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miércoles, 28 de enero de 2015

Cine actualidad/ "INTO THE WOODS"

Musical para iniciados

Soy el mayor fan de los musicales…  al menos, a este lado del océano.  En serio, es el musical uno de mis géneros favoritos, al que con frecuencia recurro en los momentos de bajón.  Todos o casi todos me gustan, unos más que otros, pero siempre encuentro inspirador el maravilloso aliciente de que las canciones se alternen con los diálogos recitados.  En el caso que hoy nos ocupa, nos hallamos ante una de las grandes obras de uno de los genios del género:  el insigne Stephen Sondheim.

“Into The Woods” se estrenó en San Diego en 1986, y en Broadway un año después.  Con libreto de James Lapine y canciones del citado Stephen Sondheim, pretendía ofrecer una relectura de los cuentos de hadas, que primero mezclaba en una divertida coctelera y, finalmente, alteraba irreversiblemente aportando una serie de finales inesperados.  Durante estos casi treinta años, la fama y la reputación de “Into the Woods” no han hecho sino crecer, hasta que, después de varios intentos, por fin ha dado el salto al cine, de la mano de un “experto” como Rob Marshall, quien ya había adaptado anteriormente “Nine” y, especialmente, “Chicago”, ganadora de varios oscars.

La trama de “Into the Woods” (tercera película de la que hablo esta semana, y tercera cuyo título no se ha traducido;  el significado vendría a ser “Dentro del bosque”) arranca cuando el Panadero y su mujer, que llevan años tratando infructuosamente de ser padres, reciben la visita de la Bruja, que les ofrece la fertilidad a cambio de 4 mágicos objetos:  la capa de Caperucita Roja, la vaca del joven Jack, el pelo de Rapunzel y el zapato de Cenicienta.  Naturalmente, habiendo una bruja de por medio, las cosas no saldrán exactamente como estaban previstas…..

A la hora de adaptar cualquier obra, del medio y del género que sea, es preciso decidir el grado de fidelidad con el que se va a llevar a cabo la traslación.  Los musicales suelen ser objeto de bastante escarnio en este sentido, modificando el tono, quitando o poniendo canciones o alterando la estructura primigenia.  “Into the Woods” no ha sido la excepción, si bien no sería justo decir que su pequeña “infidelidad” haya generado mayores problemas.  De hecho, la puesta en escena de Rob Marshall es brillante y majestuosa, aun a pesar de que nunca deja de notarse que los inmensos bosques del título han sido recreados en gigantescos platós.  Tampoco la participación de famosos actores que no son cantantes profesionales supone un serio quebranto, pues casi todos ellos entonan sin desafinar demasiado.  No, al final resulta que lo que acaba fallando en “Into the Woods” no es sino su propia naturaleza, su propia esencia.  En primer lugar, aun siendo imposible negar la belleza de algunas melodías, ninguna de las canciones es realmente pegadiza (a excepción, quizás, de “No One Is Alone”), por lo que difícilmente puedes identificarte con ellas en una primera audición;  pero lo más significativo es el cambio abrupto que experimentan tanto la trama como el tono cuando, faltando aún más de media hora de metraje, todos creemos que la trama ha alcanzado su culminación y, de repente, empiezan a pasar cosas que no por sorprendentes resultan interesantes.  El desconcierto invade la platea (o al menos, invadió mi butaca), y durante ese tramo final sólo desée que las voces se apagaran cuanto antes.

No, no ha sido “Into the Woods” el musical que más me ha complacido, si bien es verdad que se trata de un espectáculo “diferente”, fruto del talento muy particular de un Stephen Sondheim que últimamente sacrifica la comercialidad en aras de su muy respetable concepción de la belleza.  Eso sí, se merece mi aplauso la entrega y el buen hacer de todos los intérpretes que desfilan por la pantalla, desde Meryl Streep, que encarna a la Bruja, hasta Johnny Depp, que incorpora a un Lobo algo pederasta, pasando por James Corden, Emily Blunt o Chris Pine, con mención especial al joven Daniel Huttlestone, que fuera Gavroche en “Los Miserables” y aquí se convierte en el chaval que cambió su vaca por un puñado de habichuelas mágicas.  No, magia no le falta a “Into the Woods”, pero tampoco puede decirse que irradie grandes dosis de energía y entretenimiento.

