contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

miércoles, 28 de octubre de 2015

Cine actualidad/ "BLACK MASS"


Mafia irlandesa

Voy a decir una obviedad:  Francis Ford Coppola y Martin Scorsese han sentado cátedra;  lo del primero es tan evidente que las calles de Asturias todavía conservan legibles las huellas de sus pisadas, reciente su vista a España para recoger el premio Princesa de Asturias.  Pero también el viejo Martin ha aportado su particular parafernalia al universo cinematográfico mafioso, que rayó a un nivel insuperable con los “Padrinos” de Coppola.  Estos dos directores, italoamericanos ambos, han sido quienes han convertido a la “Cosa Nostra” en una criatura cinematográfica tan imperecedera como reconocible.

“Black Mass” (“Misa negra”, sería su traducción literal del inglés, en referencia a la liturgia creada en torno al “oscuro” protagonista) recrea la vida de un famoso gangster de Boston, James “Whitey” Bulger, amo y señor del hampa irlandesa y exterminador de sus competidores italianos, que, en un momento dado, accedió a convertirse en confidente del FBI.  El personaje, verídico, cumple actualmente condena en la cárcel de Plymouth, a pesar de que ya ha cumplido 86 años.

La historia que narra “Black Mass” proviene de una serie de artículos escritos por unos periodistas que tenían como “garganta profunda” a un agente disidente de la Oficina Federal de Inteligencia, harto de que alguno de sus compañeros (en especial el agente John Connolly) tratasen a Bulger a cuerpo de rey e hicieran la vista gorda ante sus cada vez más salvajes fechorías, amparándose en sus supuestos “soplos”, falsos la mayoría de ellos.  Lo cierto es que Bulger y Connolly eran amigos desde la niñez, y para aquellos irlandeses esa amistad constituía un vínculo de lealtad imposible de ser quebrado, tanto que llegó un momento en que el uno dependía tanto del otro que llegaron a constituir dos caras de la misma moneda.

Lo mejor de “Black Mass” ya se atisba en su poster:  Johnny Depp, caracterizado hasta casi no parecer él.  De Depp hemos escrito miles de cosas, la mayoría malas, desde que Jack Sparrow le abdujo poco menos que inexorablemente hace ya 12 años.  Hasta entonces, se trataba de un actor que se jactaba de elegir concienzudamente sus personajes, procurando no entregarse a la más evidente su comercialidad;  pero desde que protagonizó “Piratas del Caribe”, la caricatura y la sobreactuación han constituído su marca de fábrica, incluso cuando ha querido dar vida a personajes “serios”.  Afortunadamente para él, cuando todavía está a tiempo de reconducir su carrera (tiene 52 años), ha sabido hincarle el diente a un psicópata real y además ha topado con un director, Scott Cooper, capaz de contenerle y extraer lo mejor de él.  Sobreponiéndose a un maquillaje que a veces roza la inverosimilitud, Depp logra su mejor interpretación en mucho tiempo, y muy probablemente una nominación al Oscar.

Pero a pesar de los méritos de Johnny Depp y del excelente reparto que ha logrado reunir Scott Cooper, hay algo que chirría en “Black Mass”, y lo hace desde el mismísimo arranque.  Pueden ser los diálogos, puede ser el montaje o puede tratarse de la música (una película como ésta pedía a gritos una partitura como las que en los años 70, cuando acontece la mayor parte de la acción, componían Lalo Schifrin o Dave Grusin, y no el sinfonismo de andar por casa de Junkie XL), que, por cierto, no cesa cuando debería.  En su intento de parafrasear a Coppola y sobre todo a Scorsese, “Black Mass” combina las escenas violentas (lo mejor, a pesar del deja vu) con secuencias intimistas en las que Johnny Depp/Bulger comparte protagonismo con su amigo el agente del FBI Connolly (Joel Edgerton), su hermano senador (Benedict Cumberbatch) o su esposa (Dakota Johnson, bastante más casta que en “50 sombras de Grey”).  También aparecen por allí Kevin Bacon, Peter Sarsgaard o Corey Stoll, además de Julianne Nicholson, que hace de esposa de Connolly y tiene a su cargo la escena de más elevada virulencia… psicológica:  Bulger intimida a la mujer de su amigo sin causarle daño alguno, pero llenando sus futuras pesadillas de miedo y asco a partes iguales.

