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lunes, 28 de marzo de 2016

Cine actualidad/ “BATMAN v SUPERMAN: El Amanecer de la Justicia”

Titanes frente a frente

Hay películas condenadas desde su misma génesis a convertirse en algo más que en películas:  acontecimientos.  El penúltimo ejemplo de ésto lo tuvimos hace apenas tres meses, con el estreno masivo (y muchimillonario) del séptimo episodio de “Star Wars”, y el último lo llevamos experimentando desde el pasado miércoles.  Como aficionado al cómic o como simple observador de la evolución de la cultura popular de los siglos XX y XXI, no es de extrañar que el enfrentamiento entre dos de los personajes de historieta más famosos de todos los tiempos, que al mismo tiempo son iconos y referentes universales, haya creado un inmenso “hype”, una expectación tan difícil de contener como de cuantificar.

Batman y Superman son aliados en los comics de la editorial DC, pero en el devenir de su larga historia conjunta han pasado por todo tipo de fases, incluyendo la de intercambiar sopapos desenfrenadamente.  El Hombre de Acero de Metrópolis y el Murciélago de Gotham han generado litros y litros de tinta desde que el primero debutó allá por 1933 y el segundo inició su andadura seis años después, y entre ambos reúnen a una millonaria legión de fans.  No es de extrañar, pues, que Warner Bros., propietaria de los derechos cinematográficos de los personajes de DC, decidiera antes o después que había llegado la hora de levantar una película en torno a estos dos titanes, otorgándole un presupuesto elevadísimo y depositando en ella esperanzas casi ilimitadas.

Batman ha pasado varios años retirado y alejado del mundanal ruido, pero el devastador combate entre el alienígena volador al que la prensa llama “Superman” y su némesis kryptoniana, el General Zod, que ha provocado la destrucción de Metrópolis y la pérdida de un gran número de vidas humanas, le hacen salir de su enclaustramiento.  Un ser tan poderoso no puede campar libremente por el mundo, y hay que hallar la forma de contenerle e incluso de neutralizarle si es necesario…

Vivimos una época convulsa en la que las salas de cine se vacían y las películas se ven en televisores, ordenadores, tabletas o incluso en las minúsculas pantallitas de los teléfonos móviles.  Los fenómenos cinematográficos escasean, ni siquiera los Oscar auguran el respaldo comercial y los mandamases de los grandes estudios se aferran como lapas a un último recurso que, también, está en peligro de agotarse:  los tebeos, el Noveno Arte.  Basta que una de las dos grandes editoriales norteamericanas (Marvel) haya llevado a la pantalla a lo más selecto de su panteón con resultados más que alentadores, para que su Distinguida Competencia haya decidido hacer lo propio.  Después del beneplácito otorgado a la excelente trilogía de Christopher Nolan sobre el Hombre Murciélago, del sonoro batacazo que se pegó “Green Lantern” y del agridulce sabor de boca que dejó (al menos a mí) “El Hombre de Acero”, los capitostes de DC han encargado al realizador de esta última, Zack Snyder, la elaboración de una secuela que no sólo continuase allá donde acababa la anterior aventura del nuevo Superman, sino que asentase las bases de lo que, en muy poco tiempo (dos entregas programadas para 2017 y 2019), se pretende que sea el equivalente de la muy exitosa “Los Vengadores” de Marvel:  “La Liga de la Justicia”.

Es Zack Snyder un director irregular, de ésos que poséen un incuestionable talento visual, pero que, para desarrollarlo satisfactoriamente, necesitan un soporte literario escrito con una férrea caligrafía.  “Amanecer de los muertos” contaba con un buen texto a cargo de James Gunn, “300” reconstruía (y a veces hasta fotocopiaba) la novela gráfica de Frank Miller y “Watchmen”, irregular e imperfecta, fascinaba por su clasicismo de fan apasionado.  Pero, ay, cuando presentó su reconstrucción de Superman en “El Hombre de Acero”, quedaron de manifiesto sus tres grandes defectos:  conformarse con un guión más bien simple y trufado de diálogos insulsos;  exponer un nivel de destrucción tan superlativo como gratuito e innecesario, y confiarse a una tecnología digital que, creyendo que hace posible lo imposible, lo único que logra es que todo parezca artificioso e irreal.  Como era lógico y de esperar, “Batman v Superman” vuelve a incidir en estos mismos errores, con la única salvedad de que los diálogos parecen algo más trabajados.  Con todo, la necesidad de conferir entidad y dramatismo a las diversas subtramas planteadas, hace que surja un nuevo hándicap:  la duración.  Al parecer, la primera versión del film rondaba las tres horas, pero finalmente Snyder ha aceptado recortarla en unos treinta minutos, lo cual sigue siendo a todas luces excesivo para una película de superhéroes.

