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jueves, 19 de junio de 2014

EL CUENTO DE HADAS QUE SE CONVIRTIÓ EN PESADILLA

Durante seis años de ensueño, más o menos desde que Luis Aragonés rebautizó a “La Furia” como “La Roja”, la Selección española de fútbol ha maravillado al mundo, ha provocado la envidia y la inquina globales…  y ha obtenido una sucesión de títulos nunca antes igualada:  Eurocopa (2008) / Mundial (2010) / Eurocopa (2012).  Los más optimistas pensaban que los chicos entrenados por el Marqués de Del Bosque serían capaces de añadir una segunda estrella a su camiseta, logrando rizar el rizo con un nuevo mundial, pero quienes han acabado por tener razón han sido los que sospechaban (sospechábamos) que, al igual que la era de mayor gloria de nuestro combinado coincidió con la edad dorada del Barça de Pep Guardiola, la decadencia del equipo azulgrana conllevaría también la caída en picado de la armada nacional.

Un par de sabios refranes profetizaban el negro panorama que acabamos de vivir:  “El tiempo no perdona” y “Renovarse o morir”.  Guardiola lo sabía y, cuando no pudo llevar a cabo la revolución en la plantilla que sería necesaria, prefirió marcharse.  Tiene que ser duro  tener a tus órdenes a los mejores jugadores del mundo y ver cómo languidecen, como se distraen, cómo pierden la ambición de ganar y tú no eres capaz de volver a inculcársela.  Este último año en Can Barça ha sido una agonía, la crónica progresiva de una muerte anunciada.  Si hubo un entrenador capaz de volver a mentalizar a sus hombres, ése no ha sido el Tata Martino;  si existió un preparador físico experto en hacer que unos chicos recuperaran la energía y se pusieran como motos, ése no ha sido Elvio Paolorosso, el acólito del Tata.  Era patente que el ciclo glorioso había llegado a su fin y que había que acometer una renovación urgente y absoluta, empezando por los más veteranos que, con toda su buena fe, sólo hacían que ralentizar el juego.  Todos lo sabíamos.  Todos lo veíamos.  Menos Del Bosque.

Del Bosque, como le suelo decir a mi padre, más que un técnico es un pacificador, un apaciguador…  un padre.  Y como un padre que ama por igual a todos sus hijos, no ha sabido prescindir de quienes consideraba los pilares de su estilo:  los culés Xavi, Iniesta, Busquets, Piqué, Alba y Pedro, los madridistas Casillas, Xabi Alonso y Ramos, el ya ex-atlético Villa y los emigrantes Torres, Mata y Silva.  Como ha quedado dicho anteriormente, los seis blaugranas han vivido su anno horribilis y todos y cada uno de ellos llevaban meses muchísimos pisos por debajo de su mejor nivel.  En cuanto a Casillas, es o era muy bueno, pero sus reiteradas suplencias en el Real Madrid (y también el peso de sus 33 primaveras) le han alejado de su forma óptima.  ¿Acaso no había jugadores españoles más en forma para llevarse a Brasil?  Sin duda, sí,  pero Del Bosque, como buen padre que es, ha sido incapaz de dejar en la cuneta a sus hijos bienamados.

Así nos ha ido.  Casillas, falto de ritmo competitivo;  Xavi, a quien he adorado durante estos años sublimes, tiene un cerebro vertiginoso pero unas piernas que ya no le acompañan;  Piqué hace tiempo que vive más pendiente de Shakira y de la fama que del balompié;  Alba sale de una lesión y se le nota con miedo a recaer;  Iniesta, recién renovado, ve a no mucha distancia su decadencia;  Busquets y Pedro son víctimas de la nefasta preparación física de estos meses;  Xabi padece también la enfermedad incurable de la edad (al igual que Torres o Villa, que ya había anunciado que ésta era su última competición con la Selección),  y los inventos como Diego Costa han dado un resultado lastimoso.  Si a todo ello se le unen las ansias de revancha de los holandeses (deseosos de vengar de la derrota de la final de hace cuatro años) y los aires reivindicativos de los chilenos (que aspiran a ser la única “Roja” sobre la faz de la Tierra), se explica el porqué de una triste y deprimente debacle que a todos nos ha conmocionado.


Ahora sólo queda pensar, tanto en el Barça como en la Selección, en un futuro que difícilmente será tan bueno como el pasado reciente, pero que no hay forma de eludir.  Para ello, hay que cambiar de cromos con seguridad y valentía, y, para ello, me temo que no es Del Bosque el hombre apropiado.  Las renovaciones totales no lo son si quien las dirige es una figura bondadosa y paternalista.  Gracias infinitas a Xavi, Casillas, Xabi, Villa y algún otro, y también a usted, don Vicente, pero ahora su sitio tiene que estar a un lado y no delante.

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