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jueves, 24 de septiembre de 2015

Cine actualidad/ "MA MA"

Sobrevivir al dolor

Un bulto sospechoso, un ojeador futbolístico golpeado por la tragedia, un ginecólogo cantor, una niña ansiando ser adoptada…  son algunos de los elementos que configuran “Ma Ma”, la nueva película del director vasco Julio Medem.  De Medem he visto pocas películas, pero recuerdo con especial cariño una que me encantó, “Los amantes del Círculo Polar”, donde ponía de manifiesto su obsesión por la simetría, derivada del hecho de que su apellido se lee igual del derecho que del revés.  Desde entonces, cada vez que tengo ocasión de enfrentarme a alguno de sus trabajos, me fijo en ese aspecto, en las dualidades, en los contrapuntos, en las dos caras de un mismo suceso.

La protagonista absoluta de “Ma Ma”, como todo el mundo sabe, es la que hoy por hoy es nuestra actriz más internacional, una Penélope Cruz que, no conforme con encarnar a la heroína Magda, ejerce también de productora del film.  Su Magda es una mujer de armas tomar a quien ni siquiera la detección de un cáncer de mama (maldita enfermedad) es capaz de doblegar ni de privarla de sus ansias de vivir y de hacer mejores las vidas de su hijo, de su nuevo novio e incluso de su médico…

En un momento especialmente sensible de mi vida, he acudido a ver “Ma Ma” a pesar de las advertencias de no pocas personas, que pensaban que podría influirme negativamente  Al contrario, no solamente presencié una película mejor de lo que me esperaba, sino que el modo en que es narrada la enfermedad en su cruel proceso evolutivo, pero también la actitud siempre desafiante y esperanzada con que la enferma es capaz de afrontarla, no hacen sino iluminar, reconfortar e inspirar.  Incluso ante una dolencia tan ominosa como el cáncer,  lo que cuenta no es tanto el drama en sí mismo, sino la manera en que el enfermo le hace frente, la fortaleza de espíritu con la que resiste y el aprovechamiento que hace del poco o mucho tiempo del que dispone.

Si no fuera por la ausencia casi total de ese humor tan característico que adorna al manchego, diríase que “Ma Ma” parece a ratos dirigida por Pedro Almodóvar:  el tratamiento drástico de los colores, el mimo con los decorados y objetos de atrezzo, e incluso el modo en el que están dirigidos los actores, diríanse almodovarianos.  Pero Medem es más austero y más realista…  excepto en algunos aspectos puntuales.  Esas apariciones fantasmagóricas de la metafórica Natasha y los sueños recurrentes de la protagonista (alguno de los cuales parece demasiado verídico) representan el antídoto al hiperrealismo con aires de documental que dignifica el metraje.  Por el contrario, los canturreos del por otra parte muy correcto Asier Erxeandia (sobre todo el concierto en el quirófano, bochornoso) provocan algo de vergüenza, propia y ajena.  Luis Tosar y Alex Brendemühl representan el presente y el pasado sentimental de Magda, como la dualidad muerte/vida (tan características de Medem como señalábamos al principio) simbolizan que hasta en la más desoladora de las penas, puede hallarse el alivio de una bienvenida alegría.

Luis Campoy

Lo mejor:  Penélope Cruz, motor imparable del film
Lo peor:  les veleidades cantoras del doctor Julián
El cruce:  “Cosas que importan” + “Boyhood” + “Mi vida”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

lunes, 21 de septiembre de 2015

Cine actualidad/ "EVEREST"


Subir, subir…

Si la medimos desde el nivel del mar, el Everest es la montaña más alta del mundo (8.848 mts.):  claro que, según dicen, el Kilimanjaro (Tanzania) y el Mauna Kea (Hawaii) son aún más altas si la medición la realizamos desde la base del propio monte.  Pero no nos engañemos:  la palabra “Everest” (que fue el apellido del topógrafo que primero la midió) tiene unas connotaciones casi mágicas:  mito, aventura, emoción, hazaña, peligro…  y también muerte.

En  mayo de 1996, dos empresas dedicadas a posibilitar que turistas adinerados lograran alcanzar la cumbre del Everest se encontraron con una planificación prácticamente idéntica, tanto que decidieron emprender la escalada, conjuntamente, el mismo día.  Sin embargo, ni si siquiera el hecho de afrontar juntos la ascensión les preparó para la terrible tormenta que se avecinaba…

“Everest” se basa en un suceso real, muy comentado en su momento, y, como tal, sobre lo sucedido existen diversas narraciones, alguna incluso a cargo de una cooperante española que fue de las primeras en acudir en auxilio de los supervivientes.  El primer borrador de guión hace tiempo que venía circulando por los despachos de los principales estudios de Hollywood, pero la producción no se puso en marcha hasta que algún avispado ejecutivo vio “Lo profundo”, una de las películas más celebradas del realizador hispano-islandés Baltasar Kormákur, y decidió encargarle la puesta en escena del film.