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena de Rob Marshall
Lo peor:  el brusco cambio de tono que se produce en el tercio final
El cruce:  “En compañía de lobos” + “Erase una vez” + “Chicago”

Calificación:  6 (sobre 10)

martes, 27 de enero de 2015

Cine actualidad/ “BOYHOOD”

La magia de vivir

Al hablar de “Boyhood”, lo primero que hay que reseñar es que se trata de algo más que de una simple película…

El pequeño Mason, de 6 años, acaba de vivir el divorcio de sus padres, y junto a su madre y su hermana se ve obligado a mudarse a otra ciudad, donde la familia tendrá que empezar desde cero.  Poco a poco y durante los siguientes once años, Mason va pasando de la niñez a la adolescencia y así acaba por convertirse en un hombre.  Durante ese trascendental período, su madre experimentará con nuevas (y fallidas relaciones), su padre aparecerá y desaparecerá de escena y los dos hermanos irán pasando del colegio a la universidad casi sin darse cuenta…

Bien es cierto que el argumento que acabo de referir no es nada del otro mundo, y que todos hemos visto miles de películas de temática similar, en las que un niño se transforma en hombre y bla bla bla…  Mas lo que diferencia y hace única a “Boyhood” es el hecho de que REALMENTE se ha rodado durante esos maravillosos 11 años (12 son los que transcurrieron desde el inicio del rodaje hasta el estreno del film).  El equipo técnico y artístico se reunía durante varias semanas, un año tras otro, y poco a poco iban dando forma a lo que se ha convertido en un rutilante experimento antropo-sociológico.  Yo, desde luego, jamás había visto algo así:  ante los asombrados ojos del espectador, los niños se convierten en adultos en cuestión de tres horas, y los adultos envejecen y mutan sus rostros y sus cuerpos.  Lo dicho:  nos hallamos ante una experiencia sencillamente fascinante.

Ante una hazaña histórica como la que ha realizado el equipo comandado por el director Richard Linklater (firmante de la saga iniciada con “Antes del amanecer”), lo cierto es que las consideraciones estrictamente cinematográficas no se pueden aplicar en la misma medida.  Se me ocurren algunos “peros” que objetar (el más obvio, la excesiva duración, no siempre justificada por la narración de hechos auténticamente reseñables), pero no hay más remedio que reconocer que la delicadeza y la ternura con la que está concebido cada plano de la película nos obligan a ser especialmente indulgentes.  Por si fuera poco, la correcta actuación de los dos jóvenes (Ellar Coltrane como Mason y Lorelei Linklater, hija del propio realizador, como su hermana) se ve sólidamente contrapunteada por la competente labor de dos intérpretes de la talla de Patricia Arquette (obviamente, más famosa cuando comenzó el rodaje en el año 2002) y el siempre ascendente Ethan Hawke.

No me gusta recomendar películas y casi nunca lo hago.  Pero ante un hecho casi milagroso como “Boyhood”, no tengo más remedio que arriesgarme y sugeriros, a todos quienes me leéis, que acudáis al cine más próximo (en realidad, al centro comercial o videoclub, pues está editada en DVD hace algunos meses) para disfrutar una película que es más que una película.

Luis Campoy

Lo mejor:  la sensación de estar ante una hermosa clase de ciencia antropológica
Lo peor:  la duración, tres horas que tal vez se podían haber resumido, aunque sólo así se visualiza en toda su plenitud la evolución de los protagonistas
El cruce:  “El árbol de la vida” + “Vida de este chico” + “Un niño grande”

Calificación:  9 (sobre 10)

lunes, 26 de enero de 2015

Cine actualidad/ "BIRDMAN o (La Inesperada Virtud De La Ignorancia)"

La sombra del superhéroe

Es una de las favoritas para los Oscar de este año.  Es una de las más alabadas por los críticos.  Y es una de las más comentadas por la comunidad cinéfila.  “Birdman” ya está en España, ¡y yo la ví ayer!.

