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miércoles, 28 de enero de 2015

Cine actualidad/ "INTO THE WOODS"

Musical para iniciados

Soy el mayor fan de los musicales…  al menos, a este lado del océano.  En serio, es el musical uno de mis géneros favoritos, al que con frecuencia recurro en los momentos de bajón.  Todos o casi todos me gustan, unos más que otros, pero siempre encuentro inspirador el maravilloso aliciente de que las canciones se alternen con los diálogos recitados.  En el caso que hoy nos ocupa, nos hallamos ante una de las grandes obras de uno de los genios del género:  el insigne Stephen Sondheim.

“Into The Woods” se estrenó en San Diego en 1986, y en Broadway un año después.  Con libreto de James Lapine y canciones del citado Stephen Sondheim, pretendía ofrecer una relectura de los cuentos de hadas, que primero mezclaba en una divertida coctelera y, finalmente, alteraba irreversiblemente aportando una serie de finales inesperados.  Durante estos casi treinta años, la fama y la reputación de “Into the Woods” no han hecho sino crecer, hasta que, después de varios intentos, por fin ha dado el salto al cine, de la mano de un “experto” como Rob Marshall, quien ya había adaptado anteriormente “Nine” y, especialmente, “Chicago”, ganadora de varios oscars.

La trama de “Into the Woods” (tercera película de la que hablo esta semana, y tercera cuyo título no se ha traducido;  el significado vendría a ser “Dentro del bosque”) arranca cuando el Panadero y su mujer, que llevan años tratando infructuosamente de ser padres, reciben la visita de la Bruja, que les ofrece la fertilidad a cambio de 4 mágicos objetos:  la capa de Caperucita Roja, la vaca del joven Jack, el pelo de Rapunzel y el zapato de Cenicienta.  Naturalmente, habiendo una bruja de por medio, las cosas no saldrán exactamente como estaban previstas…..

A la hora de adaptar cualquier obra, del medio y del género que sea, es preciso decidir el grado de fidelidad con el que se va a llevar a cabo la traslación.  Los musicales suelen ser objeto de bastante escarnio en este sentido, modificando el tono, quitando o poniendo canciones o alterando la estructura primigenia.  “Into the Woods” no ha sido la excepción, si bien no sería justo decir que su pequeña “infidelidad” haya generado mayores problemas.  De hecho, la puesta en escena de Rob Marshall es brillante y majestuosa, aun a pesar de que nunca deja de notarse que los inmensos bosques del título han sido recreados en gigantescos platós.  Tampoco la participación de famosos actores que no son cantantes profesionales supone un serio quebranto, pues casi todos ellos entonan sin desafinar demasiado.  No, al final resulta que lo que acaba fallando en “Into the Woods” no es sino su propia naturaleza, su propia esencia.  En primer lugar, aun siendo imposible negar la belleza de algunas melodías, ninguna de las canciones es realmente pegadiza (a excepción, quizás, de “No One Is Alone”), por lo que difícilmente puedes identificarte con ellas en una primera audición;  pero lo más significativo es el cambio abrupto que experimentan tanto la trama como el tono cuando, faltando aún más de media hora de metraje, todos creemos que la trama ha alcanzado su culminación y, de repente, empiezan a pasar cosas que no por sorprendentes resultan interesantes.  El desconcierto invade la platea (o al menos, invadió mi butaca), y durante ese tramo final sólo desée que las voces se apagaran cuanto antes.

No, no ha sido “Into the Woods” el musical que más me ha complacido, si bien es verdad que se trata de un espectáculo “diferente”, fruto del talento muy particular de un Stephen Sondheim que últimamente sacrifica la comercialidad en aras de su muy respetable concepción de la belleza.  Eso sí, se merece mi aplauso la entrega y el buen hacer de todos los intérpretes que desfilan por la pantalla, desde Meryl Streep, que encarna a la Bruja, hasta Johnny Depp, que incorpora a un Lobo algo pederasta, pasando por James Corden, Emily Blunt o Chris Pine, con mención especial al joven Daniel Huttlestone, que fuera Gavroche en “Los Miserables” y aquí se convierte en el chaval que cambió su vaca por un puñado de habichuelas mágicas.  No, magia no le falta a “Into the Woods”, pero tampoco puede decirse que irradie grandes dosis de energía y entretenimiento.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena de Rob Marshall
Lo peor:  el brusco cambio de tono que se produce en el tercio final
El cruce:  “En compañía de lobos” + “Erase una vez” + “Chicago”

Calificación:  6 (sobre 10)

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