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viernes, 31 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "10.000 Km."

La distancia del amor

Si las críticas fuesen estrictos ejercicios de fría objetividad, quizás empezaría por decir que “10.000 Km”, la primera película como director del cortometrajista y montador Carlos Marques-Marcet, contiene innumerables tours-de-force interpretativos a los que son sometidos sus protagonistas, David Verdaguer y Natalia “Juego de Tronos” Tena.  Sin embargo, como escribir una crítica no deja de ser un acto humano, voy a dejar que también un poco de subjetividad se cuele, imparable, entre mis palabras…

Sergi y Alex son una pareja que vive en Barcelona y están sopesando la posibilidad de tener un hijo.  Justo entonces, ella acepta un trabajo como fotógrafa allende los mares, de modo que pasará al menos un año en los Estados Unidos, por lo que las llamadas por Skype centrarán su relación mientras viven a 10.000 Km uno del otro…

Pocas veces he disfrutado tan poco en un cine.  Debe ser la segunda o la tercera vez en mi vida que, a los pocos minutos de proyección de una película, he sentido unos deseos incontenibles de levantarme y marcharme.  “10.000 Km” se abre con una secuencia de sexo, aparentemente interminable:  los protagonistas follan, y empleo esta fea expresión porque difícilmente calificaría como “hacer el amor” a tan desagradable momento.  Encima de todo, transcurrido un poco edificante cuarto de hora, un fallo en el soporte digital obligó a volver a proyectar el film desde el inicio (si no quieres caldo…  ¡toma dos tazas!);  para entonces, yo ya le había cogido bastante manía a la peliculita en cuestión, y su devenir no hizo sino aumentar en mí dicha animadversión.  La protagonista se levanta de la cama y, lejos de darse un higiénico chapuzón, se limita a ponerse unas bragas y, eso sí, a lavarse los dientes como si el cuidado bucal fuese más importante que el de la cuevecita donde no da el sol.  A continuación, ella y su compañero de cama desayunan juntos, y sólo entonces (cuando ya se han consumido veinte minutos de metraje) empiezan a entenderse medianamente algunos de los diálogos que ambos intercambian.  El resto del tiempo no se les había pillado ¡ni media palabra…!

Por alguna razón que se me hace inentendible, el director ha decidido que todas las escenas estén rodadas en larguísimos planos fijos que, como dije al principio, requieren un gran esfuerzo de los únicos actores.  En dichos planos, se exhibe sin pudor un realismo nítido y sucio, en el que no cabe duda de que las emociones destilan autenticidad.  Pero esa autenticidad se halla envuelta en un aura de feísmo que incomoda.  Más de la mitad del film se narra mediante videollamadas a través de Skype, más planos fijos en los que, ciertamente, los intérpretes cuajan buenas actuaciones;  me dicen que las relaciones a distancia, efectivamente, son así, pero es que el modo en que aquí se cuentan hace añorar la aparición de cualquier extraterrestre o animal parlante, un soplo de irrealidad en mitad de tan deprimente panorama.

Tras algunas (muy pocas) vicisitudes, nuevamente copa la pantalla un coito, igualmente desagradable que el primero.  Bragas que bajan, bragas que suben, y una sensación de “aquí te pillo, aquí te mato” que, lejos de reconfortar, acrecienta la desazón.  Definitivamente, parece que no he conectado con la sensibilidad hiperrealista de “10.000 Km”;  no, es como si ella y yo estuviésemos separados por 10.000 Km de desentendimiento.