Luis Campoy

Lo mejor:  Johnny Depp… de Oscar
Lo peor:  ver sus mejores secuencias y no poder dejar de pensar en Coppola y Scorsese
El cruce:  “El Padrino 2” + “Uno de los nuestros” + “Casino”

Calificación:  7 (sobre 10)

lunes, 26 de octubre de 2015

Cine actualidad/ “MI GRAN NOCHE”


Maldita Nochevieja

Digo “Alex de la Iglesia” e inmediatamente retrocedo al año 1995 (¡dos décadas ya!), cuando se estrenó “El Día de la Bestia” y el fornido director vasco (30 años por aquel entonces) nos deparó aquel superdisfrutable film lleno de terror, adrenalina y humor.  La película protagonizada por Santiago Segura y el malogrado Alex Angulo sigue siendo, para mí, la cúspide de una carrera desigual en la que, como en botica, ha habido de todo:  éxitos incuestionables (“La comunidad”, “Los crímenes de Oxford”), decepciones (“Muertos de risa”, “800 balas”) y algunos fracasos (“Perdita Durango”, “La chispa de la vida”).

Después del relativo triunfo en taquilla de “Las brujas de Zugarramurdi” y lejano ya su paso por la dirección de la Academia del cine español, De la Iglesia ha podido llevar a cabo su sueño de rodar una película con el veterano Raphael, mito viviente de la canción popular de los sesenta y setenta, al que ya “resucitó” utilizando una famosa canción suya para bautizar a su antepenúltimo film, “Balada triste de trompeta”.  En esta ocasión, “Mi gran noche” (que vuelve a recuperar el título de uno de los temas icónicos del cantante linarense) transcurre durante la grabación de una gala de Nochevieja, acontecimiento hoy algo devaluado pero que hace años era lo más de lo más.  Precisamente el propio Raphael es uno de los personajes fijos en las cadenas televisivas nacionales durante las fiestas navideñas, sobre todo desde que apareció en aquel indescriptible anuncio de la Lotería, dirigido por Pablo Berger y coprotagonizado por Montserrat Caballé, Marta Sánchez, David Bustamante y Niña Pastori.

Prisionero de su fama y tratando de burlarse de su propia aura, Raphael se convierte en Alphonso, un divo provisto de un peligroso lado oscuro que se enfrenta a un ídolo de jovencitas (Adanne, obvio trasunto de Chayanne), al tiempo que cientos de figurantes se hallan encerrados mientras se rueda el especial de Nochevieja y a las puertas de los estudios de la cadena se produce una serie de disturbios como consecuencia de un ERE que ha dejado en la calle a la mitad de la plantilla.  Así pues, son varios los temas sobre los que ironiza De la Iglesia en su nueva película:  la Navidad, la televisión, la música popular, los recortes, la crisis económica…, y quizás en este afán de abarcar tanto es cuando aprieta menos de lo que quisiera.  Porque “Mi gran noche” tiene un arranque sensacional, de esos que apabullan al espectador, pero poco a poco va decayendo cuando la espectacularidad se deshace en un maremágnum de pequeñas historias que no interesan todas por igual, pero a las que se dota de alícuotas dosis de erróneo protagonismo.  Esta es la causa de la notoria irregularidad de la cinta, en la que se alternan momentos muy buenos con otros exageradamente bufonescos, consecuencia del exceso de personajes y los excesivos líos que se tejen en torno a ellos.

Hábil director de actores, De la Iglesia consigue aceptable interpretaciones de casi todo el elenco, con especial mención a Tomás Pozzi, Blanca Suárez, Hugo Silva o su esposa en la vida real, la escultural Carolina Bang.  Del duelo ficticio entre Raphael y Mario Casas no hay duda de que es el primero el gran triunfador, componiendo una especie de Darth Vader sin máscara con las dosis precisas de humor y amenaza.  “Mi gran noche” resulta un divertimento aceptable pero intrascendente:  sus defectos se le perdonan con simpatía, pero sus virtudes se olvidan demasiado pronto.  Corren malos tiempos para la lírica, digo para el humor casposo.

Luis Campoy

Lo mejor:  Raphael, un estrella convertida en estupendo actor
Lo peor:  el exceso de personajes y las nimias historias que les acaecen
El cruce:  “El ángel exterminador” + “Muertos de risa” + “Qué ruina de función”

Calificación:  6 (sobre 10)

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cine actualidad/ “LA CUMBRE ESCARLATA”

Manderley coloreado

En aquellas noches mágicas de mediados de los setenta, cuando la televisión todavía era en blanco y negro, muchos cinéfilos de este país aprendimos amar a directores míticos como Fritz Lang, Roger Corman, Robert Mulligan, Jack Clayton o el más grande de todos, el simpar Alfred Hitchcock.  Sólo había dos cadenas, y aun así era casi imposible no encontrar una buena película cada día.  De aquel entonces procede una afición que no ha hecho sino crecer, incluso a pesar de que últimamente los títulos míticos escasean, en aras de la más forzada comercialidad;  mas quizás por ello, son de agradecer las producciones que, como con cuentagotas, llegan a nuestra cartelera provistas de ese halo de misterio y magia que ostentaban aquéllas de antaño.

