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viernes, 16 de mayo de 2014

Asfixiar a Dios

¡Qué ingratos, los seres vivos…!  La sabia Naturaleza pone a su disposición la posibilidad de alimentarse con los manjares más apetitosos y sobre todo más deliciosamente aromáticos…  y ellos, los muy cabrones, se lo pagan inundándola con excrementos de execrable apariencia y, sobre todo, pestilente aroma…  Ya lo decía mi madre:  “Comerás gloria, pero….”

La siguiente anécdota, real como la vida misma, acaeció pocas fechas atrás, pero bien hubiera podido suceder en cualquier momento de la longeva Historia humana… 

Apretado por inaplazable necesidad, había accedido al cuartito con el tiempo justo y preciso para vaciar las desechables sustancias en la taza al efecto.  ¡Qué alivio se experimenta al depositar tal cantidad de lastre y, tras un segundo de relajo, tirar vengativamente de la cadena…!  A continuación, tocaba levantarse, y la costumbre (que suele desembocar en ley) dictaba dejar la puerta del excusado entreabierta, para que los pútridos olores no exterminasen a las inocentes bacterias autóctonas.  El reducto conocido como “WC” (iniciales británicas de “Water Closet”) desembocaba en una zona común en la que se hallaban dos urinarios de pared y el lavabo, y tal emplazamiento, entre machos saciados de su necesidad, podía llegar a resultar tan concurrido como la mismísima plaza del pueblo.  Así pues, mientras el agua caía sobre las manos y éstas se desteñían de la lechosa capa de jabón, un compañero accedió al lavadero y pareció que éso podía merecer el inicio de una conversación.  Mas no había iniciádose la charla cuando el recién llegado, afectado por una repugnante fetidez a la que su autor ya se había habituado, bramó airado:  “¿QUIERES CERRAR ESA PUERTA, QUE SALE UN TUFO QUE SE ASFIXIA DIOS?” y, acto seguido, incapaz de culminar la humana función que le había traído a tal dependencia, salió de ella como quien huye de la peste (nunca más oportunamente empleada la metáfora).


Con los ojos como platos y las mejillas como tomates, al “ofendido” sólo le quedaba agachar la cabeza y rezar fervientemente para que del cielo no cayera una deidad asesinada por obstrucción respiratoria nasal aguda…

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