En la larga tradición alpinista (que no alpina) del Everest, existen algunos privilegiados que lograron alcanzar su cumbre, no una, sino varias veces.  Dos de ellos fueron Rob Hall y Scott Fisher, los cuales, durante el devenir del tiempo, optaron por crear sendas empresas de escalada, con sus bases de operaciones bien situadas en las mismas faldas de la montaña.  Hall es quien cobra el mayor protagonismo en el film, mientras que Fisher tiene un papel mucho más episódico.  A Hall le da vida el ascendente Jason Clarke, a quien ví en “La noche más oscura” y cuya fantástica interpretación me hizo memorizar su nombre.  Desde ese momento, le hemos tenido en títulos como “El Gran Gatsby”, “El amanecer del planeta de los simios” o la muy reciente “Terminator Génesis”, en esta última, recuerdo haber pensado que se merecía soportar sobre sus hombros el peso exclusivo de una película, cosa que de momento no ha sucedido.  En cuanto al personaje de Fisher, recae en el ya famoso Jake Gyllenhaal, que en esta ocasión accede a conformarse con un secundario con pocos minutos en pantalla, aunque, éso sí, bastante bien aprovechados.  Los turistas atraídos por el peligro del Himalaya, están incorporados por Josh Brolin, Michael Kelly y John Hawkes, y el resto de nombres conocidos del reparto incluye a Emily Watson, Sam Worthington, Keira Knightley y Robin Wright.

Es curioso que un guión que, como digo, llevaba bastante tiempo yendo de mesa en mesa, haya tenido que sufrir diversas reescrituras y que, aun así, sea tan fácil detectar en él no pocas incongruencias, que afectan sobre todo a la descripción de algunos personajes y sus motivaciones.  No quiero extenderme mucho en estos datos para no spoilear, pero sí podemos decir, de forma ambigua, que, según lo que vemos en el film, los más listos son los que al cabo parecen más tontos (y viceversa), y que la experiencia carece de ese grado que se le presupone, en beneficio de la famosa suerte del principiante.  No digo nada más.  Pero si uno se desembaraza de los prejuicios de una historia no todo lo bien narrada que se presuponía, si uno es capaz de dejarse llevar por la fuerza de las imágenes, es cuando “Everest” llega a sus más altas cotas.  La belleza y grandiosidad de las escarpadas laderas nevadas, los paisajes incomparables, el lado perverso y devastador de la Naturaleza, lo bien desarrolladas que están las secuencias de acción, la música de Dario Marianelli y, sobre todo, los rostros de Jason Clarke, Emily Watson e incluso una efímera Keira Knightley conforman lo más destacado de un film espectacular que dignifica el llamado “cine de catástrofes”, el cual había perdido algo de seriedad y dramatismo con la reciente “San Andrés”.  Lo que yo quería encontrar en la nívea cumbre del “Everest” lo hallé…  con creces.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, la música, Jason Clarke
Lo peor:  las notables incongruencias del guión, lo desperdiciado que está Jake Gyllenhaal
El cruce:  “Máximo Riesgo” + “Límite Vertical” + “Bajo Cero”

Calificación:  8 (sobre 10)

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Mamas in the Papas

En la recta final de mi estancia en el colegio “Sagrado Corazón” de los hermanos Maristas de Alicante, el profesor de Historia nos habló un día de la película “Un hombre llamado Caballo”, la cual reflejaba de modo fidedigno las costumbres y tradiciones de los indios crows.  El protagonista de aquel film era Richard Harris, en el papel de un aristócrata que, capturado por los pieles rojas, era convertido poco menos que en esclavo, hasta que un día se rebelaba y reclamaba su pertenencia a la tribu como miembro de pleno derecho.  Para conseguirlo, era sometido a una brutal ceremonia de iniciación, en la que le colgaban de los pezones en un ritual de sufrimiento que finalmente lograba superar.  Creo que, inocente yo, fue la primera vez que fui consciente plenamente de que los hombres también teníamos pezones, como nuestras compañeras las mujeres, pero estaba claro que no había entendido cuáles eran todas las similitudes para con el género femenino.