Luis Campoy

Lo mejor:  los actores (claro, si no hay otra cosa)
Lo peor:  el ritmo, la morosidad, la nula estética y delicadeza con la que se muestra el sexo
El cruce:  “Tal como éramos” + “(500) Días juntos” + “Olvídate de mí”

Calificación.  4 (sobre 10)

miércoles, 29 de octubre de 2014

"Los Miserables" en Murcia

Llevo 11 años enganchado a “Los Miserables” y 8 ó 9 escribiendo reiterativamente sobre este maravilloso musical creado por Claude Michel Schönberg  y Alain Boublil, según la novela-río escrita por Victor Hugo en 1862.  En esta década, he tenido la suerte de disfrutar múltiples versiones audiovisuales de la obra, desde la televisiva de Josée Dayan con Gerard Depardieu, las cinematográficas de Bille Agust con Liam Neeson (estas dos, centradas en el texto puramente literario) y de Tom Hooper con Hugh Jackman... hasta los conciertos grabados conmemorando el décimo y vigésimo quinto aniversario del estreno londinense (con Colm Wilkinson y Alfie Boe dando vida al protagonista, respectivamente), pasando por la representación madrileña en la rentrée de 2010, que posteriormente ha salido de gira por provincias.  De todas estas manifestaciones, que me han llenado de felicidad hasta extremos indescriptibles, creo que ninguna la había gozado tanto como la función de despedida en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia, acaecida el pasado lunes, día 27 de Octubre…

Como he dicho anteriormente y muchos lectores ya sabían, hace 4 años viajé a Madrid para ver en directo una de las primeras representaciones del nuevo montaje conmemorativo del primer cuarto de siglo del musical producido por Cameron Mackintosh. Mi impresión fue magnífica en general, y casi todo lo que fui capaz de referir fueron sensaciones eminentemente positivas, con muy pocas objeciones centradas básicamente en la adaptación literaria de las canciones y en alguna interpretación puntal de algunos actores.  La otra noche, sin embargo, creo que todos los astros del firmamento se alinearon para que todo rozase la mismísima perfección.


En estos cuatro años, básicamente se ha mantenido el mismo elenco actoral e idéntico equipo técnico, eso sí, con algunas importantes ausencias.  El protagonista, el argentino Gerónimo Rauch, emigró a tierras londinenses para encarnar al héroe Jean Valjean en la mismísima ciudad en la que se convirtió en mito, y ello ha propiciado el hecho de que el televisivo Daniel Diges, Enjolras cuando yo lo ví, ascendiera vertiginosamente a la cabecera del cartel.  Virginia Carmona ya no es Fantine, y su rol corre a cargo de Elena Medina.  Tampoco Enrique R. Del Portal se pone en la piel del mezquino Thenardier, sustituyéndole Armando Pita.  Pero la mayoría de las estrellas originales de la fantástica producción orquestada por Stage Entertainment son quienes recorren España en olor de multitudes, ésto es:  Ignasi Vidal como Javert, Guido Balzaretti como Marius, Lydia Fairén como Eponine, Talia del Val como Cosette y Eva Diago como Madame Thenardier.  Carlos Solano es el nuevo Enjolras.


