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lunes, 25 de mayo de 2015

Cine actualidad/ "POLTERGEIST"


Miedo…  a la originalidad

Tras una modélica y exitosa carrera como realizador (primero televisivo y enseguida cinematográfico), Steven Spielberg debutó como productor en 1978 con “Locos por ellos”, film beatlemaníaco de su protegido Robert Zemeckis, futuro firmante de “Regreso al futuro”.  Sin embargo, fue la cuarta película ajena que auspició, “Poltegeist” (1982), la más famosa y exitosa de sus producciones hasta la fecha.  La cinta estaba basada en un relato propio sacado de sus temores infantiles, por lo que la intención de Spielberg era rodar la película él mismo, pero una normativa del Director’s Guild (el todopoderoso sindicato de directores yanqui) impedía que un realizador filmase dos películas el mismo año, y nuestro hombre ya se hallaba enfrascado en el rodaje de “E.T., El Extraterrestre”.  En su lugar, contrató a Tobe “La Matanza de Texas” Hooper, que fue quien figuró en los títulos de crédito…  si bien infinidad de testimonios de aquella producción afirman que Spielberg se presentaba en el plató cada día, y era quien al final tomaba todas las decisiones, relegando a Hooper al papel de simple comparsa.  Así fue cómo surgió aquel divertido chascarrillo referido a la autoría del (terrorífico) film, parafraseando cierta inmortal frase de Shakespeare: “¿Tobe or not Tobe?”.

Más de 30 años después de aquellos hechos (que dieron inicio a una saga que, por cierto, goza de leyenda negra propia), ha sido otro popular realizador, Sam Raimi, quien ha puesto los dólares para rodar un remake de la película original.  El film subsiguiente, titulado nuevamente “Poltergeist”, acaba de estrenarse entre nosotros….

Los Bowen son una familia de clase media cuyo patriarca acaba de ser despedido de su trabajo.  Buscando una casa lo más barata posible, encuentran una en una pacífica urbanización, pero, al poco de haberse instalado, comienzan a producirse fenómenos paranormales, centrados sobre todo en un televisor que parece una puerta de acceso a fantasmalandia…

Lo mejor (y lo peor) que puede decirse acerca de esta nueva “Poltergeist” es que es sumamente, escrupulosamente respetuosa para con la película original.  A excepción de los nombres y apellidos de los personajes (que han variado todos) y del sexo del espiritista que intenta exorcizar la casa, las referencias son constantes e inevitables.  Cada uno de los recordados golpes de efecto, de las situaciones de aquel film ya casi mítico, aparece tarde o temprano en su remake, quizás no en el mismo momento en el que se supone que tiene que aparecer, pero siempre acaba apareciendo.  La caracterización de los personajes, más allá de que no se llamen igual, o de que la niña protagonista ya no sea rubia platino sino morena, resulta tan fiel que, más que un síntoma de reverencia, lo parece de cobardía.  Cobardía por no arriesgar, por no inventar nada, por reducir su aportación a unos efectos especiales adocenados que, claramente realizados por ordenador, jamás igualan la magia (sí, magia) de los que nos fascinaron hace tantos años, más rudimentarios pero infinitamente más imaginativos.

Con todo, y, si uno es un extraterrestre que no conoce la película original, este nuevo “Poltergeist” (término que, recordémoslo, define a un espíritu ruidoso y molesto) resulta un entretenimiento aceptable, un espectáculo de terror que, por lo menos, no ofende la inteligencia del respetable y tiene un ritmo ágil que impide el aburrimiento.  A falta de originalidad, bienvenidos sean estos otros mimbres…

Luis Campoy

Lo mejor:  el ritmo, los actores adultos, con especial mención a Jared Harris (el inefable parapsicólogo)
Lo peor:  la veneración transformada en miedo a arriesgar
El cruce:  “Poltergeist” (1982) + “Insidious” + “Annabelle”

Calificación:  5 (sobre 10)

lunes, 18 de mayo de 2015

Cine actualidad/ "MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA"

Carreteras enfurecidas

Lo recuerdo como si lo viera…  Pasaba yo por cierta tienda de electrodomésticos de Alicante, sita justo frente al cuartel de la Policía Nacional, y varios televisores estaban encendidos de cara al público, tratando de atraer su atención.  ¡Y vaya si la atraían…!  En algunos de aquellos monitores se emitía en directo el histórico partido España-Malta (12-1 a favor de los pupilos del llorado Miguel Muñoz), mas en otros se visualizaba nada más y nada menos que “Mad Max 2, el Guerrero de la Carretera”, una película que había visto en el cine y me había encantado…

George Miller, director australiano que ahora acaba de cumplir 70 años, era médico de urgencias hasta que sucumbió a la llamada de los focos, y su primer gran éxito internacional fue “Mad Max, Salvajes de Autopista” (1979), un film que en España tuvo que exhibirse en salas clasificadas “S” por sus escenas violentas.  Tres años después, llegaba la citada “Mad Max 2”, que superó en todo a su predecesora y se erigió en uno de los títulos mejores y más influyentes de la década de los ochenta;  y en 1985 se cerraba la trilogía con “Más allá de la Cúpula del Trueno”, tercera entrega, bastante irregular y denostada, con la que Miller y su actor estrella Mel Gibson parecían decir adiós a la saga... hasta ahora.

