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lunes, 25 de abril de 2016

Cine actualidad/ "TORO"

Policíaco a la andaluza

Nos guste o no, “Ocho apellidos vascos” supuso un antes y un después en el hasta entonces maltrecho panorama de la cinematografía española.  Desde el muchimillonario éxito de la comedia de Emilio Martínez Lázaro, es más que patente un incremento del interés del público en las producciones patrias, las cuales ya no sólo se limitan a abordar comedias costumbristas o melodramas encuadrados en nuestra trilladísima Guerra Civil.  Apuestas por el cine de género tan afortunadas como “La isla mínima”, “El Niño” o la reciente “Cien años de perdón” deben mucho al film protagonizado por Dani Rovira, que parece que ha animado a las televisiones a lanzarse con más vehemencia a la producción de películas que luego, anunciadas a bombo y platillo en la correspondiente cadena de turno, son estrenadas en olor de multitudes y, con suerte, logran atraer a no pocos televidentes zombificados, además de a los auténticos cinéfilos ansiosos de descubrir a los nuevos Almodóvar, Saura o Garci.

Toro es un joven delincuente que, tras cinco años en la prisión de Málaga, está a punto de cumplir su condena y tiene el firme propósito de redimirse.  Pero el penúltimo chanchullo de su hermano, López, y la asfixiante presión en torno a ellos del patriarca mafioso Romano, le harán comprender que cada uno tiene un destino del que no puede escapar, y el suyo está escrito con sangre…

Tras su celebrado debut con “EVA”, “Toro” constituye el segundo largometraje del director barcelonés Kike Maíllo, que, contra pronóstico, ha cambiado las localizaciones catalanas por unos reconocibles paisajes malagueños.  De hecho, Andalucía y su idiosincrasia particular (ese flamenco y esa Semana Santa siempre subyacente) aportan un sustrato que contemporiza y define una trama que, sin tales aditamentos, podría haberse desarrollado en cualquier otro lugar del mundo.  El tema de la pervivencia del pasado y la irrefrenable recaída hacia la violencia ha servido de base a innumerables thrillers recientes como “Drive”, “Tokarev” o “The Equalizer”, y Maíllo se los ha visto todos y no duda en homenajear sus turbulentas imágenes al son de las marchas semanasanteras arregladas por Joe Crepúsculo.

A pesar de unos errores muy evidentes (a la consabida pésima dicción de Mario Casas se aúna un trabajo de maquillaje y peluquería digno de todo tipo de chistes y burlas) y de las obvias y nada disimuladas referencias a los títulos citados en el párrafo anterior, “Toro” se beneficia de una puesta en escena realmente notable, y de las excelentes interpretaciones de Luis Tosar y un José Sacristán sencillamente impresionante.  Incluso Mario Casas, una vez asumidas sus taras verbales, realiza una interpretación aceptable, sobre todo en lo puramente físico.  Destacar también la presencia de secundarios a tener en cuenta como Claudia Canal, José Manuel Poga, Ingrid García Jonsson o el televisivo Alberto López.

En definitiva, una estimable propuesta que se ve con agrado y que nos demuestra que, cuando queremos, también sabemos realizar thrillers opresivos y violentos que no tienen nada que envidiar a los de otras nacionalidades.

Luis Campoy

Lo mejor:  José Sacristán, la fotografía, el montaje
Lo peor:  la dicción de Mario Casas (bueno, esto ya no es novedad), los horripilantes postizos capilares (¡esas patillas pintadas…!)
El cruce:  “Drive” + “Tokarev” + “The Equalizer”

Calificación:  7 (sobre 10)

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