Lo de volver a ver “Los Miserables” en español fue algo que decidí a ultimísima hora, cuando me aseguraron que el montaje del Auditorio Víctor Villegas atesoraba las virtudes del estreno madrileño.  Saqué deprisa y corriendo las entradas por internet, y tuve la grandísima suerte de poder sentarme en la primera fila, justo al lado del foso de la orquesta, con una visión privilegiada del escenario, tan próximo que casi podía tocar a los cantantes.  La orquesta, conducida por Arturo Díez Boscovich, constaba de apenas 15 profesores, pero la tenía tan cerca que la Sinfónica de Londres no me habría llenado más.  ¿Habéis tenido la fortuna de oir tocar a una orquesta en directo, hallándoos en primerísima fila, como si fuéseis el único destinatario de su arte?  La sensación es indescriptible, inolvidable.  Destacaría a las secciones de metal y percusión, aunque sólo porque se hacían notar mínimamente sobre el resto.  Los efectos de luz y sonido han mejorado desde que los ví por primera vez, y la resolución de secuencias como “La batalla final”, “Las cloacas” o “La confesión de Javert” son sencillamente alucinantes.  Hace ya muchos años que escribí que “Los Miserables” había sido pionera en la utilización de plataformas móviles y raíles de transición, y la evolución técnica de estos recursos la hace todavía más grandiosa y espectacular.  Incluso, y a raíz de algunas críticas más bien justificadas, el letrista español Albert Mas Griera ha corregido algunos versos que antaño me chirriaron y que ahora suenan bastante mejor.  En cuanto al reparto propiamente dicho, en la función de despedida a la que yo asistí no estuvieron ni Ignasi Vidal (doblado por Victor Díaz) ni Talía del Val (Laura Enrech).  A cambio, pude comprobar qué gran Marius compone Guido Balzaretti, que no estuvo en la noche en que ví el espectáculo en Madrid. Pero también Daniel Diges me maravilló como Valjean.  A Diges, sus frecuentes apariciones televisivas le otorgan una bienvenida popularidad, pero su derroche de simpatía la hace parecer demasiado “ligero”.  Sin embargo, su Valjean borda los tonos dramáticos y su voz casi logra el milagro de alcanzar la textura de Gerónimo Rauch;  casi, pues su “Sálvalo” (el tema más difícil y más lucido de la obra) me pareció un poquito por debajo del argentino.  Los muy esforzados Víctor Díaz y Armando Pita también se quedaron en un honesto y honroso “casi”, pero uno de los mayores placeres fue volver a escuchar a la fantástica Lydia Fairén, que borda a Eponine, probablemente mi personaje favorito de toda la obra.  Por cierto, el padre de Lydia estaba sentado a mi lado, aplaudiendo a rabiar (y no sin motivo) a su talentosa hija.


Fue la conjunción de diversos elementos lo que aquella noche otoñal me dejó literalmente obnubilado.  La tremenda cercanía a los intérpretes y la orquesta tuvo algo especialmente mágico, tan trascendental que no tengo palabras para describirlo.  La dirección escénica, los movimientos de todos y cada uno de los actores sobre el escenario, denota un trabajo frenético, ocupando cada personaje su sitio propio intransferible y desarrollando sus acciones con una loable precisión;  fabulosos todos los estudiantes revolucionarios (Grantaire, Courfreyac, Bujon, etc.), cada uno bordando sus brevísimos minutos de gloria y todos interactuando paternalmente con el niño Gavroche.  En fin, un regalo del cielo irrenunciable y obligado para los múltiples fans de “Los Miserables” deseosos de entonar la canción del pueblo mientras un día más sale el sol…

martes, 21 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "RELATOS SALVAJES"

Los seis reversos tenebrosos de lo humano

“Savage Tales” era el título de una colección de comics que Marvel publicaba durante los primeros años 70.  En España, la Editorial Vértice (que era quien nos traía todos los personajes marvelianos que en la actualidad edita Panini) lanzó también la respectiva traslación española del formato original USA, en una serie que alguien tituló como…  “Relatos Salvajes”.

Evidentemente, los “Relatos Salvajes” de los que hoy os hablo no tienen nada que ver con los que circulaban durante mi niñez.  Por el contrario, se trata de un film a cargo del realizador argentino Damián Szifron, que ha contado con producción de los españoles Pedro y Agustín Almodóvar, a través de El deseo, S.A.  Szifron, bastante conocido allá tanto por series como “Los Simuladores” y “Hermanos y Detectives” (las cuales, si no me equivoco, han gozado de su pertinente versión española) como por sus dos primeros largometrajes, “El fondo del mar” y “Tiempo de Valientes”, se ha tomado muy en serio el título de su nuevo proyecto, y ha construido nada menos que seis pequeños relatos en los que, entre otros ingredientes, se aprecian los diferentes grados de salvajismo a los que es capaz de llegar la raza humana…

“Relatos Salvajes” se inicia con “Pekerman”, la historia de un vuelo en avión en el que todos los pasajeros comparten, sin saberlo, un mismo e inquietante vínculo.  El segundo episodio es “Ratas”, cuya protagonista es la joven camarera de un bar de carretera que ve entrar en su establecimiento al usurero que provocó el suicidio de su padre.  “El más fuerte” cuenta la trágica rivalidad entre el conductor de un coche de lujo y el de un destartalado vehículo.  Un ingeniero experto en demoliciones al que la grúa le retira injustamente su turismo es el eje de “Bombita”.  El atropello de una mujer embarazada por parte del hijo de un millonario centra la anécdota de “La propuesta”, mientras que la muy movida boda de “Hasta que la muerte nos separe” clausura grotescamente el film.

