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miércoles, 29 de octubre de 2014

"Los Miserables" en Murcia

Llevo 11 años enganchado a “Los Miserables” y 8 ó 9 escribiendo reiterativamente sobre este maravilloso musical creado por Claude Michel Schönberg  y Alain Boublil, según la novela-río escrita por Victor Hugo en 1862.  En esta década, he tenido la suerte de disfrutar múltiples versiones audiovisuales de la obra, desde la televisiva de Josée Dayan con Gerard Depardieu, las cinematográficas de Bille Agust con Liam Neeson (estas dos, centradas en el texto puramente literario) y de Tom Hooper con Hugh Jackman... hasta los conciertos grabados conmemorando el décimo y vigésimo quinto aniversario del estreno londinense (con Colm Wilkinson y Alfie Boe dando vida al protagonista, respectivamente), pasando por la representación madrileña en la rentrée de 2010, que posteriormente ha salido de gira por provincias.  De todas estas manifestaciones, que me han llenado de felicidad hasta extremos indescriptibles, creo que ninguna la había gozado tanto como la función de despedida en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia, acaecida el pasado lunes, día 27 de Octubre…

Como he dicho anteriormente y muchos lectores ya sabían, hace 4 años viajé a Madrid para ver en directo una de las primeras representaciones del nuevo montaje conmemorativo del primer cuarto de siglo del musical producido por Cameron Mackintosh. Mi impresión fue magnífica en general, y casi todo lo que fui capaz de referir fueron sensaciones eminentemente positivas, con muy pocas objeciones centradas básicamente en la adaptación literaria de las canciones y en alguna interpretación puntal de algunos actores.  La otra noche, sin embargo, creo que todos los astros del firmamento se alinearon para que todo rozase la mismísima perfección.


En estos cuatro años, básicamente se ha mantenido el mismo elenco actoral e idéntico equipo técnico, eso sí, con algunas importantes ausencias.  El protagonista, el argentino Gerónimo Rauch, emigró a tierras londinenses para encarnar al héroe Jean Valjean en la mismísima ciudad en la que se convirtió en mito, y ello ha propiciado el hecho de que el televisivo Daniel Diges, Enjolras cuando yo lo ví, ascendiera vertiginosamente a la cabecera del cartel.  Virginia Carmona ya no es Fantine, y su rol corre a cargo de Elena Medina.  Tampoco Enrique R. Del Portal se pone en la piel del mezquino Thenardier, sustituyéndole Armando Pita.  Pero la mayoría de las estrellas originales de la fantástica producción orquestada por Stage Entertainment son quienes recorren España en olor de multitudes, ésto es:  Ignasi Vidal como Javert, Guido Balzaretti como Marius, Lydia Fairén como Eponine, Talia del Val como Cosette y Eva Diago como Madame Thenardier.  Carlos Solano es el nuevo Enjolras.


Lo de volver a ver “Los Miserables” en español fue algo que decidí a ultimísima hora, cuando me aseguraron que el montaje del Auditorio Víctor Villegas atesoraba las virtudes del estreno madrileño.  Saqué deprisa y corriendo las entradas por internet, y tuve la grandísima suerte de poder sentarme en la primera fila, justo al lado del foso de la orquesta, con una visión privilegiada del escenario, tan próximo que casi podía tocar a los cantantes.  La orquesta, conducida por Arturo Díez Boscovich, constaba de apenas 15 profesores, pero la tenía tan cerca que la Sinfónica de Londres no me habría llenado más.  ¿Habéis tenido la fortuna de oir tocar a una orquesta en directo, hallándoos en primerísima fila, como si fuéseis el único destinatario de su arte?  La sensación es indescriptible, inolvidable.  Destacaría a las secciones de metal y percusión, aunque sólo porque se hacían notar mínimamente sobre el resto.  Los efectos de luz y sonido han mejorado desde que los ví por primera vez, y la resolución de secuencias como “La batalla final”, “Las cloacas” o “La confesión de Javert” son sencillamente alucinantes.  Hace ya muchos años que escribí que “Los Miserables” había sido pionera en la utilización de plataformas móviles y raíles de transición, y la evolución técnica de estos recursos la hace todavía más grandiosa y espectacular.  Incluso, y a raíz de algunas críticas más bien justificadas, el letrista español Albert Mas Griera ha corregido algunos versos que antaño me chirriaron y que ahora suenan bastante mejor.  En cuanto al reparto propiamente dicho, en la función de despedida a la que yo asistí no estuvieron ni Ignasi Vidal (doblado por Victor Díaz) ni Talía del Val (Laura Enrech).  A cambio, pude comprobar qué gran Marius compone Guido Balzaretti, que no estuvo en la noche en que ví el espectáculo en Madrid. Pero también Daniel Diges me maravilló como Valjean.  A Diges, sus frecuentes apariciones televisivas le otorgan una bienvenida popularidad, pero su derroche de simpatía la hace parecer demasiado “ligero”.  Sin embargo, su Valjean borda los tonos dramáticos y su voz casi logra el milagro de alcanzar la textura de Gerónimo Rauch;  casi, pues su “Sálvalo” (el tema más difícil y más lucido de la obra) me pareció un poquito por debajo del argentino.  Los muy esforzados Víctor Díaz y Armando Pita también se quedaron en un honesto y honroso “casi”, pero uno de los mayores placeres fue volver a escuchar a la fantástica Lydia Fairén, que borda a Eponine, probablemente mi personaje favorito de toda la obra.  Por cierto, el padre de Lydia estaba sentado a mi lado, aplaudiendo a rabiar (y no sin motivo) a su talentosa hija.


Fue la conjunción de diversos elementos lo que aquella noche otoñal me dejó literalmente obnubilado.  La tremenda cercanía a los intérpretes y la orquesta tuvo algo especialmente mágico, tan trascendental que no tengo palabras para describirlo.  La dirección escénica, los movimientos de todos y cada uno de los actores sobre el escenario, denota un trabajo frenético, ocupando cada personaje su sitio propio intransferible y desarrollando sus acciones con una loable precisión;  fabulosos todos los estudiantes revolucionarios (Grantaire, Courfreyac, Bujon, etc.), cada uno bordando sus brevísimos minutos de gloria y todos interactuando paternalmente con el niño Gavroche.  En fin, un regalo del cielo irrenunciable y obligado para los múltiples fans de “Los Miserables” deseosos de entonar la canción del pueblo mientras un día más sale el sol…

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