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lunes, 29 de febrero de 2016

Oscars 2015

Los reporteros se llevan la piel del oso

Hace ya 33 que adquirí la insana costumbre de trasnochar como un noctámbulo impenitente cuando llegaba la noche mágica de los Oscar.  Creo que la primera vez que acometí tal locura fue en 1983, cuando la mastodóntica “GANDHI” de Richard Attenborough se alzó con los galardones principales, “E.T., EL EXTRATERRESTRE” de Steven Spielberg obtuvo los premios técnicos y la española “VOLVER A EMPEZAR” de José Luis Garci fue elegida como Mejor Película de Habla No Inglesa.

Desde entonces hasta ahora, mucho ha llovido y la retransmisión televisiva de la Gala del cine ya no tiene lugar en la Primera Cadena de Televisión Española, y ni siquiera en Antena 3, que adquirió posteriormente sus derechos, sino en Canal +, bofetada en la cara a todos los cinéfilos que no podíamos costearnos la cuota mensual de aquella compañía.  Pero este año, tras muchos lustros de tener que conformarme con tirar de la radio y, más adelante, de internet, por fin he podido presenciar una ceremonia de Oscars de principio a fin, cómodamente y con la mejor calidad de imagen y sonido.

Los Oscar de 2015 (entregados en 2016) pasarán a la Historia porque por fin se ha hecho justicia o porque se ha cometido una injusticia;  porque, como siempre, se han cumplido muchos pronósticos y porque, sin embargo, a última hora se han incumplido otros.  Eran las 2.30 de la madrugada, hora española, cuando el cómico Chris Rock (el yerno de Danny Glover en “Arma Letal 4”) se erigía en impersonal maestro de ceremonias, y centraba casi todos sus chistes en la polémica por la ausencia de nominaciones para intérpretes de color.  También algunos presentadores aludieron a este espinoso asunto, pero al menos (y no como aquí en nuestros Goya) no sólo se limitaban a leer un sobre como si fueran autómatas, sino que intercambiaban algunos diálogos o se les veía durante la entrega previa de algún galardón.  Los primeros de la noche fueron para los que suelen ser los iniciadores del proceso de producción de una película:  los escritores.  “Spotlight” obtuvo el Oscar al mejor guión original, y “La gran apuesta” el de adaptado.  Enseguida empezó la lluvia de estatuíllas a favor de “Mad Max, Furia en la Carretera” (seis en total, todas en categorías técnicas), mientras que Alicia Vikander por “La chica danesa” y Mark Rylance por “El Puente de los espías” (destrozando los pronósticos que aupaban al ya casi setentón Sylvester Stallone por repetir por séptima vez su papel icónico de Rocky Balboa.  Como era de esperar, Emmanuel “El Chivo” Lubezki recibió el galardón a la Mejor Fotografía por “El Renacido”, “Del revés” lo petó en el apartado de mejor film de animación y la película húngara “El hijo de Saúl” fue la mejor en lengua extranjera.  El histérico Sam Smith casi nos deja sordos con sus grititos al entonar la canción ganadora de “Spectre” y un encorvado y venerable Ennio Morricone levantó por fin su Oscar merced a “Los odiosos ocho”, al tiempo que “Ex Machina” se llevaba el trofeo a los Efectos Visuales, que todos suponíamos que era un reducto reservado a “Star Wars”, la cual al final se fue de vacío.  La joven Brie Larson (26 años) llegó y besó el Santo gracias a su trabajo en “La Habitación”, y un grito de alivio recorrió el mundo mundial cuando Leonardo DiCaprio recibía el reconocimiento de la Academia después de cinco intentos baldíos.  El Oscar (segundo consecutivo) a Alejandro González Iñárritu como Mejor Director parecía abonar el terreno para que “El renacido” se llevase el premio gordo, pero aún quedaba una sorpresa de última hora y Morgan Freeman leyó que la Mejor Película del año era la correcta pero excesivamente fría “Spotlight”.