Ahora bien, ¿es “Batman v Superman” una simple película de superhéroes?  Viéndola, es evidente que, desde el mismísimo inicio, se aspira a más, mucho más.  Yo diría que las intenciones de Snyder y su equipo eran las de haber facturado un “Superciudadano Kane”, un espectáculo magno y solemne que sólo contuviese acción en su parte final.  La ocasión, de algún modo, se prestaba a ello:  Superman y Batman, por fin juntos…  ¿podría existir un acontecimiento más necesitado de solemnidad?  La verdad es que, desde luego, era preciso que tal emparejamiento no se tomase a la ligera, pero la película se resiente de un exceso de trascendencia, de un derroche de oscuridad.  Es evidente que, sobre todo a raíz del fracaso de la citada “Green Lantern”, se ha decidido que lo dramático, lo oscuro, y lo tenebroso sean los rasgos de la DC cinematográfica, obviamente para distinguirla de la ligereza y el humor de algunos de los éxitos de Marvel.  Yo no lo niego:  prefiero “Los Vengadores” (e incluso su mediocre secuela, “La Era de Ultrón”) a “Batman v Superman”, y no sólo por ser lector habitual de los comics marvelitas y sólo muy ocasional de las historietas de DC.  También prefiero (un millón de veces) el “Superman” de Christopher Reeve a “El Hombre de Acero”, pero es que también me gustan mil veces más “Batman Begins” y “El Caballero Oscuro” que, por ejemplo, “Thor” y “Ant Man”.  Quiero decir que, en líneas generales, soy más partidario de las adaptaciones comiqueras dotadas de algo de humor, pero si éste no tiene razón de ser, puedo perfectamente prescindir de él, con tal de que el tono del film sea el que tiene que imperar, y no se carguen las tintas donde no procede.  Excederse en el drama, la destrucción, la oscuridad y la mal entendida solemnidad me parecen errores cuando de lo que estamos hablando, al fin y al cabo, es de la traslación de un tebeo.

Dicen que, en cualquier obra en la que destaca un héroe, debe haber un villano digno de él.  En este caso, vuelve a no cumplirse esta máxima, por cuanto el enemigo que enfrenta a Batman y a Superman no es otro que Lex Luthor, el archirrival de este último, sólo que absurdamente rejuvenecido para adecuarlo a los rasgos (y los histrionismos) de un nefasto Jesse Eisenberg.  Lo de Luthor, para mí, es lo peor de la función:  sus gestos, sus ademanes y, encima, su pésimo doblaje le convierten en el más evidente punto flaco del film.  En el lado contrario, tenemos la vuelta de Henry Cavill como Superman, y el (polémico) debut de Ben Affleck como Batman.  Parece que se ha creado la corriente de opinión de que Affleck, contra todo pronóstico, es el mejor Batman de la Historia;  a mí, desde luego, no me parece mejor que el encarnado por Christian Bale en la trilogía de Nolan, pero tampoco peor.  Yo les otorgaría un empate técnico, valorando positivamente la virulencia y mala leche que destila Affleck.  Eso sí, en la pugna por ser el mejor Bruce Wayne, colocaría a Bale e incluso a Michael Keaton (el Batman de Tim Burton) por delante de Ben Affleck, quien abusa en su composición del millonario de una expresión avinagrada y chulesca no siempre justificada.  Henry Cavill hace lo que puede como Superman, y vuelve a naufragar como Clark Kent, que adolece de escenas sin garra y parlamentos insípidos.  Da pena lo desperdiciados que están Laurence Fishburne y Holly Hunter, pero es agradable contemplar al Alfred activo y colaborador que encarna Jeremy Irons.

No creo que “Batman v Superman” sea la gran película que los fans más acérrimos pretenden, pero tampoco la basura infecta que algunos están describiendo.  No creo que cualquier film de estas características tenga como obligación erigirse en el mejor o en el definitivo en su género, sino simplemente resultar entretenido y atraer al público a las salas.  Creo que siendo más humilde, menos larga y algo más divertida le habría ido mejor a “Batman v Superman”, pero aun así, si obviamos a sus villanos (si Luthor se hace intragable, el Doomsday digital no resulta mucho más interesante) y si pasamos por alto el pequeño detalle de que, para presenciar sus mayúsculas escenas de combate, hay que tragarse más de una hora de introducción más bien tediosa, tengo que reconocer que la película merece la pena.

