CINE (Septiembre 2016) (y II)

Yo, que siempre ando pendiente de vuestra buena salud cinematográfica, no puedo pasar mucho tiempo sin preocuparme y, por tanto, ocuparme de que estéis al loro de algunas de las más destacadas novedades del panorama cinematográfico internacional.  De modo que, una vez más, dejaremos que el cine hable por sí mismo, eso sí, a través de mis humildes opiniones comprimidas…

JUEGO DE ARMAS
Conocí a Todd Phillips a raíz de haber dirigido el flojo reboot de la mítica serie “Starsky & Hutch”, y supongo que por eso me sorprendió muy gratamente su estupenda “Resacón en Las Vegas”, una comedia con bastante mala leche y unas ambiciones estéticas importantes.  Tras dos secuelas de “Resacón…” un tanto decepcionantes, Phillips vuelve a sorprenderme con “Juego de armas”, cuyos trailers presagian una humorada bufa para adolescentes pero que, en realidad, esconden su verdadera naturaleza:  una mirada cínica sobre la guerra y sobre la rapiña que cierto tipo de desalmados ejercen a su alrededor.  Con un gran Miles Teller que se reivindica tras su horrenda “4 Fantásticos” y un Jonah Hill que sólo con Scorsese había estado tan bien, “Juego de armas” goza de un buen guión y, sobre todo, de un gran pulso narrativo.  Para mí, un afortunado cruce entre “Red de mentiras” y “El lobo de Wall Street”.  ¡Cómo disfruto cuando una película excede mis más optimistas expectativas!
Calificación:  8 (sobre 10)

STAR TREK:  Más Allá
Mismo caso que el de “Juego de armas”.  Los trailers de la última entrega de “Star Trek”,  que ya no ha dirigido J.J. Abrams sino Justin Lin, presagiaban una aventura más infantilizada en la que la comedia se erigiría en el tono predominante.  Por fortuna, el guión escrito, entre otros, por Simon Pegg (“Scotty”) constituye uno de los mejores homenajes a la parroquia trekkie (entre la que me hallo):  viajes a mundos desconocidos, buenos diálogos y, sobre todo, abundantes escenas dedicadas a explorar la psicología de los personajes y su interrelación, algo que nos remite a la anterior etapa cinematográfica comandada por William Shatner y Leonard Nimoy o, incluso a la serie televisiva original, de la que ahora se cumplen cincuenta años.  Incluso las muchas notas de humor resultan reconfortantes, correctamente interpretadas por un reparto que ya le ha cogido el tranquillo a sus personajes.  Mención especial para el joven Anton Yelchin (“Chekov”), fallecido hace dos meses en un estúpido accidente automovilístico.  Viva “Star Trek”… al menos otros cincuenta años más.
Calificación:  7 (sobre 10)

BRIDGET JONES’ BABY
Cuando la actriz Renee Zellweger se operó la cara y brindó al mundo una imagen de sí misma que la convertía en una mujer ni más guapa ni más fea, sino simplemente…  diferente, no imaginaba que se atrevería a volver a encarnar a su personaje más icónico, la torpe y deslenguada Bridget Jones, creada en el papel por Helen Fielding.  Me equivocaba, y, 12 años después de la segunda parte de la serie, Zellweger se convierte de nuevo en Bridget, aunque con un cuerpo mucho menos redondeado y unas facciones un poco desfiguradas.  La historia es de todo menos original, con la protagonista debatiéndose entre su eterno amor Mark Darcy y un atractivo americano de nombre Jack Qwant, uno de los cuales será el padre de su bebé no buscado.  La estructura y el tono son idénticos a los de los capítulos precedentes, y la única novedad es la sustitución de Hugh Grant por un aceptable Patrick Dempsey.  Con todo, y a pesar del constante deja-vu, el dúo Helen Fielding-Sharon Maguire (guionista y directora, respectivamente) logra un continuo festival de carcajadas que, indudablemente, se agradecen.
Calificación:  7 (sobre 10)

KUBO Y LAS DOS CUERDAS MÁGICAS
Desde que mis hijos han sido abducidos por el paso del tiempo y su niñez ha quedado irremisiblemente atrás, son muy pocas las veces que acudo a ver una cinta de dibujos animados.  Por fortuna, las buenas críticas me incitaron a ver “Kubo y las dos cuerdas mágicas”, la mejor producción de la factoría Laika.  Gran historia, aventura, humor, entretenimiento, magia y fascinación en un film rodado en el ancestral sistema del ”stop motion” (cuadrito por cuadrito, que decíamos antes) y que justifica en calidad las innumerables horas dedicadas a su realización.  Una delicia, una gozada y casi una obra maestra.