Ya en los trailers de “Relatos Salvajes” se apreciaba la portentosa factura técnica de la película, que abarca desde una primorosa puesta en escena hasta un sonido excelente.  Puede que parte de culpa de esto la tengan los hermanos Almodóvar, pero hay que admitir que la planificación y dirección de actores de Damián Szifron te deja en más de una ocasión con la boca abierta.  No obstante, lo primero que hay que ponderar es la acidez del Szifron guionista, capaz de ejemplificar cómo el hombre no es sólo un lobo para el hombre, sino también la primera de sus víctimas.  En las seis historias que componen el film (ninguna de las cuales tiene nada que ver con el resto), afloran a la superficie sentimientos primarios como el rencor, el odio y, como consecuencia de ellos, la venganza, manifestada de seis formas distintas, ya sea con sutileza o con apabullante brutalidad.

Si bien cada uno de los seis episodios (que parecen mismamente seis cortometrajes con entidad propia) reúne no pocos intereses, es lógico que unos acaben funcionando mejor que los otros.  El primero, quizás por aquello del factor sorpresa, te deja con tan mal cuerpo que el segundo parece un pelín menos original.  El tercer capítulo, para mí, con mucho, el mejor, da paso a un cuarto en el que todos sus ingredientes están aliñados con una precisión admirable.  El quinto y sexto, a mi entender, flojean un poco, supongo que porque los anteriores habían situado el listón demasiado alto.

Lo más granado del cine argentino de la actualidad se da cita en “Relatos Salvajes”:  Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti, Rita Cortese, Oscar Martínez, Erica Rivas.., todos ellos sobresalientes, aunque los dos primeros vuelven a brillar con mayor fulgor.  Afirma Damián Szifron que su fuente de inspiración han sido los “Cuentos Asombrosos” patrocinados por Steven Spielberg, quien a su vez se había inspirado en la serie de Rod Serling “En los límites de la realidad” (“The Twilight Zone”), y lo cierto es que en todos los casos, ya sea desde la perspectiva del humor o del terror, se nos presenta una faceta de la condición humana que casi siempre preferiríamos no conocer.

Luis Campoy

Lo mejor:  los actores, la puesta en escena
Lo peor:  que no todos los episodios rayan al mismo nivel
El cruce:  “En los límites de la realidad” + “Cuentos asombrosos” + “Creepshow”

Calificación:  8 (sobre 10)

lunes, 20 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "THE EQUALIZER (El Protector)"

El defensor de los débiles

Entre 1985 y 1989, el hoy olvidado actor Edward Woodward protagonizó una serie televisiva titulada “El Ecualizador” (“The Equalizer”), creada por Michael Sloan y Richard Lindheim y en la que interpretaba a un ex miembro de las fuerzas especiales norteamericanas que, una vez retirado, se dedicaba a ayudar secretamente a quienes necesitaban de sus servicios.  Han pasado casi 30 años del estreno del telefilm y el director Antoine Fuqua se ha atrevido a trasladarlo a la pantalla grande, contando además con uno de sus actores fetiche:  Denzel Washington.

Solitario y taciturno, Robert McCall trata de dejar atrás un oscuro pasado, trabajando en la versión yanqui de BricoFermín.  Por las noches, McCall se refugia en la lectura de viejos libros mientras cena en un humilde bar de barrio, donde conoce a una jovencísima prostituta.  Cuando ésta es brutalmente apalizada por una banda de proxenetas rusos, McCall decide que ha llegado la hora de sacar a pasear sus aletargadas habilidades paramilitares…

Fan de la vieja serie de Edward Woodward, el director de “Día de Entrenamiento” ha contado con el guionista Richard Wenk para convertirla en película, con la nada disimulada esperanza de que pueda convertirse en franquicia.  No olvidemos que son los tiempos en los que actores sesentones como Liam Neeson (“Venganza”) o Kevin Costner (“3 días para matar”) han  logrado reverdecer viejos laureles dando vida a sanguinarios ex-agentes obligados a volver a las andadas con el fin de desfacer algún entuerto que les toca directamente.  Denzel Washington no podía ser menos, máxime cuando fue por su trabajo en “Día de entrenamiento”, recordemos que dirigida por Fuqua, como logró su único Oscar como protagonista.