Tres décadas después de que el loco Max Rockatansky liderase a la tribu infantil de los Esperando (“Esperando ¿a quién?”,  “A ti”, recuerdo que rezaba el tráiler español), el antiguo policía vuelve a las pantallas, y lo hace sumido en aquel mismo mundo post-apocalíptico en el que los mayores tesoros no son el dinero, las joyas y los diamantes, sino la gasolina y, en esta ocasión, el agua:  todo lo que escasea, aumenta exponencialmente su valor.  En esta aventura, el aventurero unirá sus fuerzas a las de una aguerrida conductora manca, Imperator Furiosa, en su huída de un malévolo villano empeñado en procrear y multiplicarse…

En el transcurso de los últimos treinta años, varias han sido las veces en que George Miller (que nunca ha vuelto a tener tanto éxito como en los ochenta) había tratado de poner en marcha un nuevo film de “Mad Max”, primero con el actor original Mel Gibson, y más adelante con un nuevo protagonista al frente.  Cuando por fin logró la financiación por parte sus viejos asociados de Warner Bros., Miller escogió como relevo de Gibson al ascendente Tom Hardy, y se embarcó en un rodaje caótico en el desierto de Namibia, tras el cual se produjo una compleja postproducción.

Casi dos años después de comenzar la filmación, “Mad Max:  Furia en la Carretera” llega a los cines de todo el mundo, y lo hace con un triunfo arrollador, al menos a juzgar por la recepción de la crítica y las primeras impresiones del público;  falta por ver cuál será el resultado de su taquilla a nivel global, aunque los primeros resultados ya están siendo muy alentadores.  Desde luego, como ya se intuía en los trailers, nos hallamos ante un espectáculo visual de primer orden, rodado con una energía y vigor impropios de un sexagenario-  La primera hora de la película es sencillamente apoteósica e insuperable, con un diseño de producción, una fotografía, un montaje y un ritmo bestiales.  Chapeau para Miller, me descubro ante él.  Eso sí, a partir de la segunda mitad, yo por lo menos empecé a experimentar algunos síntomas de cansancio:  más desierto, más arena, más vehículos, más persecuciones, más y más y más…  O sea, no estoy quitándole méritos a este western post-moderno que a todo el mundo parece estar cautivando, sino que simplemente manifiesto un pequeño desapego personal e intransferible.  Eché de menos más escenas sin inacabables desiertos en el horizonte, más diálogos de más de cuatro palabras, y, especialmente, un protagonista de más entidad.  Con “Mad Max, Furia en la Carretera” pasa como con “El Caballero Oscuro”, en la que el teórico secundario, el Joker del malogrado Heath Ledger, tenía mejores escenas y mejores parlamentos que el mismísimo Batman.  En este caso, la película bien podría titularse “Imperator Furiosa”, porque este personaje, magníficamente interpretado por Charlize Theron, se come con patatas a un sosísimo Tom Hardy, carente del carisma que derrochaba Mel Gibson y que, encima de todo, se pasa medio metraje con un ultrajante bozal.  Nada tengo en contra de los personajes femeninos bien desarrollados, pero sí pienso que descuidar al teórico protagonista hasta el punto de relegarle al rol de simple comparsa es un error narrativo que cuesta perdonar.

Luis Campoy

Lo mejor:  la excepcional puesta en escena;  la composición de Charlize Theron
Lo peor:  la sobredosis de desiertos y persecuciones;  la poca relevancia del personaje de Mad Max
El cruce:  “Mad Max 2:  El Guerrero de la Carretera” + “Mad Max:  Más Allá de la Cúpula del Trueno” + “La Diligencia”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 11 de mayo de 2015

Cine actualidad/ "SUITE FRANCESA"

Música para enamorarse

La Segunda Guerra Mundial es un foco constante de historias…  no sólo estrictamente bélicas.  Hay algunas que apenas tienen que ver con tanques, ametralladores y aviones, sino que se circunscriben al día a día de quienes no combatieron en las trincheras, ocupados en continuar sus vidas mientras Europa sufría los pisotones de las botas de hierro nazis.