Una joven huérfana se casa con un misterioso aristócrata, que se la lleva a vivir a un viejo caserón donde también reside su hermana, a la que le une una extraña relación.  Poco a poco, la recién llegada va percibiendo la existencia de entes sobrenaturales que sin duda pretenden transmitirle un mensaje indescifrable, o tal vez prevenirla de un peligro mayor que el que deviene del más allá…

El realizador mexicano Guillermo del Toro saltó casi inmediatamente a la fama a raíz del éxito de su película vampírica “Cronos”.  Desde entonces, no ha parado de aportar nuevas obras de culto al género fantástico, ya sea realizadas en los Estados Unidos (“Mimic”, “Pacific Rim”) o incluso aquí en nuestro país (“El espinazo del Diablo”, “El laberinto del Fauno”).  Toda vez que su intento de llevar a la gran pantalla “El Hobbit” (que acabó dirigiendo Peter Jackson) se vio finalmente frustrado, Del Toro ha decidido embarcarse en un proyecto largamente acariciado y que tiene como objetivo rendir un personal homenaje a aquellos films clásicos de suspense y terror que tanto nos gustaban de adolescentes.  En “La Cumbre Escarlata” se perciben inequívocas referencias a “Suspense” de Jack Clayton, a “La Máscara de la Muerte Roja” de Roger Corman y, sobre todo, a “Rebeca”, la maravillosa obra maestra de Alfred Hitchcock.  De hecho, el esquema argumental es el mismo, sólo que cambiando a la inolvidable ama de llaves que encarnaba dame Judith Anderson por una no menos inquietante hermana, a cargo de Jessica Chastain.

Pero si algo distingue a “Rebeca” de “La Cumbre Escarlata” es el uso y despliegue del color, un elemento del que el thriller hitchcockiano carecía y que aquí se antoja indispensable.  Del Toro es capaz de mimetizar la misma atmósfera opresiva que caracterizada al relato de Daphne Du Maurier, pero echa mano de una paleta cromática excepcional:  esos tonos rojos, verdes, amarillos y azules tan elementales y tan bellos causan un shock tan enorme en el espectador que le dejan anonadado, introduciéndole de ello en una trama que, analizada en frío, es un cúmulo de despropósitos que culminan en una secuencia final granguiñolesca y ridícula.  Pero ni siquiera la irrisoria sucesión de apuñalamientos logra desvirtuar una de esas obras que hacen de la puesta en escena su razón de ser, de la planificación su meta y del suspense su credo.  En este sentido, la dirección artística, la fotografía y la música alcanzan cotas excelsas que sitúan a “La Cumbra Escarlata” en un nivel sobresaliente del género fantasmagórico.

Al frente del reparto, una Mia Wasikowska que parece un cruce entre Mia Farrow y Claire Danes, un Tom Hiddleston tan fascinante como siempre (ambos ya habían coincidido en “Sólo los amantes sobreviven” de Jim Jarmusch), una Jessica Chastain capaz de reeditar el sex appeal macabro de toda una Madrastra de Blancanieves o un Charlie Hunnam que mejor debería dedicarse a films más ligeros como “Pacific Rim”.  Puede que los excesos del final (y algunos balbuceos del principio) le resten unos pocos méritos, pero, aun así, “La Cumbre Escarlata” es cine de verdad, de ese capaz de atraer a varias generaciones de cinéfilos.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, con especial mención al prodigioso uso del color
Lo peor:  el final, un estúpido juego de apuñalamientos
El cruce:  “Rebeca” + “Los otros” + “La guarida”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 19 de octubre de 2015

Cine actualidad/ “MARTE (The Martian)”

Robinson Crusoe vs MacGyver en el espacio

A los casi 78 años, el gran Ridley Scott parece decidido a redimirse.  Claro que… ¿redimirse…?  Quizás el afamado realizador británico (South Shields, Northumberland, 1937) esté razonablemente satisfecho de los resultados de sus últimos trabajos estrenados (“Prometheus” y “Exodus”) que, admitámoslo, al menos económicamente funcionaron bien.  Lo que está claro es que, si nos regimos por un baremo estrictamente cinematográfico, es de agradecer que el bueno de Scott haya sido capaz de ofrecer un producto tan sólido y apasionante como “Marte” en la recta final de su carrera hacia la ochentena.