Retitulada absurdamente “El Protector”, la película de la que os hablo ha tenido la mala pata de coincidir en algunas salas con “Homefront” de Jason Statham, que en nuestro país también se ha estrenado como…  “El Protector”.  Con tantos protectores, uno ya no sabe cuál es el verdadero, pero está claro que, más allá de haber interpretado ocasionalmente a diversos héroes de acción, Denzel Washington tiene un carisma y un bagaje actoral que Statham todavía ni roza.  Washington, con el apoyo incalculable de su doblador habitual Pedro Molina, se gana el cariño del espectador desde el mismo arranque, y es a esa benevolencia por parte del respetable a la que confía Fuqua los larguísimas secuencias transitorias en las que no pasa nada y que sirven de descanso para los otros momentos de acción trepidante y violencia más bien explícita.

Otros actores del film son la encantadora “lolita” Chloe Grace Moretz (la nueva “Carrie”), Marton Csokas, Melissa Leo y el casi desparecido Bill Pullman, al que me dio mucha alegría recuperar.

Luis Campoy

Lo mejor:  Denzel Washington (¿cómo no?)
Lo peor:  el ritmo lento de las escenas en la que la acción brilla por su ausencia
El cruce:  “Venganza” + “Yo soy la Justicia” + “Tokarev”

Calificación:  7,5 (sobre 10)

miércoles, 15 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "ANNABELLE"

Muñeca diabólica

Me familiaricé con el apellido Leonetti a fuerza de verlo en la pantalla grande.  Concretamente, hasta 6 veces leí el nombre “Matthew F. Leonetti” como director de fotografía de “Poltergeist”, aquella entrañable y terrorífica producción de Steven Spielberg.  Pues bien, la estirpe familiar sigue activa y debemos al hermano pequeño, John R. Leonetti, el mérito de haber dirigido una digna secuela para el éxito de 2013 “Expediente Warren” (“The Conjuring”).

Quienes hayáis disfrutado (o sufrido, según lo susceptibles que seáis) “Expediente Warren” recordaréis a cierta muñeca con la que se abría el film, y que alcanzaba altas cotas de protagonismo en más de una secuencia.  Aquella muñeca, Annabelle, resultó tan determinante y tan popular que los productores decidieron que podía sustentar el peso de un proyecto propio, erigido en torno a ella.  Annabelle existió de verdad allá por 1970, y era un ejemplar de la línea “Raggedy Ann” (algo así como una “Pepona” a lo yanqui), que aparentemente se hallaba poseído por el alma en pena de una anterior propietaria, una niña llamada Annabelle Higgins.  En esta ocasión, no sólo se ha alterado el aspecto físico de la “criatura”, sino que se han modificado sustancialmente sus orígenes, de modo que tienen cabida demonios, sectas satánicas y otros lugares comunes del género terrorífico.

Personalmente, doy por hecho que hoy en día pocas cosas pueden presumir de ser originales, y no me molesta detectar en una película tropecientas mil referencias que, por otra parte, suelo entender a modo de homenajes.  Además, se trata de un producto no sólo perteneciente a una saga, sino adscrito a la filosofía de una productora, también artífice de títulos como la referida “Expediente Warren”, “Insidious” (y su secuela) o “Sinister”.  Los parecidos son tan lógicos como evidentes, tan inevitables como visibles.  Pero, además, el fanático del horror puede hallar guiños poco sutiles a “La semilla del Diablo”, “Al final de la escalera” o “Terror en Amityville”, eso sí, tan directos y respetuosos que hasta se agradecen.