Por si alguien aún no lo sabe, diremos que “Birdman”, subtitulada “La inesperada virtud de la ignorancia” retrata las vicisitudes por las que pasa un veterano actor, que décadas atrás gozó de gran popularidad al interpretar a un superhéroe, y que ahora trata de reivindicarse interpretando una compleja obra de teatro en Broadway.  Para poner en imágenes el guión, del que es coautor, el realizador de origen mexicano Alejandro González Iñárritu tuvo la brillante idea de recurrir nada menos que a Michael Keaton, el primer Batman del cine, que vivió sus propios años de gloria gracias a los dos films de Tim Burton y después fue cayendo paulatinamente en el olvido.  Pero no ha sido la única idea brillante que Iñárritu ha desarrollado en “Birdman”.  Además de la gran interpretación de Keaton, de la que luego hablaremos, la película posée otro aliciente tanto o más atrayente:  se ha rodado mediante la técnica de sucesivos planos secuencia, recurso por el que se hizo mítica, por ejemplo, “La soga” de Alfred Hitchcock.  El plano secuencia consiste en la ejecución de una toma larguísima sin ningún tipo de corte, lo que obliga a actores y técnicos a autoexigirse unos niveles sobrehumanos de eficiencia y concentración.  ¡Imagináos la soberana dificultad de realizar uno de esos planos cuando dura quince minutos, afecta a varios intérpretes, está lleno de complicados diálogos y se halla jalonado por todo tipo de movimientos de cámara meticulosamente ensayados!.

Indudablemente, si sólo juzgamos “Birdman” por lo imaginativo y excelso de su factura técnica, se merece todos los aplausos que le queramos brindar.  Pero es que la historia está también brillantemente desarrollada, logrando un raro equilibro entre el dama y la comedia, entre el dolor y el humor.  Aunque ni siquiera tales mimbres brillarían como brillan de no ser por la fabulosa composición de sus dos protagonistas masculinos.  Ya en los primeros minutos de “Birdman”, recordé de golpe lo grande que era aquel Michael Keaton, poseedor de una expresividad sincera e inigualable, y de la versatilidad suficiente como para cambiar radicalmente de una película a otra (costaba trabajo creer que el mismo actor de “Batman” lo fuese también de “Bitelchus”, “Mi vida” o “Johnny Peligroso”) o incluso de un personaje a otro dentro del mismo film (los clones de “Mis dobles, mi mujer y yo”).  Sólo el inconmensurable Benedict Cumberbatch de “Descifrando Enigma” podría impedir que Keaton obtuviese un merecidísimo Oscar.  Junto a él, otro actor que también ha gozado de tiempos mejores, y que incluso sucumbió a la tentación de hacer de superhéroe (Hulk):  Edward Norton, justamente nominado como mejor Actor de Reparto por ser capaz de plantarle cara al indiscutido protagonista de la función.

Sobre “Birdman” se pueden decir muchas cosas, y se pueden mantener inacabables charlas cinéfilas.  Lo bueno es que, como en las grandes películas del pasado, no sólo se puede comentar lo evidente, sino que se puede elucubrar sobre lo aparente.  Porque hay mucho mar de fondo, muchas capas que rascar para alcanzar la posible verdad.  Quisiera poder lanzarme a exponer aquí mis propias elucubraciones, pero inevitablemente se me escaparía algún spoiler, así que sólo diré que, para mí, Alejandro González Iñárritu combina en “Birdman” la perfección técnica de Brian De Palma en “Ojos de serpiente” con la narrativa inquietante de Stanley Kubrick en “El resplandor” y con la magia fantasiosa de Bob Fosse en “All That Jazz”.  Prefiero no dar más detalles pero, eso sí, tengo que decir que “Birdman” es una de las más originales, innovadores, hipnóticas y apasionantes propuestas cinematográficas de los últimos años.