Como cada año, la lluvia de guerreros dorados no complació las expectativas de todos, y en los medios de comunicación he podido leer las más variopintas valoraciones.  Eso sí, a los que se limitan a tachar la ceremonia de este año de “larga, previsible y aburrida” les diría que dejen de reutilizar cada temporada las mismas frases hechas, ya que precisamente esta noche lo que más me han llamado la atención han sido las veces en las que la Academia se ha salido vilmente del guión previsto (Stallone, “El renacido”), que por cierto era lo que yo esperaba y a lo que había apostado…

martes, 23 de febrero de 2016

Cine actualidad/ "DEADPOOL"


Un mercenario bocazas, violento… y muy divertido

“Deadpool” es una carta de amor a los fans del comic creado por Fabian Nicieza (guión) y Rob Liefeld (dibujo).  Una carta de amor y una súplica de perdón por el desastre acaecido en la fallida “X-Men Origenes:  Lobezno“.

Cuando Deadpool (Masacre en España) irrumpió en los tebeos de Marvel Comics allá por 1991, la editorial no estaba preparada para un personaje así:  deslenguado, malhablado, violento, amoral…  No obstante, los textos y sobre todo los diálogos pergeñados por Nicieza describían a alguien que, a pesar de todo, enseguida acababa provocando la sonrisa y, por ende, la simpatía de los lectores.  Muy pronto, el llamado “Mercenario bocazas” contó con serie propia y se codeó con los pesos pesados del universo marvelita (especialmente con los mutantes y Spiderman), de modo que a muchos nos llenó de satisfacción el anuncio de que sería uno de los invitados de honor de Hugh Jackman en la referida “X-Men Origenes:  Lobezno“.  Sin embargo, a algún iluminado se le ocurrió la fantástica idea de que lo más adecuado era que aquel Masacre sui géneris (al que daba vida un perdidísimo Ryan Reynolds) debía aparecer sin su característico traje rojo y, lo que es peor en alguien que se caracteriza por su imparable verborrea, mudo y con los labios cosidos.  Un auténtico despropósito, que se pegó el batacazo que se merecía.

Siete años después, y contando con el actor Ryan Reynolds también en tareas de productor, Deadpool tiene una segunda oportunidad en el cine…  que esta vez no ha desaprovechado.  El propio Reynolds, devoto admirador del personaje, ha dedicado estos años de su vida a levantar este largometraje que, como decía al principio, es a la vez una disculpa pero sobre todo, una ferviente declaración de amor.  Y hay que reconocer que la cosa tiene su mérito, ya que, para poder ser fiel a la esencia del viejo Wade Wilson (identidad civil de Deadpool), la película ha sido calificada como “R” (Restricted) debido a las abundantes dosis de violencia y lenguaje soez.

Queda claro que “Deadpool” no es (o no debería ser) una película para niños, pero los adolescentes y los adultos sin prejuicios y con muchas ganas de pasarlo bien, la disfrutarán de lo lindo.  Puede que, juzgándola fríamente, sus evidentes carencias presupuestarias (razón por la cual su mastodóntica recaudación la ha convertido en el gran sleeper de estos últimos años) y la simplicidad de su guión (en el que sólo brillan, ¡y de qué manera! los apabullantes e ingeniosísimos diálogos a cargo del protagonista), dejen un poco que desear, pero el sólo hecho de su existencia, de su transgresora irreverencia, hará que los amantes del noveno arte se lo pasen pipa.  Destacar por último la entregada composición de Ryan Reynolds, indudable alma mater del proyecto, al que arropan unos muy efectivos Morena Baccarin, Ed Skrein y Gina Carano.

