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martes, 28 de julio de 2015

Cine actualidad/ “PIXELS”

Aquellos maravillosos videojuegos…

Había en Alicante, hasta hace relativamente pocos años, un salón de juegos recreativos llamado Luna Park, que se erigía frente al desaparecido cine Casablanca, convirtiendo la zona en una especie de paraíso para la diversión.  En aquel antro que recuerdo con tantísimo cariño, pasé no pocas horas solo o con amigos, evitando invasiones de enemigos extraterrestres, destruyendo tanques amenazadores o despegando con una aparatosa nave que primero tenía que ensamblarse…

La premisa argumental de “Pixels” tiene que ver íntimamente con lo que acabo de narrar, y, de hecho, la historia arranca en uno de aquellos salones recreativos de los años 80, donde un grupo de amigos libra todo tipo de partidas en las consolas de mando de primitivos videojuegos casi siempre de origen japonés.  Tres décadas después, una raza alienígena lanza un devastador ataque sobre la tierra, adoptando la forma de “terribles” enemigos pixelados como Donkey Kong, el Comecocos (Pacman), el Centípede o los mismísimos Pitufos creados por Peyo.  Sólo quienes en los ochenta se erigieron en consumados expertos de aquellas consolas serán capaces de afrontar con éxito la apocalíptica amenaza…

El origen de “Pixels” hay que buscarlo en un cortometraje de nombre homónimo y de apenas 2 minutos y medio de duración, que dirigió un tal Patrick Jean y se convirtió en fenómenos viral.  Sobre la simple premisa argumental de dicha mini-película (los más famosos personajes de los videojuegos de los 80 se apoderan de la Tierra), los guionistas Tim Herlihy y Tim Dowling escribieron un guión que lograron vender a la multinacional Sony, quien valoró las posibilidades de éxito del producto y contrató nada menos que a Chris Columbus para dirigirlo.  Columbus, todo un veterano del cine de evasión de los 80 (tiene 56 años), fue guionista de “Gremlins” y “Los Goonies” y, posteriormente, dirigió las dos primeras entregas de la saga de Harry Potter, así que a priori parecía una buena opción para llevar a buen puerto el proyecto.

Y no es que Columbus lo haga mal del todo.  No lo es en absoluto.  Personalmente, pasé un rato razonablemente bueno viendo “Pixels”, fresquito, riéndome y olvidando el mundanal hervidero de preocupaciones.  El problema es, lógicamente, que a una película de 105 minutos que se basa en un cortometraje de 2 minutos y medio le hace falta una cantidad inmensa de metraje adicional para rellenar las lagunas existentes, de modo que, tratándose de un espectáculo humorístico, proliferan las situaciones pretendidamente graciosas, y el humor empleado…  no siempre está a la altura.  Además, y ésto está constituyendo un hándicap insalvable para muchísima gente, el protagonista es nada menos que Adam Sandler, lo que últimamente es no sólo síntoma de poca calidad…  sino también de poco éxito en taquilla.  Yo no tengo nada en contra de Sandler, sencillamente porque, si una película suya no me atrae, pues no la veo y ya está, pero recuerdo los buenos ratos pasados gracias a “Click” o, sobre todo, a “Zohan:  Licencia para peinar” un alegato contra la intolerancia muy recomendable.  Sin embargo, leo muchas de las críticas (negativas) que está recibiendo “Pixels” y me resultan mayoritariamente injustas, así que quiero y debo romper una lanza a su favor.

Es obvio que una película en la que·”brillan” iconos del humor descerebrado como Adam Sandler, Kevin James y Josh Gad (“El gurú de las bodas”) no puede ni pretende erigirse en obra magna del género, y es cierto que hay diálogos y secuencias completas que traspasan las fronteras del ridículo más elemental, pero también es verdad que la dirección de Chris Columbus es ágil, el ritmo es ameno y los efectos especiales (con los villanos pixelados y pixelando a personas y edificios) son bastante potentes.  Es más, al tiempo que reconozco que estupendos secundarios como Sean Bean y Brian Cox están absolutamente desaprovechados, tengo que admitir que tanto Sandler como James cuajan aceptables interpretaciones, lo cual es responsabilidad del señor Columbus.  Aunque, si hay que destacar a un par de intérpretes, habría que mencionar a la guapísima Michelle Monaghan (por razones obvias) y al siempre excelente Peter Dinklage, un enano (es el “Tyrion Lannister” de “Juego de Tronos”) dotado de un talento gigantesco.