Planificada y montada con mucho oficio por Leonetti, todos los sustos de “Annabelle” funcionan casi a la perfección, lo cual me hizo pensar que, tal vez, de habérselo propuesto, el realizador podría haber aspirado a mayores cotas de tensión y entretenimiento.  Con todo, la faceta técnica es muy correcta y donde mayores lagunas existen es en la interpretativa.  Si Annabelle Wallis hizo algún mérito además de compartir nombre con la muñeca protagonista, lo desconozco;  pero se me ocurren algo así como cien mil actores más idóneos para el papel de sufrido padre que el algo timorato Ward Gordon.  Al Padre Pérez (menudo nombre para un cura) lo encarna un tal Tony Amendola, y toda una veterana como Alfre Woodard asume un rol muy parecido al de la sibilina Ruth Gordon de “La semilla del Diablo”.  En resumen:  atmósfera de terror muy lograda y bastante golpes de efecto de ésos que te hacen saltar en la butaca.  Era lo que me esperaba y fue lo que encontré.

Luis Campoy

Lo mejor:  el clima de desasosiego y los sustos infalibles
Lo peor:  la poca idoneidad de algunos de sus protagonistas
El cruce:  “Expediente Warren” + “La semilla del Diablo” + “Insidious” + “Terror en Amityville”

Calificación:  7 (sobre 10)

lunes, 13 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "PERDIDA"

Apariencia vs. realidad

Mi película favorita de David Fincher es “The Game”, con Michael Douglas inmerso en un peligroso juego mortal trufado de suspense y tensión.  Para mí es el punto álgido de su capacidad para pintar atmósferas, para tejer argumentos hipnóticamente envolventes…  “Perdida” (en inglés “Gone girl”, “La chica que se fue”) es el nuevo film de Fincher tras la no demasiado bien acogida “Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres”, prematura revisión de un original sueco que no necesitaba tan rauda reinterpretación…

En “Perdida” asistimos a la desaparición de una mujer y a las consecuencias que ello acarrea en la vida de su esposo, a quien la opinión pública señala inmediatamente como responsable del secuestro/asesinato, y, como tal, está dispuesta a linchar en mitad de un circo mediático sin precedentes…

“Perdida” se basa en la novela homónima de Gillian Flynn, que a la sazón también ejerce de guionista de su traslación al cine.  Sin pretender desvelar nada y no queriendo ni mucho menos spoilear, diré que novela y película adoptan, alternativamente, los puntos de vista del marido y de la mujer, con el fin de que el lector/espectador pueda conocer de primera mano las versiones de uno y de otro y así otorgar con fundamento su simpatía/desprecio a cada uno de ellos.  Adentrarse mucho más en la trama es, como digo, sumamente peligroso por cuanto se me podrían escapar pistas que yo mismo, en su momento, agradecí no haber conocido, de modo que daremos carpetazo al aspecto argumental y nos centraremos en lo más puramente cinematográfico:  la dirección y la puesta en escena.

Que David Fincher es uno de los más cualificados herederos de Alfred Hitchcock, “El Mago del Suspense”, es tan cierto como que su estilismo visual es capaz de envolver a cualquiera en una tela de araña en la que la belleza formal puede devenir en astucia letal cuando menos te lo esperas.  Fincher manipula al espectador con una habilidad envidiable, desde un principio en el que los protagonistas aparecen como yuppies empalagosos hasta un final un pelín insatisfactorio, pasando por un desarrollo (primorosas dos horas magistrales) en las que múltiples emociones de lo más humanas (comprensión, compasión, odio, asombro, alegría, tristeza) tienen cabida.

Ben Affleck (ensalzado como director al tiempo que denostado como actor, al menos hasta que fue elegido para convertirse en el nuevo Batman) es el marido al que miran con lupa los medios de comunicación, algo a lo que no fue ajeno durante su controvertido noviazgo con Jennifer Lopez.  Rosamund Pike, hermosa y a menudo hiératica presencia en “007 Muere otro día” y “Orgullo y prejuicio” da vida a la esposa desaparecida, y lo hace exhibiendo un abanico de recursos impensable y deslumbrante.  Hay muchos secundarios a cada cual más convincente, pero me apetece destacar a dos:  Carrie Coon, impagable como hermana melliza del protagonista, y Tyler Perry, en la piel de un engreído abogado superstar.