PD:  Hay escena post-créditos, luego no digáis que no estáis advertidos…

Luis Campoy

Lo mejor:  los diálogos y, en general, la valiente fidelidad al espíritu del personaje
Lo peor:  se le notan un poco las limitaciones presupuestarias y de guión
El cruce:  “Kick-Ass” + “Wanted” + “Commando”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 15 de febrero de 2016

Cine actualidad/ "A CAMBIO DE NADA"


Renovando el cine español

Gracias a la encomiable labor que realizan entidades sin ánimo de lucro como el Cine Club Paradiso de Lorca, al que mucho me honro de pertenecer, muchas películas que no han tenido cabida en las salas comerciales llegan por fin al público inquieto de ciudades como la mía.  Hace pocas semanas, pude disfrutar en una sesión “cineclubera” de la película “A cambio de nada”, debut como director de largometrajes del actor Daniel Guzmán (Roberto en la añorada serie “Aquí no hay quien viva”), y quiero expresar que aquella fue una tarde muy agradable para mí…

Inspirada vagamente en vivencias autobiográficas, “A cambio de nada” narra las peripecias de Darío, un chico de dieciséis años que, harto de las peleas entre sus padres divorciados e incapaz de hallar su propio lugar en el mundo, decide escaparse de casa e iniciar una vida en solitario, que le llevará a adquirir nuevas y enriquecedoras experiencias…

Recuerdo que durante los primeros compases de “A cambio de nada”, me persiguió constantemente la sensación de que, efectivamente, estaba ante la ópera prima de un director amateur, lo cual no es una vergüenza y menos cuando uno también hizo sus pinitos como realizador muchos años atrás…  No obstante, al ir avanzando el metraje, lo que prevalecen son unas situaciones que exhalan autenticidad, unos diálogos que fluyen sin artificios y unos actores que resultan tan naturales que se nota que han sido dirigidos por otro actor.

Guzmán hace de la sencillez su bandera, y la peripecia de Darío parece remitir a un clima más benévolo, el de las películas “sociales” del cine español de los setenta y primeros ochenta.   No por casualidad, la banda sonora se nutre de canciones de Julio Iglesias y Demis Roussos, y, si llegan a sonar también Los Chichos, no hubiera sido de extrañar que por una esquina aparecieran El Vaquilla, El Torete o cualquiera de aquellos iconos de José Antonio de la Loma.  La deriva de Darío y su inseparable Luismi no les hace adentrarse tanto en aquel universo de delincuencia, pero es indudable que “A cambio de nada” refleja meridianamente que en la adolescencia se cometen innumerables locuras mientras uno trata de hallarse a sí mismo.

Ganadora, entre otros, del premio Goya al mejor actor novel, “A cambio de nada” tiene en el joven Miguel Herrán (19 años) a su intérprete ideal, con ese aire de Hayden Christensen mezclado con Fran Perea;  Herrán agradeció a Daniel Guzmán que, con su elección para la película, le hubiese brindado “una vida nueva”, y es cierto que el cine español puede ganar un intérprete con un futuro prometedor.  Pero si Herrán está bien, sus compañeros no le andan a la zaga:  Antonio Bachiller (el orondo LuisMi) es un auténtico hallazgo, Felipe Vélez (Justo) borda su papel de mentor y Antonia Guzmán (la abuela del realizador) compone un personaje entrañable.  En cuanto al ubicuo e inevitable Luis Tosar, su omnipresencia comienza a resultar contraproducente para sí mismo y para la industria;  es muy bueno, buenísimo, pero ¿realmente tiene que aparecer en todas las películas y acaparar todos los papeles para hombres de su edad?

Luis Campoy

Lo mejor.  La honestidad y naturalidad que desprende;  los actores, en especial Felipe Vélez
Lo peor:  formalmente, denota la (lógica) inexperiencia del director
El cruce:  “Perros callejeros” + “Deprisa, deprisa” + “El Bola”

Calificación:  8 (sobre 10)

martes, 9 de febrero de 2016

Cine actualidad/ "SPOTLIGHT"


La asepsia del periodista

Doblemente de actualidad.  No sólo procede hablar de ella a raíz de sus seis nominaciones al Oscar de este año, sino también, y por desgracia, a colación del escándalo desatado en Barcelona cuando se han conocido los múltiples casos de abusos cometidos por uno o varios profesores del colegio Maristas de Sants-Les Corts.  Porque de eso trata “Spotlight”:  de cómo personas sin escrúpulos abusaron de su autoridad moral para someter la voluntad de niños y adolescentes indefensos.