Calificación:  9 (sobre 10)

miércoles, 14 de septiembre de 2016

MINI-PÍLDORAS DE CINE (Septiembre 2016)


Ahora que el cálido verano ya quiere tocar a su fin, es un buen momento para pasar revista a algunas películas que aún no habíamos podido comentar aquí.  Son, nuevamente, nuestras famosas… ¡píldoras de cine!


TARDE PARA LA IRA
Debut como realizador del famoso actor Raúl Arévalo.  Película dura y sin concesiones sobre las causas y consecuencias de cierto tipo de violencia, con un giro argumental inesperado que me recordó, sin ir más lejos, a aquella vieja “Odessa” de Ronald Neame (no spoilers).  Con realización sencilla y minimalista (a pesar del extraordinario plano secuencia que abre el film, impropio de un debutante), Arévalo cede todo el protagonismo a sus actores, encabezados por el siempre estupendo Antonio de la Torre y un sorprendente Luis Callejo.  No reventará taquillas, pero mi sincera admiración la tiene.
Calificación:  8 (sobre 10)








ELECTION:  LA NOCHE DE LAS BESTIAS
Tercer capítulo de la trilogía iniciada hace 3 años con “The Purge:  La noche de las bestias”.  La premisa argumental de la saga me parece de lo más interesante:  en un futuro no demasiado lejano, los Estados Unidos viven en paz y se ha abolido la delincuencia.  Sin embargo, un día al año y como desahogo de los más bajos instintos del ser humano, cualquier tipo de actividad violenta será permitida y su ejercicio no será perseguido ni castigado.  En esta tercera entrega, el ex-policía encarnado por Frank Grillo y que ya aparecía en la segunda parte, deberá proteger a una senadora (Elizabeth Mitchell), en cuyo programa electoral destaca la abolición de La Purga.  El director y guionista James De Monaco, una vez superada la incisiva moraleja del primer film, construye un logrado thriller de suspense que, a pesar de su previsible desarrollo, ter deja con buen sabor de boca al final.
Calificación:  7 (sobre 10)


LA LEYENDA DE TARZAN
Extraño caso de película en la que el grueso de la crítica se confabula para despellejarla sin piedad.  Suerte de continuación apócrifa de la hermosa “Greystoke”, nos presenta a un Tarzan que lleva muchos años alejado de Africa y que se verá obligado a regresar a sus selváticos dominios.  Con una excelente fotografía de Henry Braham y una espectacular banda sonora de Rupert Gregson-Williams, cuenta con un correcto protagonista en la piel de Alexander Skarsgaard, al que secundan Christoph Waltz, Samuel L. Jackson y la bellísima Margot Robbie.  Puede que no pase a la Historia (tampoco lo pretendía), pero proporciona un entretenimiento digno y ameno.  En la poltrona de director, David Yates, el mismo de las últimas entregas de la saga Harry Potter.
Calificación:  6 (sobre 10)



JASON BOURNE
Prueba de que “enésimas partes nunca fueron buenas”, la quinta entrega de la franquicia iniciada con “El caso Bourne” parece un rutinario copia-pega en el que se aglutinan los tópicos, los rasgos de estilo y el perfil de personajes del resto de la saga.  Las mismas persecuciones, las mismas maquinaciones e incluso el mismo prototipo de villano, encarnado aquí por Vincent Cassel.   Un ya madurito Matt Damon vuelve a interpretar, con notoria desgana, al superagente Jason Bourne, acompañando una vez más por la pizpireta Julia Stiles y enfrentado a una ambigua y muy poco creíble Alicia Vikander.  Decepción.

Calificación:  5 (sobre 10)

martes, 6 de septiembre de 2016

Cine actualidad/ "NO RESPIRES"

  
Respirando cine

Las películas de terror son, a menudo, considerables éxitos de taquilla.  ¿El motivo?  Es doble:  por un lado, para poner en marcha uno de estos films no es necesario un presupuesto demasiado elevado, por lo que una buena recaudación permite una rentabilidad asegurada;  por otro, es un claro ejemplo de cómo compartir una experiencia en un cine (rodeado de espectadores asustados que chillan al unísono) mejora la visualización en solitario.

“No respires” es la segunda película norteamericana del joven realizador uruguayo Federico “Fede” Alvarez.  Auspiciado de nuevo por Sam Raimi, que ya le produjese la revisión de su propio éxito “Posesión Infernal”, Alvarez continúa explorando la senda del terror, sólo que en una vertiente bastante más sutil.