Luis Campoy

Lo mejor:  la narración basada en planos secuencia, el guión y, sobre todo, un magnífico Michael Keaton
Lo peor:  al principio, hubiera dicho que el mayor defecto era la omnipresente percusión, pero hacia el final me dí cuenta de que incluso eso era un acierto
El cruce:  “Batman” + “El Resplandor” + “All That Jazz” (y quienes todavía no hayáis visto “Birdman”, no me preguntéis por qué)

Calificación  9 (sobre 10)

miércoles, 21 de enero de 2015

Cine actualidad/ "V3NGANZA"

Visto y revisto

Liam Neeson es uno de mis actores favoritos.  Lo es desde los tiempos de “Darkman” y “La lista de Schindler”, de “Michael Collins” y de “Star Wars Episodio I:  La Amenaza Fantasma”, de “Love Actually” y “Batman Begins”…  y lo es también, cómo no, por haber interpretado al mejor Jean Valjean no cantante en la versión de 1998 de “Los Miserables”.  En 2008, cuando tenía 56 años, el productor y director francés Luc Besson (europeo con pretensiones globales) le ofreció el papel protagonista de una pequeña película de acción, “Venganza”, que acabaría dirigiendo Pierre Morel.  En aquel film, Neeson dio vida por primera vez a Bryan Mills, una especie de superagente retirado que se ve obligado a volver a la acción cuando su hija es secuestrada en París.  Sorpresivamente, “Venganza” se convirtió en lo que se conoce como un “sleeper”, un éxito tan monumental como imprevisto, dando lugar a la realización de dos secuelas, “Venganza 2:  Conexión Estambul” y la que ahora nos ocupa, “Venganza 3” o, simplemente, “V3nganza”.

En “V3nganza”, Bryan Mills es acusado del asesinato de su esposa, algo que hasta el Tato (y probablemente incluso el Tata) saben desde el principio que no sólo es falso, sino también imposible.  A partir de ese momento y como es habitual en la saga, Mills dará buena cuenta de cuantos villanos se interpongan entre él y su…  venganza.

La verdad es que, si ya “Venganza 2” constituyó una notable decepción (el director original Pierre Morel fue sustituído por el sosainas Olivier Megaton, quien ahora repite), se veía venir que la tercera entrega, que, según dicen, cierra definitivamente la serie, iba a ser un infumable peñazo.  Y lo cierto es que no hay ninguna sorpresa en cuanto al film que se acaba de estrenar entre nosotros.  Si acaso, hay que constatar que es incluso peor que la segunda parte, que ya era bastante más mala que la primera.  El guión, que firman el propio Luc Besson y Robert Mark Kamen (autor, en sus años gloriosos, del libreto de la original “Karate Kid”) no hace sino aglutinar tópicos y lugares comunes y beber de mil y una películas de corte similar.  Predecibles tiroteos se suceden, las escenas de acción parece como si nos las supiéramos de memoria, y hasta Neeson, el gran Neeson, actúa con el piloto automático.  Llega un momento en que parece que “V3nganza”, más que una secuela de un lejano título de éxito, parece como un potpourri o incluso una parodia de todo un subgénero que ya era viejo cuando el viejo Charles Bronson era el justiciero de la ciudad.

