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miércoles, 20 de julio de 2016

La historia de Village People

La pintoresca Gente del Village

El fenómeno de la llamada “música disco” estaba en pleno apogeo.  Todos bailábamos al son de Michael Jackson, Tina Charles, Rod Stewart, Barry Manilow y, sobre todo, los Bee Gees, cuya banda sonora para la película “Fiebre del Sábado Noche” se convirtió en el LP más vendido de la historia.  Las discotecas de todo el mundo, con la neoyorquina Studio 54 a la cabeza, y los más afamados productores del género se afanaban en la búsqueda de músicos y disc jockeys capaces de revolucionar aquel lucrativo mercado Dos jóvenes franceses, Jacques Morali y Henri Belolo, casi recién aterrizados en los USA, consiguieron que, en muy poco tiempo, su música llenara las pistas de baile y sus melodías fueran tarareadas por millones de personas a las que les era ajeno el acusado componente (homo)sexual del grupo que crearon y que les inmortalizaría.  Esta es la historia de sus majestades…  los Village People.

Principios de los años 70.  Jacques Morali (1947-1991), nacido en el Marruecos francés, fue víctima de los caprichos de una madre empecinada en que sus hijos tenían que ser niño y niña a toda costa, de modo que a uno de ellos decidió vestirlo desde la cuna como a una chica, causándole una lógica confusión sexual.  El pobre Jacques vivió un pequeño infierno hasta que, en 1971, conoce en París al que sería su mejor amigo y socio Henri Belolo (n. 1936).  Belolo, nacido en Casablanca, llevaba ya algunos años tratando de abrirse camino en el mundo de la música, y acababa de abandonar la discográfica Polydor para crear su propio sello Scorpio.  Morali, enamorado de la música y el baile, tenía varias maquetas con algunos temas propios que quería grabar en un estudio profesional.  Belolo se enamoró de aquellos temas rítmicos y pegadizos y fue capaz de ver más allá:  Francia se les iba a quedar pequeña y necesitaban ser mucho más ambiciosos;  casi sin pensárselo dos veces, volaron a los Estados Unidos, la meca de la Disco Music.  Primero en Philadelphia, posteriormente en San Francisco y finalmente en Nueva York, Morali y Belolo comenzarona a abrirse camino, primero en bares de ambiente gay y, posteriormente, en toda una suite de Madison Avenue, en pleno Greenwich Village.  Sus primeras clientas de postín fueron las Ritchie Family, cuya carrera algo alicaída supieron relanzar con éxito.  Entonces entra en escena Victor Willis (n. 1951), un joven cantante que había estrenado el musical “The Wiz” en Broadway en 1976.  Victor y Jacques Morali se conocieron y enseguida hicieron buenas migas.  Ambos eran ambiciosos y querían llegar a lo más alto, y la excelente voz de Willis cautivó al francés.  Después de grabar algunas demos de temas como “San Francisco (You’ve Got Me)” e “In Hollywood (Everybody Is A Star”, compuestas por Morali, este último le dijo a su nuevo amigo que “había soñado que era la voz principal de su nuevo álbum”.  En aquellas primitivas maquetas, Victor Willis se encargaba tanto de los solos como de los coros, de modo que Henri Belolo recorría los despachos de varias majors discográficas dejando caer la idea de que estaba promocionando al grupo que iba a revolucionar las discotecas.  El concepto caló hondo en los dirigentes de Casablanca Records, quienes estuvieron dispuestos a comprar el producto con la condición de que en las actuaciones en directo existiese un conjunto real que respaldase la actuación del solista.

Jacques Morali, influenciado por el ambiente desenfadado y libertino de los bares de temática homosexual que le eran tan familiares, pensó que un grupo de hombres corrientes tendría poca aceptación, de modo que se le ocurrió la idea de vestirlos de iconos de macho gay.  Así, en su nueva formación habría un policía, un motorista, un soldado, un albañil, un vaquero e incluso un indio.  Con una actuación contratada en el famoso National Bandstand de Dick Clark, Morali y Belolo lanzaron una campaña publicitaria destinada a encontrar “cantantes machos que también pudieran bailar”.  Tras no pocos castings, en 1977 se presentó al público Village People, es decir, “Gente del Village”, cuya alineación original era la siguiente:  Victor Willis (policía, voz solista);  Felipe Rose (indio);  Glenn Hughes (motorista);  Alex Briley (soldado);  Mark Mussler (muy pronto reemplazado por David Hodo) (albañil);  y Dave Forrest (sustituído por Randy Jones) (cowboy).  Sus primeros éxitos (las citadas “San Francisco” e “In Hollywood”, además de “Fire Island” y, sobre todo, “Macho Man”) eran tan bailables como inequívocamente homófilos.  Pero los ejecutivos de Casablanca comprendieron que se hallaban ante un auténtico filón y decidieron que sería un error limitar el éxito del grupo a un público exclusivamente homosexual.