Me parece estúpido pretender descalificar a un producto como “Pixels” simplemente por la identidad de su protagonista y porque (evidentemente) no aspira a erigirse en bandera del género de la comedia.  Estoy convencido de que nunca fue ésa la pretensión de sus creadores, sino sólo la de entretener y hacer reir.   De hecho, en algún momento de la proyección me sentí trasladado a los años ochenta, precisamente al día en que ví “Los Cazafantasmas”, otra película que hoy recordamos como maravilloso objeto de recuerdo y culto, pero que en su momento fue muy, muy, pero que muy criticada.  ¿Quién sabe si dentro de 30 años también pensaremos en “Pixels” mientras una sonrisa recorre nuestras mejillas?.

Luis Campoy

Lo mejor:  la aparición de los personajes de los videojuegos ochenteros, cualquier escena en la que aparece Peter Dinklage
Lo peor:  demasiados gags están poco elaborados, con un humor burdo e infantiloide
El cruce:  “Los Cazafantasmas” + “Jumanji” + “Independence Day”

Calificación:  6 (sobre 10)

lunes, 27 de julio de 2015

Cine actualidad/ "ANT MAN"

Diversión en pequeñas grandes dosis

Dentro de su ambicioso e inteligente plan de producción, la todopoderosa Marvel empezó por trasladar a la pantalla los más conocidos de los héroes sobre los que detentaba los derechos cinematográficos (ésto es, todos menos Spiderman, los mutantes de la Patrulla X y los Cuatro Fantásticos), con unos resultados por todos conocidos.  Como colofón a su llamada “Fase 2”, la compañía auspiciada por Disney nos trae un nuevo personaje que, aun siendo uno de los Vengadores fundadores en los tebeos, no ha sido objeto de culto masivo debido a su propia condición de justiciero de proporciones diminutas.

Identidad secreta del científico Henry “Hank” Pym, el Hombre Hormiga debutó a principios de la década de 1960 en la colección “Tales to Astonish”, y enseguida sus poderes de reducción y aumento de tamaño resultaron interesantes a la hora de componer el quinteto de Vengadores originales junto a Iron Man, Thor, Hulk y la Avispa.  En la película recién estrenada en nuestro país, Ant Man (parece que de repente suena poco comercial la habitual traducción española como “Hombre Hormiga”) ya no es el primigenio Dr. Pym, sino un ladrón con vocación de Robin Hood, un tal Scott Lang que recibe el traje y los poderes reductores por casualidad y casi por obligación, viéndose abocado a una carrera que no deseaba pero que le abrirá las puertas de la redención…

El proceso de elaboración de “Ant Man” ha durado más tiempo del previsto y deseado, existiendo un primer guión elaborado por el que iba a ser su director, Edgar Wright (“X-Men.  Primera Generación”), quien, poco antes de comenzar el rodaje, abandonó el barco aludiendo a las archifamosas “diferencias creativas” con Marvel.  Ya avanzada la producción y sin posibilidad de echarse atrás, entró en escena un nuevo realizador, el irregular Peyton Reed, quien apostó por un toque más ligero y humorístico…  lo cual finalmente no ha quedado nada mal.

Ajustando la composición de la película a la propia idiosincrasia del personaje, Reed ha creado una historia pequeña para un héroe pequeño, en la que lo importante no son tanto las espectaculares escenas de acción (que alguna hay) como los diálogos entre el protagonista Scott Lang y los diferentes personajes que le complementan:  desde el viejo HanK Pym (que se erige en su mentor) y su hija hasta el terrible villano Chaqueta Amarilla, pasando por su niña, su ex-mujer y la actual pareja de ésta, así como un trío de amiguetes a cuál más impresentable.  El hecho de abandonarse menos a la magia de los efectos especiales (que no obstante, aparecen cuando tienen que parecer) y rebajar el tono mucho más oscuro de, por ejemplo, la reciente “Vengadores 2:  La era de Ultrón”, supone un arma de doble filo que casi siempre es empleada con acierto.  Por un lado, es de agradecer que un minihéroe capaz de convertirse en hormiga viva unas peripecias en las que las risas amenizan la función, pero por otro (y éste es el principal hándicap para mí), se echa de menos algo más de épica, un pelín más de trascendencia (siquiera en algún momento), una pizca más de grandeza.  Naturalmente, lo de la grandeza hubiera sido un conbtrasentido en estas circunstancias, así que, quizás por ello, Peyton Reed, que dirige muy bien a los actores que tiene a sus órdenes, se conforma con una realización un tanto plana y casi televisiva.