Me costó un poco entrar en “Perdida”, pero cuando lo conseguí, disfruté y me maravillé tanto que hubiera preferido que no llegara su final…

Luis Campoy

Lo mejor:  la puesta en escena, el guión envolvente, la rutilante Rosamund Pike
Lo peor:  siendo un poco negativo, diré que me chirrió sumamente el desenlace, y que tampoco me gustó la banda sonora
El cruce:  “Al filo de al sospecha” + “Atracción fatal” + “Al filo de la noticia”

Calificación.  8,5 (sobre 10)

miércoles, 8 de octubre de 2014

LOS FORAJIDOS DEL COUNTRY

Hace unos meses os traía a esta página a los Traveling Wilburys, aquel efímero supergrupo formado por George Harrison, Bob Dylan, Roy Orbison, Jeff Lynne y Tom Petty.  Pero en la historia de la música ha habido otras formaciones de esas mismas características, bandas en cuyas filas se aglutinaban músicos estrella en busca de aún más éxito, mayor libertad creativa o, simplemente, pasar un rato de colegueo con amigos no menos famosos.  “The Highwaymen” fue al country lo que los Traveling Wilburys al rock:  la reunión en la cumbre de las mayores astros del género, cuatro sombreros de cowboy al viento bajo los que cantaban cuatro auténticas leyendas…


Johnny Cash, Willie Nelson, Waylon Jennings y Kris Kristofferson se conocían perfectamente e incluso algunos de ellos habían colaborado entre sí en más de una ocasión.  Waylon Jennings ya había grabado dos álbumes de duetos junto a Willie Nelson, y uno al lado de Johnny Cash,  pero la posibilidad de reunirse los tres con Kris Kristofferson y hacer algo juntos no surgió hasta el año del Señor de 1985.  La idea de reunirlos fue del gran Chris “Chips” Moman, ejecutivo de Columbia Records, quien logró convencerlos para que se encerrasen en un estudio de grabación y fueran adaptando a su peculiar idiosincrasia colectiva hasta 10 canciones del subgénero “outlaw”, empezando por la fabulosa “Highwayman” de Jimmy Webb, que supuso algo así como la pila bautismal del naciente grupo.  Cuando comenzaron a grabar, no tenían ni idea de cómo llamarse;  cuando terminaron esta canción, todos lo tuvieron claro:  serían “The Highwaymen” (“Los Salteadores de Caminos”).


El primer álbum que lanzaron, llamadlo simplemente “The Highwaymen”, contenía, además de la canción del título, tres temas que ya eran icónicos:  “The Last Cowboy Song” de Ed Bruce, “Desperadoes Waiting For A Train” de Guy Clark y la maravillosa “Against The Wind” de Bob Seger.  En ellas se respiraba el aroma de los grandes mitos del Oeste americano:  inmensas tierras sin ley, páramos despoblados, duelos a pistola en callejones polvorientos, cowboys que cantan su última balada a la luz de la hoguera…

Su segunda colaboración conjunta, “The Highwaymen 2” (1990), hacía hincapié en los mismos conceptos:  Cash, Nelson, Kristofferson y Jennings procedían de las tierras en las que los potros era de plata (“Silver Stallion”), restos de lo genuinamente americano (“American Remains”) y verdaderas leyendas de América (“American Legends”) que ya tenían unos cuantos añitos sobre los hombros (“Born And Raised In Black And White”).  Lamentablemente, la repercusión comercial del álbum no fue ni de le lejos la misma que la del primero, lo cual no impidió que nuestros héroes volvieran a reunirse por tercera y última vez.