Basada en una novela de Andy Weir, “Marte” (“El marciano”, sería su traducción literal) narra la historia de Mark Watney, un astronauta norteamericano que participa en una misión científica al Planeta Rojo.  Durante una sesión de recogida de muestras, el estallido de una terrible tormenta de arena a obliga todo el equipo a abandonar el planeta y emprender el camino de vuelta a la Tierra, dejando atrás a Watney, al que dan por muerto.  Pero nuestro hombre ha sobrevivido, y deberá seguir haciéndolo si quiere esperar hasta la próxima misión de la NASA, que está previsto que regrese a Marte…  en apenas ¡cuatro años!.

El acierto de “Marte”, la película, se basa en que mantiene la línea argumental del libro, pero ahorra al espectador un sinfín de tecnicismos con los que se explica cómo el astronauta solitario es capaz de reparar el vehículo oruga, construir un invernadero, cultivar patatas (que abona con sus propios…  excrementos), etc. etc. etc.;  aquí, como dice el dicho, “Una imagen vale más que mil palabras”, y, cuando esas palabras son farragosas e ininteligibles, mejor que mejor.  Lo que sí se han respetado son los monólogos de Watney mientras graba el videoblog que pretende sea su cuaderno de bitácora, y también la aparición de otros personajes que impiden que el film se llegue a hacer monótono o aburrido.

En la comparación con otros títulos “espaciales” recientes como “Gravity” o “Interstellar”, “Marte”, desde mi punto de vista, gana holgadamente.  Sin menospreciar el virtuosismo tecnológico del primero ni la innegable calidad del segundo, en el film de Ridley Scott se atisba un mayor grado de verosimilitud (o al menos , hay menos elementos inverosímiles) y un inteligente sentido del humor impide la deriva algo sensiblera que empañaba la producción de Christopher Nolan.  Y eso que “Marte” e “Interstellar” comparten no sólo el género y la temática, sino también parte del reparto, ya que tanto Matt Damon como la hiperactiva Jessica Chastain comparecen en ambas películas.  No dudo que Damon será justamente nominado al Oscar protagonista, y además con todo merecimiento, pero sin las intervenciones de la Chastain, de Chiwetel Ejiofor, de Sean Bean, de Michael Peña, de Kristen Wiig y sobre todo de un sobresaliente Jeff Daniels (ojalá le nominen como Actor secundario), estaríamos hablando de una obra mucho más sosa, menos lograda y menos entretenida.

Oda a la supervivencia en un entorno hostil, al modo en que la Humanidad es capaz de sobreponerse a las circunstancias más adversas, “Marte” (que, ciertamente, hubiera debido estrenarse titulada como el libro original, “El Marciano”) constituye una experiencia de visión obligada para todo tipo de públicos, de modo que, contraviniendo una de mis premisas básicas, me atrevo a recomendárosla fervientemente.  A todos quienes amáis el cine, el espacio, la ciencia y la evasión inteligente, os sugiero que no la dejéis pasar.

Luis Campoy

Lo mejor:  la espectacular lección de narración cinematográfica y montaje que nos brinda Ridley Scott mientras suena de fondo la canción “Starman” de David Bowie
Lo peor:  una persona normal no es capaz de poseer todos los conocimientos de biología, botánica, agricultura, astrofísica, termodinámica, matemáticas e informática que luce Matt Damon, y, además, ser capaz de ponerlos en práctica en una situación tan extrema
El cruce:  “Gravity” + “Insterstellar” + “Apolo 13”

Calificación:  9 (sobre 10)

miércoles, 14 de octubre de 2015

Cine actualidad/ "PAN, Regreso a Nunca Jamás"


Perdidos como Niños Perdidos

Soy devoto de la cultura anglosajona y a veces incluso angloparlante…  pero confieso que, cuando veo escrito en un cartelón el título “Pan”, así a secas, una parte de mí está segura (Pablito Calvo is never forgotten) de que junto a éste va a aparecer otro igual de grande diciendo…  “Vino”…