Encabezado por un entonado y carismático Paul Rudd, el reparto de “Ant Man” se completa con las presencias de un desmejorado Michael Douglas, una atractiva Evangeline Lilly, un convincente Corey Stoll, una sufridora Judy Greer (que repite como madre tras su semejante papel en “Jurassic World”) y un campechano Michael Peña, que en su actuación simboliza y concentra el espíritu de comedia y buenrollismo que preside toda la película.

Luis Campoy

Lo mejor:  los actores, el sentido del humor
Lo peor:  se toma tan poco en serio a sí misma que de vez en cuando se echa en falta algo más de épica
El cruce:  “El increíble hombre menguante” + “Cariño, he encogido a los niños”

Calificación:  7 (sobre 10)

miércoles, 22 de julio de 2015

Cine actualidad/ “ETERNAL”

Recuerdos letales

En mi artículo de ayer, advertía de los “peligros” de las críticas excesivamente positivas, que normalmente lo único que consiguen es provocarnos una decepción una vez disfrutada la película supuestamente hipermegamaravillosa.  Hoy, empiezo este nuevo comentario hablando justamente de lo contrario:  los efectos beneficiosos de las glosas airadamente negativas, las cuales frecuentemente nos deparan agradables sorpresas.

La que constituye “Eternal”, la película que hoy comentamos, no es precisamente la más halagüeña de las sorpresas posibles, pero sí que hace buena mi teoría acerca de que basta con pretender abochornar algo para que ese algo nos resulte agradable…  y, lógicamente, también para que suceda lo contrario.  El caso es que, tan mal ponen los señores críticos profesionales al nuevo film del indio Tarsem Singh, que su visionado constituye una especie de placer prohibido, cuando no directamente una agradable conmoción.

Un rico arquitecto aquejado de cáncer terminal acude a los servicios de una empresa científica que le garantiza que su mente, una vez defenestrado su viejo cuerpo, será ubicada en el de uno joven y sano cultivado genéticamente.  Naturalmente, algo se torcerá y las cosas no saldrán exactamente como se prometían…

Las historias de intercambio de mentes y cuerpos no son nada novedosas, como tampoco sus primas hermanas, las que tienen que ver con la súbita recuperación de recuerdos pretendidamente borrados.  Ejemplos que se me ocurren ahora:  “El corazón del ángel”, “Desafío total”, “Memoria letal”, “Cara a cara”…  En todos estos casos, el protagonista descubre repentinamente que no es quien cree o pretende ser, y halla en sí mismo la posibilidad de desarrollar una serie de capacidades impensadas hasta entonces.  “Eternal” (más bien ridículo título español del original “Self/less”, palabra compuesta que, junta, quiere decir “generoso” o “desprendido”, pero que, separadas sus sílabas, podría traducirse como “Sin uno mismo”) se inscribe de lleno en este subgénero, pero lo que se intuía una historia de ciencia ficción deviene más bien pronto en un thriller plagado de tópicos, y que, por tanto, acaba por perder su interés inicial.  La odisea del joven Mark, que de repente descubre que es el viejo Damian (¿o la de Damian, que cree ser Mark?) transita los manidos caminos del género policíaco más televisivo (dicho poco halagüeñamente), y de su desarrollo cada vez más mortecino sólo la rescatan dos o tres persecuciones y tiroteos, que tampoco son nada del otro mundo.