Luis Campoy

Lo mejor:  pues no se me ocurre…  si ni siquiera Liam Neeson está bien…
Lo peor:  la aburrida sensación de deja vu, la inacabable acumulación de tópicos
El cruce:  “El Protector (The Equalizer)” + “Tokarev” + “El fuego de la venganza” + “Promesas del Este”

Calificación:  4,5 (sobre 10)

lunes, 19 de enero de 2015

Cine actualidad/ "LA TEORÍA DEL TODO"

La teoría de la superación

Creo que no había oído hablar de Stephen Hawking hasta que vino a España a finales de los ochenta, cuando acababa de publicar el libro que le consagró como una de las mentes más preclaras del universo:  “Breve Historia del Tiempo”.  Para entonces, su particular aspecto (tetrapléjico, anclado a una silla de ruedas futurista y hablando a través de un ordenador) ya era tanto o más popular que su inigualable intelecto…

“La teoría del todo” (que, por cierto, toma prestado el título de otro de los populares ensayos de Stephen Hawking, publicado en 2007, a pesar de que la base real es la autobiografía de la primera mujer del protagonista, Jane Wilde, titulada originariamente “Travelling To Infinity:  My Life With Stephen”) cuenta 26 años de la vida del físico, desde que apenas era un estudiante universitario en Oxford hasta que precisamente se divorció de Jane.  En ese período es cuando se acrecentó el espíritu del científico y cuando se forjó el temperamento del hombre, capaz de superar mil y una adversidades…  eso sí, con la inestimable ayuda de una mujer tan estoica y casi tan admirable como él.

El director James Marsh pone en imágenes una histórica verídica de superación y coraje, y diríase que lo hace con la pretensión nada censurable de arropar el contenido con un envoltorio lo más hermoso posible.  En este sentido, cabe destacar la exquisita fotografía de Benoit Delhomme, tan y tan exquisita que a ratos se atraganta un poquito;  y la preciosa y funcional partitura de Johann Johannsson, un compositor al que habrá que seguirle la pista en adelante.  Luego está aquéllo en lo que todo el mundo se fijará:  la interpretación de Eddie Redmayne.  A Redmayne le habíamos visto en “Mi semana con Marilyn” y fue Marius en “Los Miserables”, pero es ésta la primera ocasión en la que afronta un papel protagonista de tanta envergadura.  De inmediato, como cualquier actor que hace de ciego, sordo, manco, paralítico, retrasado o loco en un título de calidad media-alta, se convirtió en favorito para alzarse con el Oscar…  lo cual me sonaría a injusticia.  O sea, decir que Redmayne no está bien en su esforzada recreación de Stephen Hawking sería mentir o pretender mirar hacia otro lado;  pero pienso que su composición no deja de ser el fruto de la observación, de la imitación, si se me permite, imitación muy lograda…  pero imitación al fin y al cabo.  En cuanto a los sutiles apuntes que reflejan el lento y paulatino avance de la enfermedad, pienso que se deben más a la cuidada planificación del realizador que al acierto del intérprete.  Pero es que la vistosa actuación de Eddie Redmayne también opaca la que me parece la verdadera gran creación de la cinta, la que ejecuta Felicity Jones dando vida a la sufrida Jane.  Esta chica, sumamente expresiva y con unos ojos que hablan por sí solos, sí que cuaja un rol digno de Oscar.  En el elenco de secundarios, citar las breves presencias de “supporters” de postín como el siempre correcto David Thewlis o una vista y no vista Emily Watson  (¡qué lejos se llevó el mar aquellas olas que se rompían…!)

Conclusión:  “La teoría del todo” es un producto amable y lleno de buenas intenciones, pero, mientras que expresa con acierto la negativa de un hombre a dejarse vencer por la enfermedad, se olvida de glosar las presumibles virtudes del genio.  Es decir:  casi siempre vemos al paralítico, pero casi nunca al científico.  Por esas y otras pequeñas carencias, el film acaba pareciéndome un lujoso telefilm de sobremesa;  eso sí, con fundadas aspiraciones de Oscar.