Comúnmente, al pezón de los hombres (de los machos en general) no se le llama “pezón”, sino “tetilla”, pero, eufemismos aparte, es bien cierto que nosotros también poseemos esas protuberancias, ya sea cubiertas de vello o bien totalmente visibles, si es que hemos llevado a rajatabla los criterios de la metrosexualidad.  Pero tener pezones a veces implica correr también determinados riesgos, y un día quizás te das cuenta de que uno de los dos se ha puesto más claro que el otro, y al principio no le das importancia.  Pero pasan los días y aquello no vuelve a su color habitual, y finalmente, no sin cierta vergüenza, acudes al médico para otra cosa y, como de pasada, le comentas tu pequeño problema, y la doctora te lo mira y te lo palpa y te dije que puede no ser nada…  o puede ser el síntoma de un cáncer de mama.

Lo primero que piensas es que eso no puede ser, que los hombres, que no pueden ser mamás, tampoco pueden tener ese tipo de afecciones en las mamas.  Pero investigas un poco y acabas leyendo historias verídicas y viendo fotos horrendas y, por si sí o por si no, empiezas a desear que te llamen de la unidad de Cirugía Mamaria lo antes posible, para que cualquier atisbo de esa duda antes impensada quede rápidamente despejado.  Mientras tanto, te haces a la idea de que de la noche a la mañana puedes haberte convertido en una persona enferma, y poseedora de una enfermedad que, siendo macho y no hembra, te va a costar explicar a la gente, que por supuesto es tan inculta y tan escéptica como tú mismo eras hace apenas unos días.


Y todo ello, paradójicamente, apenas unos días antes de ver esa otra película llamada “Ma Ma”, en la que una mujer (Penélope Cruz) descubre que padece un cáncer de mama.  Qué cosas asombrosas tiene la vida, y mira que todas ellas se pueden ver reflejadas en alguna película…

martes, 15 de septiembre de 2015

Cine actualidad/ "LA VISITA"

Queridos abuelitos

En 1999, el tema de conversación de muchos cinéfilos del mundo era el sorprendente final de “El Sexto Sentido”.  “¿Te lo esperabas?”  “¿Lo habías visto venir?”.  Lo cierto es que aquella primera película mainstream del director hindú M. Night Shyamalan le convirtió de golpe en poco menos que en un realizador de culto, y desde aquel instante sus siguientes producciones eran recibidas con verdadera expectación…  hasta que a los éxitos indiscutibles (“El protegido”, “Señales”) les siguieron decepciones como “El bosque” o “El incidente”.  Pero como lo que mal anda, suele acabar peor, todavía tenía que venir una hondonada más profunda y oscura.  “Airbender” fue un borrón tan calamitoso que fueron muchos antiguos fans quienes proclamaron su animadversión eterna hacia Shyamalan, y su hasta ahora último trabajo, “After Earth”, no hizo sino desanimar más todavía a un buen número de personas.

Por eso, no éramos pocos quienes esperábamos como agua de mayo el estreno de “La visita”, la nueva película del realizador indio, máxime cuando en los trailers se adivinaba que se había decidido a regresar a los territorios del terror, el género en el que más había despuntado.  En “La visita”, dos hermanos acuden a pasar una semana a la casa de campo de sus abuelos maternos, con quienes su madre no se habla desde muchísimo atrás.  Lo que en principio parece una estancia entrañable y divertida, poco a poco va adquiriendo tintes sospechosos que culminarán en un evidente desasosiego…

Con “La visita”, Shyamalan demuestra que de tonto no tiene un pelo.  Como dije anteriormente, regresa a un ámbito terrorífico, pero lo hace a su manera, incorporando atractivos elementos de humor negro, ya presentes en el mencionado tráiler que tan bien lucía en los cines.  No sería un spoiler apuntar que el referente directo de “La visita” es el cuento de “Hansel y Gretel”, el que dos adolescentes perdidos en el bosque acaban en la casa de una aparentemente venerable ancianita, que no duda en pedirle a la chica que se introduzca entera en el horno…  para limpiarlo.  Siempre digo que la mezcla de géneros puede resultar indigesta si no está bien equilibrada, pero en ese caso todos los componentes tienen el peso adecuado.  Para empezar, el sentimentalismo de la familia rota que es incapaz de volverse a reunir,  a continuación, esos bienvenidos apuntes humorísticos a costa de las excentricidades de los ancianos;  y, en el tramo final, el miedo puro y duro, con buenos golpes de efecto y un desenlace que, nuevamente, impacta al respetable.