¿Qué es pues, lo que resulta mínimamente atractivo?  En primer lugar, la identidad del actor que encarna al enfermo Damian, y que no es otro que el gran Ben Kingsley, inolvidable Gandhi cinematográfico.  Ryan Reynolds es quien da vida al nuevo receptáculo de la mente de Damian, pero sorprende lo poco que se esfuerza en intentar emular los gestos del anterior.  Victor Garber (el constructor del Titanic en la peli de Cameron) interpreta al mejor amigo del difunto arquitecto, y se hace querer por su bondad y lealtad.  En la piel del villano tenemos al británico Matthew Goode, especializado en ese tipo de papeles digamos ”ambiguos”, y en cuanto a la elección de la “familia” del antiguo Mark, mejor correr un tupido velo ante tan evidentes errores de casting.  Lo cierto es que, sin ser ni pretender ser una obra maestra o siquiera importante, “Eternal” resulta simpática y entretenida, y eso es lo mínimo a lo que aspira uno en una bochornosa tarde veraniega, ¿no?.

Luis Campoy

Lo mejor:  Ben Kingsley (¿alguien lo dudaba?)
Lo peor:  lo desaprovechado que está el componente científico
El cruce:  “El cielo puede esperar” + “Desafío total” + “Memoria letal”

Calificación:  6 (sobre 10)

martes, 21 de julio de 2015

Cine actualidad/ “DEL REVÉS (Inside Out)”

Introspección cerebral animada

A menudo, siento que somos víctimas de una especie de complot positivo orquestado por determinada crítica especializada, que, tratando de velar por nuestra salud psíquica y espiritual, nos machaca de arriba a abajo con su convicción de que determinadas películas son las mejores de su director, de su productora o incluso de su género, razón por lo cual hay que ir a verlas sí o sí, sin excusa posible, y, encima de todo, hay que valorarlas inmejorablemente y recomendarlas a todos nuestros conocidos sin excepción.  Yo soy muy poco amigo de las recomendaciones, sobre todo desde que aconsejé a cierto amigo ver la excelente “Expediente Warren” y luego anduvo por las redes sociales criticándome por haberle provocado una noche de pavor e insomnio, y por éso encarezco mucho el pretender erigirme en guía espiritual de nadie.  Consecuentemente, tampoco me agrada que me bombardéen sistemáticamente con opiniones tan desmesuradamente positivas que no conducen a nada más que a la inevitable decepción.

Estos días estoy leyendo una infinitud de críticas cien por cien positivas que coinciden en ensalzar a “Del revés”, la nueva película de Disney/Pixar, catalogándola incluso como “obra maestra”, término que hay que utilizar en contadísimas ocasiones y teclearlo con la solemnidad que se merece.  En mi opinión, que no es en absoluto negativa, es cierto que nos hallamos ante un film notable y sumamente original e interesante, al que, no obstante, le sobran algunos epítetos excesivamente laudatorios.

Riley es una niña de diez años cuya familia ha tenido que mudarse de una ciudad a otra.  Este cambio tan importante conlleva una concatenación de procesos psíquicos y emocionales de los que somos testigos, al ser espectadores privilegiados del funcionamiento de sus neuronas, sus inquietudes y sus recuerdos….

Que “Del revés” es una buena película de animación queda fuera de toda duda;  pero pienso que lo más importante es que no oculta su pretensión de aspirar a algo más, y es notorio que lo consigue de sobras.  Gracias a su muy inteligente guión (obra de Pete Docter y Michael Arndt), los padres se hallan ante una inmejorable ocasión de entablar diálogo con sus vástagos e intercambiar opiniones y puntos de vista sobre la infancia, la adolescencia y la sucesión de estados anímicos por los que se atraviesa en esas trascendentales edades.  Sólo por eso, se trata de una cinta que merece la pena ser vista y comentada.  Ahora bien, para que el genial fondo y la excelente forma establezcan un maridaje digno de todo aplauso, hay que sufrir una primera parte (los primeros treinta minutos) a la que le cuesta mucho arrancar, como si la teoría y la práctica estuviesen descompensadas.  Más adelante, cuando ya nos hallamos ante un producto que roza la excelencia, algunas soluciones de guión se empeñan en desacralizar lo que ya parecía sagrado, recordándonos que, en pleno siglo XXI, todo está inventado, y hasta los genios de Pixar no puedan evitar mirarse el ombligo y recrear situaciones ya vistas en “Buscando a Nemo”, “Up” o “Monstruos, S.A.”.