Boston, 2002.  Un equipo de periodistas de investigación del periódico Boston Globe airea los múltiples casos de pederastia cometidos por religiosos del estado de Massachussets.  Contra viento y marea, su investigación sigue adelante, caiga quien caiga y pese a quien pese..

Contando con un guión original a cargo de Josh Singer y el propio director Tom McCarthy, “Spotlight” se suma a ese subgénero de películas protagonizadas por periodistas en el que destacan “Todos los hombres del presidente”, “Al filo de la noticia” o “Zodiac”.  Claro que en este caso los objetivos de sus pesquisas no son oscuros complots políticos o sangrientos crímenes irresolubles, sino sucesos demasiado cercanos y dolorosos como para eludirlos eternamente.

Ví “Spotlight” muy poco después de “La gran apuesta”, película que me dejó entre confundido y cabreado por el modo en que aturulla al pobre espectador carente de formación o curiosidad macroeconómica.  Creo que iba decidido a que “Spotlight” me reconciliara de un plumazo con el cine de calidad realizado a la antigua usanza, confiado en que cinco minutos del film de Mcarthy me impactarían más que todo el trabajo de Adam McKay.  Y confieso que tal cosa…  no sucedió.  Es decir, “Spotlight” sin duda es un film serio y riguroso, bien realizado, bien escrito y bien interpretado, pero en su pretendida objetividad encontré un muro invisible de frialdad.  Frialdad expositiva, frialdad narrativa.  El estilo riguroso y aséptico de Tom McCarthy puede que beneficie a la narración objetiva de los deleznables sucesos investigados, pero uno echa en falta algo más (o mucho más) de tensión, de pasión, de emoción.  Por otra parte, resulta chocante que la todopoderosa Iglesia católica, que tantas veces tapó los malhadados abusos y obstaculizó su salida a la luz, aquí se mantenga fría e impasible, como si la cosa no fuera con ella, de modo que los intrépidos reporteros prácticamente campan a sus anchas sin oposición, bien lejos de, por ejemplo, las constantes trabas que se les ponían a Robert Redford y Dustin Hoffman en la memorable “Todos los hombres del presidente”.

En fin, “Spotlight” es una película correcta que se desarrolla de manera competente y en la que su excelente reparto actúa también con funcional corrección.  Michael Keaton, Liev Schrieber, Rachel McAdams y Stanley Tucci demuestran una vez más su saber estar, pero creo que cualquiera otros actores de su nivel hubieran desempeñado sus papeles de manera igualmente convincente.  Sólo Mark Ruffalo destaca sobre los demás, y ello debido a que su personaje es el único que no actúa de manera convencional;  como llevo diciendo desde el principio de este artículo, lo correcto y lo apasionante no siempre van de la mano.

Luis Campoy

Lo mejor:  la claridad expositiva, la neutralidad narrativa, Mark Ruffalo
Lo peor:  su académica frialdad, la ausencia de emociones reales
El cruce:  “Todos los hombres del presidente” + “The Paper” + “Sleepers”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 8 de febrero de 2016

Cine actualidad/ "EL RENACIDO"

La salvaje belleza de la Naturaleza

Dakota del Norte, 1820.  Una partida de tramperos es atacada por los indios arikaras y sólo unos pocos logran sobrevivir.  El explorador Hugh Glass, el mejor conocedor del terreno, resulta más tarde herido por un enorme oso grizzly, quedando moribundo.  Abandonado a su suerte, Glass deberá luchar por su vida en un ambiente inhóspito en el que la supervivencia es un reto casi insuperable…