“La visita” se adscribe a la corriente conocida como “found footage” (metraje encontrado), que hace referencia a esos títulos que supuestamente exhiben el material grabado por los protagonistas reales de la historia, casi siempre después de que éstos hayan perecido.  Ejemplos de este subgénero podrían ser “Holocausto caníbal” (la que la inició), “El proyecto de la bruja de Blair”, “Monstruoso”, “Rec”, “Paranormal Activity” o la reciente “La horca”.  La justificación que Shyamalan utiliza es un documental en el que la joven protagonista de “La visita” trata de plasmar no sólo el reencuentro con los abuelos, sino también el fin de las desavenencias entre ellos y su madre, e incluso su propia melancolía en relación a su padre ausente.  Mientras tanto, su hermano aporta algunos toques de modernidad que, la verdad, abochornan un poco, pero por fortuna la historia encauza la senda hacia el terror y, entre susto y susto, se le acaban por perdonar casi todos los fallos.

Creo que no conocía a ninguno de los actores que ha reclutado M. Night Shyamalan para su retorno a los orígenes, pero la mayoría de ellos cuajan una convincente interpretación, con especial mención a la joven Olivia DeJonge y la veterana Deanna Dunagan.

Luis Campoy

Lo mejor:  el equilibrio entre terror y comedia
Lo peor:  los raps del inquieto Tyler, sobre todo en su traducción al español
El cruce:  “El proyecto de la bruja de Blair” + “Hansel & Gretel” + “Scary Movie”

Calificación:  7 (sobre 10) 

lunes, 14 de septiembre de 2015

En busca del pelo perdido

Creo que nunca le agradeceré lo bastante a mi madre que desde niño me peinase con la raya al lado.  Ese estilo clásico, que pusieran de moda en los años 40 actores como Clark Gable o Cary Grant, no sólo dicen que te confiere una apariencia elegante y confiable, sino que (y esto acaba siendo lo más importante) permite que los pelillos de un lado de la cabeza, convenientemente largos, caigan sobre el otro lado, tapando o disimulando las carencias existentes en medio.  Al uso extremo de esta táctica, cuando en el centro ya no queda nada, se le conoce como “cortinilla”, y bien fea que queda cuando todo el mundo percibe que los cuatro pegajosos cabellos que te ladeas tienen como única misión la de ocultar una calvicie que no deseas afrontar.  En mi caso, por suerte el cartón no impera en su totalidad, pero la proverbial raya al lado ayuda a que se mantenga una apariencia que, como en las buenas películas, no procede revelar cuánto tiene de verdad y cuánto de ficción…

Como ya comentamos un par de años atrás, la ansiedad del hombre que se sabe heredero de un legado alopécico tiene un difícil apaño incluso en este mundo tan postmoderno en el que vivimos.  Lo más triste es comprobar cómo señores con tanta pasta y tantas posibilidades como Bruce Willis, Jason Statham, John Malkovich, Vin Diesel, Michael Jordan, Andrés Iniesta, Emilio Botín o el ex ministro José Ignacio Wert han perdido irremediablemente el pelo.  Otros, como el futbolista Wayne Rooney, el cavaliere Silvio Berlusconi o el también ex ministro José Bono han optado por un (carísimo) trasplante, lo cual no hace sino confirmar que no existen soluciones fáciles o, al menos, soluciones baratas.  Aun así, cuando nuestras cabezas se empiezan a volver otoñales prematuramente, algunos nos negamos a aceptar lo inevitable y luchamos no ya por recuperar lo perdido, sino al menos por no perder lo que aún nos queda.  Como decíamos en aquella ocasión, muchos son los productos que anuncian efectos milagrosos…  pero muy pocos los que realmente sirven para algo.  El chiste acerca de que lo único que detiene la caída del cabello es el suelo, sigue por desgracia estando vigente, pero nada nos impide mantener una chispa de fe capaz de mover las montañas del destino. 