Rocky, Alex y Mony son tres jóvenes desarraigados que se dedican a desvalijar casas mientras sus propietarios están ausentes.  Un mal día, deciden que su próximo objetivo debe ser la casa de un hombre ciego que supuestamente guarda una pequeña fortuna.  Como la víctima es un invidente, consideran que ni siquiera hay que esperar a que el dueño haya salido…

Como sabéis, me gusta el cine, el cine en general, pero hay ocasiones en las que, sin esperarlo, me doy de bruces con algo realmente cinematográfico, y en esos momentos disfruto sin medida ni paliativos.  “No respires” es una de esas ocasiones.  El séptimo arte es una fusión de varios elementos (historia, imagen, música), pero no cabe duda de que lo más propio e inherente al cine en sí es la imagen.  Incluso prescindiendo de diálogos o de un guión ortodoxo, se puede concebir una película basada en el poder y la magia de lo visual.  Utilizando un escenario prácticamente único, un elenco actoral exiguo y prescindiendo del diálogo cada vez que puede, Fede Alvarez consigue un producto modélico que me sorprendió y me cautivó.

Porque esto es cine en estado puro:  fotografía, montaje y puesta en escena, hilvanados con verdadero talento y hermanados con uno de esos diseños de sonido capaces de quitar el hipo.  Tratándose de una película protagonizada por un ciego, no cabe duda de que el sonido era primordial, y aquí luce como hace tiempo que no lucía.

Demostrando que en el cine lo principal es lo que se ve, y que lo que se ve y se cuenta debe ser inteligible con apenas unos breves apuntes, Alvarez nos regala una experiencia que espero que los verdaderos aficionados al cine sean capaces de valorar, sean adeptos o no al terror.  Además, nos descubre a una prometedora actriz que sin duda subirá como la espuma (Jane Levy), y nos confirma la rotundidad con que es capaz de impactarnos un eterno secundario como Stephen Lang, el cruel militar de “Avatar”.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, el sonido, el montaje
Lo peor:  ciertos tópicos y concesiones al subgénero de psicópatas imposibles de matar
El cruce:  “Halloween” + “Monster House” + “La jungla de cristal”
Calificación:  8,75 (sobre 10)

sábado, 3 de septiembre de 2016

Cine actualidad/ “BEN-HUR” (2016)

Una historia de los tiempos del circo (romano)

Debía tener 10 ó 11 años cuando mis padres me llevaron al cine a ver “Ben-Hur” (William Wyler, 1959) por primera vez.  Por alguna razón que no logro recordar, no pudimos llegar puntuales y entramos con la película ya empezaba, en la (antológica) escena en la que Ben-Hur y Messala se reencuentran después de muchos años y enjugan su morriña a lanzada limpia.  De aquella primera visualización, recuerdo sobre todo los delfines dorados bajando implacables para marcar la finalización de cada vuelta de la carrera de cuadrigas;  en cuanto al comienzo que nos habíamos perdido, simplemente nos quedamos cómodamente sentados en nuestras butacas hasta que empezó el siguiente pase, algo impensable en nuestra época actual, casi tanto como el mero hecho de que en un cine de Alicante se repusiera “con honores de estreno” una película que ya contaba con 15 primaveras…

Desde entonces, he vuelto a ver aquella maravillosa “Ben-Hur” en innumerables ocasiones:  en el cine-club de mi colegio, dos o tres veces más en pantalla grande, unas cuantas en video VHS, 4 ó 5 en DVD de doble capa y al menos 3 en su última encarnación en Blu-Ray, amén de los incontables pases televisivos en los que, sin sentarme a verla entera, he presenciado gran parte de su antológico metraje (3 horas y 44 minutos).