De este modo, se contrató a un par de nuevos letristas, Phil Hurtt y Peter Whitehead (aunque las canciones las firmaban, a seis manos, Jacques Morali, Henri Belolo y Victor Willis), y a partir de 1978 empezaron a surgir inmensos éxitos multitudinarios como la archifamosa “YMCA”.  “YMCA” eran las siglas de “Young Men Christian Association”, Asociación de Jóvenes Cristianos, a los que les hizo maldita la gracia que un grupo tan sospechososamente inmoral utilizara sus gimnasios como escenario para un videoclip lleno de bailes demasiado insinuantes.  Con todo, la canción se escuchó de punta a punta del mundo mundial y puedo juraros por Snoopy que los jóvenes alicantinos de finales de los años setenta no teníamos constancia de que bailábamos música “disco gay”.  Tras “YMCA”, los Village People obtuvieron otros "hits" clamorosos como “In The Navy” (cuyo videoclip se grabó en instalaciones navales auténticas, razón por la que, posteriormente, la Armada estadounidense intentó boicotear la canción tras ver los “bailecitos” del sexteto) y “Go West”, que se erigió muy pronto en himno de la comunidad homosexual de San Francisco y que, años después, fue versionada por el dúo gay por excelencia, Pet Shop Boys.

Village People saboreaban las mieles del éxito y, sin embargo, las ventas de sus sencillos comenzaban a decaer levemente.  A alguien se le ocurrió la magnífica idea de que su fama podría trascender las fronteras de la música, y enseguida surgió la figura del productor Alan Carr, que acababa de hacerse de oro con la versión cinematográfica del musical “Grease”.  La película subsiguiente, “Can’t Stop The Music” (“Que no pare la música”, 1980), nació cuando la música disco languidecía.  Además, a Victor Willis le entraron ínfulas de prima donna y se marchó dando un portazo;  su vacío lo llenó un tal Ray Simpson (hermano de Valerie, la mitad del dúo Ashford & Simpson), pero la nueva formación no estaba lo suficientemente consolidada cuando el film comenzó su rodaje.  Sin embargo, lo peor de todo fue que el guión era un auténtico disparate, los diálogos peor que ridículos y la dirección, a cargo de la actriz Nancy Walker (la “chacha” de la serie “El comisario MacMillan y señora”), un total sinsentido.  Con Steve Guttenberg interpretando al joven compositor Jack Morrell (es decir, la americanización de Jacques Morali) y Paul Sand haciendo de productor musical (guiño evidente a Henri Belolo), el reparto de “Que no pare la música” incluía a la explosiva Valerie Perrine (Ia famosa Eve Teschmacher de “Superman”) y al exjugador de rugby Bruce Jenner, que hace pocos años se cambió de sexo y ahora se hace llamar Caitlin Jenner;  junto a ellos, aparecían los Village People interpretándose a sí mismos y destapando, por fin, sus auténticas esencias:  la secuencia de “YMCA” estaba planificada en un gimnasio poblado por un sinfín de tipos musculosos y sudorosos ligeros de ropa, y el número final “Can’t Stop The Music” parecía toda una declaración de principios, con los cantantes manteniendo su característica indumentaria pero potenciando los tonos rosas y lilas, y contoneando el culo sin pudor.  La película se alzó con el primer Golden Raspberry (“Razzie” para los amigos) de la Historia, y se dio un inmenso batacazo en taquilla, tan enorme y rotundo que Village People jamás se recuperó.


En 1981, el cowboy Randy Jones dejó el grupo y fue suplido por Jeff Olson.  Los nuevos Village People intentaron cambiar de imagen y sustituyeron sus disfraces clásicos por un nuevo look de estética new wave, pero el disco resultante (“Renaissance”, es decir, “Renacimiento”) constituyó otro fracaso comercial.  Para el siguiente álbum de estudio, “Fox On the Box” (1982), en cuya promoción retornaron, ya para siempre, a la pintoresca indumentaria que les había otorgado la fama, Victor Willis decidió reincorporarse brevemente, pero las ventas no acompañaron, y cuando en 1985 se editó el último álbum oficial de la banda, ya no estaban ni Willis ni Ray Simpson (reemplazado por Miles Jaye) ni David Hodo (al que sustituyó Mark Lee).  Desde entonces, y a pesar de que, como digo, ya no se ha vuelto a grabar material nuevo, Village People se ha obstinado en subsistir a cualquier precio, en base a pequeñas mini-giras o contadas actuaciones televisivas aquí y allá, con una formación cambiante en la que cada cierto tiempo se reincorporan algunos de los miembros primigenios.  Ni siquiera la desaparición de su creador y mentor Jacques Morali (muerto de SIDA en 1991 a los 44 años de edad) y el motorista original Gleen Hughes (fallecido de cáncer en 2001) ha puesto punto y final a la actividad de esta pintoresca banda.  Dirigida con mano de hierro por su eterno productor Henri Belolo, Village People constituye una reminiscencia de una época gloriosa (los años dorados de la música disco), y, como todas las ilusiones y los sueños, se resiste vivamente a desaparecer del todo.

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