Mas ya la propia actitud de los médicos nos devuelve a la cruda realidad.  Como si fuesen custodios de nuestra resignación o guardianes de nuestra economía, de antemano lo que te advierten es que “si el pelo ha de caerse, se te va a caer hagas lo que hagas”.  Lo que te prescriben a continuación son remedios en los que no confían ni ellos mismos, por lo que tienes la sensación de que te están sugiriendo un placebo inútil.  De los champús que atestan las droguerías comunes, yo creo que nadie se fía un pelo (valga la redundancia).  Y, después de varios años probando complejos vitamínicos de lo más variopinto, mucho me temo que las pastillas no hacen otra cosa más que generar efectos…  secundarios.  He perdido la cuenta de las marcas que han ido cayendo por mi gaznate (Arkocapil, Kaidax, Vigorix, Inneov…), y mentiría si dijese que he experimentado alguna mejoría que haya durado más de lo que dura un espejismo.  Ahora leo que la única medicación que funciona es el Finasteride, que en realidad es un fármaco para la próstata que, en ciertos casos, supuestamente origina el crecimiento de vello, pelusa o, en los sujetos más afortunados, auténticos cabellos, pero ¡ay!, sus consecuencias pueden ser funestas:  sarpullidos, dificultades respiratorias, pérdida del deseo sexual o impotencia.  Le verdad es que uno se pregunta qué es lo realmente importante:  el pelo o la salud.

En el punto intermedio entre no hacer nada o hacer algo que pueda resultar nocivo, es cuando nos viene a la cabeza la solución intermedia:  el minoxidil.  El viejo y clásico minoxidil.  En sus dos concentraciones del 2 % y el 5 %, si tienes cuidado de no echarte más de 1 ml. en cada aplicación (se recomiendan dos diarias), los efectos colaterales no son agresivos y, al menos, te queda la tranquilidad de que no bajaste los brazos sin presentar batalla.  Incluso una persona me confesó que el primo de un cuñado del amigo de un vecino suyo afirmaba haber conocido a un tipo a quien le había crecido un robusto pelamen merced al fantástico poder de la solucionadora solución.  Cuando el postrer cabello sólo sobreviva en el recuerdo, la esperanza será lo penúltimo que se haya perdido.

jueves, 10 de septiembre de 2015

El caso Piqué

Hay tipos como Gerard Piqué Bernabeu (Barcelona, 2 de febrero de 1987) que están condenados a no pasar inadvertidos.  Sus 1,92 metros de estatura, su aspecto de modelo de alta costura y su carácter abierto y jovial difícilmente podrían esconderse.  Además, su temperamento netamente catalán aderezado por sus casi cuatro años de residencia en Inglaterra le confieren una forma de ser absolutamente única;  Piqué es de esas personas que se aman apasionadamente o se odian a muerte.

Adicto a las emociones fuertes y consumado jugador de poker, nuestro hombre no es sólo un jugador que desde 2008 vuelve a vestir la zamarra del Fútbol Club Barcelona, es un culé acérrimo y cerrado, de ésos para quienes lo principal, aun antes que una victoria blaugrana, es la correspondiente derrota del acérrimo y eterno rival:  el Real Madrid.  Por si le faltaba algo, está casado con una de las mujeres más famosas y deseadas del firmamento musical, la colombiana Shakira Mebarak, y es tan poco discreto en sus opiniones políticas como en sus manifestaciones deportivas.

Creo que todo empezó a raíz del famoso 2-6 del Santiago Bernabeu (2 de mayo de 2009), momento en el que Piqué marcó uno de los goles y lo celebró apasionadamente, quizás demasiado apasionadamente teniendo en cuenta que se hallaba en el templo madridista.  Pero es que al año siguiente (29 de Noviembre de 2010), el Barça le endosaba a los merengues un dolorosísimo 5-0 en el Camp Nou, y un tipo tan poco comedido como Gerard no fue capaz de evitar un gesto de triunfo (la mano extendida con los cinco dedos enhiestos simulando los cinco goles materializados) que para muchos madridistas constituyó una afrenta que nunca le perdonarían.  Desde entonces, ha habido varias ocasiones más en las que algunas actuaciones del central azulgrana han podido molestar u ofender la sensibilidad de alguna gente (apariciones públicas en toda diada y manifestación independentista que se haya celebrado en Cataluña;  incidente con la Guardia urbana durante una salida nocturna), llegando todo ello a su culmen este mismo año 2015, en el que Piqué ha batido su propio récord de provocaciones:  tras los pitos al Himno de España en los prolegómenos de la final de Copa del Rey, dijo que aquello había sido simplemente “libertad de expresión”;  durante la celebración del triplete (Liga, Copa Rey y Champions), no se le ocurrió otra cosa que dedicar el triunfo al cantante también colombiano Kevin Roldán, quien reveló que había actuado en la fiesta de cumpleaños de Cristiano Ronaldo, atestada de jugadores madridistas que acababan de ser vapuleados por el Atlético de Madrid);  y hace unas semanas, mientras festejaba la Super Copa de Europa, instó a sus compañeros a dar la vuelta al campo, “para que se jodan los del madrid”.