Luis Campoy

Lo mejor:  los dos protagonistas;  más evidente él, más sutil ella
Lo peor:  cierto almibarado tufillo a telefilm
El cruce:  “Una mente maravillosa” + “Mi pie izquierdo”

Calificación:  7 (sobre 10)

miércoles, 14 de enero de 2015

Cine actualidad/ "INVENCIBLE"

La supervivencia del espíritu humano

Como no hay dos sin tres, hoy culminamos un primer ciclo de comentarios de películas recientes ambientadas en la no tan lejana II Guerra Mundial.  Es curioso que en fechas tan próximas (y además navideñas, para más INRI) hayan coincidido los estrenos de tres films que reflejan aspectos tan diferentes de un mismo y letal conflicto:  la guerra sucia y directa que se experimentaba en los campos de batalla (“Corazones de acero”), la guerra psicológica que se vivía en los despachos de la inteligencia militar (“The Imitation Game”) y, ahora, la guerra entre la crueldad y la dignidad que se libraba en los campos de concentración.  (A este respecto, recuerdo aquella línea memorable del guión de “Ser o no ser” de Ersnt Lubistch, cuando el oficinal nazi al que interpretaba Sig Ruman decía aquello de “Así que me llaman Campo de Concentración Erhardt…  Es cierto, nosotros ponemos el campo y los judíos se concentran…”).

Pero no es en un campo de concentración alemán donde transcurre gran parte de la acción de “Invencible”, la segunda película como directora de la actriz Angelina Jolie, sino en uno japonés, con fama de ser tanto o más duro que los germanos.  La historia, también basada en hechos reales, tiene como protagonista a un joven llamado Louis Zamperini, norteamericano de ascendencia italiana, que creyó poder encauzar su existencia de pilluelo callejero merced al atletismo.  De hecho, llegó a participar en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, sólo para después alistarse en la fuerza aérea estadounidense tras el bombarbeo de Pearl Harbor.  Fue entonces, mientras volaba en un bombardero B-24, cuando, acribillado por los disparos de una escuadrilla nipona, el avión se abatió sobre las aguas del Pacífico, y sólo Zamperini y otro compañero lograron finalmente sobrevivir.  Mas esta historia de heroísmo y superación apenas acababa de empezar, ya que el joven fue capturado por los japoneses y confinado en el horrendo campo de concentración de Ofuna, lugar en el que permaneció durante la friolera de dos años…

Si hace unas semanas nos echábamos las manos a la cabeza ante la falta de identidad que sufría la puesta en escena del último film de Tim Burton, “Big Eyes”, hoy deberíamos quedarnos igualmente sorprendidos ante la revelación de que el guión de “Invencible” (“Unbroken”, “Irrompible”, es su título original) tiene la firma de los Hermanos Coen.  Los Coen, autores de una larguísima y compacta filmografía que incluye títulos como “Fargo” o “El Gran Lebowski”, en realidad fueron contratados para pulir el texto original de Richard La Gravanese, pero lo cierto es que su huella no se vislumbra por parte alguna.  En todo caso, ni siquiera ellos parece que supieron advertir los evidentes defectos de un film que podía haber alcanzado cotas mucho más elevadas.  Porque “Invencible”, al igual que tantas otras películas-río que pudieron no serlo, peca de grandilocuente al alargar innecesariamente casi todas sus secuencias.  En este sentido, la escena que transcurre en la balsa y, sobre todo, la larguísima y repetitiva estancia de Zamperini en el campo de concentración podrían haber tenido un efecto mucho más impactante si su duración no hubiera dado lugar a que apareciesen los primeros síntomas de aburrimiento.

Tampoco ha estado particularmente inspirada Angelina Jolie a la hora de realizar el casting de su película.  El protagonista, Jack O’Connell, cumple discretamente su cometido, pero se hubiera echado en falta un actor capaz de expresar más con una simple mirada.  Tampoco el malvado de turno, el comandante Mutsuhiro Watanabe, más conocido como “El Pájaro”, al que da vida el rockero Miyavi, posée los mimbres necesarios para transmitirnos gestualmente la malignidad y crueldad que sí reflejan sus acciones.  En ambos casos, se echa en falta a actores más competentes, o, como antes solía decirse, más carismáticos.

