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lunes, 29 de diciembre de 2014

Cine actualidad/ “BIG EYES”

Arte e impostura

Durante los años sesenta, se hicieron inmensamente populares en los Estados Unidos los dibujos de niños con ojos enormes. Se vendían en papelerías, en supermercados y en gasolineras.  Se desató tal locura en torno a ellos, que las grandes personalidades de la época quisieron tener su retrato con los globos oculares hiperdesarrollados.  Natalie Wood, Joan Crawford, Jerry Lewis o Kim Novak fueron algunos de los agraciados.  Woody Allen, en su película futurista “El Dormilón” bromeaba con que las obras de Keane serían recordadas como la seña de identidad de la década.  Pero ¿quién era realmente el tal Keane que firmaba todas aquellas pinturas…?

“Big Eyes” (“Ojos Grandes”) es el nuevo film del famoso director Tim Burton, que narra la historia del proceso creativo que catapultó a la fama al matrimonio Keane, formado por Walter (pintor fracasado aunque charlatán irresistible) y su esposa Margaret (artista autodidacta de gran imaginación pero presa de una gran timidez).  Bajo la apariencia de felicidad y glamour de la pareja, se escondía una terrible verdad que no fue desvelada hasta muchos años después:  mientras el astuto Walter se atribuía el mérito de la realización de las pinturas, la sufrida Margaret vivía prácticamente confinada en su estudio, pintando y pintando sin parar y sin reunir el valor suficiente para escapar de tan sórdida situación.

Hoy mismo estaba revisando unos breves fragmentos de “Ed Wood”, una de las más bellas y mejores obras de Tim Burton, en la que campaban a sus anchas los rasgos característicos que otorgaron fama y renombre al realizador:  adscripción total o parcial al género fantástico, personajes estrambóticos o directamente frikis, tonalidad oscura y golpes de humor preferentemente negro.  Fue con estos mimbres como Burton construyó su obra y fue asentando su prestigio, hasta que una serie de fracasos comerciales o artísticos acabaron por opacar su fulgor.  Quizás para resarcirse de sus últimos tropiezos (“Alicia en el país de las maravillas” obtuvo un rendimiento comercial importante, pero artísticamente dejaba mucho que desear;  de “Sombras tenebrosas” lo único que acaba por recordarse es su magnífico tráiler;  y “Frankenweenie” no era sino una “pequeña” muestra de genialidad animada), el realizador californiano ha querido reinventarse o huir de sí mismo y cambiar radicalmente de temática y de estilo.  Me atrevería a decir que la temática intrínseca de “Big Eyes” (el verdadero artista se ve obligado a luchar denodadamente para demostrar su autoría sobre su obra) podría llegar a pasarle a Burton con respecto a su última película.  Prácticamente nada en la temática ni en el tono ni en la puesta en escena podría hacer pensar que el autor de “Bitelchús” ha sido quien la ha facturado.  Todos sus rasgos de estilo han desaparecido y brillan por su ausencia, el humor es prácticamente inexistente y la fotografía luminosa y los colores vivos deslumbran al espectador.

El caso es que, una vez asumida y aceptada la autoría de Tim Burton (aunque para nada lo parezca), “Big Eyes” se disfruta como una deliciosa rareza, un producto de asombrosa calidad técnica y estética que refleja a la perfección una época maravillosa y cuenta con estupendas interpretaciones de su pareja protagonista…  hasta que llega el último acto y todo se desmadra.  Si bien es cierto que tanto Amy Adams como, sobre todo, el magnífico Christoph Waltz, rayan a gran altura, sorprende el modo en que Burton cambia bruscamente de registro y obliga a Waltz a cruzar absurdamente la fina línea que separa la genialidad del ridículo.  Esos exabruptos de comicidad que irrumpen durante la escena del juicio constituyen un manchurrón que le resta algo de acierto a una obra que estaba conmoviéndonos y emocionándonos.  Con todo, y aun cuando trata de la menos burtoniana de las películas de Burton, durante la mayor parte de su metraje aspira a ser un buen melodrama bellamente retratado y eso siempre se agradece.

Luis Campoy

Lo mejor:  la fotografía, el vestuario, el diseño de producción
Lo peor:  la inexistencia de los rasgos de estilo habituales de Burton;  los brotes de comedia que casi estropean su tramo final
El cruce:  “Cómo robar un millón y…” + “El caso de Thomas Crown” + “Sombras tenebrosas”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

1 comentario :

RECOMENZAR dijo...

Lo que escribiste no lo sabia a pesar que hace años que vivo en USA.
Me gusta mucho como escribis
te dejo un abrazo enorme