No, Piqué no deja indiferente a nadie.  Pero pienso que sus provocaciones son tan elementales y primarias que, más que atribuirlas a un deseo premeditado de molestar o herir, hay que achacarlas a una cierta impulsividad y a una evidente inmadurez.  No debe ser fácil ser como él:  joven, atractivo, rico y famoso, y con un ejército de personas a su alrededor que no siempre le darán los mejores consejos.  Que le piten en los campos de juego no debería resultar sorprendente (al fin y al cabo, ¿no dice él mismo que los pitos son “libertad de expresión”?)... pero sólo cuando va vestido de azulgrana.  Lo que no es razonable ni justificable es que, cuando lleva la indumentaria de La Roja, la Selección nacional, reciba la animadversión del público.  En rueda de prensa celebrada hoy mismo, el jugador opina que se le silba sólo por motivos deportivos, por expresar en público lo que él considera un sentimiento elemental de amor por su club y que lleva aparejado un no menos elemental rechazo hacia el enemigo ancestral.  Yo creo que se equivoca, pues cada una de sus declaraciones independentistas ha sido interpretada como un escupitajo a la bandera de España, cuyo escudo va bordado en la zamarra roja que lleva vistiendo desde los catorce años, y para mí que la “antiespañolidad” es un pecado mucho más grave que el “antimadridismo”.


Así es como nos hallamos ante un futbolista peculiar que siempre es noticia por algo, pero que reivindica su derecho inalienable a seguir siendo simplemente él mismo, ni más ni menos que eso.  Reconoce que su actitud puede no haber sido siempre “elegante”, pero proclama a los cuatro vientos su carencia de maldad, su nula pretensión de hacer daño.  Yo le creo, si bien no apruebo ni justifico la conducta exhibida hasta este momento.  Los forofismos están muy bien entre forofos, pero la burla al rival es ofensiva y puede y debe evitarse.  Por otra parte, pienso que un deportista famoso seguido por millones de niños en todo el mundo debe tener un comportamiento intachable dentro del terreno de juego, pero aún más ejemplar y modélico fuera de él.  En cualquier caso, vuelvo a afirmar, y con ésto concluyo, que es comprensible que se pite a un jugador claramente polémico, pero sólo cuando defiende los colores de su equipo local, y jamás, jamás, cuando representa a una selección nacional en la que es un baluarte ciertamente indiscutible.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Cine actualidad/ "ANACLETO, AGENTE SECRETO"

Cutrebond a la española

No recuerdo haber comprado jamás un comic de Anacleto en solitario, pero solía leer sus aventuras en aquellos entrañables contenedores que, bajo títulos como “Pulgarcito” o “DDT”, publicaba la añorada editorial Bruguera.  Anacleto era de Vázquez, pero confieso que a mí me gustaban más Mortadelo y Filemón de Ibáñez, que de ésos si tenía tomos completos que todavía atesoro con cariño.  Pese a todo, recuerdo aquel flequillo negro y desafiante, el smoking jamesbondiano y el perpetuo cigarrillo en la boca, signos de identidad de un agente secreto deliberamente cutre.

En un momento en que las adaptaciones al cine de personajes de historieta están más de moda que nunca, es de agradecer que a alguien se le haya ocurrido vestir de largo a algunos de nuestros más entrañables héroes de papel.  Sin embargo, la historia que nos trae el director y guionista Jesús Ruiz Caldera no es una historia más al uso, sino que imita el concepto de la también reciente “Ant-Man” y lo que nos narra es un relevo generacional:  el de un Anacleto sexagenario a su hijo treintaañero.  Los tiempos cambian, pero el concepto se mantiene…  y los archienemigos también.  Después de tres décadas en una lóbrega prisión, el malvado criminal conocido simplemente como Vázquez logra escapar, y sólo el carismático y más secreto agente será capaz de detenerle…