Pero la impresión final que deja la visualización de “Invencible” es la de haber presenciado una cinta emotiva, emocionante e inspiradora, un canto a la dignidad, la entereza y el amor propio.  Es obvio que todos estos parámetros están subrayados sistemática e indisimuladamente casi en cada secuencia, lo que llega a cansar un poco al provocar reiteradamente el “deja vu”, pero no es menos cierto que la fotografía, la música y la certeza de que estamos presenciando una monumental historia verídica, una oda a la humanidad frente a la inhumanidad, consiguen que salgamos del cine con muy buen sabor de boca.

Luis Campoy

Lo mejor:  la música de Alexandre Desplat, la fotografía de Roger Deakins, el aroma a historia real
Lo peor:  el abuso reiterativo de algunas situaciones, la falta de carisma del dúo protagonista
El cruce:  “El puente sobre el Río Kwai” + “Feliz Navidad, Mr. Lawrence” + “Carros de fuego”

Calificación:  7 (sobre 10)

martes, 13 de enero de 2015

Cine actualidad/ "CORAZONES DE ACERO"

Los horrores de la guerra

Nuevamente la II Guerra Mundial nos visita, o, mejor dicho, es el cine actual quien revisita tan famoso conflicto, tantas veces narrado en mil títulos de todo tipo.  El planteamiento de la película que hoy abordamos, “Corazones de acero”, no difiere mucho del de otra producción reciente ambientada en un período similar, “Monuments Men”, también apoyada en un reparto de conocidos actores…

“Corazones de acero” (más bien ridículo título español para el original “Fury”, es decir, simplemente “Furia”;  claro que otro film bélico de hace 15 años, titulado “Casualties of War”, “Bajas de guerra”, lo conocimos aquí como “Corazones de hierro”, así que… ¿de qué nos extrañamos?) narra los últimos días del conflicto armado desde la perspectiva de un viejo tanque norteamericano llamado precisamente “Furia”, pilotado por un experimentado sargento y su cuarteto de oficiales, veteranos de mil escaramuzas y cuyo cometido último pasa por “matar alemanes”, primero en Francia y finalmente en la mismísima Alemania…

Con Brad Pitt a la cabeza, cualquier película acaba por ponerse en marcha antes o después.  Pitt es uno de esos actores con vitola de estrella, avalado no ya por su cincuentona belleza, sino por el éxito de cada uno de sus anteriores trabajos.  De hecho, ya en “Malditos bastardos” de Quentin Tarantino, Pitt había combatido en la misma guerra, aunque “Corazones de acero” pasa por ser más dramática y realista.  Su director, David Ayer, autor de “Sin tregua” y de la reciente “Sabotage” , escribió el guión basándose en hechos reales sucedidos en abril de 1945.  En su traslación a la pantalla, Ayer ha pretendido abrazar un realismo sucio y violento que siempre se agradece, por cuanto en ocasiones parece que estamos presenciando un riguroso documental.  Pero la ilusión se desvanece en escenas como la que transcurre en la casa en la que residen las dos mujeres, una secuencia ostensiblemente larga que sólo sirve para partir en dos una película que nos estaba haciendo concebir no pocas esperanzas.  Con todo, he de admitir que creí detectar alguna debilidad en la traducción de los diálogos, cosa de la que uno no puede estar seguro, al presenciar una versión doblada.

Realismo y drama, violencia y brutalidad, son las armas con las que David Ayer intenta explicar su alegato antibelicista, en el que los soldados protagonistas no matan en pos del patriotismo ni de la consecución de un ideal, sino en aras del más elemental instinto:  la supervivencia.  Bajo el manto protector de Brad Pitt, actúan cuatro intérpretes de muy diversa catadura:  Logan Lerman (alias “Percy Jackson”), el un tanto descarriado Shia La Beouf (el hijo de Indiana Jones en “El Reino de la Calavera de Cristal”), el chicano Michael Peña y menos conocido Jon Bernthal.  Todos ellos tienen su minuto de gloria y la ocasión de demostrarnos, ya sea de palabra o de facto, que la guerra es algo horrible que es mejor evitar cuando todavía está en ciernes.

