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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Mamas in the Papas

En la recta final de mi estancia en el colegio “Sagrado Corazón” de los hermanos Maristas de Alicante, el profesor de Historia nos habló un día de la película “Un hombre llamado Caballo”, la cual reflejaba de modo fidedigno las costumbres y tradiciones de los indios crows.  El protagonista de aquel film era Richard Harris, en el papel de un aristócrata que, capturado por los pieles rojas, era convertido poco menos que en esclavo, hasta que un día se rebelaba y reclamaba su pertenencia a la tribu como miembro de pleno derecho.  Para conseguirlo, era sometido a una brutal ceremonia de iniciación, en la que le colgaban de los pezones en un ritual de sufrimiento que finalmente lograba superar.  Creo que, inocente yo, fue la primera vez que fui consciente plenamente de que los hombres también teníamos pezones, como nuestras compañeras las mujeres, pero estaba claro que no había entendido cuáles eran todas las similitudes para con el género femenino.

Comúnmente, al pezón de los hombres (de los machos en general) no se le llama “pezón”, sino “tetilla”, pero, eufemismos aparte, es bien cierto que nosotros también poseemos esas protuberancias, ya sea cubiertas de vello o bien totalmente visibles, si es que hemos llevado a rajatabla los criterios de la metrosexualidad.  Pero tener pezones a veces implica correr también determinados riesgos, y un día quizás te das cuenta de que uno de los dos se ha puesto más claro que el otro, y al principio no le das importancia.  Pero pasan los días y aquello no vuelve a su color habitual, y finalmente, no sin cierta vergüenza, acudes al médico para otra cosa y, como de pasada, le comentas tu pequeño problema, y la doctora te lo mira y te lo palpa y te dije que puede no ser nada…  o puede ser el síntoma de un cáncer de mama.

Lo primero que piensas es que eso no puede ser, que los hombres, que no pueden ser mamás, tampoco pueden tener ese tipo de afecciones en las mamas.  Pero investigas un poco y acabas leyendo historias verídicas y viendo fotos horrendas y, por si sí o por si no, empiezas a desear que te llamen de la unidad de Cirugía Mamaria lo antes posible, para que cualquier atisbo de esa duda antes impensada quede rápidamente despejado.  Mientras tanto, te haces a la idea de que de la noche a la mañana puedes haberte convertido en una persona enferma, y poseedora de una enfermedad que, siendo macho y no hembra, te va a costar explicar a la gente, que por supuesto es tan inculta y tan escéptica como tú mismo eras hace apenas unos días.


Y todo ello, paradójicamente, apenas unos días antes de ver esa otra película llamada “Ma Ma”, en la que una mujer (Penélope Cruz) descubre que padece un cáncer de mama.  Qué cosas asombrosas tiene la vida, y mira que todas ellas se pueden ver reflejadas en alguna película…

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