Siguiendo la estela de las varias adaptaciones de las que han gozado los mencionados Mortadelo y Filemón, el traslado a la pantalla de Anacleto se produce manteniendo el humor absurdo y alocado de los tebeos, pero añadiendo unos efectos visuales de relumbrón.  El propio Manuel Vázquez dijo una vez que, aunque el público pensaba que la inspiración de su Anacleto procedía de los films de James Bond, el modelo que él tenía en la cabeza era la serie televisiva “El Superagente 86”, y para el salto al cine parece indiscutible que Ruiz Caldera ha querido aproximarse a la violencia excesiva pero con un punto de humor de “Kingsman”.  Ahora bien, y muy a mi pesar, tengo que decir que a veces las intenciones se quedan a medio camino de los logros, y en este caso me temo que las ambiciones del director debieron ser mucho más elevadas de lo que finalmente nos presenta.  Para empezar, se acusan demasiado las lógicas limitaciones presupuestarias, y ni siquiera los más o menos imaginativos emplazamientos de cámara pueden disimularlo.  Es como si el cutrerío tonal que se presuponía se hubiera desbordado y hubiese inundado todos los ámbitos del film, mas no deliberadamente.  Por otra parte, el guión en sí equivoca el eje sobre el que debería haber basculado:  aunque el joven Quim Gutiérrez está correcto como el despistado Adolfo, quien atrae la atención del espectador en cada plano en el que aparece es el magnífico Imanol Arias, y cada vez que él no está presente, el film pierde fuelle irremisiblemente;  seguro que quienes vieron “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” me entenderán perfectamente.  El resto de intérpretes también tienen alguna que otra oportunidad de lucimiento, como un sobreactuado Berto Romero, una insípida Alexandra Jiménez, un desaprovechado Emilio Gutiérrez Caba o un inadecuado Carlos Areces (hubiera hecho falta un actor con mucho más carisma para hacer frente al fenómeno Arias).

Tenía muchísimas ganas de ver la película, pero, como sucede a menudo, cuanto más altas son las expectativas, más doloroso es el chasco.  De “Anacleto”, lo mejor estaba en sus dos excelentes trailers, y lo demás, sin ser del todo desdeñable, sencillamente no está a la altura de esas hilarantes set-pieces.  En cualquier caso, nos hallamos ante un producto superior a algunos “Torrentes” y esperemos que con más continuidad que “Zipi y Zape y el Club de la Canica”.

Luis Campoy

Lo mejor:  de calle, Imanol Arias
Lo peor:  haber empezado la saga de cine con un Anacleto pre-jubilado
El cruce:  “Mortadelo y Filemón” + “Kingsman” + “007:  Alta Tensión”

Calificación:  6 (sobre 10)

jueves, 3 de septiembre de 2015

Cine actualidad/ “UN DÍA PERFECTO”

Agua del pozo

Ninguna guerra es buena, ni justa, ni necesaria, ni mucho menos santa.

En 1995, durante los últimos días del conflicto bélico de los Balcanes, un grupo de cooperantes intenta sacar un orondo cadáver de un pozo para impedir que el agua se corrompa.  Sus múltiples vicisitudes para lograr evitar que unos pobres lugareños mueran de sed, constituyen el núcleo de “Un día perfecto”, la última película del realizador madrileño Fernando León de Aranoa.

León, que permanece en activo desde hace casi 20 años y es autor de films tan conocidos como “Familia”, “Barrio” o “Los lunes al sol”, llevaba sin estrenar ningún título desde 2010, cuando “Amador” no tuvo la repercusión deseada (mejor dicho, no tuvo ninguna repercusión).  Quizás para resarcirse de aquel desprecio de la audiencia, para su nuevo proyecto ha contado con un elenco internacional para ilustrar una historia que asímismo trasciende las fronteras españolas.  Basada en el libro autobiográfico “Dejarse llover” de la cooperante, también madrileña, Paula Farias, “Un día perfecto” ya deja entrever en su propio título uno de sus recursos más poderosos:  el sentido del humor.  Y no es que se trate de una comedia, ni mucho menos, sino que el guión que ha escrito el propio Fernando León en compañía de Diego Farias sabe dónde y cómo es preciso intercalar una sonrisa para desdramatizar un ambiente que, de ten tenso, se podría cortar con un cuchillo balcánico.  Lo que queda claro desde el arranque de la película es que, demasiado a menudo, las mejores intenciones y la buena voluntad no sirven de nada si chocan contra el odio, la cerrazón, la intolerancia y la burocracia.  Lo peor es esa inmensa (pero verídica) ingratitud de algunas personas que son incapaces de agradecer la ayuda desinteresada que los activistas internacionales acuden a prestarles aun a riesgo de sus propias vidas.