Que sí, que “Del revés” es muy buena, pero palabras como “perfecta” y “obra maestra” conviene dosificarlas y matizarlas con el más piadoso de los respetos…

Luis Campoy

Lo mejor:  su propuesta argumental, verdaderamente original y susceptible de fomentar el diálogo
Lo peor:  sin duda, la excesiva coincidencia de opiniones atiborradas de halagos
El cruce:  “Erase una vez la vida” + “Buscando a Nemo” + “Monstruos S.A.”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 13 de julio de 2015

Cine actualidad/ "TERMINATOR: GÉNESIS"

Volver a empezar

Parece que fue ayer cuando me hallaba, con un terrible dolor de muelas, en medio de una inmensa cola que daba la vuelta a la manzana, para acceder al cine Carlos III de Alicante, donde el día anterior se había estrenado una película de ciencia ficción llamada “Terminator”.  El director, un desconocido James Cameron, apenas había dirigido una película de bajo presupuesto, “Piranha 2:  los vampiros del mar”, pero estaba claro que con esta nueva epopeya de viajes en el tiempo y robots asesinos estaba consiguiendo movilizar al personal cinéfilo de todo el mundo.  Recuerdo todo aquello tan vívidamente que me parece que fue ayer…  pero la realidad es que han pasado nada menos que 31 años.

Después de más de tres décadas transcurridas, la franquicia “Terminator”, que vivió sus horas más bajas hace 6 años, con el decepcionante estreno de la cuarta entrega, “Terminator Salvation”, intenta desesperadamente renacer de sus cenizas, y lo hace contando una vez más con el incombustible Arnold Schwarzenegger como cabeza de cartel.  Es cierto que el público difícilmente podría concebir a un Terminator que no tuviera los rasgos del ex-culturista austríaco, como también es verdad que Schwarzenegger es consciente de que sus últimos trabajos han pasado sin pena ni gloria y tan sólo su revisitación de su papel más emblemático (junto con el de Conan, el Bárbaro) podía devolverle al primer plano de la actualidad, pero lo cierto es que su sola presencia condiciona y atenaza al nuevo film que acaba de estrenarse entre nosotros.  A pesar de que en algunos momentos podemos disfrutar, gracias a la tecnología, de una réplica exacta del Arnold de 1984, durante la inmensa mayoría del metraje tenemos que “conformarnos” con un robot tan “avejentado” como el propio actor, lo que sin duda tiene sus cosas buenas…  pero también malas.  Estando Arnie de por medio, los guionistas han tenido que sacarse de la manga una compleja historia en la que se entremezclan el remake y la secuela, ya que, por un lado, vemos nuevamente narrados muchos momentos míticos de la primera y la segunda entregas de la saga (la tercera y la cuarta se han obviado), mientras que, por otro, asistimos a una continuación de lo ya visto, concebida como otoñal vehículo de lucimiento para el antiguo Gobernador de California.

Conocidos ya los peligros de elaborar una rutinaria secuela al uso (“Terminator 3”) y también los de pretender innovar a disgusto de la audiencia ("Terminator Salvation"), el director a cargo de esta quinta parte, el televisivo Alan Taylor (“Juego de Tronos”) opta por la vía intermedia…  con unos resultados más bien irregulares.  Sin duda, lo mejor de “Terminator:  Génesis” son sus primeros veinte minutos, y en gran parte porque en ellos se recrean, plano a plano, las secuencias icónicas de los dos primeros “Terminators”;  mas, cuando la acción nueva tiene que arriesgarse a volar sin red, surgen las dudas, los bajones en el ritmo y, sobre todo, los chirridos en el guión.  Lo peor de todo es que el giro argumental más sorprendente, el único que supone una auténtica novedad en el seno de la franquicia, los trailers y algunos carteles ya se han ocupado de destriparlo, así que ¿qué es lo que “Terminator Génesis” ofrece realmente?  No me cabe duda de que lo mejor del film, lo único que verdaderamente justifica el precio de la entrada es…  Arnold Schwarzenegger.  Consciente del peso inevitable de sus casi setenta años, construye su interpretación en base a un carisma descomunal y a un sentido del humor muy oportuno y refrescante.  ¡Chapeau por el “Chuache”!.  En el lado contrario, además de ese guión con más puntos negros que la piel de un dálmata, brillan con luz propia una algo regordeta Emilia Clarke (la Khaleesi de la citada “Juego de Tronos”) y, especialmente, el cada día más insoportable Jai Courtney, el actor más limitado y sobrevalorado de Hollywood.  Menos mal que también aparece el estupendo Jason Clarke, a cargo del papel más complejo de la película, que borda con unos recursos que espero le catapulten a roles más protagónicos.