“The Road Goes On Forever” vio la luz en 1995, esta vez bajo producción de Don Was.  El tema estrella fue “It Is What It Is”, y, de algún modo, supuso el canto del cisne para la banda, que ya nunca volvería a grabar junta.  Las muertes de Waylon Jennings en 2002 y de Johnny Cash en 2003 pusieron punto final a The Highwaymen…  hasta que este mismo año 2014, durante la entrega de los Premios Grammy, Kris Kristoferson y Willie Nelson sorprendieron al mundo uniéndose al también veterano Merle Haggard y al mucho más joven Blake Shelton, en una especie de reencarnación de aquel mítico supergrupo que durante 10 años llevó al Country a sus más altas cotas de fama y gloria….

lunes, 6 de octubre de 2014

Cine actualidad/ "TORRENTE 5, OPERACIÓN EUROVEGAS"

La cuadrilla de los frikis

Más de una vez he contado en esta página mi encuentro con Santiago Segura, acaecido hace dieciséis años, durante la Segunda Primavera Cinematográfica de Lorca.  Segura había venido a presentar “Torrente, el Brazo Tonto de la Ley”, y ya entonces la expectación que levantaba a su paso era desmesurada.  Aquella primera aparición de su casposo y vergonzante policía se saldó no sólo con un taquillaje fenomenal, sino también con unos resultados estéticos muy interesantes, al menos para quien esto suscribe:  como escribí el otro día en un tweet, “Torrente fue una pequeña obra maestra de lo cutre y lo hortera…  peo obra maestra al fin y al cabo”.

Cuatro secuelas después, Torrente regresa a las pantallas y lo hace verdaderamente a lo grande.  En una época en la que el cine español parecía condenado a muerte por las políticas del Gobierno del PP, se han producido fenómenos de masas como “8 apellidos vascos”, “El Niño” y “La isla mínima”, los cuales quién sabe si se quedarán empequeñecidos ante la llegada de “Torrente 5”, que arranca con unas cifras de récord.

José Luis Torrente, el indescriptible ex-policía al que da vida un cada vez menos orondo Santiago Segura, sale de la cárcel en la empobrecida España de 2018, que ha perdido a Cataluña y se ha visto obligada a retornar a la peseta.  Lejos de reciclarse dentro del lado honrado de la Ley, acepta liderar una desopilante panda de inadaptados auspiciados por un antiguo militar norteamericano, que pretende perpetrar un super atraco en uno de los casinos del imposible megacomplejo de ocio “Euro Vegas”.

Con películas como “Ocean’s 11” y “Misión Imposible” como referentes, Santiago Segura se permite ceñirse un poco más a una trama definida, y se siente menos obligado a ir de rebote entre cameo y cameo (el mayor defecto de “Torrente 4”), a pesar de que cameos (breves apariciones de personajes o personajillos famosos) sigue habiendo a docenas, lo cual lastra un poco el desarrollo de la acción.  Con todo, el hecho de que el guión esté mejor acabado permite a los actores y actorzuelos sentirse más respaldados, y al director concentrarse más en la puesta en escena, la cual, sin llegar a los logros de la primera parte, resulta más atractiva.

Alec Baldwin (en lugar del inicialmente considerado Mel Gibson) es el villano principal de la historia, un enemigo implacable al que Torrente (Santiago Segura, ¿quién si no?) y su banda de frikis (Julián López, Jesulín de Ubrique, Fernando Esteso, Cañita Brava, Florentino Fernández, Carlos Areces, Anna Simón, Angy y Chus Lampreave) deberán enfrentarse utilizando toda su astucia (¡) e ingenio (¡!).  En resumen, “Torrente 5” es un nuevo festival de carcajadas, ideal para quienes son capaces de reírse de sí mismos y de sus propios e inconfesables prejuicios.

Luis Campoy

Lo mejor:  el humor primario, directo, brusco, sin refinar
Lo peor:  el exceso de cameos, no siempre bien encajados
El cruce:  “Torrente, el Brazo Tonto de la Ley” + “Ocean’s Eleven” + “Misión Imposible”

Calificación.  7 (sobre 10)