La increíble odisea verídica del trampero y explorador Hugh Glass (1780-1833) ya había sido llevada al cine en 1971 por Richard C. Sarafian con el título de “El hombre de una tierra salvaje”, si bien el protagonista que encarnaba Richard Harris allí se llamaba Zachary Bass, debido a problemas legales con los herederos.  Sin embargo, en 2002 se publicaba el libro “The Revenant:  A Novel of Revenge”, escrito por Michael Punke y que ha sido inspiración directa para el film recién estrenado en nuestro país.  Dirigido por Alejandro G. Iñárritu, “El renacido” relata, no sin ciertas “licencias creativas” la increíble historia de Glass, quien, gravísimamente herido, pudo sobrevivir y reponerse merced a uno de los instintos más primarios y demoledores que existen:  el deseo de venganza.  Aquellos quienes le dejaron solo y a merced de la Naturaleza y los indios, iban a pagar por ello,  vaya que si iban a pagar…

Tras su espléndida “Birdman” (triunfadora en los Oscars de 2015), el mexicano Alejandro González Iñárritu nos vuelve a traer otra película fascinante que también se perfila como favorita para los premios de la Academia de este año.  La poderosa historia que narra, la fotografía de Emmanuel Lubezki y la presencia de Leonardo Di Caprio son unos reclamos a los que un buen cinéfilo no sabrá o no podrá resistirse.

A pesar de que había leído numerosas críticas, no estaba preparado para el aluvión de imágenes sobrecogedoramente bellas que ofrece “El renacido” en sus primeros minutos.  De hecho, y no por casualidad, durante un rato estuve equiparando mentalmente el arranque “El renacido” con otro de los más poderosos que se me ocurren, el de “Salvar al soldado Ryan” de Steven Spielberg.  Los paisajes, los encuadres y la música de Ryuichi Sakamoto (qué feliz recuperación) te dejan con la boca abierta y los sentidos extasiados.  La interpretación de Leonardo Di Caprio es extraordinaria y conmueve al más pintado.  Luego, conforme va avanzando la historia, admito que surgen algunas dudas (la sucesión de desdichas y avatares que le acontecen a Glass/Di Caprio y, sobre todo, lo pronto y satisfactoriamente que se va recuperando de todos ellos revelan una constitución no ya de hierro…  sino de acero, pues ni el propio Superman sanaría tan rápido), y llegado el desenlace, lo primario y vulgar de éste no me satisfizo como hubiera deseado.  Pero, a pesar de lo increíble de muchas situaciones (ni las terribles heridas, ni la naturaleza más salvaje, ni los indios, ni el frío ni la nieve consiguen ralentizar el avance del héroe), no pude evitar que la visceral belleza antes mencionada dejase de conmocionarme ni por un instante.

No es perfecta, pero tampoco tenía que serlo.  “El renacido”, gracias a un trabajo sensacional de Leonardo DiCaprio (y del secundario Tom Hardy, no lo olvidemos), a la briosa puesta en escena de Iñárritu y, sobre todo, a la fascinante, magistral cinematografía de Emmanuel Lubezki, constituye otro de esos hitos que nos recuerdan qué es y para qué sirve el Cine, una obra de arte visual que merece y debe ser admirada.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, Di Caprio, la música, el sonido, los paisajes
Lo peor:  lo inverosímil de de tanta sucesión de desdichas y tan rápida superación
El cruce:  “El hombre de una tierra salvaje” + “Las aventuras de Jeremiah Johnson” + “Gladiator”

Calificación.  9 (sobre 10)

lunes, 1 de febrero de 2016

Cine actualidad/ "CREED"

Viejos golpes, nuevos guantes

El otro día, un amigo me decía que las películas de “Rocky” eran para él “un pecadillo inconfesable”.  Y es que, desde que John G. Avildsen dirigiera la primera entrega allá por 1976, seis nuevos films han ido engrosando la saga, aunque cada uno de ellos con desigual fortuna, siendo alguno directamente deplorable (“Rocky V”), otros demasiado repetitivos (“Rocky II”) y el resto, más o menos apañadas continuaciones que nunca han rayado a tan alto nivel como la primera.  Sin embargo, en el imaginario popular parece que se ha instalado la errónea convicción de que toda esta cadena es tan floja como el más flojo de sus eslabones, y nada más lejos de la realidad.