Tras la caída de Francia en manos de los alemanes en 1940, se instauró en Vichy una caricatura de gobierno presidido por el denostado mariscal Petain.  En aquel tiempo, los soldados germanos campaban a sus anchas por los territorios sometidos, instalando a sus oficiales en las mansiones más lujosas de la zona, en tanto que sus propietarios se veían obligados a callar y otorgar.  Al pequeño pueblo de Bussy llega un destacamento de soldados alemanes, y el teniente Von Falk se hospeda en la casona en la que viven la joven Lucille y su rígida suegra.  Son las peores circunstancias para que afloren sentimientos amorosos, pero ¿quién sabe…?

Publicada en el año 2004, “Suite francesa” era, como su propio nombre indica, una suite o conjunto de varios relatos sobre la Francia ocupada por los nazis.  Su autora, Irene Nemirovsky, tenía planeada una saga de la que el relato que nos ocupa, “Dulce”, no era sino el segundo capítulo, quedando el cuarto y quinto eternamente en el limbo al ser la escritora detenida y posteriormente internada en el campo de concentración de Auschwitz, donde falleció en 1942.  El manuscrito durmió el sueño de los justos durante casi 60 años, hasta que su hija lo leyó y decidió publicarlo, con un éxito extraordinario.  Es por todo ésto que el film comienza con la evacuación de París tras la ocupación nazi (el argumento de “Tormenta en Junio”, la primera parte de la trilogía) y finaliza cuando va a comenzar el tercer y último libro, “Cautividad”.

A la hora de llevar al cine esta sentida historia con todos los ingredientes para llegar a convertirse en una bonita película, los celebérrimos Hermanos Weinstein no dudaron en ofrecer el proyecto al británico Saul Dibb, famoso por “La Duquesa”, la cual también adaptaba una famosa novela de Amanda Foreman.  Dibb no tardó en rodearse de un equipo técnico de primer nivel, destacando el catalán Eduard Grau en la fotografía y sobre todo el londinense Rael Jones a cargo de la banda sonora, deudora de las pautas de Alexandre Desplat pero de ésas que, sin molestar, se escuchan con gozo y fácilmente se recuerdan.

Al frente del reparto, tenemos a esa muñequita llamada Michelle Williams (la poco creíble Marilyn Monroe de “Mi semana con Marilyn”), que aquí resulta muchísimo más entonada.  La acompañan la siempre excelente Kristin Scott-Thomas (que ha anunciado su retirada de las pantallas), un recuperado Lambert Wilson, una (demasiado) bellísima Margot Robbie (quien no acaba de dar el tipo como andrajosa campesina) y un sorprendentemente adecuado Matthias Schoenaerts (actor belga que no para de trabajar en el cine americano y que sin duda despegará con esta película) que borda su personaje de oficial que por encima de todo es artista y es intelectual (algo que difícilmente se podía ser vistiendo el uniforme de la Wehrmacht).

Por encima de una historia de amor que no acaba de despegar y bebe de mil un tópicos, lo realmente interesante de “Suite Francesa” es el modo en que retrata la vida en una aparentemente tranquila comunidad casi idílica, en la que se empiezan a levantar las alfombras en cuanto se produce la invasión.  Son las pequeñas historias de los diversos personajes secundarios las que engrandecen a la película, trascendiendo una love story pelín ñoña y culminando un fascinante fresco costumbrista de una época que el mundo jamás olvidará.

Luis Campoy

Lo mejor:  la música, la fotografía, el trío protagonista
Lo peor:  el ridículo flequillo de Benoit/Sam Riley (¿no existían los peines en 1940?)
El cruce:  “Malditos Bastardos” + “Corazones de hierro” + “La ladrona de libros”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

martes, 5 de mayo de 2015

Cine actualidad/ "VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN"

Inteligencia artificial… y maligna

Hace ya 3 años, un semi desconocido Joss Whedon (guionista de tebeos y creador de la serie televisiva “Buffy, la Cazavampiros”) nos deparó una de las mayores sorpresas que en materia de superproducciones soy capaz de recordar:  “Los Vengadores”.  Sorpresa no en cuanto a la aglomeración de efectos especiales, algo ya consustancial a este tipo de proyectos, sino en lo referente a la magnífica caracterización de los personajes y las interacciones entre ellos, todos ya presentados durante años en sus propias aventuras individuales.

El éxito de crítica y público y, sobre todo, su descomunal taquilla internacional hicieron impepinable que “Los Vengadores” tuviera una secuela, aún más grande, épica y aparatosa.  En estos tres años, hemos visto cómo el equipo de super héroes conocido como Los Vengadores se ha erigido en guardianes de la paz en la Tierra, al tiempo que otra formación, los Guardianes de la Galaxia, hace lo propio en el espacio exterior.  Sin embargo, las intrigas y traiciones internas han debilitado el soporte político-militar de los Vengadores, la agencia de Inteligencia y Antiterrorismo conocida como SHIELD, y al industrial y científico Tony Stark (alter ego de Iron Man) no se le ocurre nada mejor que la creación de una inteligencia artificial que vele por la seguridad y la estabilidad del mundo, y así nace la que se convertirá en su terrible némesis robótica:  el malvado Ultrón.