Luis Campoy

Lo mejor:  el realismo y la ausencia de patriotismo
Lo peor:  la larga y anodina secuencia que transcurre en la ciudad alemana
El cruce:  “Salvar al soldado Ryan” + “Monuments Men” + “Malditos bastardos”

Calificación.  7,5 (sobre 10)

viernes, 9 de enero de 2015

Cine actualidad/ “THE IMITATION GAME (Descifrando Enigma)”

Desencriptando a Hitler

Las guerras no sólo se ganan en el campo de batalla;  y menos las que son tan cruentas y complejas como la II Guerra Mundial.  Los soldados, los tanques, los aviones y los bombardeos jugaron un papel ciertamente determinante, pero detrás de ellos existió un batallón de personas de identidad poco menos que anónima, encargadas de descifrar los códigos secretos con los que el alto mando enemigo comunicaba sus planes a sus tropas.  El más importante y secreto de los códigos nazis era el conocido como “Enigma”, y los aliados estaban convencidos de que, si lograban interpretarlo, la guerra se acortaría y se salvarían millones de vidas inocentes…

“The Imitation Game” (que en España no se ha estrenado como “El juego de la imitación”, sino como el más revelador “Descrifrando Enigma”) cuenta la historia del equipo de genios (matemáticos, jugadores de ajedrez y especialistas en resolver crucigramas) que, bajo la dirección del incomprendido Alan Turing, consiguió desencriptar a Hitler.  Con base en una mansión victoriana denominada Bletchley Park situada en el condado de Buckingham, al suroeste de Londres, estos “cerebritos” realizaron una ímproba tarea inmersos en el más absoluto secretismo, sin que absolutamente nadie pudiese conocer a qué se estaban dedicando en cuerpo y alma.  El citado Alan Turing era la representación viva de la genialidad:  un cerebro privilegiado pero aquejado de una terrible dificultad para relacionarse con los demás.  De hecho, sólo muchos años después se conoció la orientación sexual de Turing, cuya homosexualidad le llevó primero a la cárcel…  y finalmente a la tumba.

“The Imitation Game” se centra básicamente en los años finales de la II Guerra Mundial, cuando Turing vivía obsesionado por descifrar el código, pero también recoge retazos de su adolescencia y posteriormente de su madurez, en los que se aprecia lo complejo de su personalidad.  Es en estas secuencias donde el film juega su mayor baza: la soberbia, magnífica interpretación de Benedict Cumberbatch.  El actor de “Sherlock” desarrolla una creación indudablemente genial, con todos los matices habidos y por haber,  para mí, es el candidato número uno al Oscar de este año.  En torno a él se ha edificado un film elaborado desde la más genuina exquisitez británica:  fotografía, dirección artística, vestuario y banda sonora son todos ellos dignos de Oscar.  El guión, quizás un tanto simplista, se basa en un libro de Andrew Hodges, el cual ha sido escenificado con mimo artesanal por el realizador noruego Morten Tyldum, que se estrena con solvencia en el cine “mainstream”.  Otros miembros del reparto, todos ellos eclipsados por el gran Cumberbatch, son una comedida Keira Knightley, un impredecible Matthew Goode, un antipático Charles Dance (devuelto a la actualidad por su participación en “Juego de Tronos”) y un elegante Mark Strong.  Ojalá tengan suerte en las nominaciones al Oscar y ello haga que esta estupenda película obtenga una mayor difusión en nuestras carteleras, saturadas de hobbits, faraones, museos y gatos cósmicos.

Luis Campoy

Lo mejor:  la interpretación de Benedict Cumberbatch, una de las más sobresalientes de los últimos años
Lo peor:  quizás, y por buscarle algún defecto, algunas simplezas u obviedades del guión
El cruce:  “Enigma” (versión Michael Apted) + “Una mente maravillosa”

Calificación:  9 (sobre 10)