Aunque mucha gente no lo sepa (o no lo quiera saber), el primer “Rocky” se alzó con los Oscar a la Mejor Película y al mejor Director (Avildsen), y Sylvester Stallone estuvo nominado en las categorías de Actor protagonista y autor del Mejor Guión Original  Su compromiso con el personaje del tozudo boxeador Rocky Balboa, “El potro italiano”, ha sido total y absoluto desde el principio, habiendo llegado a ponerse tras las cámaras en los episodios II, III, IV y VI de la franquicia.  Cuando estrenó la sexta parte, “Rocky Balboa”, Stallone decidió que allí se acababa su relación con su mítica creación, y, probablemente, así hubiera sido de no entrometerse un joven realizador, Ryan Coogler, declarado fan de la saga y que le suplicó que volviera a subirse al ring…  aunque sólo fuera para dar el espaldarazo de salida al nuevo protagonista de una pretendida serie de spin-offs.

Rocky Balboa, el antiguo campeón de boxeo de Filadelfia, se ha retirado del mundillo pugilístico y ahora se limita a regentar su restaurante “Adrian”, llamado así en honor a su fallecida esposa.  Un buen día, recibe la visita de un joven que se hace llamar Donnie Johnson, quien le pide que le entrene para llegar a ser un gran boxeador.  Lo cierto es que el tal Johnson esconde un secretillo, ya que su nombre real es Adonis Creed, hijo ilegítimo del gran Apollo Creed, el mayor rival y posteriormente mejor amigo de Rocky…

La verdad es que “Creed” es a la saga de “Rocky” exactamente lo mismo que “El despertar de la Fuerza” ha supuesto para la de “Star Wars”.  No sólo la séptima entrega (qué casualidad, ¿no?), sino una continuación extremadamente respetuosa con el original, tanto que sus postulados son tan idénticos que nunca se sabe cuándo deja de ser una secuela y cuándo se convierte en un remake más o menos evidente.  En el caso que hoy nos ocupa, el director Ryan Coogler ha confesado que él y su padre son fans acérrimos de la franquicia, razón por la cual no ha parado de insistir tanto a Stallone como a los productores originales Irwin Winkler y Robert Chartoff (este último fallecido hace pocos meses) para que le permitieran realizar “Creed”, basándose en un guión propio que pretendía reverdecer los viejos laureles al tiempo que actualizar sus postulados, adecuándolos al siglo XXI.

Hay que admitir que la jugada le ha salido redonda a Coogler.  No sólo ha conseguido que Stallone vuelva a implicarse a fondo, sino que ha sabido abrillantar los ya manidos oropeles de un modo que ahora relucen casi como nuevos.  Porque, por muy bien que esté “Creed” (y lo está), no deja de ser una reformulación de “Rocky” en todos sus aspectos:  un joven airado y tenaz, empeñado en hacer del boxeo su vida, apoyado por un viejo entrañable y enfrentado a un rival mucho más curtido y formidable.  Incluso se ha mantenido prácticamente la misma estructura, se repiten gadgets como el chándal de Rocky o los calzones de Apollo Creed, y se reversionan secuencias completas como el entrenamiento callejero y múltiples planos del combate final.  Lo que acabo de decir no llega a resultar molesto sencillamente porque el cariño y respeto de Coogler llegan adecuadamente al espectador, y los aciertos de lo nuevo se complementan adecuadamente con los réditos de lo viejo.  Una simbiosis casi perfecta en la que destacan tanto el joven Michael B. Jordan (que aquí se redime de su fiasco como la Antorcha Humana en la última versión de “Los 4 Fantásticos”) como un carismático Sylvester Stallone, que aquí sabe explorar más sus debilidades que su fortaleza, y por ello está a las puertas de levantar su primer Oscar como actor (secundario).  No creo que realmente lo merezca, pero para Hollywood sería como saldar una deuda con un hombre que les ha hecho ganar billetes a espuertas, y eso también cuenta.

Luis Campoy

Lo mejor:  la actualización de los viejos esquemas
Lo peor:  el deja vu de volver a presenciar los viejos esquemas una vez más
El cruce:  “Rocky” + “Rocky III” + “Rocky Balboa”

Calificación:  7 (sobre 10)