“Terminator Génesis” constituye una pequeña paradoja:  para los fans acérrimos de la saga puede resultar un maravilloso homenaje o una bochornosa profanación.  Y para los no iniciados…  ¿de verdad, para qué iba a querer alguien que no sea fan de la serie o de Arnold Schwarzenegger acercarse a un cine para ver una película como ésta?

Luis Campoy

Lo mejor:  Arnold Schwarzenegger
Lo peor:  Jai Courtney (como de costumbre)
El cruce:  “Terminator” + “Terminator 2” + “Terminator 3”

Calificación:  6 (sobre 10)

jueves, 2 de julio de 2015

Cine actualidad/ "SAN ANDRÉS"

Una falla que no está en Valencia

Como a todos los habitantes de Lorca que sufrimos el seísmo de 2011, las películas sobre terremotos me fascinan y aterrorizan a partes iguales.  Haber sido partícipe de esa dolorosa experiencia le deja a uno un recuerdo imborrable, que sale a la luz cuando en la pantalla se ve cómo tiembla la tierra, donde quiera que sea el epicentro del temblor…

En “San Andrés”, la película que acaba de estrenarse entre nosotros, el antiguo luchador de wrestling Dwayne Johnson, todavía conocido como “The Rock”, interpreta a un piloto de helicópteros que, sorprendido por un dantesco terremoto que se expande a raíz de la falla de San Andrés, hace todo lo humano e inhumano por rescatar a su exmujer y a su hija.

Culpable de varios movimientos telúricos desde que se hiciera tristemente famosa en 1906, la falla de San Andrés es una discontinuidad de la corteza terrestre cuya longitud se estima en torno a los 1300 Km, y que discurre bajo los estados de California y Baja California.  En el film que nos ocupa, un terrorífico terremoto de 9 grados en la escala de Richter sacude esta parte de Norteamérica, provocando un monumental caos imposible de describir, así como la subsiguiente pérdida de millones de vidas humanas.  Sólo un avispado geólogo es capaz de predecir lo que va a suceder, pero, como pasa siempre en estos casos, las autoridades no le hacen el menor caso.  Pero claro, por allí cerca vuela el super helicóptero de La Roca, y ni siquiera la enloquecida Naturaleza será capaz de impedir que rescate a su familia…

Al igual que sucede en la mayoría de los films catastrofistas que todos somos capaces de recordar (“El coloso en llamas”, “Terremoto”, “La aventura del Poseidón”, “Titanic”, “El día de mañana”, “2012”…), “San Andrés” utiliza una precaria excusa argumental para justificar un despliegue de efectos especiales de ésos que quitan el hipo.  La película, dirigida por un tal Brad Peyton (“Viaje al centro de la Tierra 2”), en absoluto puede ser utilizada como ejemplo de literatura cinematográfica, pues sus situaciones son de lo más trilladas y sus diálogos coquetean peligrosamente con el ridículo.  Pero ¿qué diablos?, no creo que nadie acuda a ver “San Andrés” pretendiendo descubrir una rutilante obra maestra, sino para pasar un buen/mal rato presenciando un espectáculo que prácticamente no da tregua.  En este sentido, he de reconocer que lo que yo esperaba ver lo ví con creces, e incluso recibí más de lo que imaginaba.  Para mí que los efectos visuales y sonoros de esta producción de New Line para Warner Bros. dejan en evidencia incluso a los de “2010”, que hace apenas 6 años nos parecieron lo más de lo más.  Sobre su perfección técnica no hay mucho más que decir, salvo que simplemente hay que acercase al cine más próximo para deleitarse con ellos.  Que los personajes son meros estereotipos y los actores que los interpretan (el citado Dwayne Johnson, Alexandra Daddario, Carla Gugino, Paul Giamatti, Ioan Gruffudd o la mismísima Kylie Minogue) ceden todo el protagonismo a los técnicos de F/X es un hecho irrefutable, y pensándolo bien…  se agradece enormemente.

Luis Campoy

Lo mejor:  Los fabulosos efectos especiales
Lo peor:  como suele suceder, el guión y los diálogos, carne de Razzie
El cruce:  “Terremoto” + “El día de mañana” + “2012”

Calificación:  7 (sobre 10)