Bromas aparte, desde que aparecieron las primeras noticias sobre esta nueva adaptación del personaje creado por Sir James Matthew Barrie en 1904, pensé que era demasiado pronto para que el niño que no quería crecer regresara a las pantallas.  No sólo estaba aún reciente la aceptable versión de P.J. Hogan, sino que poco después se había estrenado “Descubriendo Nunca Jamás”, el biopic del escritor protagonizado por el mismísimo Johnny Depp.  Así pues, y siempre con la omnipresente versión de Walt Disney en el horizonte, me pregunto por qué los ejecutivos de Warner Bros. no se dieron cuenta de que estaban invirtiendo un dineral en un juguete carísimo que corría un serio riesgo de no funcionar…

Pero también tuvo que influir la insistencia denodada de un director más o menos prestigioso, Joe Wright, que ha sido lo bastante listo (y afortunado) como para mantenerse una década viviendo de los réditos de sus dos obras más logradas:  la maravillosa “Orgullo y prejuicio” (2005) y la arriesgada “Expiación” (2007).  Empeñado en devolver a Peter Pan a las pantallas de cine, Wright y su guionista Jason Fuchs se esfuerzan por ser medianamente originales, ya que lo que “Pan” cuenta no es el relato habitual sino los orígenes del mito, que arranca durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el chico volador apenas tiene 12 años y su némesis, el Capitán Garfio, no es sino un aventurero más simpático que temible.

Está de moda la revisitación más o menos adulta de famosos cuentos infantiles o de sus versiones en dibujos animados, tendencia que ha ido in crescendo desde el éxito (comercial) de “Alicia en el País de las Maravillas” de Tim Burton.  Desde entonces, hemos tenido de vuelta a Blancanieves, Caperucita Roja, la Bella Durmiente o la Cenicienta, unas con más fortuna que otras, y están en producción nuevos retornos de La Bella y la Bestia o Mary Poppins.  En cuanto a nuestro “Pan” sin “Peter” en el título, es innegable el cariño y el respeto con los que Wright y su equipo han acometido la tarea.  El arranque, con ese internado asolado por un ataque aéreo que recuerda a una escena casi idéntica de “Las crónicas de Narnia”, se beneficia del hallazgo de un fabuloso Levi Miller, un chaval de 13 años que compone a un inmejorable Peter Pan.  Pero ¡ay!, enseguida la acción se traslada al País de Nunca Jamás y de repente no se sabe si nos hallamos en medio de la tan (injustamente) denostada versión de Steven Spielberg, “Hook, el Capitán Garfio”, o en un universo apocalíptico digno de Mad Max.  La incorporación de canciones de Nirvana y los Ramones, y, sobre todo, la caracterización del pirata Barbanegra acaba de descentrar al personal.  ¿Ante qué tipo de película nos hallamos?  ¿Es infantil?  ¿Es para adultos?  ¿Es de aventuras?  ¿Es de ciencia ficción?  Los efectos especiales te bombardean, te aturden, como si no quisieran que pensases, y entonces aparecen los indios.  Pero espera…  ¿indios?  ¿De verdad esa nívea doncella que hace poco interpretó a la sueca Lisbeth Salander ha sido la elegida para incorporar a la piel roja Tigrilla?  ¿Y ese Garfio tan guaperas?  ¿Es bueno?  ¿Es malo?  ¿Es regular?  ¿Es Indiana Jones o es Han Solo…?

Se acaba la película y uno no sabe a qué carta quedarse.  Hugh Jackman, que a priori es el gran reclamo de la función, aparece tan caricaturesco que no infunde el miedo que debería;  Garrett Hedlund, el joven Garfio, parece más preocupado por parecerse en sus gestos a Harrison Ford que en justificar su futura enemistad con Peter Pan;  y Rooney Mara, una Tigrilla imposible, no puede trascender un irresoluble error de casting.  Los más afortunados son los recién llegados:  el ya citado Levi Miller y el británico Adeel Akhtar, que borda a un carismático Smee.  Como nota negativa, destacar la irregular partitura del siempre excelente John Powell, que proporciona más ruido que nueces y no calla cuando es obvio que debería, y unos efectos especiales que deberían maravillar pero que marean y atosigan.  Acabo de leer que nuestra ambiciosa producción ha pinchado allá donde se ha estrenado, y se rumorea que sus pérdidas podrían llegar a los 150 millones de dólares.  Lo siento, pero no me acaba de extrañar:  no saber lo que quieres contar ni cómo contarlo, es lo que tiene.