Cuando Stan Lee, el creador de la práctica totalidad de los personajes clásicos de Marvel Comics, decidió abandonar la colección de “Los Vengadores” en Diciembre de 1966, designó como su sucesor a un joven escritor llamado Roy Thomas, quien, entre otros muchos villanos memorables, dio vida a Ultrón, un androide hiperinteligente y ultrapoderoso que odiaba a la   Humanidad…  pero, sobre todo, detestaba a Los Vengadores.  En los comics era Hank Pym, alias Hombre Hormiga, el hacedor del robótico villano, pero, como Pym todavía no ha aparecido en el MCU (Universo Cinematográfico de Marvel), en la película que hoy nos ocupa es al citado Tony Stark a quien corresponde la responsabilidad de su autoría.  De paso, la rivalidad entre los miembros de Los Vengadores a raíz de las atribuciones que algunos de ellos se toman, será otro de los gérmenes para la historia que se nos contará el año que viene:  “Capitán América:  Guerra Civil”.

Como dije anteriormente, una de las características inherentes al proyecto de “Los Vengadores 2” era su propósito de llegar a ser más grande, más épica y más espectacular que su predecesora.  También pretende ser más “oscura”, en el sentido de más madura o adulta, algo que viene sucediendo en las grandes sagas cinematográficas desde que, en 1980, Irwin Kershner consiguiera mejorar los resultados de “La Guerra de las Galaxias” con su formidable “El Imperio contraataca”.  Por tal motivo, hay un poco menos de humor y se acentúan el drama e incluso el romance, llegando a producirse una muerte en la familia superheroica.  Yo diría que es en el vano intento de “humanizar” a los héroes donde más flojea esta segunda parte.  Porque, como todo en la vida, se puede humanizar bien y humanizar mal, y abusar de la ñoñería, el sentimentalismo y la blandura no es precisamente el camino más adecuado.  El forzado romance entre la Viuda Negra y Bruce Banner/Hulk está pillado por los pelos, pero es que la aparición por sorpresa de la familia secreta de Ojo de Halcón causa, a partes iguales, bochorno e hilaridad.  Construir unos diálogos tan imaginativos como los de la primera entrega era muy difícil, y en este caso los guionistas no se han lucido…  ayudados, eso sí, por unos traductores que se nota que no andan muy finos en estas lides comiqueras.  ¿Y el doblaje?  Reconociendo que a Robert Downey Jr., Chris Evans(Capitán América o Samuel L. Jackson/Nick Furia (por poner algunos ejemplos) ya no podemos imaginárnoslos sin sus voces españolas, hay que señalar que el doblador de Chris Hemsworth/Thor continúa desprovisto del aura solemne que necesita el personaje y que el doblaje español de los dos androides deja muchísimo que desear:  ni sus voces parecen emitidas por gargantas cibernéticas, ni se respeta la convención de que un robot habla desposeído de emociones humanas.

He necesitado dos visionados para obtener una percepción lo bastante amplia de “Los Vengadores: La Era de Ultrón”;  tras el primero, acabé tan decepcionado que sólo después del segundo empecé a extraer conclusiones positivas.  Y lo más positivo que se puede decir es que el ya citado Universo Cinematográfico de Marvel resulta cada vez más firme y más compacto, con todos sus personajes y todas sus tramas perfectamente encajados, casi como sucede en su antecedente comiquero.  Y, por supuesto, se hace obligado citar la exuberante perfección de sus efectos visuales, sin los cuales los asombrosos poderes de los “vengativos” protagonistas no resultarían creíbles.  Bien es cierto que lo primero que pensé durante la, por otra parte, fabulosa secuencia inicial, fue:  “demasiado poder para tan poco enemigo” (los Vengadores enfrentándose a los soldados del Barón Strucker), pero, al igual que sucediera en el primer film de la franquicia, la batalla final, donde cada uno de estos prodigiosos seres exhibe valerosamente todo su potencial, acaba por redimir los variados errores acumulados en el generoso metraje de casi dos horas y media.

Luis Campoy

Lo mejor:  los efectos visuales, las interpretaciones de Robert Downey Jr. y Chris Evans, la Visión
Lo peor:  las escenas de relleno sentimental, la excesiva duración, el doblaje español de los androides Ultrón y La Visión
El cruce:  “Los Vengadores” + “Origen” + “Transformers” + “Guerra Mundial Z”

Calificación:  7 (sobre 10)