Luis Campoy

Lo mejor:  Batman/Affleck, Cavill/Superman y Gal Gadot/Wonder Woman…  la génesis de la Liga de la Justicia
Lo peor:  el exceso de grandilocuencia, el exceso de oscuridad, el exceso de destrucción…  y sobre todo, el exceso de Lex Luthor
El cruce:  “El Hombre de Acero” + “El Caballero Oscuro” + “El Increíble Hulk”

Calificación:  7 (sobre 10)

lunes, 14 de marzo de 2016

Cine actualidad/ "TRUMAN"

Goyas a la vida

No se trata de la biografía de Harry S. Truman, trigésimo tercer presidente de los Estados Unidos y que pasará a la historia por haber ordenado el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima;  tampoco de una remembranza del genial escritor Truman Capote, artífice de las magníficas “A sangre fría” y “Desayuno con diamantes”.  En realidad, el “Truman” del título de la película que hoy comentamos, triunfadora en la última entrega de nuestros premios Goya, no es sino un perro, testigo cuadrúpedo de una amistad entre dos hombres que se reúnen en circunstancias no demasiado halagüeñas…

Julián es un actor argentino afincado en Madrid, y Tomás, un matemático madrileño que se ha ido a trabajar a Canadá.  El motivo de su reunión no deja de ser triste:  el primero ha contraído cáncer y, harto de que la quimioterapia no surta efecto, ha decidido abandonarla y dejarse morir de forma natural.  Sin embargo, durante cuatro días inolvidables, ambos revivirán los mejores momentos de su amistad y comprobarán que hasta en las postrimerías de la vida se pueden hallar razones para sonreir…

Es precisamente este último el gran mensaje de “Truman”:  ante la irreversibilidad de la muerte anunciada, hay dos formas de afrontarla, y llorar encerrado en casa no es la más acertada.  Así, la entereza y coraje de Julián contrastan con la melancolía y el pesimismo de Tomás, y no cabe duda de que el director y guionista Cesc Gay toma partido abiertamente por el primero.  Naturalmente, esta historia plasmada sobre el papel necesita de un par de actores talentosos para provocar el efecto deseado.

Ricardo Darín, uno de los mejores actores hispanoparlantes, realiza uno de sus mejores trabajos en la piel de Julián, un hombre que experimenta un sinfín de emociones (alegría, tristeza, valor, miedo…) sin que ello modifique un ápice su determinación de no depender de la medicina para alargar su agonía.  Maravilloso Darín…  Junto a él, un correcto Javier Cámara sirve de contrapunto y hace las veces de testigo y representante del espectador, aunque es obvio que él y Darín juegan en ligas diferentes.  Otro aliciente de la película es la aparición de varios actores más o menos famosos (José Luis Gómez, Eduard Fernández, Pedro Casablanc, Javier Gutiérrez, Elvira Mínguez…) para dar vida a los diversos personajes con los que Julián y Tomás van encontrándose, y que hacen de catalizadores para que el enfermo exhiba su dignidad y su decisión de despedirse del mundo subsanando sus errores pasados.

Un apunte estético de la planificación de Cesc Gay se me quedó nítidamente grabado:  Julián y Tomás conversan en una cafetería, y su conversación se plasma mediante los clásicos planos cortos (plano y contraplano),  sin embargo, cuando Julián comprueba que incluso quienes antaño le odiaban son ahora capaces de perdonarle, el plano se agranda y una luminosidad proveniente del ventanal que hay tras ellos inunda la pantalla:  la luz resplandece hasta en la oscuridad de la muerte.  Por el contrario, quiero exponer algo que me pareció desagradable y equivocado, y que tiene lugar casi al final del film.  Tomás y Paula (Dolores Fonzi), la prima de Julián, hacen el amor en el hotel del primero, supongo que como una forma de homenajear a la vida y a la pasión por vivirla;  hasta aquí nada que objetar.  Sin embargo, el modo en que se visualiza la escena, con ambos desnudos en una pose demasiado explícita y un plano excesivamente alargado, me pareció de mal gusto y chabacano, desconectado del espíritu que hasta entonces había cohesionado la película.  Con todo, “Truman” constituye una experiencia muy inspiradora a la hora de afrontar la enfermedad con una sonrisa, y sólo por eso ya es totalmente recomendable.

Luis Campoy

Lo mejor:  Ricardo Darín, inconmensurable
Lo peor:  cierta escena de sexo filmada con muy mal gusto
El cruce:  “ma ma” + “Mi vida es mía” + “Mi vida”

Calificación:  8 (sobre 10)