Luis Campoy

Lo mejor:  Levi Miller, un perfecto Peter Pan
Lo peor:  el exceso de efectos especiales, el exceso de música, el exceso en cada aparición de Hugh Jackman
El cruce:  “Hook” + “Avatar” + “Mad Max”

Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 5 de octubre de 2015

Cine actualidad/ "REGRESIÓN"

Después de la tesis, los otros nos abrieron los ojos

Recuerdo haber sentido toneladas de envidia (sana y respetuosa, por supuesto) de aquel chaval de apenas 23 años que triunfó en los Goya del año 1996, llevándose a casa nada menos que siete estatuíllas.  Unos tanto y otros tan poco…  Yo, que ni siquiera pude exhibir mi segundo mediometraje, y Alejandro Amenábar acaparando premios y elogios de la crítica merced a su “Tesis”.  Pero bueno, el talento es algo que está aún peor repartido que el dinero, de modo que el que lo posée tiene la obligación moral de emplearlo para el bien de la comunidad, y hacer que ésta goce de él…  La estrella de Amenábar continuó brillando álgida durante los años sucesivos, y buena prueba de ello fueron “Abre los ojos” (otro thriller para y por adolescentes que tuvo una excelente carrera comercial) y “Los otros”, un salto al firmamento hollywoodiense que tuvo como productor al mismísimo Tom Cruise y como protagonista a la por entonces esposa de éste, la gran Nicole Kidman.  Ya consagrado como la gran esperanza del cine español y, sobre todo, como un realizador especialista en el género fantástico (que ciertamente se le daba muy bien), el joven hispano-chileno quiso demostrar que, como Steven Spielberg, era capaz de elaborar otro tipo de películas, más dramáticas y sensibles.  “Mar adentro” le dio la razón con creces, pero “Agora” se quedó en las antípodas de lo que habían sido sus primeros trabajos;  temáticamente, estaba claro que eran muy pero que muy diferentes, pero es que sus resultados fueron aún más opuestos:  mientras que “Tesis” era una película barata que había recaudado un quintal merced a que era sumamente entretenida, “Agora” era un tostón carísimo que no logró recuperar la inversión realizada.

Después de un período de reflexión de seis años, Alejandro Amenábar vuelve a las pantallas y lo hace, siguiendo el ejemplo del venerado/odiado M. Night Shyamalan, retornando al terreno que mejor conoce:  el fantástico.  Escrita también por él mismo, “Regresión” está ambientada en la América profunda de principios de los años noventa, época en la que proliferaron las sectas satánicas y la población hipercatólica vivía sojuzgada por el terror.

Con “La semilla del Diablo” de Polanski en la retina, Amenábar incide en ese fenómeno del satanismo de andar por casa, el de los encapuchados que canturrean guturalmente y dibujan cruces invertidas, pero lo hace centrándose en el poder de la sugestión en sí misma, mucho más pernicioso que el de cualquier diablillo desterrado del Averno.  Para contar su historia, nuestro hombre se ha ido a rodar a Canadá, y ha contado con un reparto internacional en el que figuran Ethan Hawke (el padre de “Boyhood”), Emma Watson (la Hermione de “Harry Potter”) y David Thewlis (también visto en la saga del niño mago, donde interpretaba al profesor Lupin).

Sí, han sido seis largos años de espera hasta poder ver el nuevo film del ex niño prodigio de nuestro cine, pero digámoslo ya:  “Regresión” rima con “desilusión”, con “frustración” y con “decepción”.  El film carece de identidad propia, de sello de estilo, y cualquier realizador de cualquier país, más joven o más viejo, podría pasar por ser su autor.  Los diálogos parecen escritos en español, traducidos al inglés y de ahí nuevamente transcritos al castellano;  las situaciones son un trasunto de los tópicos que cualquiera hemos podido ver en mil películas y telefilms.  El secreto del final se desvela mucho antes de lo necesario y sin tener por qué.  Emma Watson no da el pego y Ethan Hawke está bastante exagerado, por no decir sobreactuado.  Sólo la fotografía y la música (del jumillano Roque Baños) destacan un poco en un panorama más bien desolador.  Obviamente no me leerás, Alejandro, pero, si quieres un consejo, haz otra película pronto, pero sin tanta ambición ni tantas pretensiones.  Una película de género, directa, y demuestra que la fama no ha diluído tu imaginación y tu talento.

Luis Campoy

Lo mejor:  David Thewlis, la música, la fotografía
Lo peor:  los tópicos, la impersonalidad, el exceso de ambición
El cruce.  “La semilla del diablo” + “Los creyentes” + “Las dos caras de la verdad”
Calificación:  5,5 (sobre 10)