Benicio del Toro (“Escobar, el paraíso perdido”), Tim Robbins (“Cadena perpetua”), Olga Kurylenko (“El Maestro del agua”) y Melanie Thierry (“Teorema zero”) encabezan el reparto estelar que en Marzo de 2014 acudió a Alquife (Granada) para rodar algunas de las polvorientas secuencias de la película.  El caso es que, de tanto ver el tráiler en los cines, había llegado a pensar que lo único bueno (o al menos lo único entretenido) del film era lo que aparecía en el avance, pero lo cierto es que, una vez vista la película, tengo que rendirme a la evidencia de que Fernando León sabe cómo concienciar, conmover y entretener, sin dar opción a que el público pueda sentirse aburrido.  Un resoplido de Benicio del Toro, un chiste de Tim Robbins, un alarde de hipernaturalidad del quinto protagonista Fedja Stukan (“En tierra de sangre y miel”) o algún compás de una canción que, para variar, consigue contrapuntear las imágenes sin que resulte chirriante se agradecen como maná caído del cielo.  De verdad, disfruté la película de cabo a rabo y al final hasta me dieron ganas de aplaudir.

Luis Campoy

Lo mejor:  los actores, el sentido del humor
Lo peor:  que haya quienes esperan encontrar más de lo que la película ofrece
El cruce:  “Territorio Comanche” + “El año que vivimos peligrosamente” + “Tropic Thunder”

Calificación:  8 (sobre 10)

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Cine actualidad/ "ATRAPA LA BANDERA"

Animos para la animación española

Con el advenimiento del ordenador a la producción cinematográfica, se superaron no pocos problemas…  aunque también se generaron otros (de los cuales no toca hablar hoy).  Uno de los terrenos en los que más variaciones y grado de perfeccionamiento se produjeron fue sin duda el de la animación digital, que en muy poco tiempo prácticamente ha relegado a los dibujos animados tradicionales al ámbito televisivo.  Con respecto a nuestro país, en estos últimos años se viene disfrutando una especie de edad de oro, con puntos verdaderamente álgidos como “Planet 51” o, sobre todo, “Las aventuras de Tadeo Jones”, éxitos mayúsculos que se caracterizan por una excelente factura estética y una temática que las acerca a la idiosincrasia de los productos elaborados en Yanquilandia.

“Atrapa la bandera” es la nueva propuesta de los creadores de “Tadeo Jones”, y viene firmada por el realizador de aquélla, Enrique Gato.  Los protagonistas son unos chavales que viven en los Estados Unidos y que se ven inmersos en los macabros planes de un multimillonario empeñado en vaciar la Luna de un poderoso combustible.  Para evitarlo, los chicos se embarcan en una increíble misión espacial para preservar la bandera norteamericana que ondea (es un decir) en la superficie lunar desde 1969…

Tal como dije en el párrafo anterior, en “Atrapa la bandera” se repiten milimétricamente los parámetros antes apuntados, ya que, por un lado, la realización es fabulosa y, por otro, la temática no puede ser más fácilmente extrapolable a la tierra del dólar.  Supongo que habrá quienes, excesivamente puristas ellos, se quejen de que una película española “reniegue” temáticamente de su origen, pero hay que reconocer que, hoy en día, un film de estas características necesita ser (o parecer) lo más internacional posible, y, para ello, nada mejor que llenarlo de barras y estrellas a tutiplén.

Sobre el argumento en sí, no hay que lanzar las campanas al vuelo, pero tampoco es preciso rasgarse las vestiduras.  Obviamente pueden identificarse mil y un tópicos y no es difícil encontrar referencias tan evidentes como “Apolo 13”, “Space Cowboys” o “Los Goonies”.  También se nota que, en su desesperado intento por asemejarse a los más famosos hitos de la animación estadounidense, se han adaptado los mismos arquetipos familiares y la presencia de personajes tan chirriantes como el clásico niño repelente o la mascota con insoportable protagonismo.  Mas, una vez reconocidos sus defectos, uno no puede sino quedarse totalmente ojiplático desde el mismo inicio, y es que esa secuencia de persecución marítima en la que las olas y los cielos parecen más reales que si fuesen fotografiados, ya da una buena idea de por dónde van a ir los tiros.  Técnicamente, “Atrapa la bandera” ofrece muchas razones para sentirse feliz y  orgulloso de que sus artífices sean españoles.  Y éso, sin duda, merece totalmente la pena.

Luis Campoy

Lo mejor:  la realización técnica, todo un prodigio
Lo peor:  la importancia que se le otorga al insoportable lagarto de uno de los protagonistas
El cruce:  “Apolo 13” + “Space Cowboys” + “Los Goonies”

Calificación:  8 (sobre 10)