No sería justo censurar la misma existencia de la nueva versión de “Ben-Hur” estrenada ayer entre nosotros, y no lo sería, en primer lugar, porque mi venerada película del ‘59 ya era un remake de la adaptación anterior de Fred Niblo de 1925, la cual, a su vez, reversionaba una primera aproximación que realizara un tal Sidney Olcott en 1907.  No, el hecho de perpetrar una nueva interpretación de un material existente no tiene por qué ser malo….  siempre y cuando se haga con el propósito de mejorar lo conocido, o, como mínimo, de darle una vuelta de tuerca, de ofrecer un punto de vista sustancialmente distinto.  Cuando, hace ya un par de años, se difundió la noticia de que Hollywood había dado luz verde a una nueva traslación al cine de la gran novela de Lewis Wallace (publicada originariamente en 1880), lo primero que sentí fue…  curiosidad.  Por supuesto, algo en plan “¿Cómo se atreven?”, pero también “¿Quién se atreve?”.  La elección del kazajo Timur Bekmambetov como director del film me dejó helado, y en seguida imaginé cómo podría este señor, cuya “Wanted” me gustó tanto como me decepcionó su siguiente “Abraham Lincoln, Cazador de vampiros”, interpretar las peripecias del judío Judá Ben-Hur y el romano Messala:  un escalofrío recorrió mi espina dorsal.  Luego, trascendieron los primeros rumores sobre el posible reparto, con el excelente Tom Hiddleston de protagonista…  hasta que el hombre, con buen criterio, optó por bajarse del carro.  El elegido fue Jack Huston (espera, ¿Jack… quién?), y su oponente, el repelente Toby Kebbell (uno de los actores jóvenes que menos me gustan).  El primer tráiler que pude ver confirmó mis peores presagios:  ordenador a diestro y siniestro, una ambientación de lo más artificial y un despliegue de espadazos al estilo “300” que tiraba de espaldas.  Con todo, el siguiente avance me gustó mucho más, me gustó realmente, y, cuando he acudido al cine, lo he hecho con la esperanza de que la película me agradase siquiera un poco, de que su monumental e irreversible batacazo comercial en su estreno estadounidense se debiera más a la inadecuación de la fecha de su estreno (¡cuánto mejor hubiera sido empaquetarla hasta la Semana Santa de 2017!) o simplemente a que el público eminentemente juvenil no había conectado con el trasfondo religioso inherente a la historia.

En el inicio de “Ben-Hur (2016)” ya estriba su primer gran error:  se abre con un fragmento de la carrera de cuadrigas, que muy pronto se encadena con una especie de flashback de los medio hermanos Ben-Hur y Messala galopando fraternalmente  años atrás.  Si enseñas tu mejor baza al principio, ¿qué te dejas para el final…?  Luego, se suceden 15 ó 20 minutos de escenas “nuevas”, esto es, circunstancias y situaciones que no aparecían en el film de Charlton Heston, y en las que te puedes hacer una acertada idea de lo que será lo que viene después:  diálogos ñoños, ritmo demasiado acelerado, ausencia de dramatismo, el peor Messala posible…  y, eso sí, un Ben-Hur inesperadamente bueno.  Cuando comienzan a sucederse los mismos hechos que en la película de William Wyler, resulta imposible no rendirte a la comparación.  Y en esa comparación, la película de Bekmambetov pierde por goleada en cada aspecto, en cada matiz.  No hay absolutamente nada, pero nada de nada, en lo que la versión de 2016 supere a la de 1959.  Ni en guión, ni en diálogos, ni en dirección, ni en interpretación, ni en fotografía, ni en ambientación ni, sobre todo, en música.  La carrera de cuadrigas a la que aludíamos anteriormente dicen que ha sido filmada lo más físicamente posible (cosa que, obviamente, es falsa), pero es que, aun así, es deudora plano a plano de la que supervisase hace 57 años el especialistas Yakima Canutt.  Esta secuencia, como todas las demás, tiene un algo de irreal, de artificiosa, de in-creíble.  Ciertamente quiere ser épica y grandiosa, pero ciertos detalles la van sumiendo en la mediocridad, la anulan en su propósito de mejorar lo inmejorable.  La carrera en la que competían Charlton Heston y Stephen Boyd tenía el encanto de lo auténtico, de lo real, y aun hoy es un ejemplo insuperable de planificación, rodaje y montaje;  era tan perfecta que Wyler decidió prescindir de música para acompañarla.  La secuencia que protagonizan Jack Huston y Toby Kebbell necesita apoyarse en la (intrascendente) partitura de Marco Beltrami, y, aun así, acaba por frustrar las elevadas expectativas.

¿Tenía realmente sentido perpetrar este remake de “Ben-Hur”?  Objetivamente, no.  ¿Era Timur Bekmambetov, de entre todos los directores de la actualidad, el más indicado para llevarlo a cabo?  Rotundamente, no.  ¿Podría haber sonado la flauta por casualidad?  Sinceramente, yo hubiera querido que sí.  Porque me gustaba el cine épico, el gran péplum, porque añoraba aquellos tiempos de ir al cine con mis padres.  Pero los tiempos han cambiado y la nueva “Ben-Hur” parece dirigida a adolescentes idiotas que consideran un logro haber dejado a sus padres en casa.  Superficial, prescindible y muy decepcionante, no deja de sorprender (negativamente) hasta el último momento,  ofreciendo uno de los finales más bochornosos y ridículos que he presenciado en años.

Luis Campoy

Lo mejor:  Jack Huston (por decir algo)
Lo peor:  Toby Kebbell y casi todo lo demás
El cruce:  “Ben-Hur” (1959) + “Gladiator” + “300”

Calificación:  4,5 (sobre 10)