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miércoles, 21 de octubre de 2015

Cine actualidad/ “LA CUMBRE ESCARLATA”

Manderley coloreado

En aquellas noches mágicas de mediados de los setenta, cuando la televisión todavía era en blanco y negro, muchos cinéfilos de este país aprendimos amar a directores míticos como Fritz Lang, Roger Corman, Robert Mulligan, Jack Clayton o el más grande de todos, el simpar Alfred Hitchcock.  Sólo había dos cadenas, y aun así era casi imposible no encontrar una buena película cada día.  De aquel entonces procede una afición que no ha hecho sino crecer, incluso a pesar de que últimamente los títulos míticos escasean, en aras de la más forzada comercialidad;  mas quizás por ello, son de agradecer las producciones que, como con cuentagotas, llegan a nuestra cartelera provistas de ese halo de misterio y magia que ostentaban aquéllas de antaño.

Una joven huérfana se casa con un misterioso aristócrata, que se la lleva a vivir a un viejo caserón donde también reside su hermana, a la que le une una extraña relación.  Poco a poco, la recién llegada va percibiendo la existencia de entes sobrenaturales que sin duda pretenden transmitirle un mensaje indescifrable, o tal vez prevenirla de un peligro mayor que el que deviene del más allá…

El realizador mexicano Guillermo del Toro saltó casi inmediatamente a la fama a raíz del éxito de su película vampírica “Cronos”.  Desde entonces, no ha parado de aportar nuevas obras de culto al género fantástico, ya sea realizadas en los Estados Unidos (“Mimic”, “Pacific Rim”) o incluso aquí en nuestro país (“El espinazo del Diablo”, “El laberinto del Fauno”).  Toda vez que su intento de llevar a la gran pantalla “El Hobbit” (que acabó dirigiendo Peter Jackson) se vio finalmente frustrado, Del Toro ha decidido embarcarse en un proyecto largamente acariciado y que tiene como objetivo rendir un personal homenaje a aquellos films clásicos de suspense y terror que tanto nos gustaban de adolescentes.  En “La Cumbre Escarlata” se perciben inequívocas referencias a “Suspense” de Jack Clayton, a “La Máscara de la Muerte Roja” de Roger Corman y, sobre todo, a “Rebeca”, la maravillosa obra maestra de Alfred Hitchcock.  De hecho, el esquema argumental es el mismo, sólo que cambiando a la inolvidable ama de llaves que encarnaba dame Judith Anderson por una no menos inquietante hermana, a cargo de Jessica Chastain.

Pero si algo distingue a “Rebeca” de “La Cumbre Escarlata” es el uso y despliegue del color, un elemento del que el thriller hitchcockiano carecía y que aquí se antoja indispensable.  Del Toro es capaz de mimetizar la misma atmósfera opresiva que caracterizada al relato de Daphne Du Maurier, pero echa mano de una paleta cromática excepcional:  esos tonos rojos, verdes, amarillos y azules tan elementales y tan bellos causan un shock tan enorme en el espectador que le dejan anonadado, introduciéndole de ello en una trama que, analizada en frío, es un cúmulo de despropósitos que culminan en una secuencia final granguiñolesca y ridícula.  Pero ni siquiera la irrisoria sucesión de apuñalamientos logra desvirtuar una de esas obras que hacen de la puesta en escena su razón de ser, de la planificación su meta y del suspense su credo.  En este sentido, la dirección artística, la fotografía y la música alcanzan cotas excelsas que sitúan a “La Cumbra Escarlata” en un nivel sobresaliente del género fantasmagórico.

Al frente del reparto, una Mia Wasikowska que parece un cruce entre Mia Farrow y Claire Danes, un Tom Hiddleston tan fascinante como siempre (ambos ya habían coincidido en “Sólo los amantes sobreviven” de Jim Jarmusch), una Jessica Chastain capaz de reeditar el sex appeal macabro de toda una Madrastra de Blancanieves o un Charlie Hunnam que mejor debería dedicarse a films más ligeros como “Pacific Rim”.  Puede que los excesos del final (y algunos balbuceos del principio) le resten unos pocos méritos, pero, aun así, “La Cumbre Escarlata” es cine de verdad, de ese capaz de atraer a varias generaciones de cinéfilos.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, con especial mención al prodigioso uso del color
Lo peor:  el final, un estúpido juego de apuñalamientos
El cruce:  “Rebeca” + “Los otros” + “La guarida”

Calificación:  8 (sobre 10)

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